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miércoles, 29 de julio de 2020
Los clientes no tienen la razón en 'Maldito comandero'
Cada profesión tiene sus lugares comunes, las situaciones típicas en las que se han encontrado casi todos los trabajadores de un sector aunque pertenezcan a empresas diferentes. Es muy habitual poder leer sobre la realidad laboral de los autores de cómics gracias a sus trabajos autobiográficos, pero no es tan común leer anécdotas costumbristas sobre otras profesiones. Dentro de este ámbito, Maldito comandero destaca como un recopilatorio de las viñetas digitales en las que su autora, Danavandala, refleja el día a día de la camarera de un restaurante.
Estas 50 anécdotas o situaciones, con un tierno dibujo esquemático de líneas rojas sobre la plantilla de un libro de comandas, están contadas con un sentido del humor que me llama mucho la atención. No leo amargura por pertenecer al sector de la hostelería, no hay lamentos de no poder trabajar como ilustradora, no hay una intención de crear lástima en los lectores. Si acaso, hasta veo un tono más burlón cuando habla de sí misma en el restaurante que de los clientes.
Este tono amable ayuda a que cale un mensaje de empatía hacia los trabajadores de cara al público, que suele ser la parte más débil dentro de las empresas. Los feos que hacen los clientes en este comandero vienen casi siempre por no ponerse en el lugar de la otra persona, por pensar solo en sí mismos y en sus propias necesidades. Los clientes no tenemos la razón siempre, y estas 50 páginas son un ejemplo de los errores que podemos cometer como consumidores.
No puedo hablar del precio como uno de los argumentos de compra, pero es el único problema que le puedo encontrar a una pequeña joya como esta. Mi recomendación es que este tomito puede ser un regalo perfecto para ese amigo que trabaja de cara al público, no solo en hostelería... o para alguien que necesite cambiar su actitud.
lunes, 19 de agosto de 2019
Identidad y clase en 'El príncipe y la modista'
No me gusta llevar la contraria a la mayoría porque no quiero que mis opiniones destaquen sobre las de los demás. No me gusta la polémica ni ser el centro de atención. Estoy más tranquilo escribiendo de vez en cuando en un blog como este con una visibilidad limitada. Creo que han sido pocas veces en las que he escrito comentarios que iban a la contra del resto, como con Esclavos del trabajo o Dios ama, el hombre mata. O tal vez lo que percibo es el espejismo de la mayoría...
Me ha pasado con muchos cómics con los que he preferido no decir nada. El príncipe y la modista es un ejemplo de los que me han decepcionado y en el que quiero profundizar. No lo hago como un ataque concreto a Jen Wang, sino porque creo que así también puedo explicar mi forma de leer cómics.
En el título se señala a los protagonistas de este cómic. el príncipe de Bélgica, Sebastian, y su modista personal, Frances. Cuando su talento con la costura llama la atención del príncipe, él la saca de los barrios más pobres de París para que le diseñe sus vestidos de noche. Nadie de los dos reinos sabe que Sebastian tiene una doble identidad, que él también es Lady Cristalia, una atractiva mujer que disfruta en fiestas y diversiones nocturnas. Ni siquiera sus padres, que están buscando una esposa adecuada para su heredero.
Sé ver los aciertos de este cómic. Como poco, El príncipe y la modista es un testimonio de la época en la que vivimos, una en la que es posible incluir la cultura trans en un cómic para niños: no se trata de que a Sebastian le guste vestirse con ropa de mujer, sino de que él siente que es dos personas diferentes. También me gusta que Jen Wang no pretenda ofender ni provocar, sino que dé una visión natural y humana de esta forma de ver la identidad sexual. Este cómic es una historia de amor elegante y que entra muy bien por los ojos porque el dibujo es, sin ninguna duda, precioso. A pesar de todo esto, le veo pegas.
Sé que mi primer rechazo es una opinión completamente personal: no me interesan nada las historias en las que se obliga a un príncipe heredero a prepararse para ser rey. Me parece frívolo darle importancia a los problemas de una persona con tanto poder y privilegios en vez de hablar de otro tipo de personajes y sufrimientos con los que más lectores se pueden indentificar. Estoy de acuerdo en que este tipo de historias no hay que leerlas como de manera literal, sino como metáforas, pero aún así me cuesta entrar en ellas.
Me imagino que mi segundo problema con este cómic también es personal. Me parecería perfecto que Lady Cristalia fuese una criatura nocturna en un cómic adulto, pero no lo termino de ver en un cómic para niños. En esta historia, los ambientes de alcohol y juegos de azar por los que se mueve se muestran como evasiones inocentes. Es más, la sensación que me da es que se generaliza que las identidades trans existen para escapar de las responsabilidades.
El resto de flaquezas que veo en este cómic me parecen más objetivas. Por ejemplo, no entiendo por qué el cómic se olvida de la diferencia de clases que plantea al principio. Siguiendo los tópicos de este tipo de personajes, Frances consigue salir de la pobreza gracias a su talento y olvida rápidamente de dónde viene. En esta historia no tiene parientes, no tiene amigos, no tiene nada que le una con sus orígenes. No hay ni un momento en el que Frances se pregunte por qué ella ha subido en la escala social y el resto de gente humilde con la que se relacionaba sigue abajo.
El personaje de Emile me parece un artefacto incongruente dentro de este cómic. Se usa para hacer avanzar la trama, pero está completamente vacío. En las primeras páginas él mismo dice "Yo lo sé todo sobre el príncipe", y sin embargo no aparece en ninguna de las escapadas nocturnas, no le acompaña ni le ayuda cuando realmente le necesita. Es un artefacto para hacer avanzar la trama, no un personaje.
También me choca que sea un cómic con un argumento tan previsible. No me refiero a que las historias de amor tienen una estructura que funciona y que siempre se va a repetir. Hablo de que en el momento en el que un personaje oculta algo a los demás es evidente que van a ocurrir un conjunto de conflictos. Es más, no sólo son situaciones previsibles, sino que no tengo la sensación de que se aprovechen del todo para la historia.
Mi último problema viene con la resolución de la trama. Para mostrar apoyo a su hijo, el rey desfila también con vestidos sobre una pasarela. ¿Realmente eso es mostrar apoyo? Más que asumir la identidad de su hijo, parece que sus padres se la tomen como un juego, como el hobby del príncipe. Me lo planteo de esta manera: si el protagonista hubiese sido gay, ¿en el clímax final tendría sentido que el padre besase a otros hombres para demostrar que entiende a su hijo? Creo que esas viñetas visualmente tan impactantes no colaboran con el mensaje que quiere transmitir el cómic, sino que lo enturbian.
No quiero dar tampoco la sensación de que El príncipe y la modista es un mal cómic. Le veo virtudes y es evidente que a mucha gente le ha gustado. Sin embargo, creo que sus debilidades son tan evidentes que yo no lo puedo recomendar.
lunes, 22 de abril de 2019
'El tesoro de Lucio', dinamita dibujada
Existen varios libros (publicados hace unos pocos años) que tratan sobre él, se ha producido un documental sobre su vida e incluso ha protagonizado una entrega de Salvados. Aún así, es posible que la figura de Lucio Urtubia no sea tan conocida. Por eso tiene sentido que haya dado un salto a un ámbito diferente de la cultura, el cómic.
Es curioso que esta figura no sea tan conocida porque el titular que se podría dar de su vida es tremendo: posiblemente este navarro sea uno de los mayores falsificadores de la historia. En la segunda mitad de los años 70 lideró un equipo que estafó 20 millones de dólares al City Bank (o, en sus propias palabras, los «recuperó»). No sólo eso, sino que cuando fue detenido negoció con este banco que su estancia en prisión se redujese a sólo seis meses y que se le pagase una cifra millonaria a cambio de dejar de falsificar más cheques.
