miércoles, 19 de septiembre de 2018

¡Atrévete a dibujar! La cabeza

Si habéis practicado mucho, de acuerdo con las instrucciones de las dos lecciones anteriores, a estas alturas ya sabréis dibujar monigotes estupendos por medio de una circunferencia y palitos, pero claro, para que los personajes que dibujéis tengan vida, han de mover su cabeza lo mismo que las personas, o sea, que miren en todas las direcciones y tanto hacia arriba como hacia abajo.


Esto es algo más difícil, pero aprenderéis rápidamente si os imagináis que la circunferencia que representa la cara es una bola con un palito clavado en ella perpendicularmente tal como aparece representado aquí, y debajo tenéis la transformación. O sea, que el palito significa la dirección de la nariz y así luego sólo falta añadir los ojos, la boca y las orejas, para que la cabeza esté completa. Fijaos bien en que las facciones estén dibujadas siguiendo la curvatura de la bola (la boca principalmente) y a esto se le llama perspectiva, de la que trataremos más adelante.

Un consejo final: dibujad los muñecos al tamaño que os resulte más cómodo, pero es mejor procurar que no excedan de unos seis centímetros de altura. Y nada más por hoy. Hasta la lección de la semana que viene, que será también muy interesante.

(Pulgarcito nº 1109, 8/08/1952, Carlos Conti)

miércoles, 12 de septiembre de 2018

¡Atrévete a dibujar! Figuras de palitos

Como suponemos que habréis seguido atentamente la primera lección de dibujo aparecida en el número anterior de Pulgarcito, a estas horas ya sabréis dibujar caras cómicas por medio del circulito hasta con los ojos vendados.

La siguiente cualidad importante de los monigotes es que tengan soltura de movimientos. ¿Cómo se obtienen estos? Es fácil si principiáis siguiendo el sistema de practicar dibujando estas figuras tan conocidas a base de palitos y con las que pueden representarse muchas posiciones como los modelos que indicamos.


Copiadlas muchas veces y cuando sepáis hacerlas bien inventad muchos otros movimientos vosotros mismos hasta que tengáis un verdadero dominio de esos palitos que simbolizan un cuerpo humano. Ahora viene otra labor que consiste en unir estos cuerpos en diferentes posiciones a las caras redondas indicadas en la primera lección. El efecto es ya asombroso. Puede entonces dibujarse un hombre huyendo con la cara de asustado, que se cae poniendo una expresión lastimera o en cualquier otra posición que deseéis.


Estos personajes nuevos habréis de llegar a dominarlos porque son la base de que más adelante logréis dibujar estupendamente. Así que a trabajar con nuestras lecciones; será todo tan sencillo y divertido que os hará exclamar... ¡dibujar monigotes es muy sencillo!

(Pulgarcito nº 1108, 1/08/1952, Carlos Conti)

martes, 11 de septiembre de 2018

Nota de prensa: Comic Flux

Un amigo acaba de empezar un proyecto de subscripción de cajas de cómics. No sabía nada sobre este tipo de suscripciones, pero curioseando por internet parece que fuera de España es una forma de comprar cómics bastante habitual (por ejemplo aquí y aquí). Os dejo la nota de prensa que me ha enviado:


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Un servicio de suscripción que acercará a tu casa los mejores cómics de manera mensual dentro de una caja sorpresa. Solo tienes que seleccionar el plan de suscripción que más te interese entre las diferentes opciones: mensual, trimestral, semestral, anual. También dispones de la suscripción Trial si deseas recibir únicamente una caja a modo de prueba.

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Así que si eres un devorador de tebeos, siempre tienes sitio en tus estanterías para nuevos cómics, sientes curiosidad por conocer nuevas obras y autores o quieres iniciar tú propia colección; no dudes en suscribirte a Comic Flux. Elige tu plan, suscríbete y ¡deja que el cómic fluya!

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miércoles, 5 de septiembre de 2018

¡Atrévete a dibujar! Expresiones del rostro

Seguro que muchas veces habréis empuñado un lápiz para copiar alguno de los personajes de Pulgarcito. A primera vista parecen fáciles porque sus líneas son muy sencillas, pero todo requiere su técnica y nadie sabe hacer nada sin aprenderlo primero, así que hoy vamos a empezar trazando las reglas elementales para llegar a ser un formidable dibujante humorístico, y que los papás se queden con la boca abierta en un ángulo de 317 grados cuando vean vuestros pasmosos adelantos.


