lunes, 17 de junio de 2019

El prestigio de un periódico sin dibujos


El 10 de junio el periódico The New York Times anunció que dejará de publicar viñetas políticas en su edición internacional a partir del día 1 de julio. Poco tiempo les ha durado esta sección. Este diario tradicionalmente no ha tenido sección de cómics (ni siquiera dominicales) ni tampoco un dibujante de viñetas políticas dentro del staff. Según el suizo Patrick Chappatte, prácticamente fue su insistencia la que consiguió que en 2013 este diario le contratase como dibujante y así empezase a incluir este tipo de análisis político en sus páginas.

La decisión del NYT se ha interpretado como una de las consecuencias de la publicación de una viñeta polémica el pasado 25 de abril. En ella, el primer ministro israelí Netanhayu aparecía como un perro lazarillo que guiaba a un Donald Trump ciego. La viñeta había sido publicada originalmente en el Expresso de Lisboa, pero como el NYT fue quien la difundió a nivel mundial ha sido quien ha recibido todas las críticas. El día 29 un grupo de manifestantes protestó delante del edificio de la redacción al mismo tiempo que el embajador israelí en EEUU decía en un acto en recuerdo de las víctimas del Holocausto que este periódico era «un pozo negro de hostilidad». Unos días después, el 9 de mayo, una asociación de rabinos tuvo una reunión de hora y media con el vice presidente y el director del NYT para hablar sobre la imagen de Israel que transmite este diario.

Ni siquiera a Patrick Chappatte le ha parecido que la viñeta en cuestión tuviese la calidad necesaria: «Son muchos años de trabajo destrozados por una única viñeta (ni siquiera mía) que no debería haberse publicado en el mejor periódico del mundo». Yo también pienso que la viñeta del portugués António Moreira Antunes no es lo que uno esperaría de un diario que presume de prestigio internacional. La crítica a la influencia que ejerce el gobierno judío sobre Donald Trump me parece legítima, pero en la viñeta hay otras lecturas mucho más torpes. Por ejemplo, no tiene sentido mezclar símbolos religiosos (la estrella de David y el kipá) con lo que debería ser una crítica estrictamente política. Además, Netanyahu no solo aparece dibujado como un perro, con la connotación negativa que esto tiene, sino que se le ha dibujado como un perro salchicha. Con esta raza se suele representar a Alemania en el humor gráfico, por lo que la intención del autor no es precisamente sutil.

De todos modos, repito que la crítica a esta influencia me parece legítima. El propio Chappatte ha dibujado bastantes viñetas sobre el conflicto entre Israel y Palestina con una intención parecida, pero en ellas no ha caído en este tipo de errores.

El antisemitismo es un tema especialmente delicado cuando hablamos del NYT. Una de las mayores manchas de su reputación es que durante la Segunda Guerra Mundial dio una cobertura mínima al holocausto nazi. Es posible que por eso la reacción del diario haya sido exagerada para compensar esta viñeta. El 1 de mayo el director A. G. Sulzberger anunció que el editor responsable de aprobarla había recibido medidas disciplinarias, que se había cancelado el contrato con el sindicato de prensa que distribuyó esa viñeta y que se iba a dejar de publicar cualquier tipo de tira sindicada. No ha debido de parecer suficiente, porque ahora se ha anunciado, como he dicho, que el diario dejará de publicar viñetas de política internacional de sus dibujantes Patrick Chappatte y Heng Kim Song. Según la versión oficial, la intención es alinear la edición internacional con la nacional, que dejó de incluir humor gráfico político hace unos años.

No tengo claro que en este caso haya habido un problema con la libertad de expresión. De hecho, la viñeta es una reedición de la que publicó el Expresso sin ninguna consecuencia internacional y se ha reproducido en otros periódicos y en redes sociales sin ningún problema. Creo que más bien lo que demuestra es la debilidad de la prensa actual frente a las presiones del poder político y económico y también de que los dibujantes han sido el eslabón más débil de este conflicto.

Que los dibujantes hayan sido el chivo expiatorio nos hace pensar al mismo tiempo en la debilidad de su situación dentro del periódico, pero también en la gran influencia que tiene su trabajo en la sociedad. En la maravillosa defensa de una compañera de profesión, Ann Telnaes, del Washington Post, se dice que «las viñetas trascienden lenguajes y fronteras» y que sus mensajes llegan a todas las clases sociales. También Chappatte se muestra optimista porque en la era de las imágenes «su poder nunca ha sido mayor». Me han recordado una frase que me llamó la atención de La legislación sobre historieta en España: «El diputado López Varela llegó a afirmar [en julio de 1933] que la sátira dibujada resultaba una crítica tan directa que arraigaba más profundamente en la sociedad».