Este me parece el episodio más sorprendente, pero hay muchos más en una biografía llena de robos y atracos de mayor o menor importancia. Sin embargo, con este cómic Belatz tiene más ambición que la de distribuir datos biográficos y curiosidades. Bajo la superficie de un cómic de estética amable, de una inofensiva «novela gráfica» para el gran público (lineas suaves, colores pastel, sin masas de negro, una forma de narrar muy clara, encuadernación como de Astiberri...), hay dinamita enterrada.
Imagino que al pensar en Lucio a casi todos nos viene a la cabeza Frank Abagnale Jr., otro famoso estafador en la que se basó Atrápame si puedes (2002). Me interesa el contraste entre estas dos historias. En la película de Steven Spielberg la motivación de Frank se resumía en un trauma infantil y su intento de construir una nueva familia. Es decir, era una consecuencia únicamente de unas experiencias personales. Comparada con Lucio Urtubia, me parece una motivación simplona. En su caso, su dura infancia durante la postguerra y la muerte temprana de su padre podrían explicar a la persona, pero son insuficientes si no se profundiza también en su ideario político.
Lucio Urtubia es anarquista y por eso ha vivido al margen de unas leyes que considera que se han creado al gusto del poder económico. Desde su punto de vista, él no ha robado a los bancos, sino que ha recuperado lo que ellos quitan a los demás. Estas «recuperaciones» millonarias no significaron, sin embargo, una vida de lujo y excesos, sino que él y su equipo donaban la mayoría de lo que conseguían con las falsificaciones a grupos de guerrilleros afines. A pesar de tener esa posibilidad al alcance de la mano, nunco abandonó su trabajo como obrero de la construcción.
Belatz ha suavizado algunas aristas de una biografía que ha hecho desde el cariño, pero en la que permite al lector formarse su propia opinión. En lo formal, normaliza una información que se sale de lo convencional, pero aún así el mensaje agita al lector. Lucio puede ser un Robin Hood o un delincuente afortunado, pero de cualquier modo es un caso único.
lunes, 4 de marzo de 2019
La gran novela de la Patrulla-X (Ed Piskor)
Fuente (En la edición final se ha corregido la errata de la portada)
Creo que una vez leí a Carlos Pacheco decir que los cómics de superhéroes son biografías. No sé si era lo que él quería decir, pero lo que entendí es que en el contenido global de una colección, en todas las décadas de historia de un personaje, primaba la aleatoriedad sobre la estructura dramática, igual que ocurre en la biografía de cualquier persona.
El proyecto de Ed Piskor consiste darle a toda esta aleatoriedad de los más de cincuenta años de los X-Men una estructura que ha estado oculta a simple vista, animarnos a imaginar que los guionistas y dibujantes de diferentes épocas realmente tenían un plan conjunto. Esta construcción de un «gran diseño» es lo que distingue esta colección de un resumen como el del X-Men #138 (1980). Piskor no está utilizando estos juguetes prestados para refrescarnos la memoria y ponernos al día, sino para crear su propio fanfic del universo Marvel (el de los cómics), un fanfic en el que cambia, quita y añade sucesos para que su propia visión sea coherente e interesante. Por eso me parece que su tipo de dibujo, con flaquezas y pocas virguerías, ayuda a crear una conexión entre el lector y el autor. Creo que refuerza la conexión entre dos aficionados que lo que quieren es jugar, no catalogar.
El problema de una colección tan ambiciosa como esta es evidente: todo depende del último número de la colección. ¿Nos convencerá Ed Piskor cuando nos revele por fin el Gran Diseño de los X-Men?
lunes, 25 de febrero de 2019
La guerra de 'La plaga de los cómics'
Se titula La plaga de los cómics, pero la forma en la que está escrito este libro me recuerda más a una guerra. Por un lado, la industria del comic book (es decir, los cuadernos grapados con historietas). Por el otro, los defensores de la moral y el buen gusto. Lo que estaba en juego, como explica el prólogo, era el origen de una cultura juvenil rebelde que se adelantó al rock and roll.
En el bando de la industria, David Hadju se centra en los autores y editoriales más transgresores, es decir, aquellos que se especializaron en las historias de crímenes y terror, de humor y de género romántico. A través de nombres como Charles Biro, Jack Kirby, Harvey Kurtzman o Bill Gaines el libro enlaza las diferentes modas por las que pasaron las historietas, su altísimo calado popular y sus contenidos más polémicos.
Con las sinopsis de algunos de estos cómics es sencillo entender la parte más interesante del libro, es decir, el otro bando, la reacción de la sociedad más conservadora de EEUU, formada por asociaciones religiosas y de padres que empezaron a atacar a los cómics como forma de expresión. En un principio las críticas no se dirigían sólo a la mala influencia que ejercían sobre los niños, sino también al poco talento de sus autores y la baja calidad de impresión. Con el tiempo, a través de diferentes noticias de sucesos y artículos de opinión fue creciendo la mala fama de este medio, hasta el punto de que incluso uno de los considerados padres del formato comic book llegó a arrepentirse públicamente de su creación.
Esta guerra figurada desembocó en la que se podría considerar la batalla final: la comisión del senado en la que se quería analizar la conexión que podría haber entre la lectura de cómics y la delincuencia juvenil. La investigación, más allá de las conclusiones a la que llegase esta comisión, supuso la gran derrota del cómic americano: descrédito, autocensura... Esta comparación bélica funciona especialmente por la forma en la que acaba el libro, con una «placa de caídos en combate» con los títulos que fueron cancelados y los puestos de trabajo que fueron destruidos.
Pongo por aquí unas ideas sueltas:
- Llevo años pensando que la persecución contra los cómics en EEUU durante los años 50 podría dar para una película, un cómic, una novela, una serie... Este ensayo es lo más parecido a lo que tenía en mente.
- El libro Seduction of the innocent se publicó en 1954. En él, el psiquiatra Fredric Wertham relacionaba de una manera poco científica la delincuencia juvenil con la lectura de cómics. Me surge esta duda: ¿Puede ser el primer libro publicado en EEUU que hable sobre cómics? Sería trágico si fuese así.
- Ya de por sí la primera industria del cómic americano estaba formada por parias, por inmigrantes e hijos de familias trabajadoras. Esta persecución mediática destruyó aún más la respetabilidad de estos autores.
- Hay muchos ejemplos en este libro de los excesos del bando censor, pero creo que no es justo demonizarle de forma absoluta. En la actualidad tenemos ejemplos de censura parecidos a la que pedían aquellas personas. Por ejemplo, está prohibido emitir por televisión contenido para mayores de 18 años de 6:00 a 22:00, la publicidad de productos adelgazantes, la de bebidas alcohólicas está bastante regulada y la de tabaco está prohibida en toda Europa. Incluso se está planteando actualmente la necesidad de regular los anuncios de casas de apuestas. Si los cómics actualmente tuviesen una cantidad de lectores comparable a las audiencias actuales de la televisión y si fuesen leídos masivamente por niños, nos parecerían razonables que se aplicasen unas regulaciones similares. Aún así, acabo mi papel como abogado del diablo recordando una anécdota que define demasiado bien la naturaleza del código de autocensura: no permitieron publicar una una historia corta que hablaba sobre superar los enfrentamentientos raciales... porque en ella salía dibujado un negro. ¿En qué sentido una imagen así podía ser una mala influencia para un niño?