Estas primeras lecciones nos llevarán un cierto tiempo, pero en cuanto las hayáis asimilado, del mismo modo que Carpanta asimila un diplodocus con patatas fritas, os aguardará una formidable sorpresa. Los dibujantes del Pulgarcito os descubrirán los secretos del arte y revelarán la forma en que fueron concebidos sus popularísimos personajes, sus curiosísimas particularidades y la manera en que cada semana son elaborados por sus respectivos lápices para francachela y regodeo de miles y miles de lectores.

Pero comencemos de una vez, como dijo Wilfredo el Velloso antes de ponerse a inventar el gramófono.


La mímica del rostro es la cualidad más importante que precisan los monigotes y antes de pasar adelante las estudiaremos bien. Para ello basta ir trazando circulitos con un compás y luego irlos llenando con las expresiones indicadas más abajo. Sin daros cuenta y en muy pocos días de práctica lograréis dibujar caras muy graciosas completamente de memoria.

(Pulgarcito nº 1107, 25/07/1952, Carlos Conti)

lunes, 3 de septiembre de 2018

Tipos de "Basado en hechos reales"


He terminado hace poco de leer La muerte de Stalin y Joe Shuster, y mis sensaciones han sido muy diferentes con uno y con otro. Los dos tienen en común que son cómics basados en hechos reales, pero no de manera autobiográfica, y también que son dos ejemplos de las maneras de entender este género. Yo haría una clasificación sobre este tipo de relatos:

  • Historias absolutamente basadas en hechos reales (como La mujer rebelde, de Peter Bagge)
  • Historias ligeramente basadas en hechos reales (como 300, de Frank Miller)
  • Historias a medio camino entre una y otra (como La muerte de Stalin, de Nury y Robin)

En los tres casos, no me refiero al uso de la documentación que ha manejado el autor o autores, sino a cómo el lector es consciente de la verosimilitud de la historia.

Por empezar por el primer ejemplo, en cómics como La mujer rebelde se ve que los autores intentan ser transparentes, que su objetivo es transmitir información sin querer actuar como un filtro. Los autores incluso justifican sus decisiones a la hora de contar el relato en alguna parte dentro de la obra, ya sea en notas al pie o en el epílogo. Sería el caso también de otros cómics como Feynman o Logicomix.

En el lado contrario, cualquier lector sabe, sin necesidad de que se lo tengan que aclarar, que 300 o Buda de Osamu Tezuka parten de hechos históricos, pero que una gran parte de que lo que se cuenta en ellos es un añadido del autor. El lector sabe que si lo que aparece aquí es extravagante o imposible es porque se trata de un relato de ficción y hay que disfrutarlo como tal. Lo importante es lo que cuenta el autor, no los datos en los que se basa.

El que me preocupa es el tercer tipo, cuando los límites entre estos dos enfoques están borrosos. Ni el autor es puntilloso con los hechos reales, ni llega a ser tampoco inverosímil. En estos casos, ¿qué es real y qué es inventado? Siento que como lector necesito haber hecho una investigación similar al autor para poder valorar las decisiones creativas de este cómic, y también para poder separar la realidad de la ficción.

Sobre este tema me vienen a la cabeza las discusiones sobre si un cómic se parece a su adaptación. En comparación, no me parece tan importante cuando pienso en películas de este estilo, basadas libremente en hechos reales pero sin que el lector sepa hasta qué punto. Por poner dos ejemplos recientes, no me gustó nada cómo falsearon la realidad en los biopics de Alan Turing (Descifrando Enigma, 2014) o P. T. Barnum (El gran showman, 2017). Puestos a elegir, yo le daría más importancia a la fidelidad de estas películas que a la de las adaptaciones de cómics, que seguramente hayan sido retconeados, rebooteados o ultimateados alguna vez.

Éste es básicamente mi problema con La muerte de Stalin. Su premisa es una bomba atómica: con la muerte de este dictador que había concentrado tanto poder en su persona, el gabinete de ministros se convirtió en un campo de batalla para ocupar su lugar. Sin embargo, al terminar de leerlo investigué un poco sobre la historia real y encontré pequeños matices que se diferenciaban de lo que había visto en estas páginas. Algunos detalles que me habían llamado mucho la atención no habían ocurrido en realidad, sino que eran ingeniosas decisiones creativas de los autores.

