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lunes, 28 de octubre de 2019

Cuando subtitulé el 'Celebrities' de Alan Moore


Me he llevado una buena sorpresa al ver en Menéame el artículo de Cooking Ideas de 2010 sobre aquella vez en la que alguien subtituló al inglés el Celebrities de Alan Moore.

Y con alguien me refiero a mí.

El artículo aparece ahora mismo con fecha de 22 de octubre de 2019, pero es el mismo que ya leí hace años. No solo eso, estoy encontrando en Twitter enlaces de 2010 que llevan a este mismo artículo, como si lo hubiese enlazado un usuario que pudiese adivinar el futuro. Mantener el enlace y el texto pero cambiando la fecha debe ser alguna estrategia de SEO para ganar más visibilidad, no tengo ni idea. Seguramente hayan cambiado sólo la fecha de publicación para resubir el artículo y aprovechar el estreno del primer capítulo de la serie Watchmen de HBO.

Por añadir algo más de información, he estado buscando en mis carpetas para ver qué puedo recordar de cómo fue aquello. Empiezo mal, porque según la web de RTVE el capítulo con esta imitación de Joaquín Reyes se emitió el 31 de marzo de 2010, pero por lo que veo yo subí el vídeo el 28 de marzo. Hice los subtítulos con prisa, pero no sé si tanta.

Para mi vergüenza el artículo cita una frase mía de entonces: «Traduje el Celebrities para corroborar que eso no hace gracia ni aquí ni fuera de aquí». He cambiado desde entonces, pero así es como pensaba en aquel momento. Ahora puedo decir que soy de los que esperaron con impaciencia Retorno a Lílifor (Antena 3 tardó 3 años en emitirlo) e incluso que Museo Coconut me gusta bastante, pero en esos días no tenía cogido el puntillo al humor chanante. Dejando eso aparte, no creo que subtitulase un vídeo sólo por molestar a Joaquín Reyes. Me suena más a un intento de comentario «gracioso» más que una motivación sincera.

Cuando lo subí, entre los comentarios de YouTube hubo bastante gente que compartía la opinión que yo tenía:

«Sigo sin verle la gracia a Muchachada nui. Ninguna gracia.»

«La verdad que algunos si tienen su gracia. Éste en concreto no tiene ninguna. Por cierto, me ha dolio cuando se come la pagina.»

«Es tan fome, que da risa!»

(En Argentina «fome» significa «aburrido».)

Hubo un usuario bastante peculiar que escribió varios mensajes (todos ellos repetidos un par de veces) con un mismo enfoque político:

«Esto es una gilipollez que no hace gracia a nadie. Este programa es para progres gilipollas.»

«¿Por qué no os meteis con el payaso Zetapé y sus hijas góticas?»

«En España tenemos un Gobierno fascista que nos llevará al desatre. Los 'progres' seguidores de Zapatero son los artífices de esta basura. Parece que la paja les molesta en el ojo.
In Spain we have a fascist Government that will take the desatre to us. The 'trendies' followers of Cobbler are the makers of this garbage. It seems that they cannot stand the straw in the eye.»

«The Government at that Jose Luis Rodríguez Zapatero presides is totalitarist. The pernicious policy will take to the disaster Spain and to the rest of Europa.
This video is a fascist propaganda financed by the Government of José Luis Rodríguez Zapatero. A government that calls itself socialist, but it really is totalitarian.»

«Many people in Spain cry out in order that Jose Luis Rodríguez Zapatero goes away of the presidency before he takes to the disaster the economy of our country.»

Atención a ese «Cobbler» como traducción automática de «Zapatero».

Todos estos comentarios suenan igual de idiotas que en el momento en el que se escribieron, pero dentro de su contexto tienen una mejor explicación. Al Partido Popular, por el motivo que fuese, no le gustaba que se emitiese Muchachada Nui en La 2, tanto que la diputada Macarena Montesinos llegó a preguntar en el Congreso en 2007 lo siguiente: «¿Qué objetivos de servicio público tiene el programa de Televisión Española (TVE) Muchachada Nui?» (y eso que este programa fue muy anterior a las imitaciones de Joaquín Reyes en El intermedio). La pregunta acabó finalista como una de las más tontas hechas en el Congreso durante ese año.

Un amigo me escribió por privado lo siguiente:

«¡Tío! Eres tu el que ha subtituload el celebrities O_O

flipando me tienes XD voy a verlo

hagas lo que hagas, tu versión va a llegar a Neil Gaiman, Alan Moore y el 90% de frikis americnaos que dirán que no teine gracia»

Era un poco la sensación que yo tenía antes de subirlo, pero creo que los comentarios fueron bastante positivos:

«such a huge jet!!!!»

«Holy crap! Mind...blown. @.@»

«I like his funny made up language. Crazy!»

«I just think it's funny because he just keeps going on about ridiculous random crap. Alan, you have dinner in the microwave. By the way, I became lesbian LoL.»

«The perfect type of wackyness. Wonderful.»

«this would be stupid if it were in english except it is not in english it is in spanish and spanish is a foreign language
that makes it very arty»

«i always new alan kept something in his beard.
i always assumed it was a snake god he prayed to that would one day emerge and sink the song that ended the very fabric of reality.»

Las visitas llegaron gracias a la cuenta de Twitter de Neil Gaiman. El tweet con el que explicó que había descubierto esta imitación incluía una petición de subtítulos: «Why is Spanish Alan Moore eating his copy of From Hell? Is his blue bowler hat magic? I wish this had subtitles.» Al poco, enlazó mi traducción: «The further adventures of Spanish Alan Moore (with subtitles) at [enlace]  (There is an idea elf in the beard.)» Conociendo la amistad entre Neil Gaiman y Alan Moore, me gustaría pensar que se lo llegó a mostrar en algún momento.

A partir de estos tweets llegó a varios medios dedicados a cultura pop, como Bleeding CoolThe Mary SueCBR, Topless Robot... Incluso he visto que llegó a aparecer en artículo de una web de Brasil.

Aunque a nivel internacional ya he dicho que hubo un buen recibimiento, también salió un usuario al que no le hizo tanta gracia:

«It hardly made any more sense with subtitles... Is this supposed to be funny, or what?»

El motivo, según comentarios de usuarios españoles, es que o el humor era intraducible o los subtítulos eran malos:

«You don't get it. It's absurd humour.»

«Ok I am gonna try and explain. This guy is a popular comedian known for his absurd/surreal humour. Every week he makes an impersonation of a famous guy in a TV show.
This impersonations have 3 characteristics:
1- He always makes the same voice, u can say its like a "red-neck" kinda voice...not very "sophisticated" to say the least ;)»

«English subtitles are literal translation, this is not funny. Spanish version is funny for spanish people, a lot of jokes are only understood by people that speaks spanish and live in spain»

«Non Spanish speakers to be abstained to try to understand this. It's a very unique and surreal humour. Utterly hilarious.»

«Me temo que Muchachada Nui es un humor sofisticado. No todos lo pillan.»

«Que mal traducido joer...» [En otro mensaje a continuación:] «mi crítica es meramente destructiva, sin afán constructivo alguno.»

Ya me lo afeaba el artículo de Cooking Ideas: puse los subtítulos «más mal que bien, todo hay que decirlo» y mi traducción era «chapucera». Fue una lástima que no hubiese nadie con mayor dominio del inglés en aquellos días con el tiempo libre para sacar una traducción mejor.