- Puede parecer que este ensayo tiene interés únicamente para un lector americano o para alguien interesado en los cómics de aquella época, pero en realidad la persecución del cómic en EEUU tuvo un eco en todo occidente. En ese sentido, a quien esté interesado por la relación entre la censura de los cómics en EEUU y en España hay que recomendarle
La legislación sobre la historieta en España.
lunes, 3 de diciembre de 2018
'Superlópez': clavo que sobresale, martillazo
Hace unos años se estrenaron dos adaptaciones de Bruguera que creo que se merecieron un mejor recibimiento: Anacleto, agente secreto (2015) y Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo (2014). Las dos eran visiones arriesgadas de esos personajes, les pedían al espectador que pusiese de su parte. A mí me gustó especialmente la de Anacleto, dirigida por Ruiz Caldera. Más que una adaptación, era una secuela que se atrevía a mostrar lo que no se había visto en los tebeos, lo que venía después, algo impensable en cualquier película de Marvel y DC. Aún más, descolocaba al espectador trasladando la inofensiva violencia de las revistas infantiles a un contexto más verosímil. Anacleto ya no era un simpático monigote, sino un «genocida» (se lo llama su hijo) que al mismo tiempo podía sobrevivir a una caída de 20 metros sin hacerse un rasguño.
A esas dos películas les pasó lo que dice el padre de Superlópez: «Clavo que sobresale, martillazo». Hay una lectura política en esta frase que no comparto, pero por desgracia se ajusta a estas adaptaciones de Ruiz Caldera. Lo que dice la taquilla es que el público español prefiere películas que arriesguen menos, que sean más cómodas y familiares. Además, para poder cubrir el presupuesto, no se trata sólo de atraer a la máxima cantidad de espectadores españoles, sino que la cinta tiene que despertar interés en el mercado internacional. Esto obliga a tener que tirar por el camino más convencional, a una historia esquemática de orígenes, con un humor familiar que no sea comprometido, y que tenga muchas escenas de acción. Tiene que ser una película que dé importancia a la parodia de Superman, y que busque ese público amplio (desde niños a ancianos) de un producto de Telecinco.
Hay que valorar Superlópez dentro de estos límites. Aceptando estos peajes, la película cumple. El guión es esquemático y no pretende ser innovador, pero también es funcional y los chistes, simpáticos. Es un tipo de humor para el gran público que a mí no me hace especial tilín, pero en mi sala la gente estallaba en carcajadas y comentaban las ocurrencias en susurros. Los efectos especiales y decorados son baratos comparados con según qué películas, pero se han sabido utilizar para que en buena parte del metraje queden mejor que resultones.
Los efectos especiales se miden en euros, pero el talento de los actores, no (o no tanto). Para mí, Alexandra Jiménez (Luisa Lanas), Pedro Casablanc y Gracia Olayo (padres adoptivos de Superlópez) brillan cada vez que salen en pantalla, también porque el guión les da mucho juego. Dani Rovira construye su López/Superlópez en la línea de sus papeles habituales, un tipo entre pusilánime y tierno. Está alejado del personaje de los tebeos, pero me parece que funciona bien comparado con lo seguro y resolutivo que es el resto del reparto, es lo que le diferencia. Lo único en lo que Rovira no consigue dar el pego es en el Superlópez del final, cuando el guión le pide una presencia más imponente.
No me interesa hablar de cómo funciona una película como adaptación, porque la mayoría de las veces me sobra esa valoración. Una película debería funcionar de manera independiente al original y expresarse a su manera. A nadie le molesta que Jungla de cristal (1988) o El planeta de los simios (1968) sean malas adaptaciones, el público solo les pedía que fuesen buenas películas. Si acaso, lo único que echo en falta son algunos gestos (como los bolsazos) y frases («medianía», «mecachis»...) que deberían definir a los personajes, pero que aquí se han quedado reducidos a guiños sutiles para los lectores. Aún así, la película tiene muchos detalles curiosos: petisos, cómics de Bruguera y Superlópez en pantalla, una nave extraterrestre de La caja de pandora (1983), un planeta diseñado como Hipotecarión (2007), Superlópez enfrentado a gente disfrazada que pide dinero en la calle como en En busca del templo perdido (2008)... Y especialmente, el nombre del padre chitoniano de Superlópez.
Como película, sigue el consejo de la madre del protagonista: hay que ser mediocre. Superlópez no entusiasma, pero tampoco hay motivos para destrozarla. Me parece que por eso el público va a asistir en masa a las salas de cine. Si esto significa una posible secuela y mejores ventas de los tebeos (con un contenido mucho menos mainstream), bienvenida sea esta «medianía».
martes, 27 de noviembre de 2018
El gran libro de Superlópez
Un comentario muy, muy breve sobre este libro. Lo primero, creo que hay que tener en cuenta que es un tipo de producto que una editorial necesita. Aprovechando las navidades y el estreno de la película de Superlópez, Bruguera tenía que tener, sí o sí, un libro ameno, cómodo, con muchas imágenes... sobre el personaje de Jan. Lo digo porque hay casos en los que este tipo de libros parecen un trámite o un sacacuartos, pero mi impresión es que aquí no estamos ni en un caso ni en el otro.
Antoni Guiral tiene varios libros sobre cómic a sus espaldas, así que sabe cómo desenvolverse. Ha dividido el libro en capítulos que hablan del origen del personaje, de sus cómics más representativos (con ejemplos de todas las épocas del personaje), de los personajes secundarios y villanos, el merchandising y el resto de cómics de Jan. Para mi gusto, son muy interesantes tanto las imágenes menos conocidas (cromos, marcapáginas, dedicatorias...) como los comentarios que Jan ha ido haciéndole a Guiral sobre su propio trabajo. Yo tengo por ahí mi otro blog, Lectura cronológica de Superlópez (quiero continuarlo, pero la vida no me da para más), y aún así hay cosillas en este libro que me han sorprendido o que no había visto de la misma manera.
Con este libro os hago una recomendación sincera. Podría ser, como digo, sólo un producto editorial, pero Guiral le ha dado un plus de calidad que va a dejar satisfechos al lector casual y al que conozca más al personaje.
lunes, 26 de noviembre de 2018
Aparte de la Gorda de las Galaxias: los libros de Nicolás
La figura de Nicolás se reivindicó hace unos pocos años con entrevistas y varios proyectos. El que más recuerdo ahora es el del año pasado, sus ilustraciones para La casa de Bernarda Alba zombi. Antes de aquel redescubrimiento el gran público no sabía nada sobre la situación actual de Nicolás, ni cómo se encontraba ni qué hacía. Si no me equivoco, fue gracias a Gerardo Vilches y a Mireia Pérez que se volvió a hablar de él y se le volvió a publicar.
Matraca Ediciones ha empezado a recuperar este año, entre otras cosas, el trabajo literario de Nicolás en bolsilibros. Es un formato pequeño, cabe en una mano, de unas 150 páginas en blanco y negro. Bruguera por ejemplo lo usaba para sus novelitas de Corín Tellado y Marcial Lafuente Estefanía, pero aquí Matraca lo ha reinventado un poco. Además del libro en sí mismo se incluyen un prólogo y una extensa conversación al final entre el editor y el autor.
De momento le han publicado tres libros a Nicolás. El primero es una novela, El fantasma José Enrique, escrita en 1981 como homenaje a Álvaro de Laiglesia y al humor de La codorniz. Está protagonizado por un fantasma bajito que debe pasar varias pruebas para demostrar su amor por otra fantasma, Carmenchu: salvarle la vida en un accidente de coche, soportar la contaminación de la ciudad, trabajar en el mundo del cine o rodar un anuncio de televisión. El humor se basa en las situaciones alocadas por las que pasa el personaje, pero sobre todo en el manejo de la palabra.