En el lado contrario, había empezado Joe Shuster con desgana. Entre los libros Men of tomorrow, Superman: la creación de un superhéroe y la parodia de El Maximortal ya me sabía más de la mitad de la historia que cuentan Julian Voloj y Thomas Campi. Sin embargo, a cada página iba viendo que no importaba lo que ya supiese de antes, que la historia trágica de los creadores de Superman, dos pequeños artistas traicionados por una gran empresa, estaba pensada para que todo tipo de público la lea y le impacte. En realidad sólo me choca el final, que me parece demasiado apresurado. El resto es el trabajo de dos autores que entienden la importancia de lo que están contando y que se lo toman en serio.

Seguramente me vayan llegando a la mente historias que me hayan gustado pero sean del tercer tipo en el que englobo cómics como La muerte de Stalin. Es posible que en el futuro me eche para atrás con esta opinión, pero llevo bastante tiempo pensando que en este tipo de relatos la responsabilidad del autor es mucho mayor que en las que son ficción sin más. No sólo están vendiendo entretenimiento con una apariencia más respetable, sino que construyen una versión falseada de la historia que podría llegar a asumirse como la auténtica.

lunes, 27 de agosto de 2018

'The Tick', café para muy cafeteros


Hay muchas series de televisión de superhéroes, pero The Tick tiene algo que no verás en ninguna otra: su protagonista tiene un traje que no le deja mover el cuello. Si otras series te ofrecen aventura, drama, efectos especiales y peleas coreografiadas, esta va de otra cosa. Humor autoconsciente, guiños y parodia en un tono muchísimo más familiar que las películas de Deadpool.

Con Tick creo que se ha dado un caso único en el que un personaje de cómic ha sido adaptado como serie tres veces, y las tres el encargado ha sido su creador. Me refiero a Ben Edlund, que llegó al mundo de la televisión aupado por el éxito de los cómics de este superhéroe. Joss Whedon le dio el empujón definitivo cuando le encargó escribir, dirigir y producir capítulos de Firefly y Angel. Unos años después, tras colaborar en otras series de corte fantástico, ha vuelto a la carga en 2016 con una nueva versión de The Tick para Amazon Prime.

He destacado su relación con Joss Whedon, pero no porque haya habido necesariamente una influencia entre ellos, sino porque creo que demuestra su afinidad. En algunos aspectos The Tick me ha recordado a Dr. Horrible's sing-along blog. Veo el mismo naturalismo al mostrar a los superhéroes y los supervillanos, el uso sin complejos de tópicos del género, y especialmente la importancia del humor en los dos casos.

Como ejemplo de estos tópicos, en esta serie Tick es un superhéroe naif e ingenuo, un bonachón, el clásico superhéroe de la vieja escuela. A su lado está el que, en esta versión, se convierte en el verdadero protagonista, Arthur. Aquí veremos cómo su vida ha quedado marcada por un suceso traumático de su infancia, cómo consigue sus superpoderes, y cómo estos le ayudan a sacar lo mejor de sí mismo y superar sus limitaciones. Dos personajes muy diferentes, pero los dos son arquetipos habituales dentro de los cómics de superhéroes. Los guionistas no fingen que quieran inventar la rueda: el propio Tick desde el principio explica que Arthur está atravesando la estructura del viaje del héroe de Joseph Campbell. Es decir, lo mismo que en cualquier película de superhéroes actual, pero admitido sin vergüenza.

Al mismo tiempo que tenemos todo este más de lo mismo, hay mil momentos que sorprenderían en cualquier otra historia de este género. Pienso en el superhéroe que pide un Uber (sinónimo de “super”, por cierto), una villana que comparte su guarida con su ex novio, o una super mascota y un sidekick que compiten por el protagonismo. En otras series no se plantean si un superhéroe necesita un relaciones públicas que gestione su actividad pública, o si un villano tiene aficiones más allá de hacer el mal, como por ejemplo aprender a tocar la batería.

Todas estas continuas ocurrencias se ven ensombrecidas por un presupuesto que se nota escaso y un arranque al que le cuesta enganchar. Sin embargo, como en las historias más locas de este género, todas las pequeñas piezas inconexas que van apareciendo capítulo a capítulo acaban teniendo sentido. Todas acaban formando parte de un plan maligno que, de puro enrevesado, tiene que ser a la fuerza la obra de un genio del crimen.

The Tick tiene sus flaquezas, pero los pequeños detalles son recompensas para el aficionado. Si con los superhéroes de Netflix y CW tienes suficiente, The Tick tal vez no sea para ti. Si buscas algo más potente, échale un ojo.