El artículo también dice que la pieza «resultó más vista en Youtube que la original en español sin letras», y no sé qué responder. El Celebrities tiene acumuladas 25 809 visitas y el Presentado Por, 7 636. ¿Los vídeos originales de la cuenta de YouTube de RTVE seguro que no recibieron más?

YouTube me canceló el vídeo el 22 de mayo de 2016 por una reclamación de derechos de RTVE. No me molestó lo más mínimo. El vídeo había tenido la vida que tenía que tener y ya había quedado demostrado (creo yo) que los subtítulos habían interesado más bien poco fuera de España. De todos modos, desde 2015 existe otro vídeo con subtítulos en inglés de este Celebrities. Ya veremos si también lo acaban retirando.

lunes, 1 de octubre de 2018

'Tomorrow stories', chistes de ayer


En los cómics de Alan Moore siempre ha habido humor de un modo u otro. En casos como D.R. y Quinch, sus historias cortas en las revistas inglesas o en la saga de los Bojefries se trata de algo evidente, pero no es difícil ver la sorna británica en el resto de su trabajo. Incluso un cómic como Watchmen, por ejemplo, no se puede entender del todo si no se ve que Rorschach es una caricatura gruesa de un superhéroe de extrema derecha.

Creo que después del éxito de sus cómics más serios, Moore quiso compensar dándole más importancia a esta vena cómica en su universo ABC, con mayor o menor intensidad según la colección. De las cinco, la que más buscaba la sonrisa era Tomorrow stories. Ojo al título: ¿"Historias del mañana"? En realidad se trataba de homenajes a las revistas americanas más antiguas de cómic. La estructura antológica conectaba con la de aquellas primeras publicaciones, pero el contenido apuntaba especialmente a la revista Mad y al Spirit de Will Eisner.

Tengo la sensación de que había más implicación en los personajes First American y Splash Brannigan, porque son los que seguían la línea creada por autores como Harvey Kurtzman, Will Elder y Wally Wood. El primero era una versión del Superduperman (Mad #4, 1953) de Kurtzman y Wood, y que Alan Moore había señalado como una de sus inspiraciones para Watchmen. De nuevo, el nombre lo es todo, un juego de palabras con el lema «America First» que la derecha americana (especialmente el Ku Kux Klan) sigue utilizando. Con este superhéroe genuinamente americano este guionista y el dibujante Jim Baikie ridiculizaban la cultura, historia y tradiciones americanas sin mostrar ningún respeto por nadie. Uno de sus mejores cómics es precisamente el devastador análisis a la política exterior de George W. Bush, en el que sustituyen el petróleo de Irak por bizcochos. Otro de los mejores momentos es el capítulo dibujado por Sergio Aragonés. Contar con la colaboración de uno de los mejores dibujantes de Mad convierte en perfecto el homenaje a esta revista.

El tono y el estilo de los cómics de Splash Brannigan recuerdan mucho a los de First American. En los dos casos, son superhéroes con verborrea que se mueven en historias caóticas en las que sólo es posible todo lo que ayude a crear gags. Sin embargo, el primero ridiculizaba a los Estados Unidos como país, mientras que Splash se enfoca más en la ficción, el arte y su creación. Su origen como superhéroe formado por tinta líquida dentro de una editorial de cómics decadente da mucho juego a la hora de hablar de la propia industria del cómic y los superhéroes.

Una de mis debilidades con esta colección ha sido John B. Quick, en parte por mi formación. El guionista cogió la idea del típico niño inventor, pero lo llevó al extremo aplicando únicamente conceptos científicos de este siglo. Por eso me sorprende la repercusión que consiguen películas como Interstellar (2014). En comparación con cómics como este, se me quedan muy cortas en lo que significa experimentar con las posibilidades científicas de la ciencia ficción. En estas historias cortas que no llegan ni a las 10 páginas, Moore demostraba que entendía correctamente varios conceptos avanzados, hasta el punto de poder hacer chistes con ellos.

De los cinco personajes que aparecen en esta colección, dos están menos dirigidos al humor. El primero es Cobweb, la única superheroína protagonista de la colección, con un tono lúbrico y sensual que le dio pie a Moore para los dobles sentidos sexuales, pero también para las referencias a diferentes cómics: para niñas (la pequeña Lulú), eróticos (Barbarella), de la revista Playboy (Little Fanny Annie), etcétera.

Me ha funcionado mucho mejor dentro de esta colección el personaje de Greyshirt (o Camisa Gris), que sigue la estela de Will Eisner, y no sólo por el género de héroes callejeros de traje y corbata. Con estas historias Moore y Rick Veitch investigaron diferentes formas de contar historias, experimentando con el diseño de las páginas y la forma de las viñetas como se hacía en The Spirit. El cierre de esta colección, en el Tomorrow Stories Special #1, está entre los mejores números de este personaje. Moore ya había hecho grandísimos homenajes a Jack Kirby, Gil Kane y al Superman pre Crisis. A todos ellos se une un conmovedor homenaje a Will Eisner con motivo de su muerte.

Estos cómics dejan satisfecho, pero es cierto que no están entre lo más destacado de la carrera de Alan Moore. Tampoco el resto de implicados estaba intentando reinventar la rueda. Casi tengo la sensación de que esta colección es el trabajo de un fan que sólo quiere imitar a sus ídolos, utilizar sus mismos recursos e intentar repetir sus aciertos, sin otra intención que pasárselo bien. De ahí el cómic de Splash Brannigan dibujado por Kyle Baker. ¿Estos cómics están copiando ideas, chistes y recursos de aquellas primeras historietas norteanericanas? No lo llame plagio, llámelo homenaje. Un grandísimo homenaje.

(Han pasado siete meses desde que ECC publicó este tomo con los números #1-12 de la colección. ¿Hay planes para publicar los 3 números que faltan en algún tomo aparte?)

jueves, 18 de enero de 2018

Alan Moore's Writing for Comics (Alan Moore, Juan José Ryp, Jacen Burrows)


Hablar sobre un ensayo breve como éste es facilísimo porque el propio autor cae en el autoanálisis y la autocrítica continuamente. Tanto el Alan Moore de 1986 (autor de los 4 capítulos rescatados del fanzine Fantasy Advertiser) como el Alan Moore de 2003 (que escribe el epílogo) están preocupados por que sus consejos e indicaciones sean lo más correctos posible y que sean de la máxima utilidad. Así, por ejemplo, Moore recoge las críticas que él mismo recibe por su forma de entender los guiones de cómic y busca la verdad que hay en ellas.

Otro ejemplo de este autoanálisis es el ataque que hace a Cómo dibujar cómics al estilo Marvel en la primera página porque no cree que en un texto de este tipo haya que dar trucos y atajos, sino guías que ayuden al guionista a reflexionar. En este cuadernillo se habla de la estructura sin dar tipos y esquemas recurrentes, de desarrollar personajes y ambientes sin enumerar los más habituales... Por este motivo, cuando Alan Moore entra en aspectos más concretos mete la pata. Uno de los consejos del tipo "Cómo escribir cómics al estilo Alan Moore" explica cómo conectar una escena con la siguiente utilizando textos o motivos visuales (el recurso más habitual de Moore), un fragmento que el mismo autor en el epílogo desaprueba por completo.