El siguiente, Sabor a serie negra y otros sabores, es una antología de unos 50 cuentos entre los que destacan los de género negro. O más bien, son los más rápidos de clasificar, porque en realidad el libro es una macedonia de personajes, géneros y temas en la que también sobresalen los animales. El personaje que más se repite en estos cuentos es el detective Sawa, un investigador privado duro y seductor con el que Nicolás hace burla y homenaje de este tipo de historias.
Mi favorito de los que se han publicado hasta ahora (y por lo que me contó Nicolás, también es el de muchos lectores) es Una tontería para cada día. Recopila 365 frases agrupadas por meses, algunas ya publicadas en revistas y otras no. Todas tienen una misma estructura de dos líneas, como de pregunta y respuesta, planteamiento y desenlace... Es decir, la estructura de un chiste: premisa y remate. Eso es básicamente lo que son, ocurrencias ingeniosas, juegos de palabras, metáforas poéticas... que buscan la sonrisa del lector.
Quiero subrayar lo que también destaca el editor Pepe Cueto: la variedad de tipos de frases. Ojeándolo me dio la impresión de que este libro podría funcionar mejor en pequeñas dosis, leyendo una al día como recomienda el título. Después de terminarlo, creo que se puede disfrutar también si se lee del tirón. La variedad de estilos y de formas le da una vidilla muy interesante. Cada frase anima a leer la siguiente y la siguiente, excepto aquellas en las que, cada una por un motivo, te piden un momento extra de atención.
Nicolás se nos había quedado olvidado, pero gracias a mucha gente se le está recuperando en proyectos muy variados. Nos faltaban estos textos de Nicolás, y esperemos que sigan publicándose.
lunes, 19 de noviembre de 2018
No hay Daredevil sin Miller
En su tercer año, la serie de Daredevil producida por Netflix sigue atada a la versión del personaje a la que dio forma Frank Miller a principios de los 80. Esta insistencia en tomarle como referente ya me llega a molestar. Por supuesto que Miller fue clave para que el personaje haya conseguido la relevancia que tiene todavía, pero me parece ridículo reducirlo de esta manera. ¿Qué opinión parece que se está dando sobre el resto de autores e historias que hubo antes y después? ¿Va a ser verdad que Marvel tendría que haber cancelado la colección después de publicar Born again?
Esta insistencia en los elementos más característicos de aquellos cómics junto con otros elementos que vuelven de anteriores temporadas (de nuevo el traje negro, de nuevo Wilson Fisk, de nuevo... otras cosas que son destripes...) los veo como una consecuencia del cambio de showrunners en cada temporada. Sin un autor estable que marque una dirección general en este proyecto, la serie salta a cada temporada de una dirección a otra, sin un objetivo a largo plazo al que llegar (como en una colección de cómics, también es cierto). Ni siquiera el creador de la serie, Steven S. Knight, aguantó más de dos capítulos. Esto obliga de alguna manera a estos showrunner a encontrar esos recursos que dan continuidad a la serie, y de todos ellos el que ha ganado relevancia es el plano secuencia de 10 minutos de cada temporada. Esta "marca de la casa" es, para una serie económica como esta, un riesgo técnico que habría que felicitar.
Lo que para mí diferencia esta temporada de las anteriores es que los personajes han ganado significado como símbolos. Frente a un villano que representa la corrupción y el abuso de poder, tenemos tres personajes protagonistas que se identifican con las tres maneras de combatirlo: el Estado (el abogado idealista Foggy Nelson), la prensa libre (la periodista Karen Page) y la cooperación y el trabajo en equipo (Matt Murdock). El propio Wilson Fisk (ahora ya sí, Kingpin) me parece mucho más creíble. Es un villano como los del mundo real, personajes que buscan lo mejor para ellos sin importar el daño que pueda significar para otros. Fisk precisamente es el protagonista de la trama romántica de esta temporada, su historia de amor es la causa de tanto miedo y muertes.
Poindexter (Bullseye, para los que vamos prevenidos de los cómics) por un lado cumple el papel del reverso oscuro de Matt Murdock. Los dos han pasado por experiencias traumáticas en su infancia, y estas les han llevado a entrenar sus habilidades hasta límites sobre humanos. Lo que les diferencia, parece decir la serie, es que Poindexter no sabe controlar sus miedos, y Daredevil sí. No me termina de funcionar, porque aquí Bullseye es, simplemente, un enfermo. Por otro lado, Bullseye representa los excesos de Kingpin, y por tanto es clave más por lo que significa para Fisk que para Murdock.
Estas novedades se suman a lo que ya funcionaba de serie. Daredevil es, más que un superhéroe, un justiciero callejero que investiga casos de corrupción; un personaje de género negro antes que de género fantástico. Las peleas son otro de los atractivos. Por un lado, las coreografías son espectaculares gracias a que los personajes utilizan máscaras que dan libertad a los especialistas de escenas de acción. Por otro, el equipo de maquillaje puede sacar heridas y moratones tremendos sin mucho gasto económico.
Hay otros aciertos, claro, en los que la responsabilidad viene de Netflix, que con la información de la actividad de visionado de los subscriptores puede darle al espectador exactamente la serie que quiere ver. De ahí vienen también sus debilidades. Es una serie de fácil consumo que no le exige nada al espectador ni tampoco le pretende incomodar en ningún aspecto. Al público se le da algo cómodo, una historia que ya ha visto muchas veces: la épica del hombre que se salta las normas para hacer lo que considera correcto, incluso si eso significa aplicar la violencia. Y sobre todo, es una serie barata, en la línea de Netflix, y por eso dividida en capítulos alargados y llena de diálogos en los que el número de personajes que aparecen en escena suele ser el mínimo.
Con sus tales y cuáles, aún así creo que estaremos de acuerdo en que Daredevil es la mejor serie del universo de los Defensores, y que esta tercera temporada puede ser la mejor de las que se han visto hasta ahora. Sin embargo, me temo que como producto va a ser altamente adictivo y potente sólo para esta generación de espectadores. Creo que la falta de riesgo y la repetición van a hacer que estas historias caigan en el olvido en cuanto pasen unos años después de su cancelación. De los cómics de Daredevil de Miller, por su parte, se seguirá hablando.
lunes, 4 de junio de 2018
‘París flash-back’, mayo del 68 contra el Capitán Trueno
Ediciones B. 592 páginas, tomo rústica.
Hace tiempo Víctor Mora mostró en su blog simpatía por los jóvenes que salieron el 15 de mayo de 2011 a las plazas de España cargados con tiendas de campaña. Por lo que leo en una de sus novelas, Paris flash-back (1978), imagino que aquellos días le debieron de recordar los ideales y las ganas de cambiar el mundo que vio de cerca en la primavera de 1968, cuando el autor del Capitán Trueno vivía exiliado en París junto a otros antifranquistas españoles. Este año se cumplen precisamente 50 años de aquel intento de revolución, y a pesar de todo este tiempo la sociedad no ha cambiado mucho, o al menos eso se deduce de las páginas de este libro.