Que un periódico considerado como uno de los mejores del mundo elimine el humor gráfico de sus páginas es una mala noticia para el periodismo político, pero también un paso atrás en el reconocimiento de una forma de expresión con tanto poder comunicativo. Como consuelo, parece que en nuestro país la tendencia es la contraria. Hace unos días Mauro EntrialgoEneko anunciaron que han pasado a ser colaboradores de El Salto y Público respectivamente.

lunes, 10 de junio de 2019

La auto edición mató a 'Balas perdidas'


David Lapham es una anomalía. Puede que sea el caso más extremo de un autor que toca techo en un único cómic pero que no consigue algo comparable con el resto de su obra. Es el autor del mayor one-hit wonder de los cómics que me viene a la cabeza. Es trágico porque, en mi opinión, Balas perdidas (1995-actualidad) es una de los mejores series que se han publicado nunca, uno de los mejores cómics independientes de EEUU y una de las mejores historias de serie negra que yo he leído.

Lapham se arriesgó con un puzzle bastante complicado que pocos autores podrían haber encajado con tanto acierto. Aunque a grandes rasgos se puede decir que la protagonista de esta colección es la joven Virginia Applejack, en cada número el papel principal recae en un secundario en historias independientes, más o menos desordenadas y ambientadas en diferentes fechas y lugares de Estados Unidos. Funcionan muy bien por separado, pero aún más a medida que descubrimos las conexiones dentro de este universo. Así, un secundario sin importancia se convierte en un personaje con un trasfondo complejo dos o tres capítulos después, mientras que cuando un protagonista reaparece como secundario sabemos que en él hay mucho más de lo que parece.

Este reemplazo continuo de protagonista, por supuesto, viene acompañado de una interesante variedad en las historias. Se van cambiando los ambientes, los enfoques, los temas... En el tercer tomo, mi preferido, por ejemplo está el capítulo de Hank, un oficinista apocado que se libra de una paliza de puro milagro. Esto le transforma en un nuevo Hank, fiestero y adúltero, con una forma de entender la vida más hedonista. En otro capítulo, Amelia es una camarera que se vuelve adicta poco a poco a la emoción y el riesgo de las relaciones esporádicas con hombres casados. Son historias de género negro, pero alejadas de los clichés de los detectives privados y los gángsters. En su lugar, el interés está en las personas de ambientes más cotidianos que se ven empujadas a situaciones límite, al margen de la ley.

Leí estos tomos hace muchos años cuando los saqué de la biblioteca. Releyéndolos ahora en esta nueva edición, sigo pensando que lo mejor es cómo el autor mueve a los personajes por situaciones imprevisibles, llenas de accidentes. Parece que la trama sea fruto del azar y que Lapham sólo escriba las reacciones de los personajes. Son tan sólidos, están tan bien construidos, que cualquier final sorprendente en realidad es el único final lógico, el único destino posible que cada personaje se ha construido.

La colección se quedó parada en 2005, casi al final de lo que habría sido el quinto tomo, y no hubo novedades hasta 2014. Lapham dejó a un lado este trabajo para pasar a colaborar con Marvel y DC en proyectos mucho mejor pagados, pero en los que no pudo (o no supo) demostrar su talento. Frente a la responsabilidad de la autoedición, es decir, el tener que supervisar a la distribución, comunicarse con la imprenta... es comprensible que Lapham prefiriese limitarse al apartado creativo. Ahora, acogido en la editorial Image, parece que tendremos Balas perdidas durante mucho tiempo.

lunes, 3 de junio de 2019

La diferencia entre vencer y convencer a Thanos


El plan de Thanos en Vengadores: Infinity war (2018) era tan ridículo que al poco del estreno el público ya se burlaba de él. Si su motivación para conseguir el poder de un dios era evitar que se agotasen los recursos naturales de todo el universo, ¿por qué decidió exterminar a la mitad de la vida? ¿Esa vida a la que destruyó incluía animales y plantas (es decir, también recursos), o sólo a seres inteligentes? ¿Por qué, en lugar de un genocidio galáctico, no duplicó los recursos de cada planeta? ¿O por qué no fue aumentando los recursos naturales del universo periódicamente? ¿El problema es que hay pocos recursos o que están mal repartidos? Con el poder del Guantelete del Infinito incluso podría haber duplicado el valor energético de los alimentos o haber implantado en todos los cerebros del universo un par de lecciones de economía sostenible. Existían muchas alternativas.