En 1986 Alan Moore no estaba considerado el gran guionista que es ahora, pero prácticamente estaba a punto de serlo. Tenía a sus espaldas trabajos como Marvel Man, V de Vendetta, su etapa de La Cosa del Pantano y estaba trabajando con Watchmen en ese momento, pero todavía le quedaba por imaginar From Hell, Lost Girls, su reinvención de Supreme y el universo ABC, especialmente Promethea. Destaco estas dos últimas colecciones porque son las que mejor explican la visión más reciente de Alan Moore sobre la creatividad, una visión que evidentemente marca el enfoque del epílogo. Los cuatro capítulos del ensayo se dirigían a un joven guionista que necesitaba consejos para saber por dónde empezar y a quién imitar, mientras que el epílogo le habla a ese mismo guionista 15 años después. Dominados ya todos los aspectos más técnicos, Moore anima a los autores a que se vuelvan más imprevisibles, más espontáneos, que experimenten y lleven su talento a lugares imprevisibles.

Para un lector menos interesado en escribir ficción, el cuadernillo tiene el interés de las explicaciones y análisis que Moore hace de su propio trabajo para explicar diferentes conceptos. Por ejemplo, para hablar del origen de las ideas y la estructura pone de ejemplos varios números de La Cosa del Pantano, utiliza V de Vendetta y Halo Jones para explicar la creación de mundos de ficción, y explica el desarrollo completo, desde la idea al guión final, con muchas curiosidades entre medias, de Para el hombre que lo tiene todo (Superman Annual #11). Tal vez el detalle más inesperado es cómo Moore desarrolló la nueva personalidad del demonio Etrigan, andando y hablando por su casa tal y como se imaginaba al personaje. Normal que esos días cerrase las cortinas de su casa...

lunes, 27 de febrero de 2017

Promethea (libro 3 de 3) (Alan Moore y J. H. Williams III)


El tercer bloque de esta colección se dirige hacia el final que se anunciaba de pasada en el segundo tomo: el motivo de la existencia de Promethea es desencadenar el apocalipsis. En comparación con eso, el enfrentamiento con su amiga Stacia van de Veer, la alianza de Tom Strong y el FBI para detenerla y el regreso del villano psicópata Muñeco son pequeños tropiezos en el camino. Alan Moore y J. H. Williams III empiezan este tomo de una manera más entretenida para recuperar en la segunda mitad el enfoque didáctico. Por cierto, muy bien compenetrados por lo que se da a entender en los extras. Moore cierra la colección (y el universo ABC) dejando bien clara su tesis sobre la conexión entre lenguaje, creación, vida y magia. No soy una persona espiritual, así que para mí estas reflexiones que conectan simbolismos, significados y planos superiores de la consciencia sólo me interesan a un nivel teórico. Por eso mismo, creo que uno de los mejores aciertos de Moore y Williams III es el respeto que tienen con las ideas del lector: sólo quieren explicar una forma de entender la vida, no convencer a toda costa de que ellos tienen la razón y el que piensa diferente no.

Hay un detalle que hay que mencionar: la edición de ECC de esta colección ha sido impecable. Estamos muy acostumbrados a ediciones de cómics extranjeros en las que las tipografías chirrían, se notan falsas, son letras hechas con prisas con el ordenador en páginas que piden un poco más de cuidado. Sin comparar las páginas de estos tres tomos con los originales, yo diría que ha habido mucho mimo en la edición.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Promethea (libro 2 de 3) (Alan Moore y J. H. Williams III)


Los once capítulos de este tomo continúan con la tónica del tomo anterior: pedagogía espiritual alrededor de la magia, un desarrollo de personajes superficial (en mi humilde opinión) y unas ilustraciones alucinantes. En este caso, los once capítulos de este tomo sirven para explicar el árbol de la cábala. Sophie (la séptima Promethea) y Barbara (la sexta) recorren las esferas de la cábala de manera ascendente en búsqueda del alma del esposo de Barbara. En cada una de ellas, Promethea y otros avatares van explicando al lector los significados de la Luna, Mercurio, Marte, el abismo... sus números y aromas asociados, etc. Como Alan Moore impone demasiado su presencia con unos diálogos expositivos interminables, el dibujante compensa con una experimentación gráfica muy interesante en cada número. Cada 24 páginas, plantea un estilo de dibujo diferente dentro de unas composiciones de página que siguen siendo muy elaboradas. Tal vez tanto uno como otro luchen demasiado por parecer unos virtuosos en sus campos.

Durante este viaje de iniciación, la vida en la Tierra (los superhéroes y supervillanos que se pelean en ella) permanece como una subtrama que no tiene mucha importancia. Imagino que será el punto de partida del último tercio de la colección.

martes, 23 de agosto de 2016

Promethea (libro 1 de 3) (Alan Moore y J. H. Williams III)


Sophie Bangs es la identidad secreta de Promethea, la encarnación de una idea que puede traspasar los límites entre el mundo material y la imaginación. O más bien, la séptima persona que se convierte en el avatar de esta idea. Pero este cómic también tiene una máscara. Bajo el disfraz de una historia de superhéroes se oculta un manual de magia y espiritualidad, un cómic pedagógico con el que Alan Moore quiere explicar sus creencias. Todo lo que Moore insinuaba en Supreme aquí se vuelve evidente.

Poder aprender sobre sexo tántrico, los elementos mágicos y las cartas del tarot tiene como contrapartida que sea también un cómic bastante pesado de seguir. J. H. Williams III y el español José Villarrubia ayudan mucho a hacerlo digerible. El primero con unas composiciones de página (generalmente dobles páginas) elaboradas, complejas, llenas de detalles y sin embargo muy legibles. El segundo, con una breve fotonovela de muy buena factura.

Es extraño que en una historia de iniciación y aprendizaje como ésta Moore no trabaje más la identificación del lector con la protagonista. Tal vez ése sea su aspecto más débil.

viernes, 16 de octubre de 2015

La saga de los Bojeffries (Alan Moore, Steve Parkhouse)


Después de tres o cuatro tiras y cómics cortos en diferentes revistas más o menos populares, Moore se ganó a los lectores con sus dos primeros proyectos ambiciosos en la revista Warrior, es decir, V de Vendetta y Marvelman. Cronológicamente, su siguiente cómic es precisamente éste, una rareza que no tuvo continuidad en aquella revista y que se tuvo que ir distribuyendo con capítulos dispersos en diferentes publicaciones entre 1983 y 1991, más la última historia de 24 páginas creada para cerrar este recopilatorio. Esto explica la falta de continuidad entre estas historias, que es algo bastante extraño dentro de la obra de Alan Moore, y que al mismo tiempo es la explicación de una de sus virtudes. Cada relato corto es un experimento, centrado en un personaje concreto en cada ocasión o narrado y dibujado de una forma diferente.