París flash-back es la tercera parte de la trilogía de la posguerra de Víctor Mora, la conclusión de Los plátanos de Barcelona (1966) y El tranvía azul (¿1985?). Este libro recoge el exilio en París de Lluís Martí (el personaje que podemos identificar con el propio autor), una estancia que transcurre en paralelo con las vidas de una docena de personajes de diferentes orígenes: otros españoles, artistas, prostitutas, nobles, empresarios, antidisturbios, estudiantes, drogadictos… La narración salta de un personaje a otro, intercalando de vez en cuando fragmentos del diario personal de Lluís Martí. Habiendo leído Diario de a bordo, no me parece una locura pensar que estos fragmentos puedan ser del propio diario de Víctor Mora de aquellos días.
La revolución de mayo del 68 fue un suceso espontáneo que no buscaba el poder sino cambiar la sociedad. Tuvo su origen en el desencanto hacia una sociedad de consumo asfixiante, el imperialismo de los EEUU durante la guerra de Vietnam, el autoritarismo del gobierno de De Gaulle, el puritanismo y el comienzo de una recesión económica. Igual que hace unos años con el 15-M, los sindicatos y partidos de izquierdas tradicionales en un primer momento miraron con desprecio y criticaron a los jóvenes que empezaron estas revueltas. Fue después, con la brutal represión policial (palizas, detenciones masivas, gas mostaza…), cuando el pueblo de Francia salió a apoyarles. Incluso los vecinos de las tiendas y balcones cercanos del barrio latino mostraban su apoyo y ayudaban a los manifestantes. Los sindicatos, aunque tarde, decidieron ayudarles iniciando una huelga general a la que poco a poco se unieron la mayoría de trabajadores. También los medios de comunicación, a los que los estudiantes criticaban por su colaboracionismo con el sistema capitalista, tuvieron la altura moral de secundarla.
Uno de los puntos fuertes de la novela es que Víctor Mora describe estas revueltas desde dentro, con detalles que sólo se ven cuando se ha participado en ellas. Mora explica cómo los estudiantes e inmigrantes del barrio latino levantan las barricadas con adoquines (que luego se arrojaban a los antidisturbios), cómo desmontan el mobiliario urbano para reforzarlas, incluso talando árboles. Las manifestaciones de esta novela se viven desde dentro, viendo también cómo se infiltran policías de incógnito. Todas ellas se confrontan con la manifestación final del 30 de mayo, convocada por la derecha francesa en apoyo a De Gaulle. A ella asisten algunos de los personajes presentados en la novela, cantando la Marsellesa y ondeando unas banderas de Francia que «una buena parte de la izquierda ha entregado estúpidamente a la derecha», en opinión de Mora. Los antidisturbios, aunque presentes, han recibido órdenes de no actuar.
El otro aspecto que mejor funciona en la novela es, como en las otras dos partes de la trilogía, las anécdotas y curiosidades relacionadas con la Guerra Civil y la represión franquista. Por ejemplo, un general republicano explica que no siente remordimientos por la orden de no hundir un barco usado por el bando franquista porque era uno de los mejores de la marina española. En otro fragmento se explican varias curiosidades sobre el autoritarismo en los colegios españoles del franquismo, como llamar a un alumno alto al estrado para que el profesor pueda mantener el brazo con el saludo fascista sin cansarse, apoyado en la cabeza del niño.
A pesar de toda la simpatía que Víctor Mora demuestra por los estudiantes, no quiere ocultar la contradicción que hay entre unos hijos de familias acomodadas pero revolucionarios que se enfrentan contra antidisturbios de clase obrera, ni el choque entre las reivindicaciones estudiantiles con las de los trabajadores de las fábricas en huelga. Se puede decir que esta novela no es precisamente panfletaria. La intención de Víctor Mora es, como explica el propio Lluís Martí dentro del relato, mostrar la lucha comunista desde dentro del partido, sin apasionamientos ni actos heroicos, sino con un enfoque costumbrista y explicando las razones de las debilidades y divisiones internas. Por los comentarios y las decisiones que toma el Mora escritor, se nota que su visión era crítica con las interpretaciones más dogmáticas del comunismo. Entre los comentarios que aparecen en estas páginas están la necesidad de aplicar un análisis marxista a las estructuras de poder creadas a partir del marxismo, y la contradicción de que un movimiento iniciado por el filósofo que dijo que la religión es un opio para el pueblo tuviese tan deificados a sus líderes.
Otro de los fallos que Lluís Martí/Víctor Mora señala del inmovilismo del partido en aquellos años era la defensa de la liberación sexual, un análisis que el PCF seguía posponiendo. El sexo de hecho es uno de los temas que más aparecen en esta novela, no falta en ninguna de las tramas y es especialmente insistente en la que involucra a Lluís Martí e Irena (la Edenia de la anterior novela está en esos años en una cárcel catalana). En Martí veo una frustración sexual exagerada que le lleva a unos comportamientos difícilmente justificables. No sé si es intencionado o una casualidad, pero la relación de Martí con el sexo conecta con el enfoque tóxico de casi todas las relaciones sexuales del resto de personajes, como si éstas fuesen instrumentos de sumisión y humillación con las mujeres.
Víctor Mora no era, me temo, un buen novelista. Este libro está formado como digo por subtramas de una docena de personajes que no se relacionan entre sí, o apenas nada. Casi parece que sus vidas pertenecen a otras novelas, como si fuesen relatos inéditos que el autor ha querido publicar de alguna manera. El desarrollo de estas tramas tampoco es interesante porque no evolucionan ni tienen un cierre. En realidad, en la mayoría de los casos los personajes son excusas para que ellos cuenten pequeñas historias o den pie para que el narrador las cuente. La estructura es bastante fallida, y otro ejemplo es el motivo que le impide a Lluís regresar a España, el «asunto Marlowe». Mora intenta crear intriga con pequeñas referencias a lo largo del libro hacia este detalle, pero ni éstas despiertan interés en el lector ni tampoco resulta satisfactorio cuando el misterio se revela al final.
Aparte, Mora arrastra algunos de los problemas de las dos anteriores novelas, como la obsesión con el sexo (me queda la duda de que creyese que era un buen gancho comercial) y lo poco explicadas que están las diferencias ideológicas entre los bandos anticapitalistas. Si en las anteriores novelas estos dos aspectos podían ser un pequeño problema, aquí ganan en gravedad porque son una parte fundamental del relato que Mora quiere contar. A esto se añade el uso excesivo de palabras y frases en inglés y francés. No sólo creo que mantenerlo en su idioma original no aporta nada, sino que sin traducciones en las notas a pie de página se convierten en fragmentos irrelevantes.
No me parece agradable insistir en lo fallida que es esta novela, especialmente por la obsesión de Lluís/Víctor en volcarse en la literatura y por el sentimiento de inferioridad que siente por sus guiones del Capitán Espacio/Capitán Trueno. Me choca porque el mismo Mora ha sido en las anteriores novelas un apasionado de clásicos del cómic como los de Hal Foster o Will Eisner. ¿Por qué ese desdén en ese momento hacia el mundo de las viñetas? ¿Había olvidado los motivos por los que le atraían en su juventud?