El personaje original del cómic era más complejo de como se ha mostrado en la pantalla. En El Guantelete del Infinito (la saga en la que se basa la película) el villano era un símbolo: el ánimo destructor (el tánatos) atraído por la propia Muerte y aconsejado por Mefisto (el mal). De hecho una cosa que admiré de Jim Starlin es que hubiese identificado estos tres conceptos como personajes diferentes. Es decir, ni la muerte ni el tánatos son necesariamente malos, por ejemplo, pero existe esa relación entre ellos. En el plan de Thanos de este cómic, la destrucción de la mitad de la vida del universo respondía simplemente al instinto que representa, el impulso hacia la muerte. Era una representación tan fiel de este instinto que, siguiendo la psicología de Freud, Thanos llegaba a ser auto destructivo. No sólo buscaba el daño de los demás, sino que incluso se derrotaba a sí mismo.

No creo que transformar este simbolismo psicológico/filosófico en un problema de distribución de los recursos galácticos sea un error. El error ha sido no profundizar en la nueva motivación. Por eso salí decepcionado de Infinity war. No me interesaba ver una segunda parte que me contase cómo los héroes más poderosos de la Tierra se vengaban de Thanos, no quería ver más escenas de animación con peleas. Lo que me interesaba es que se explicase que el plan de Thanos estaba mal, ya sea porque matar está feo o porque la economía galáctica debería ser demasiado complicada como para arreglarla chasqueando los dedos.

[A partir de aquí y hasta el final entro en detalles de la trama de Vengadores: Endgame]

En Vengadores: Endgame (2019) nadie pretende desmontar la lógica de su proyecto eugenésico. Sólo se mencionan tres consecuencias de la muerte de la mitad de la población, dos negativas y una positiva: muchos gobiernos del planeta han caído, la gente echa de menos a sus familiares y amigos fallecidos, y han entrado ballenas en el río Hudson porque se ha reducido contaminación. Para uno de los dos problemas, Thanos da con la solución: si se borra la memoria de la gente, dejarán de estar tristes.

Me hubiese gustado ver de verdad las consecuencias de un universo en el que la mitad de la población se deshace en polvo. ¿Realmente la economía mundial mejoraría, como piensa Thanos? Y si es así, ¿cómo? ¿Cómo afectaría a la producción en cadena, al transporte, a las colas en los supermercados...? Me hubiese gustado ver muchísimo más que el grupo de terapia del principio. Preferiría comprobar con imágenes, con hechos, que Thanos se equivocaba, que no se puede usar un atajo mágico para resolver un problema a escala galáctica, pero incluso aceptaría la posibilidad contraria, que la película defendiese que el plan tenía una base lógica.

Me ocurre lo mismo con el final. Cuando se vuelve a utilizar el Guantelete para devolver a la vida a todas las víctimas de Thanos, ¿qué criterio sigue ese hechizo? Imaginemos un avión en pleno vuelo en el que, en su momento, toda la tripulación se hubiese desvanecido. El avión se habría estrellado y habrían muerto todos los pasajeros. Al final de Endgame, ¿resucitan la tripulación y los pasajeros, o solo la tripulación? Por lo que comenta Spiderman, las personas que vuelven a la vida aparecen de la nada en el mismo sitio que desaparecieron en su momento. En el caso del avión de antes, ¿la tripulación aparecería a doce mil metros de altura en medio del Atlántico, flotando en el océano o en el fondo del mar? ¿Cómo se resentiría la economía mundial con una población que se duplica de un día para otro? ¿Cómo perjudicaría a esta gente el haber estado desaparecidos todo este tiempo? ¿Tendrían que ponerse al día en los avances tecnológicos y sociales que ha habido mientras estaban fuera?

En las películas de Star wars o El Señor de los Anillos no hay ninguna intención de desmontar ideológicamente a los villanos porque Palpatine y Sauron son planos, son personajes que buscan poder a cualquier precio, destruyendo a quien se ponga por delante. No se puede derrotar a Thanos de la misma manera porque con él se ha pretendido fabricar un personaje más complejo, un personaje altruista que se ha sacrificado para salvar al universo. Por esto tampoco me convence que, para acabar con él, en Endgame veamos un asesinato en masa. Marvel como productora ha querido vender una imagen progresista apoyada especialmente en Black Panther (diversidad cultural) y Capitana Marvel (feminismo). ¿Cómo encaja el «ojo por ojo» en esa imagen de marca, cómo encaja esta incoherente defensa de la pena capital?