Se podría decir que en esencia los Bojeffries son el equivalente británico y proletario de La familia Addams. Otro punto interesante es que, si por lo general la ficción cuenta historias de fantasía a partir de entornos costumbristas reconocibles, el acierto de Moore y Parkhouse es saber encontrar lo más rutinario y mundano que surge de un ambiente fantástico, una táctica con la que empezaría también La Balada de Halo Jones del mismo Alan Moore. A partir de este tono cotidiano se desarrolla un humor que parte de la propia personalidad de esta familia y la ridiculización de la sociedad thatcheriana más humilde de la época. Los miembros del clan son un padre e hijo idénticos sin oficio ni beneficio, una hija descomunal con un exceso de confianza inexplicable, un primo hombre lobo que con un trabajo alienante en una fábrica, el bebé radioactivo encerrado en el sótano y el abuelo primigenio que está en su última fase de materia orgánica. Tal vez lo más interesante es que no puedo entender cómo un grupo tan aislado de la sociedad ha conseguido convivir con ella durante todo un siglo, y cómo, a pesar de sus deseos de integrarse, todavía tienen dificultades para entender las costumbres de los demás.

Dentro de la obra de Alan Moore puede ser un trabajo menor, pero es interesante tanto porque se aleja mucho de su tono habitual como por ser uno de sus primeros cómics.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El día del juicio (Alan Moore, Rob Liefeld, Gil Kane)


En Supreme ya me había enfrentado a esa extraña mezcla entre los complejos guiones de Alan Moore y los dibujos descuidados de la generación Image, pero aún así no me esperaba en absoluto lo de este tomo. El mismísimo Rob Liefeld en persona destroza con sus garabatos la mayoría de las páginas de este cómic, que aún así creo que merece la pena tanto por el resto de dibujantes como por, lógicamente, Alan Moore. A partir del juicio a un miembro de Youngblood, acusado de asesinato, el guión forma un puzzle que tiene como objetivo jugar con el metalenguaje (los "retcon"), el destino y que le vuelve a dar vueltas a aquello del "espacio idea" que aparecía en Supreme. El dibujo de la última parte del tomo queda en manos únicamente de Gil Kane, un artista clásico del cómic de superhéroes al que Alan Moore le hace un cariñoso homenaje, casi a la altura del que le hizo a Jack Kirby en Supreme. Como tomo suelto para un lector casual, me cuesta recomendarlo, pero el lector que haya disfrutado con Supreme (cuarta vez que lo menciono en esta reseña) debería poner este tomo junto a esa colección.

viernes, 30 de enero de 2015

Reseñas de enero


Superman: El Último Hijo de la Tierra (Steve Gerber, Doug Wheatley)

¿Y si Clark Kent fuese el último terrícola y hubiese sido enviado a Krypton antes de la destrucción de nuestro planeta? Es una premisa bastante original a la que se sabe sacar jugo en este tomo. Destaco que no se hace monótono. A cada pocas páginas se presenta un nuevo giro de guión con el que es difícil adelantarse al desarrollo de la trama. No es un trabajo brillante, pero Gerber sabe cómo pasárselo bien y dejar un ligero poso político en el guión junto a ciertos detalles para el fan de los cómics. Me quedo con ese Superman que viste un traje que recuerda al del Capitán Marvel de C. C. Beck. Pierde fuelle en la segunda mitad del tomo, la continuación de la miniserie original. Aunque avanza con la misma coherencia que la primera parte, poco a poco se aleja demasiado de la premisa básica hasta que el cómic se convierte en otra cosa.

Es curioso que en este tomo el que lucha para que la sociedad (kryptoniana) no evolucione sea el villano. Al contrario, en los cómics de la continuidad tradicional, el villano es el que lucha por el cambio y Superman, el héroe que defiende el inmobilismo.



Pulgarcito, tomo 3 (Jan)

Es casi un milagro que exista esta colección dentro de una editorial que siente tanta indiferencia por lo que publica. Para Ediciones B sería absurdamente más barato tirar de escáner de alta calidad o de una económica edición en blanco y negro, pero tenemos la suerte de que Jordi Coll (editor de Amaníaco) se esté encargando de una edición restaurada y con nuevo color de uno de los mejores cómics de Jan. Aún con los fallos que se le quieran encontrar (desorden cronológico de las historias, el formato, los criterios para colorear...) el resultado es realmente bueno y se agradece el acierto de no tapar el precioso dibujo con degradados y sombras de Photoshop.

En el argumento, empezamos por fin con los viajes en el tiempo que caracterizan al personaje. Las historias más costumbristas se mezclan con otras de más acción, pero en ninguna falta el mensaje educativo para los niños a los que se dirige la colección: fomento de la lectura, creación de espacios públicos, etc.



La Cosa del Pantano, tomo 6 (Alan Moore, Rick Veitch, John Totleben, otros)

Se le nota el desgaste. En este último tomo, Alan Moore estaba tan desconectado de la colección como la Cosa del Pantano del campo energético de la Tierra. Por este desinterés (o la falta de tiempo), le sustituyeron los dibujantes Bissette y Veitch escribiendo los guiones de dos números que no consiguen llegar al nivel del guionista titular. El capítulo más interesante de este tomo, Amando al Alienígena, es otro ejemplo. En este caso, la iniciativa del experimento vino del dibujante Totleben, que enseñó unas páginas psicodélicas a Alan Moore para que le sirviesen como inspiración en un relato ilustrado que desafía la visión antropocéntrica del universo.

Aún así, a pesar de ser una etapa en sus horas bajas y estar muy alejada de su ambientación y tono originales, no llega a perder del todo el interés y termina con un agradable final feliz. Moore ha conseguido en esta etapa convertir a un simple monstruo de terror en una divinidad que se enfrenta a reflexiones sobre el bien y el mal. En el último número no se pierde de vista esa evolución.




Furari (Jiro Taniguchi)

Se podría considerar como un cómic biográfico sobre Tadataka Ino, el cartógrafo que realizó el primer mapa preciso de Japón. Sin embargo, este personaje es sólo una excusa para viajar por el Edo (Tokio) del s. XVIII y conocer sus costumbres, fiestas, paisajes, etc. Es una experiencia visual más que un relato propiamente dicho, en el que lo interesante es andar por la ciudad entre la gente y verla también a través de los ojos de algunos animales. Comparado con otros cómics de Taniguchi que he leído, me parece con el que es más difícil de conectar. Es muy costumbrista, lo que quiere decir que utiliza continuamente palabras japonesas para referirse a tradiciones, comida, lugares, distancias, horas, chistes... que aparecen explicados en notas a pie de página.

lunes, 11 de agosto de 2014

Mis cómics favoritos: Watchmen

Existe un sentimiento contestatario de querer quitarle importancia a Watchmen como cómic si se le compara tanto con otros trabajos de Alan Moore como con el de otros autores. "Está superado", "Es demasiado artificial", "Se ha quedado anticuado" son comentarios que sin embargo no se suelen hacer de cómics realizados con muchísimo menos talento. Parece que Watchmen es un gran cómic al que no se le puede valorar con entusiasmo. No es algo que sólo ocurra con los cómics. No faltan los que quitan importancia a directores como Hitchcock, Kubrick o Spielberg, pero tal vez el desprecio de Watchmen y de Alan Moore sea el que más me cuesta entender.