Me hace pensar en la decadencia de la colección del Capitán Trueno. Se suele comentar que la gestión explotadora de la editorial y la censura franquista mataron a este aventurero superventas, pero con esta trilogía no puedo evitar pensar que Mora también tuvo parte de responsabilidad. Su compromiso con el pensamiento comunista, aunque no fuese tan dogmático como el de algunos de sus compañeros, le llevaron a entender la escritura como otra herramienta de la revolución. Con el Capitán Trueno Víctor Mora nunca tendría la libertad de expresarse contra el fascismo como en esta novela, y, por tanto, debió de perder interés para él. El Capitán Trueno pasó a ser únicamente una forma de ganarse la vida.
lunes, 28 de mayo de 2018
El narrador y la religión en ‘Las crónicas de Atlantis’
Se podría decir que Las crónicas de Atlantis es para Aquaman como Año uno fue para Batman, o como el resto de reinterpretaciones que se hicieron en esos años de otros personajes (el Superman de John Byrne, la Wonder Woman de George Pérez...) La principal diferencia es que mientras que en esos cómics cada superhéroe es el protagonista central, aquí la intención es construir una mitología alrededor de Aquaman recorriendo la historia de la ciudad de Atlantis y sus principales reyes. Se puede hacer una primera valoración breve: es un buen cómic. ¿Entonces cómo es que no se ha recopilado en tomo desde 1990? ¿Qué pega podía tener?
La única posibilidad que se me ocurre es el erotismo de la trama y del dibujo del español Esteban Maroto. Pero creo que es injusto destacar sólo ese erotismo, porque lo que hace Maroto en este cómic es espectacular. No sé cómo se me había creado en la cabeza la idea de que los autores de cómic españoles de estos años eran dibujantes entregados al arte, a sus proyectos personales, que actuaban con desgana cuando trabajaban para el mainstream. Me esperaba, la verdad, un cómic con un dibujo solvente sin más, de un ilustrador poco involucrado.
Aparte de ese contenido adulto creo que hay otro detalle más sutil que delata que Peter David estaba buscando un lector más adulto de lo normal. Un recurso que es habitual en la literatura, pero no tanto en el cómic: el narrador no fiable. El recurso le viene bien a David desde un punto de vista práctico: aunque la historia está llena de detalles, un narrador no fiable le permite a cualquier guionista posterior contradecir este cómic sin ningún compromiso. Por otro lado, también le da libertad para cubrir los huecos que David deja a propósito.
Hasta cierto punto le veo algo de torpeza, de estar subrayado, como si David tuviese miedo de que algún lector despistado no le fuese a seguir. Pero se puede disculpar si se piensa cómo trata el tema desde diferentes frentes. El narrador, o más bien, los narradores (los cronistas) no son fiables por varios motivos. Alguno no lo es por su ideología, otro porque el poder (el rey) le impide contar la verdad, otro porque la información necesaria no está disponible, y en algún caso el narrador decide embellecer los hechos reales con fines políticos.
Este narrador no fiable conecta con el tema más evidente del cómic, el conflicto entre ciencia y religión. O fe, magia, superstición… porque acaban estando todos mezclados. Hay un sesgo que le impide a David ser igual de brillante que en el anterior punto. Mientras que los héroes de este cómic están en el lado de la ciencia, los villanos defienden el uso de la magia. Y no cualquier magia, sino la de los dioses oscuros. Cada uno opinará lo que quiera sobre fe y ciencia, pero si pones la fe y los dioses oscuros en el mismo bando no estás tratando este conflicto con la complejidad necesaria.
Hablo como absoluto desconocedor del personaje y de los cómics de DC: tengo la sensación de que Peter David es consciente de lo ridículo que resulta Aquaman para los que no leen sus cómics, o tal vez incluso para los que sí los leen. Este trabajo de orfebrería, suyo y de Esteban Maroto, busca especialmente darle carisma y épica a este superhéroe apoyándose en tramas más serias: las luchas por el poder, el sexo, la familia, la muerte, la religión... También, imagino, intenta unificar toda la historia de Atlantis de DC en una versión única y consistente. Pillo algún detalle mínimo (por haber leído Crisis en Tierras infinitas), y eso me hace sospechar que hay mucha más investigación de lo que parece.
Han pasado casi 30 años para reeditar este cómic. ¿Y se ha reeditado por su calidad? No, para aprovechar el tirón de una película que todavía no se ha estrenado. Nos va a tocar pedir más adaptaciones para poder leer este tipo de cómics.
martes, 27 de febrero de 2018
Mondo hueso (Yordi)
Hace un año estaba en la terraza de una cafetería de Puerto de Sagunto hablando con Yordi después de una charla en SPLASH Sagunt. Mientras me enseñaba sus cuadernos de dibujos (que me parecen una joya), me explicó que llevaba un tiempo con la idea de dibujar un recopilatorio de chistes de calaveras. La calavera y los esqueletos en general son una imagen que le lleva obsesionando desde hace años, como se ve en aquel Almendrado de limón de 2013 y en algunos chistes de Bababanga. Y después de todo este tiempo, por fin ha cumplido ese objetivo.
Cuando yo leo Mondo hueso veo a Yordi tal y como le conozco. Mitad payaso, mitad poeta. Visualmente se ha apoyado en un único recurso gráfico (el esqueleto) para darle unidad al libro, pero en los temas y los recursos su repertorio es muy amplio. En una página la reflexión del chiste puede ser introspectiva y amarga, mientras que en la siguiente se lanza una observación ligera. Hay humor negro, humor absurdo, algo de poesía, burla con las redes sociales, también conciencia social, y no falta ni el imprescindible chiste de náufragos.
Si tuviese que comparar estos chistes con los de otros autores, por desconocimiento yo me iría a la referencia más obvia, al humor negro de Charles Addams, pero como conozco a Yordi me imagino que en este libro también hay influencias de Gary Larson, de Oski, de Tono... Es algo que es complicado en esta época, encontrar a un dibujante de chistes de una viñeta al que le apasione este género y se note en su trabajo que conoce a sus autores más destacados. De hecho, la pasión de Yordi se aprecia en la reflexión que me hizo una vez sobre estos humoristas: rellenaban los huecos de maquetación de las revistas y los periódicos, en contraste con el espacio preferente de los cómicos de los escenarios y las películas. Ya apenas quedan huecos en las revistas (apenas quedan revistas, vaya), y este tipo de expresión tiene que encontrar otras vías. Recopilatorios centrados en un tema, como este.
Choca que una imagen tan fúnebre como la calavera se haya utilizado con tanto colorido dentro de este libro. Como comenta Nicolás, el creador de la Gorda de las Galaxias, quizás es porque en realidad estos chistes no hablan sobre la muerte, sino sobre la vida y el amor. Porque hablan sobre lo bonito de no ser todavía una calavera.
jueves, 8 de febrero de 2018
Los mercenarios (Carrillo)
EDT, tomo cartoné 264 págs.
Blanco y negro, 15 €
Me llama la atención que Carrillo recuerde estas historietas como un tebeo ligero de aventuras. En realidad estoy de acuerdo en que en el fondo lo es, pero hay algo más que podría darle una lectura más compleja. La acción transcurre en Batavia, Indonesia, antes de la Segunda Guerra Mundial. La empresa mercante Ruysdaal, de origen holandés, recibe tantos ataques piratas que la hija de su presidente, Guillermina Van Deer, toma la decisión de contratar mercenarios para que les protejan. De este modo, un ejército a sueldo de hongkoneses liderados por el americano Tom Rowe y el espía japonés Tuang-Fu deben involucrarse en diferentes misiones y aventuras que van poniéndoles a prueba.
Digo que le veo el intento de dar una lectura más compleja porque los protagonistas de este cómic son lo que dice el mismo título: mercenarios. Pistoleros a sueldo a las órdenes de intereses privados. Al propio Tom Rowe sólo le interesa el dinero, y ni él ni sus hombres tienen problemas morales a la hora de matar o dejar morir a quienes se les enfrenten. O al menos, así es al principio de la colección. Con el paso de los capítulos, los personajes se suavizan (¿o se matizan?), y poco a poco se ven más las costuras de aventurilla pulp, con planes demasiado elaborados para matar al héroe y réplicas ingeniosas siempre a punto.