Aprecio el esfuerzo que ha habido por crear un universo de veintidós películas y cómo todas han sido necesarias para llegar hasta aquí, incluso las más atroces. Me gusta el sentido del humor y la complicidad que se ha creado con el gran público, con los niños y los adultos. Hay muchos detalles que me gustan, pero, dejando a un lado la desastrosa lógica de los viajes en el tiempo, Endgame me falla especialmente por el mensaje. Acabo con una provocación: no creo que los cómics de superhéroes hubiesen aguantado tantos años si hubiesen contado historias como las que hemos visto en el cine.

lunes, 20 de mayo de 2019

La edad para leer 'Solanin'


Un artículo que leí hace un tiempo (y que recomiendo) preguntaba en el titular si «las películas cambian con los años, o somos nosotros». Noel Ceballos empezaba así una reflexión sobre cómo la experiencia de ver una película es diferente cuando todo lo que la rodea también lo es. Se podrían hacer comentarios parecidos sobre los cómics.

A raíz de la reedición de Zipi y Zape se volvieron a leer en redes opiniones sobre estos personajes. Hubo comentarios positivos, pero también quienes opinaban que los personajes ya les parecían antiguos en los 70 y que, por tanto, no tenía sentido una reedición que quisiese interesar a los niños actuales. Mi sensación es que es un análisis hecho por lectores que dejaron de ser niños hace mucho. No es que Zipi y Zape se hayan vuelto antiguos, sino que nosotros ya no tenemos los ojos para valorar estos cómics. Hemos envejecido tanto que algunos incluso se creen que un tebeo como Tintín, con 100 años de historia y tan blando como puede serlo el suplemento semanal de una revista católica, es más interesante para nuestros sobrinos.

Al revés también debe de pasar. Quiero releer Barrio lejano (1998-1999) y El almanaque de mi padre (1994), de Jiro Taniguchi, cuando tenga 40 años. Los dos son mangas de madurez de mucha calidad, en los que los personajes rememoran la infancia cuando esta les queda muy lejos. Yo los leí a la edad en la que no tenía que haberlos leído, sin tener ni siquiera 25 años, así que sólo los puedo valorar desde cierta distancia. Entiendo a los personajes, pero no vibro con ellos.

El que sí me ha agarrado de las solapas es otro manga, Solanin (2005-2006), que me parece un drama perfecto para aquel lector que fui a los veintitantos. La pareja protagonista, Meiko y Taneda, han entrado en el mercado laboral hace poco y se han dado de bruces con lo que significa trabajar. Ella y él son jóvenes apasionados que se sienten frustrados con el trabajo de oficina y con cómo les impide desarrollar sus sueños artísticos de juventud. Esta búsqueda de su propia identidad, este alejarse de la de la generación de sus padres, les lleva a replantearse no solo sus carreras profesionales, sino también su relación de pareja.

Hay mucha pasión y reflexiones existenciales en este cómic. Lo leo desde cierta distancia, pero sé que si lo hubiese leído en su momento me habría emocionado mucho más. Por eso agradezco el nuevo epílogo que se incluye esta reedición de Norma, en el que los personajes tienen una edad más cercana a la mía. Me identifico con cómo esa frustración con el mundo laboral acaba desapareciendo, con cómo el círculo de amistades se reduce, cómo la intensidad de las emociones encuentra un equilibrio. Siento que he leído Solanin a la edad que tenía que leerlo.

lunes, 22 de abril de 2019

'El tesoro de Lucio', dinamita dibujada


Existen varios libros (publicados hace unos pocos años) que tratan sobre él, se ha producido un documental sobre su vida e incluso ha protagonizado una entrega de Salvados. Aún así, es posible que la figura de Lucio Urtubia no sea tan conocida. Por eso tiene sentido que haya dado un salto a un ámbito diferente de la cultura, el cómic.

Es curioso que esta figura no sea tan conocida porque el titular que se podría dar de su vida es tremendo: posiblemente este navarro sea uno de los mayores falsificadores de la historia. En la segunda mitad de los años 70 lideró un equipo que estafó 20 millones de dólares al City Bank (o, en sus propias palabras, los «recuperó»). No sólo eso, sino que cuando fue detenido negoció con este banco que su estancia en prisión se redujese a sólo seis meses y que se le pagase una cifra millonaria a cambio de dejar de falsificar más cheques.