La creación de Watchmen, como la de muchas otras historias de ficción, tiene un origen de lo más idiota. Con el éxito de Miracleman (un cómic de superhéroes juvenil y británico que Moore resucitó en los 80 con un estilo adulto y sofisticado), DC le colgó el sambenito a él y a otros tantos guionistas británicos de ser renovadores natos de personajes de cómic olvidados. Neil Gaiman reinventaría a Orquídea Negra y a Sandman, y Grant Morrison haría otro tanto con Animal Man, pero todo ello ocurrió gracias a que Moore ya había abierto camino mediante una Lección de Anatomía para la Cosa del Pantano. Es decir, que Watchmen iba por ese mismo camino repetitivo, iba a consistir en coger un puñado de personajes coloridos y medio olvidados que DC había comprado a una pequeña editorial, Charlton, y llevarlos a un mundo oscuro y tétrico. Un mundo tan extremo que la empresa tuvo que aconsejar a los dos autores, Moore y Gibbons, que creasen sus propios personajes sin matar unas franquicias que todavía no habían empezado a ser rentables para la compañía.

Con esa premisa tan sencilla, la de arrastrar personajes coloridos a un mundo crespuscular y decadente, es con la que empieza el cómic. Creo que en estos dos o tres primeros capítulos, cuando Moore y Gibbons tienen principalmente en mente esa idea, es cuando se ve una relativa torpeza en el cómic. Por ejemplo, en el primer capítulo la ideología derechista de Rorschach parece una torpe caricatura, sin sutileza, y Moore tal vez peque de ser demasiado expositivo al mencionar de manera forzada el acta de Keene tantas veces. En estos primeros números posiblemente no se termine de ver qué hace de Watchmen algo tan especial, si no es por la forma de contar la historia.


Creo que no es hasta la altura de los capítulos III o IV cuando a Moore y a Gibbons son conscientes por fin de las grandes posibilidades de lo que tienen entre manos. En los primeros números habían decidido llevar mucho más lejos el estilo de una historia breve que habían hecho juntos para 2000 AD, Chronocops, en el que habían depositado ligeros detalles en cada viñeta que hacían necesaria al menos una relectura para llegar a entender todos los viajes en el tiempo de esas seis páginas. Con Watchmen el guionista había decidido llenar los diálogos de frases con varios significados, mientras que el dibujante se dedicaba a llenar los huecos con pequeños detalles y símbolos que se van repitiendo. Imagino que con la improvisación que irónicamente caracteriza a este cómic (la foto de Jon Osterman y Janey Slater del tercer capítulo se diferencia sutilmente de la foto del cuarto capítulo, por ejemplo), a esa altura los dos autores decidieron explotar aún más los recursos que habían usado hasta ese momento con unos capítulos IV y V que son de lo mejor de este tomo.

A partir de ese momento es cuando Moore y Gibbons van poco a poco, página a página, aturullando a los lectores con ingenios narrativos más o menos sofisticados o burdos. La asombrosa simetría que encierra a este cómic más allá del propio quinto capítulo, por ejemplo, aparece al lado de, por poner un ejemplo, la pose de Rorchach al entrar por una ventana, que es igual en el capítulo I que en el X. Gibbons lo disculpa en parte diciendo que todo está en el cómic por algún motivo, pero no todo significa algo importante. Simplemente hay detalles que sirven como autoguiño para el lector y los autores. Aparte de eso, Gibbons y Moore sacan todo el partido posible a una rejilla de nueve viñetas que en apariencia podría parecer sosa: zooms, planos fijos, travelligs tanto en el sentido de la lectura como de arriba a abajo... El dibujo de Gibbons tal vez sea por lo general demasiado estático, demasiado definido, pero ese detallismo de delineante en este cómic queda como un guante. Al mismo tiempo, Moore colabora añadiendo más ruido informativo con disimuladas referencias literarias, mitológicas, científicas, musicales, etc.

El primero de los muchos zooms del cómic.

Después de releerlo, creo que el mejor anexo de los once que hay dentro de este cómic (estos anexos sustituyeron una innecesaria sección de correo de los lectores en las grapas originales) es el artículo sobre búhos que dentro de la ficción escribe Dan Dreiberg. En él, el ornitólogo aficionado se hace las siguientes preguntas: "¿Es posible, me pregunto, estudiar un pájaro tan de cerca, observar y catalogar sus peculiaridades con un detallismo tal, que se vuelva invisible? ¿Es posible que, mientras se mide con tedio la envergadura de sus alas o la longitud de su tarso, perdamos de vista su poesía?" Es decir, Moore usa Watchmen para reflexionar sobre el propio Watchmen. Parece que el guionista pregunte en voz alta si están haciendo este cómic correctamente, si los lectores, tan sorprendidos por la manera en la que están narrando, no van a ser capaces de ver las reflexiones y significados que hay debajo de los trucos formales.

Un ejemplo de las ideas que hay debajo de esta narración sofisticada es la deconstrucción de la figura del superhéroe, que a pesar de ser el aspecto en el que la crítica más resalta yo creo que no es su principal mérito. Moore y Gibbons intentar partir desde cero con sus personajes y justificar tanto el por qué aparecerían justicieros fuera de la ley como el de qué manera transformarían a la sociedad con su existencia. Al desarrollarlo, Moore saca a la luz las posibles obsesiones y disfunciones sexuales de los superhéroes, los problemas psicológicos, las motivaciones políticas y filosóficas de cada uno, con lo que como resultado acaba dando una imagen cínica de este tipo de personajes. Es un buen trabajo, pero quedarse con esta lectura me parece quedarse en la superficie de un cómic mucho más trabajado.

Como suele decir Gibbons, Watchmen no es tanto un cómic de superhéroes como de ciencia ficción especulativa. El relato se ambienta en una Guerra Fría paralela a la del mundo real, con la diferencia de que el equilibrio de fuerzas se ha roto gracias a la providencial aparición del todopoderoso Doctor Manhattan, defensor del capitalismo occidental. Las drogas y la homosexualidad están aceptadas socialmente, la ciencia avanza con bastante velocidad (con los coches eléctricos desaparece la contaminación de las calles), la ropa es ligeramente diferente, y entre los edificios abundan las cúpulas geodésicas. Con la presencia de superhéroes en el mundo real, los cómics se dedican al género de piratas (atención a la portada de X-Ships que aparece en las primeras páginas). Ese cómic de piratas que Moore usa como paralelismo de las reflexiones y comentarios del kioskero Bernie es al mismo tiempo un paralelismo con el camino que decide llevar a cabo Ozymandias.

El comienzo del capítulo IV, donde Watchmen empieza a despegar.

Es mediante esta ciencia ficción especulativa con la que Alan Moore finalmente responde a la pregunta que abre el cómic, "¿quién vigila a los vigilantes?" La frase no es una referencia culta para impresionar al lector, sino que es el elemento en el que se apoya un cómic que ante todo es político, que reflexiona sobre cómo se organiza el mundo. El Dr. Manhattan, que ve el mundo como los tralfamadorianos de Kurt Vonnegut, representa un mundo gobernado por el destino, Rorschach (un equivalente del Batman de Frank Miller de la época) aporta su risible visión reaccionaria del individualismo extremo, mientras que el Comediante responde con su nihilista "¿a quién cojones le importa ?".

