lunes, 22 de abril de 2019

'El tesoro de Lucio', dinamita dibujada


Existen varios libros (publicados hace unos pocos años) que tratan sobre él, se ha producido un documental sobre su vida e incluso ha protagonizado una entrega de Salvados. Aún así, es posible que la figura de Lucio Urtubia no sea tan conocida. Por eso tiene sentido que haya dado un salto a un ámbito diferente de la cultura, el cómic.

Es curioso que esta figura no sea tan conocida porque el titular que se podría dar de su vida es tremendo: posiblemente este navarro sea uno de los mayores falsificadores de la historia. En la segunda mitad de los años 70 lideró un equipo que estafó 20 millones de dólares al City Bank (o, en sus propias palabras, los «recuperó»). No sólo eso, sino que cuando fue detenido negoció con este banco que su estancia en prisión se redujese a sólo seis meses y que se le pagase una cifra millonaria a cambio de dejar de falsificar más cheques.

Este me parece el episodio más sorprendente, pero hay muchos más en una biografía llena de robos y atracos de mayor o menor importancia. Sin embargo, con este cómic Belatz tiene más ambición que la de distribuir datos biográficos y curiosidades. Bajo la superficie de un cómic de estética amable, de una inofensiva «novela gráfica» para el gran público (lineas suaves, colores pastel, sin masas de negro, una forma de narrar muy clara, encuadernación como de Astiberri...), hay dinamita enterrada.

Imagino que al pensar en Lucio a casi todos nos viene a la cabeza Frank Abagnale Jr., otro famoso estafador en la que se basó Atrápame si puedes (2002). Me interesa el contraste entre estas dos historias. En la película de Steven Spielberg la motivación de Frank se resumía en un trauma infantil y su intento de construir una nueva familia. Es decir, era una consecuencia únicamente de unas experiencias personales. Comparada con Lucio Urtubia, me parece una motivación simplona. En su caso, su dura infancia durante la postguerra y la muerte temprana de su padre podrían explicar a la persona, pero son insuficientes si no se profundiza también en su ideario político.

Lucio Urtubia es anarquista y por eso ha vivido al margen de unas leyes que considera que se han creado al gusto del poder económico. Desde su punto de vista, él no ha robado a los bancos, sino que ha recuperado lo que ellos quitan a los demás. Estas «recuperaciones» millonarias no significaron, sin embargo, una vida de lujo y excesos, sino que él y su equipo donaban la mayoría de lo que conseguían con las falsificaciones a grupos de guerrilleros afines. A pesar de tener esa posibilidad al alcance de la mano, nunco abandonó su trabajo como obrero de la construcción.

Belatz ha suavizado algunas aristas de una biografía que ha hecho desde el cariño, pero en la que permite al lector formarse su propia opinión. En lo formal, normaliza una información que se sale de lo convencional, pero aún así el mensaje agita al lector. Lucio puede ser un Robin Hood o un delincuente afortunado, pero de cualquier modo es un caso único.