El paso del tiempo ha perjudicado a estos guiones, tanto en lo social (aunque ayuda que no quede claro si el racismo y machismo son un reflejo de la época en la que se ambientan o de cuando fueron producidas) como en los peligros y las propias aventuras, pero no en un dibujo que sigue siendo espectacular, y cuya mayor virtud creo que es la creación de ambientes. Mi debilidad particular, el capítulo que veo más redondo, es el que juega con "hacer fintas", fingir debilidad para poder dar un ataque definitivo al contrario. Primero Tuang-Fu explica el truco jugando al ajedrez. A continuación, como una coincidencia, la estrategia es repetida por el barón Alí-Far primero y Tom Rowe a continuación en un par de batallas navales. Ese capítulo me parece prácticamente perfecto.
martes, 6 de febrero de 2018
El capital: el manga (Karl Marx, Kosuke Maruo y varios)
La editorial japonesa East Press inauguró en el año 2007 una colección titulada Manga de Dokuha con la idea de adaptar al cómic grandes clásicos de la literatura, especialmente la occidental. Así, los lectores jóvenes podrían tener un primer contacto con obras importantes de narrativa o filosofía que podrían ser áridos, imagino, leídos desde una sociedad con una cultura tan diferente. No hay una elevada intención autoral detrás. Por lo que he entendido, el editor de la colección, Kosuke Maruo, elige los títulos e indica cómo debe hacerse cada adaptación, mientras que el dibujo corre a cargo de un equipo anónimo.
Se puede discutir desde un punto filosófico (o económico) si las ideas de Marx y Engels son más o menos correctas, si explican el funcionamiento de nuestra sociedad o si más bien llevan a confusión, pero lo que no se puede discutir es que ésta es una adaptación interesante. En vez de utilizar literalmente el texto original, los autores describen la creación de una empresa capitalista y cómo ésta acaba en su inevitable crisis. De este modo se consigue que la lectura nos interese porque empatizamos con unos personajes con sentimientos y motivaciones. Por otro lado, a lo largo de la historia de esta empresa también se explican de una manera amena conceptos e ideas sobre el capitalismo.
El capital: el manga es una rareza por la fusión de conceptos que parecen alejados entre sí. Oriente y occidente. El cómic y la literatura. La ficción y el ensayo. La evasión (a la que por error se suele asociar el cómic en general, y el manga en particular) y el compromiso político. Y lo más me sorprende es que el invento funciona perfectamente.
jueves, 1 de febrero de 2018
El tranvía azul (Víctor Mora)
Ediciones B. 512 páginas, tomo rústica.
Víctor Mora continúa sus memorias noveladas con esta entrega, que, si lo he buscado bien en internet, debió de ser la tercera en publicarse pero la segunda en el orden de lectura. Me extrañó en el anterior tomo que Mora decidiese cambiar los nombres de los personajes, pero es algo que aquí entiendo mejor. En un principio pensé que era para darse más libertad creativa, pero ahora me doy cuenta de algo más obvio: sus personajes hablan con franqueza de muchos temas, y también de política, retratándose tal y como son, o tal y como el autor los recuerda. De ahí que sea un buen gesto guardar cierta intimidad para algunas personas.
Tengo que empezar aclarando eso porque la novela arranca en la Editorial Cabot, que publica la famosa revista de historietas Las mil y una (risas). La editorial la dirige con mano firme la señorita Cabot, alias «la Momia», y el dibujante más popular es Salomero, autor de Sinforoso Bombín, mayordomo de postín, mientras que Lluís Martí escribe el cuadernillo superventas de El Capitán Espacio. No sé qué daría yo por haber leído en lugar de estos nombres los de Editorial Bruguera, Pulgarcito, Rafael González, Vázquez y El Capitán Trueno, sobre todo porque el resto de autores de la editorial con los que hace amistad Martí soy incapaz de identificarlos con los autores de Bruguera correspondientes.
El libro se ambienta en los 50, cuando al autor le quedaba poco para cumplir 30 años. Sabemos que fue por la mediación de Armonía como Mora decidió implicarse en la lucha clandestina antifranquista, del mismo modo que en la novela Lluís Martí entra en el PSUC gracias a Edenia, que no es una secretaria de la Editorial Cabot sino una antigua amiga de la infancia. Martí empieza así a ayudar a difundir textos comunistas, ya sea guardándolos, repartiéndolos o incluso traduciéndolos, o aprovecha los viajes que tiene que hacer a Francia por encargo de la editorial para pasar información a través de la frontera. En las tertulias con sus compañeros de Partido, Martí aprende poco a poco las bases de la teoría marxista, a la que admira pero al mismo tiempo no puede evitar encontrarle flaquezas. Más aún en 1956, cuando estalló la revolución en Hungría contra la dictadura soviética, un conflicto que el régimen franquista aprovechó hipócritamente a su favor.
Esta actividad clandestina lleva finalmente a Martí y a Edenia a la cárcel. La segunda parte de la novela, completamente ambientada en este escenario, contiene una descripción áspera y llena de detalles sobre este lugar: la incomunicación, las torturas policiales, y peor aún, cómo para la policía todos estos procesos eran simples trámites burocráticos. Pero aún así, incluso dentro de la prisión, y poco después de vuelta en libertad, la lucha antifranquista continúa en pie.
A lo largo de la novela Martí también tiene que aclarar sus ideas románticas, decidirse entre el amor de Edenia o el de Flora, una colaboradora literaria de la editorial que viene de una familia bien y afín a la dictadura. Los detalles y comentarios sobre estas dos relaciones paralelas son tan creíbles (como el miedo de Flora a que los antifascistas quieran matarla, reflejado en el simbolismo que cree ver en los gatos), que casi tengo la sensación de estar leyendo una confesión. Vuelvo a pensar en por qué Víctor Mora decidió cambiar los nombres de los personajes, en que tal vez fuese para poder alejarse de los hechos reales. Me resultaría muy incómodo estar leyendo algo verídico, tan sincero.
Estuve más o menos satisfecho con Los plátanos de Barcelona, un libro interesante pero que me pareció un batiburrillo mal ordenado de sucesos. Con este libro tengo que dar totalmente la razón a Mora cuando dice que consiguió «decir cosas importantes y lograr al mismo tiempo una buena novela». Lo estuve pensando durante la mayor parte del libro: ¿cómo no han hecho una película o una serie de televisión a partir de este material?
jueves, 25 de enero de 2018
Arde Cuba (Agustín Ferrer Casas)
En las navidades de 1958, en mitad de la Revolución Cubana, el actor Errol Flynn viajó a Cuba para hacer una entrevista al comandante Castro. A partir de este suceso y otra documentación, Agustín Ferrer Casas ha desarrollado un cómic de aventuras basado en hechos reales que coloca en el centro de la trama a Frank Spellman, el fotógrafo que acompaña a este famoso actor y al guerrillero Camilo Cienfuegos en este peligroso viaje por la isla. El cómic se divide en tres partes. En la primera, Errol Flynn y Frank Spellman chocan con aquellos que saben en qué consiste su misión secreta, grandes empresarios sin escrúpulos, policías corruptos y el gobierno de EEUU que quieren que Castro se ponga de su parte cuando alcance su previsible victoria. En la segunda, los dos entrevistadores llegan junto a Castro y ven la guerra con sus propios ojos. En la última, aunque la Revolución ha triunfado, Frank y Cienfuegos tienen que huir de una Cuba que celebra el fin de una dictadura.