Como digo, Alan Moore cierra el cómic respondiendo a la pregunta de Juvenal, y es ahí es donde tal vez está toda la fuerza de este cómic. ¿Quién vigila a los vigilantes? Es decir, ¿quién vigila a la policía?, ¿quién vigila a los guardianes enmascarados?, ¿quién vigila a los políticos?... ¿Quién, en definitiva, impone sus normas sin obedecer ninguna? La "autoridad más alta que la mía" a la que se refiere el presidente Nixon en el cómic se revela en las últimas páginas: la iniciativa privada, los empresarios, Ozymandias. Este villano (la complejidad del personaje no oculta su maldad) es un controlador totalitario que decide destruir parte del mundo para forzar la paz entre oriente y occidente. Qué oportuno es que Gibbons dibuje arrodillados a Rorschach y al Búho Nocturno en el capítulo XI cuando son derrotados por Ozymandias, en una postura de reverencia, cuando podrían haber aparecido tumbados grotescamente por el suelo. Es un dictador mesiánico que decide matar a inocentes con la excusa de que alguien tiene que aceptar esa responsabilidad inevitable. Ozymandias busca la paz mundial, la impone, pero no por un idealismo soñador, sino por su obsesión por el control y la perfección, y sin olvidarse del beneficio de su imperio económico, de sus empresas de colonias, de construcción e incluso de calzado deportivo.

Precisamente el kioskero hace el viaje contrario. Empieza como un individualista que recita sin sonrojarse que "cada uno debe cuidarse de sí mismo", y se compara con Atlas como una referencia clara a Ayn Rand. La amenaza de la guerra sobre EEUU le hace recapacitar y cambiar su ideología prestando una gorra y un cómic a un niño: "tenemos que cuidar de los nuestros". Es la misma evolución que sufre el que antes era un despreocupado psiquiatra, Malcom Long: "Es lo único que puedo hacer, ayudar a los demás. Es lo único que sirve..."

Creo que la mayor ironía de este cómic es que sin embargo Rorschach se convirtió en el personaje favorito de los lectores. Es un personaje al que Moore y Gibbons someten continuamente a humillaciones, pero como introduce la trama y es el que se sacrifica ¿heroicamente? es razonable que despierte simpatía en el lector. En realidad es un tarado tan paranoico que poco le falta para ponerse un sombrero de papel de aluminio, y tan acomplejado y virginal que desprecia el sexo con la excusa de ya no se hace "amor americano". Es un canalla que apalea a ancianos enfermos de cáncer, que se empeña en proteger una ciudad a la que desprecia con toda su alma. Sus peleas en los bares para obtener información no son coreografías como las del Daredevil de Miller, sino vergonzosas rupturas de meñiques sin ninguna épica.

Se puede decir que realmente no es culpa suya, que se trata de un pobre loco traumatizado por el caso de la niña secuestrada a la que intentó rescatar. Esa experiencia es la que incluso llegó a transformar su forma de expresarse, que ahora suena como si tomase notas en voz alta omitiendo pronombres o verbos para ser más breve. Tal vez por este detalle tan difícil de traducir (como el diálogo entre el Comediante y Sally Jupiter del capítulo IX) vale la pena echarle una lectura a Watchmen en el idioma original.

¿Una escena influenciada por Mad Max?

Más allá de todo lo dicho, Rorchach sufre una mayor humillación aún mayor cuando, como lectores, comprendemos lo totalmente equivocado que está sobre su visión de la vida. "La existencia es aleatoria. No tiene patrón salvo el que imaginamos después de mirarla mucho tiempo". Es una frase que pronuncia al mismo tiempo que no dejamos de ver triángulos, simetrías, nudos, etc. a lo largo de toda la historia. Su propia muerte en la nieve revela un smiley gigante, un patrón que se repite a lo largo del cómic y que nosotros sabemos que no nos estamos "imaginando después de mirarlo mucho tiempo". En un sentido más filosófico, podría decirse que "quien vigila a los vigilantes" es, en última instancia, el destino, y que el mundo es ese reloj sin relojero que dice Manhattan (y Voltaire mucho antes que él).

El cómic termina con un final abierto, con el diario de Rorschach a punto de ser abierto por Seymour. Sería una bomba a punto de destrozar la paz mundial en el caso de que llegase a difundirse el gran engaño. Si tengo que imaginarme cómo continúa la escena, creo que sería divertido que el diario tuviese una "caligrafía demasiado retorcida como para poder ser leída" como su bloc de notas (capítulo V), aunque Rorschach termine su diario diciendo ha hecho todo lo posible para ser legible.

Seguramente podría extenderme más. En general los cómics de Alan Moore me gustan mucho (V de Vendetta, From Hell, Miracleman, Supreme...), pero si tengo que elegir creo que me quedaría con éste. La combinación del detallismo narrativo lleno de símbolos y patrones, el juego que da la rejilla de nueve viñetas y especialmente el mensaje político de este cómic me parece que forma una obra maestra que da gusto leer y releer.

La película, por si es necesario aclararlo, es un horror.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Rorschach y Calígula

"¿Sabes qué me gustaría? Me gustaría que toda la escoria de la Tierra tuviese una sola garganta y yo tuviese mis manos en ella".
                                                                                                               (Rorschach)

 "¡Ojalá el pueblo romano tuviera un único cuello!"
                                                                                                               (Calígula)


sábado, 25 de mayo de 2013

Física avanzada en Watchmen

Ya que en Watchmen uno de sus personajes es un doctorado en física capaz de detectar estructuras atómicas a simple vista, Alan Moore tuvo que documentarse en física de partículas para que su descripción fuese creíble. Me gustaría creer que esta investigación es la causa de que los protagonistas sean seis, igual que las partículas elementales también se encuentran en grupos de seis, tanto los quarks (up, down, strange, charm, top y bottom) como los leptones (electrón, muón, tauón y sus correspondientes neutrinos). Por otro lado, igual que en Watchmen en la física de partículas la simetría es un tema fundamental, como por ejemplo en el hecho de que a cada partícula le corresponda su antipartícula con carga de signo opuesto, etc.


Bestiario (o zoológico de partículas)

El "bestiario" es el nombre que recibe el conjunto de todas las partículas elementales conocidas. Los físicos bautizaron de esta manera a esta colección en los años 60 cuando veían con desesperación que lo que deberían ser unas pocas partículas "elementales" consistía realmente en un centenar de hadrones, unas partículas pesadas que perciben la interacción nuclear fuerte. En 1963, Gell-Mann y G. Zweig postularon un modelo que simplificaba todo este embrollo mediante la propuesta de la existencia de "quarks".

En Watchmen el Dr. Manhattan busca en el laboratorio la existencia de gluinos para incluirlo dentro del bestiario y se le da este nombre al bar de las instalaciones de Gila Flats.



Quarks

El modelo original de Gell-Mann y G. Zweig en 1963 proponía que los hadrones estaban formados por tres quarks, de los que por entonces sólo se conocían tres tipos (o "sabores"): up, bottom y strange (u, d y s). En 1967 se propuso un cuarto quark, charm (encanto), y durante los 70 se añadieron dos más, el quark top (observado por primera vez en 1995) y el quark bottom.

En el cómic los investigadores de Gila Flats escriben un juego de palabras en el corcho del Bestiario usando los nombres de estos quarks: "At play amidst the strangeness and charm". El error de Moore fue pensar que estos personajes jugarían con este tipo de referencias ocho años antes de que se descubriesen esas partículas. Por otro lado, en la edición de Norma (la que tengo en mis manos) se equivocan al traducir la frase como "Jugamos entre cosas extrañas y hermosas" porque se pierde la referencia.