Aunque sea un cómic principalmente de aventuras, hay que resaltar la documentación histórica con la que se ha trabajado. En este sentido, el texto que cierra el tomo me parece más que necesario. Da más contexto a los hechos que se han explicado en el cómic, explica las libertades creativas que se han tomado en algunos aspectos, y de tapadillo cierra la trama que se había quedado abierta en la última página del cómic.
martes, 23 de enero de 2018
40 años de historia con 'El Jueves' (Jordi Riera Pujal y varios)
Cuarenta años no se cumplen todos los días, y menos una revista de cómics en los tiempos que vivimos. Cuarenta años manteniendo un mismo espíritu (o parecido) semana a semana, renovando su contenido y sus autores siguiendo los gustos de cada época. Este libro es una recopilación amena de las cuarenta series más populares de esta revista, desde Johnny Roqueta a Zombie life, desde Historias de la puta mili y El profesor Cojonciano a Ranciofacts. A cada una de ellas le corresponde un par de entregas de esa serie, caricaturas de los autores y un breve texto de Jordi Riera Pujal que las explica y pone en contexto. Bastantes de ellos nos recuerdan que una parte de los autores de la revista ha tenido que hacer frente a juicios contra la libertad de expresión. En lo negativo, también creo que en algún caso los textos caen en ser demasiado promocionales y entusiastas.
Como en cualquier recopilación, siempre se van a quedar cosas fuera. Hay autores que han preferido no aparecer (se echa de menos a Tato, La parejita y Silvio José, obviamente), y también hay series y autores que, por filias y fobias personales, cada uno preferiría que se hubiesen quitado o incluido. Pero más allá de esto, el tomo es un buen repaso a la historia de la revista, y por tanto un buen testimonio de la personalidad gamberra y social que ha mantenido El Jueves desde su creación.
jueves, 18 de enero de 2018
Alan Moore's Writing for Comics (Alan Moore, Juan José Ryp, Jacen Burrows)
Hablar sobre un ensayo breve como éste es facilísimo porque el propio autor cae en el autoanálisis y la autocrítica continuamente. Tanto el Alan Moore de 1986 (autor de los 4 capítulos rescatados del fanzine Fantasy Advertiser) como el Alan Moore de 2003 (que escribe el epílogo) están preocupados por que sus consejos e indicaciones sean lo más correctos posible y que sean de la máxima utilidad. Así, por ejemplo, Moore recoge las críticas que él mismo recibe por su forma de entender los guiones de cómic y busca la verdad que hay en ellas.
Otro ejemplo de este autoanálisis es el ataque que hace a Cómo dibujar cómics al estilo Marvel en la primera página porque no cree que en un texto de este tipo haya que dar trucos y atajos, sino guías que ayuden al guionista a reflexionar. En este cuadernillo se habla de la estructura sin dar tipos y esquemas recurrentes, de desarrollar personajes y ambientes sin enumerar los más habituales... Por este motivo, cuando Alan Moore entra en aspectos más concretos mete la pata. Uno de los consejos del tipo "Cómo escribir cómics al estilo Alan Moore" explica cómo conectar una escena con la siguiente utilizando textos o motivos visuales (el recurso más habitual de Moore), un fragmento que el mismo autor en el epílogo desaprueba por completo.
En 1986 Alan Moore no estaba considerado el gran guionista que es ahora, pero prácticamente estaba a punto de serlo. Tenía a sus espaldas trabajos como Marvel Man, V de Vendetta, su etapa de La Cosa del Pantano y estaba trabajando con Watchmen en ese momento, pero todavía le quedaba por imaginar From Hell, Lost Girls, su reinvención de Supreme y el universo ABC, especialmente Promethea. Destaco estas dos últimas colecciones porque son las que mejor explican la visión más reciente de Alan Moore sobre la creatividad, una visión que evidentemente marca el enfoque del epílogo. Los cuatro capítulos del ensayo se dirigían a un joven guionista que necesitaba consejos para saber por dónde empezar y a quién imitar, mientras que el epílogo le habla a ese mismo guionista 15 años después. Dominados ya todos los aspectos más técnicos, Moore anima a los autores a que se vuelvan más imprevisibles, más espontáneos, que experimenten y lleven su talento a lugares imprevisibles.
Para un lector menos interesado en escribir ficción, el cuadernillo tiene el interés de las explicaciones y análisis que Moore hace de su propio trabajo para explicar diferentes conceptos. Por ejemplo, para hablar del origen de las ideas y la estructura pone de ejemplos varios números de La Cosa del Pantano, utiliza V de Vendetta y Halo Jones para explicar la creación de mundos de ficción, y explica el desarrollo completo, desde la idea al guión final, con muchas curiosidades entre medias, de Para el hombre que lo tiene todo (Superman Annual #11). Tal vez el detalle más inesperado es cómo Moore desarrolló la nueva personalidad del demonio Etrigan, andando y hablando por su casa tal y como se imaginaba al personaje. Normal que esos días cerrase las cortinas de su casa...
martes, 16 de enero de 2018
El gran libro de los magos (Cristian Timoneda, Sabrina Cámara)
La idea de este libro es una completa tontería que funciona muy bien: un juego de palabras muy tonto por página para bautizar a diferentes magos. Puede parecer una versión de los Toi de Bollycao, pero en bastantes páginas el juego de palabras da un salto mortal inesperado que lleva al límite las posibilidades de este libro. Y si estos chistes gustan, gran parte del mérito viene de unas ilustraciones tremendas, con un estilo cuqui y muy cuidado, que potencian las posibilidades de cada juego de palabras sin caer en la repetición en las poses o los diseños.
Aparte de estas ilustraciones, el tomo incluye un cómic de 8 páginas y 2 breves entrevistas de broma.
jueves, 28 de diciembre de 2017
Giant days 2 (John Allison, Lissa Treiman, Max Sarin)
Las aventuras universitarias de las británicas Susan, Esther y Daisy continúan en este segundo tomo. Había comentado en la reseña del anterior que tenía la sensación de que el segundo volumen estaría mejor contruido, más ordenado y centrado. Y así creo que ha sido.
Recordaba que me gustaba mucho el entusiasmo juvenil de esta colección, la forma de representar ambientes universitarios y la expresividad tipo meme de internet de los personajes. Leyendo este tomo me ha sorprendido que no me diese cuenta de lo trabajados que están los diálogos, de lo ingeniosa que es cada frase y cada réplica. Teniendo en cuenta la prisa con la que tienen que trabajar los autores en la industria americana, es un milagro que aquí guión y dibujo acumulen tanto ingenio en cada viñeta.
Estamos hablando de universitarios, así que las tramas tiran principalmente por lo más obvio de esta época: los estudios y el amor. Creo que habrá poca gente que no se identifique con cómo Esther se preocupa por los exámenes pero es incapaz de concentrarse, del mismo modo que alguno de los amores y los desamores de los personajes nos recuerdan a alguna experiencia personal. No digo que los mejores puntos de este cómic estén en la identificación del lector, porque por ejemplo también hay un gag maravilloso en el que descubrimos que todos los fumadores se conocen entre sí y consideran a sí mismo un movimiento social. Pero qué le voy a hacer, me ha encantado ver a Esther como adicta a Instagram.
A la mitad el tomo se presenta la nueva dibujante de la colección, Max Sarin, que sustituye a una Lissa Treiman que tiene que volver a sus obligaciones dentro de la empresa Disney. El cambio podría haber afectado mucho a la personalidad de la serie, pero por suerte le sigo viendo las mismas virtudes al dibujo. Habrá que ver si mantiene el buen nivel.
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