Gluinos y supersimetría

La existencia de los gluinos sería una forma de demostrar la teoría supersimétrica en la que se apoyan por ejemplo la teoría de supercuerdas y la unificación de la teoría cuántica de campos con la relatividad general. La supersimetría predice la existencia de "supercompañeros" para las partículas elementales de modo que a un bosón le correspondería como supercompañera un fermión y viceversa. "Bosones" y "fermiones" es una forma de clasificar las partículas según su spin, una característica que se manifiesta por ejemplo en presencia de campos magnéticos. Los bosones tienen un spin entero (0, 1, 2...) y los fermiones, semientero (1/2, 3/2, 5/2...) Los bosones son las partículas de las interacciones, mientras que los fermiones son las partículas "materiales".

El gluino por tanto sería el supercompañero de un gluón, una partícula sin carga ni masa que porta la interacción nuclear fuerte y al mismo tiempo la percibe. Los físicos consideran actualmente la supersimetría descartada basándose en los experimentos realizados en el LHC en 2012.



 Campo intrínseco

El "campo intrínseco" es un concepto creado por Alan Moore para este cómic. El "campo que mantiene unidas las cosas" son las cuatro interacciones fundamentales: gravedad, electromagnetismo, nuclear fuerte y nuclear débil. Dentro de la ciencia ficción en la que se mueve este cómic, podemos imaginar que lo que hace la cámara de pruebas en la que entra Osterman es eliminar estas interacciones, separar su cuerpo no en átomos sino en las partículas elementales (quarks, leptones, fotones...) que los forman. Después de su desintegración sin embargo permaneció un remanente en forma de alma o consciencia que fue capaz de volver a unir las piezas originales de un modo u otro.



Estructura del oro

A pesar de lo que pueda parecer por el comentario del Dr. Manhattan, la estructura atómica del oro no es más especial que la del aluminio, el cobre, el hierro, el plomo, la plata, etc. Su estructura cristalina es FCC (face centered cubic), es decir, como si los átomos se distribuyesen en cubos de modo que hubiese un átomo en los vértices de cada cubo y otro en el centro de cada cara. El comentario de Manhattan se refiere a que es capaz de percibir "a ojo" la estructura atómica, no a que sea una estructura especial.



Relatividad

Tanto la teoría de la relatividad de Galileo como la de Einstein tenían como objetivo imponer que las leyes de la naturaleza no eran "relativas", sino invariantes frente a desplazamientos espaciales, temporales, etc. Lo que cambia es cómo percibe estas leyes un observador que se encuentre en movimiento. A partir de aquí Einstein definió la velocidad de luz como el tope superior que se podría alcanzar (aunque Einstein "recicló" las transformaciones de Lorentz su interpretación iba mucho más lejos que la de la del físico holandés), con lo que quedaban prohibidas las acciones a distancia instantáneas. Esto exigía reexaminar la gravedad dentro de este nuevo esquema, que es lo que acabaría formando la relatividad general de 1915. Dentro de esta nueva publicación la gravedad era una consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo... y el tiempo se contraía con la gravedad. El tiempo dejaba de ser entendido entonces como la cantidad absoluta que definió Newton en su época, y ésa es precisamente la causa del disgusto del Sr. Osterman.


Taquiones

Los taquiones son partículas teóricas que viajan a una velocidad superior a la de la luz. La relatividad de Einstein predice que si se supera esta velocidad se rompe el principio de causalidad: un observador recibiría paradójicamente una señal antes de que llegue a emitirse. Dicho de otra forma, estas partículas viajarían hacia atrás en el tiempo. En el cómic, Ozymandias es la primera persona del mundo que sabe producir estas partículas capaces de que el Dr. Manhattan no sea capaz de ver el futuro con claridad.



Milagro termodinámico

No he sido capaz de encontrar una referencia a los "milagros termodinámicos" ("acontecimientos tan improbables como que el oxígeno se convierta en oro") que no se refiriese a Watchmen. La termodinámica es la rama de la física que estudia la evolución macroscópica (es decir, no microscópico, no a nivel atómico) de sistemas cerrados hasta que alcanzan el equilibrio. El concepto de "milagro termodinámico" parece que ha calado con fuerza dentro de los colectivos creacionistas de Estados Unidos...



¿Before Watchmen?
Alan Moore no es un físico cuántico, pero está claro que se documentó para poder escribir al personaje del Dr. Manhattan de manera adecuada investigando la física más avanzada del momento. En ese sentido el contraste con la miniserie centrada en este mismo personaje (escrita por J. Michael Straczynski en 2012) es absolutamente ridículo. Todo el aspecto científico del argumento consiste en una repetición machacona a lo largo de cuatro números de la paradoja ideada por Schrödinger en 1935. El objetivo de este físico era resaltar las debilidades del formalismo matemático de la mecánica cuántica al proponer la existencia de un gato dentro de una caja cerrada que, de manera absurda, estaría vivo y muerto al mismo tiempo. Lo que fue ideado como una devastadora crítica sin embargo fue aceptado con el tiempo como la mejor forma de explicar la interpretación de esta rama de la física.

En Before Watchmen: Dr. Manhattan, Straczynski insiste una y otra vez perezosamente en un concepto científico ampliamente popular, al alcance incluso de escritores del montón.

martes, 12 de marzo de 2013

Halo Jones, la adaptación teatral

No tenía ni idea de que existía una adaptación al teatro de Halo Jones. No es precisamente uno de los cómics más recordados de Alan Moore pero parece que sí es uno de los más representados sobre las tablas.

La Balada de Halo Jones (1984-1986) es un cómic de ciencia ficción atípico, especialmente para el estándar del género dentro de la revista 2000 AD. En esta revista la ciencia ficción se basaba principalmente en personajes del estilo del Juez Dredd, tipos duros y violentos encargados de luchar contra el mal. Con Halo Jones Alan Moore pretendía mostrar un costumbrismo futurista, unas historias en las que ir a hacer la compra al supermercado fuese una pesadilla distópica. Al menos en principio ésa era la idea.

Estaban planeadas nueve partes a lo largo de las cuáles Halo Jones iría envejeciendo pero la idea se fue al traste. No encuentro ahora el dato pero creo recordar que IPC reeditó los cómics de Halo Jones sin pagar a sus autores derechos de autor, por lo que Moore decidió que ése era el final del personaje. La historia quedó inconclusa en el tercer libro de estos nueve, lo que es una lástima porque prometía mucho.


Es interesante que un cómic que no termina tal y como querían sus autores sin embargo haya conseguido tanto éxito. En 1987 los dos primeros libros fueron adaptados como obra de teatro en el Festival de Edimburgo. Al año siguiente la compañía Red Theatre llevó la representación a lo largo de Reino Unido. Unas fotos de estos actores sacadas del 2000 AD Sci-Fi Special 1988:







Se volvió a representar en 2001 en el Edinburgh Festival con este guión, por si alguien se anima a traducirlo y repetirlo por estas tierras.

En 2012 fue representado de nuevo en el pub Lass O' Gowrie de Manchester utilizando la siguiente imagen como poster y flyer:


Y una última representación en Leeds, en noviembre de 2012. En este enlace hay una buena colección de material (flyers, programas, entradas...) sobre todas estas adaptaciones.


lunes, 4 de marzo de 2013

Los dibujantes españoles de Alan Moore

Adolfo Buylla
Dibujante de cómics zaragozano (1927-1998) que curiosamente fue amigo de la infancia de Al Williamson (Flash Gordon, Agente secreto X-9, Star Wars…) y estuvo muy influenciado por Will Eisner. Cuando volvió del exilio a España en 1948 adaptó al cómic el popular héroe futurista de los seriales radiofónicos, Diego Valor. Dentro de Bruguera colaboró con algunos cuadernillos del Capitán Trueno y El Jabato. Con los años recibiría los premios Haxtur al Autor que Amamos (1992) y el Premio del Diario de Avisos de Tenerife como Mejor Dibujante (1996). También trabajó mucho para agencias (Marvel, DC, Pacific, Charlton, Warren...) con lo que en algún momento acabó cayendo en sus manos un guión de 15 páginas firmado por Alan Moore, The Pandora Effect, publicado en el Star Wars (UK) #151 (1981).


José Casanovas
La colaboración de este prolífico dibujante barcelonés (1934-2009) con Alan Moore se redujo a una pequeña historia de dos páginas en el 2000 AD #245 (1982), A Second Chance! Su carrera estuvo enfocada principalmente al mercado extranjero para revistas británicas, italianas, alemanas, holandesas… tanto en los géneros de acción como el romántico. En España dibujó El Jabato durante un tiempo y colaboró con las adaptaciones literarias de Bruguera.



Jesús Redondo
Se trata de un dibujante vallisoletano nacido en 1934. Su trabajo abarca diferentes géneros (romántico, aventura...) y ha sido publicado principalmente en el extranjero en revistas británicas como Diana, Jackie, 2000 AD, Starlord, Tornado, Scream!, Eagle… También ha dibujado cómics de Star Trek para Marvel y la colección de tres números Kitty Pryde Agent of SHIELD. Con lo abultada que es su producción casi fue inevitable encargarse de un total de seis cómics (20 páginas en total) de Alan Moore a partir de 1982 para 2000 AD.

The Writing on the Wall! (2000 AD #268, 1982, dos páginas): dos astronautas llegan al final del universo y encuentran una gran pared de ladrillos.
One Christmas During Eternity! (2000 AD #271, 1982, dos páginas): unas navidades ambientadas en un futuro donde las personas son inmortales.
Sunburn (2000 AD #282, 1982, cinco páginas): la policía persigue a Rorschach Skubbs en una colonia solar por haber cometido un asesinato.
Ring Road (2000 AD #320, 1983, cinco páginas): una joven psicópata está atrapada en un coche que viaja en el tiempo.
The Time Machine (2000 AD #324, 1983, cinco páginas): Harry Bentley quiere construir una máquina del tiempo para arreglar sus errores del pasado.
Rogue Trooper: First of the Few (2000 AD Annual 1984, 1983, seis páginas): Rogue es un soldado modificado genéticamente que tiene tres compañeros almacenados en biochips en su fusil, su mochila y su casco. Durante una misión se encuentra con otro soldado que quiere morir.



José Villarrubia
Este madrileño nacido en 1961 es un pintor y fotógrafo que se dedica a la enseñanza en diferentes universidades de EEUU. En su tiempo libre colorea cómics para Marvel y DC colaborando especialmente con dibujantes como Paul Pope, Jae Lee, Bill Sienkiewicz, Kaare Andrews, etc. Ganó el premio Harvey en 2011 por el coloreado de Cuba: My Revolution y ha sido nominado dos veces para los Eisner. Ha colaborado con Alan Moore en tres ocasiones. La primera, en los números 7 y 12 de Promethea y en las portadas de las ediciones en tapa dura. Las otras dos consisten en las ilustraciones para los libros publicados por Top Shelf Productions bajo los títulos Voice of the Fire (1996), una novela sobre doce personas de Northampton a lo largo de 6000 años, y The Mirror of Love (2004), una colección de poemas sobre la historia de la homosexualidad.




Daniel Torres
Nacido en Valencia en 1958. Consiguió sus primeros éxitos con Opium y Roco Vargas, un personaje con el que recibiría en 1986 el Premio Haxtur al Mejor Dibujo por el álbum Saxxon. Su siguiente premio llegó en 1993 por esa maravilla que es El Octavo Día, Premio a la Mejor Obra Española en el Salón del Cómic de Barcelona. Desde aquí parece que intentó un breve salto a EEUU colaborando en el Sandman Mistery Theatre #50 (1997) con el guión de Matt Wagner y Steven T. Seagle, y en una historia de 10 páginas junto a Alan Moore para The Spirit: The New Adventures #3 (1998), Last Night I Dreamed of Dr. Cobra.



Sergio Aragonés
¿Contamos a Sergio Aragonés como autor español a pesar de que toda su vida la ha pasado fuera del país? La mención que voy a hacer en este artículo es muy breve por lo que espero que nadie se queje. Nacido en Castellón en 1934, con 25 años empezó a trabajar en Estados Unidos en la revista MAD. En 1982 creó al popular Groo, parodia de Conan, una colección a la que luego se añadirían otras como Fanboy, Sergio Aragonés Massacres Marvel, Sergio Aragonés Destroys DC… Incluso ha colaborado en los tebeos actuales de The Spirit y Simpsons Comics. Casi diría que la cantidad de premios que tiene es innumerable… En 2001 dibujó seis páginas con guión de Alan Moore para America's Best Comics Special, The First First American, una divertida historia sobre el antepasado más lejano del superhéroe Primer Americano ambientado en los primeros años de la historia de los Estados Unidos.


Juan José Ryp
Este gaditano nacido en 1971 es un dibujante que se caracteriza por un estilo barroco, muy detallista, influenciado por Geof Darrow. Con ayuda de El Torres consiguió entrar poquito a poquito en el mercado americano con pequeños encargos hasta pasar a dibujar personajes como el Castigador, Lobezno, Caballero Luna… Su primer trabajo relacionado con este artículo fue publicado en Magical Mistery Moore (2001), una recopilación de adaptaciones de poemas y canciones de Alan Moore realizadas por diferentes artistas (entre los que se encontraban otros españoles: Vicente Cifuentes, Sergio Bleda, Martín Ceres, Fred Torres y Aitland). La edición fue realizada por la editorial española Sulaco y del guión se encargó Art Brooks. La idea debió de convencer en EEUU porque al año siguiente se reeditó en EEUU con el título Alan Moore's Magic Words (2002).

Poco después se publicó otra adaptación del trabajo de este escritor, Alan Moore's Another Suburban Romance (2003), con guión de Antony Johnston. En esta ocasión se trató de 64 páginas en blanco y negro en las que se trasladó lo que originalmente era una obra de teatro. Otro cómic de Ryp para ese año fue Zaman's Hill, la primera historia de Alan Moore's Yuggoth Cultures and Other Growths #1 (2003) con guión una vez más de Antony Johnston. Esta colección contenía adaptaciones de poemas de Moore, reediciones y páginas inéditas.



Lorenzo Lorente
El último autor de esta lista es un murciano nacido en 1974 que ha destacado por algunos trabajos en Avatar Press (con Warren Ellis por ejemplo) y por dibujar una colección de tranding cards para Marvel. En 2003 dibujó bajo el guión de Antony Johnston la adaptación al cómic de la novela Hypothetical Lizard, escrita por Alan Moore en 1988.