Este me parece el episodio más sorprendente, pero hay muchos más en una biografía llena de robos y atracos de mayor o menor importancia. Sin embargo, con este cómic Belatz tiene más ambición que la de distribuir datos biográficos y curiosidades. Bajo la superficie de un cómic de estética amable, de una inofensiva «novela gráfica» para el gran público (lineas suaves, colores pastel, sin masas de negro, una forma de narrar muy clara, encuadernación como de Astiberri...), hay dinamita enterrada.

Imagino que al pensar en Lucio a casi todos nos viene a la cabeza Frank Abagnale Jr., otro famoso estafador en la que se basó Atrápame si puedes (2002). Me interesa el contraste entre estas dos historias. En la película de Steven Spielberg la motivación de Frank se resumía en un trauma infantil y su intento de construir una nueva familia. Es decir, era una consecuencia únicamente de unas experiencias personales. Comparada con Lucio Urtubia, me parece una motivación simplona. En su caso, su dura infancia durante la postguerra y la muerte temprana de su padre podrían explicar a la persona, pero son insuficientes si no se profundiza también en su ideario político.

Lucio Urtubia es anarquista y por eso ha vivido al margen de unas leyes que considera que se han creado al gusto del poder económico. Desde su punto de vista, él no ha robado a los bancos, sino que ha recuperado lo que ellos quitan a los demás. Estas «recuperaciones» millonarias no significaron, sin embargo, una vida de lujo y excesos, sino que él y su equipo donaban la mayoría de lo que conseguían con las falsificaciones a grupos de guerrilleros afines. A pesar de tener esa posibilidad al alcance de la mano, nunco abandonó su trabajo como obrero de la construcción.

Belatz ha suavizado algunas aristas de una biografía que ha hecho desde el cariño, pero en la que permite al lector formarse su propia opinión. En lo formal, normaliza una información que se sale de lo convencional, pero aún así el mensaje agita al lector. Lucio puede ser un Robin Hood o un delincuente afortunado, pero de cualquier modo es un caso único.

miércoles, 10 de abril de 2019

Aquaman de Peter David Integral (1 de 3) (Peter David, Martin Egeland y otros)


No soy un gran seguidor de Peter David, pero me interesan sus guiones. He leído cómics suyos de Spiderman, Hulk y Capitán Marvel y en ellos he visto siempre a un autor con buenos desarrollos a largo plazo, con mucho ingenio y un gran sentido del humor. No me ha parecido que tenga una maña especial para crear personajes o villanos memorables, pero sí talento para desarrollar a los personajes principales de cada colección. Mi Rick Jones es su Rick Jones.

En este tomo veo a un guionista luchando con inteligencia por transformar a Aquaman en un personaje icónico que haga olvidar las bromas que se llevaban haciendo con él desde los dibujos animados de los Superamigos. Peter David reinventa al rey de Atlantis desde algo tan superficial como el diseño del personaje (la melena y la barba, un arpón en lugar de una mano, el pecho medio desnudo…) al contexto de sus aventuras, conectadas principalmente con la mitología que él mismo había creado en (la muy recomendable) Las crónicas de Atlantis.

Conecto con el guionista, conecto con el personaje, pero no veo armonía entre el contenido y el formato. ¿Estos rifirrafes acuáticos realmente van a juego con una edición de lujo?

jueves, 4 de abril de 2019

El bulo de Zipi y Zape


El papa Francisco explicó este fin de semana en el programa Salvados lo que él consideraba los cuatro pecados del periodismo: desinformación, calumnia, difamación y coprofilia. Es un toque de atención que coincide con la noticia de la colaboración entre la policía política del gobierno popular y varios medios de comunicación para crear campañas de difamación contra Podemos«Fake news» fue elegida como la palabra del año 2017 por el diccionario Oxford, mientras que en España se están creando empresas de fact checking (verificación de hechos) para confirmar la veracidad de las noticias. Vivimos en la época en la que tenemos más acceso a la información que nunca, y por ello la desinformación se ha convertido en uno de nuestros mayores problemas.

Que un particular reenvíe un bulo por whatsapp es un error, pero al redactor de un medio habría que exigirle más precaución. Es el caso de Zona Negativa cuando publicó este domingo una nota para hablar sobre la reedición de los álbumes de Zipi y Zape de esta semana. El párrafo está dividido en dos partes. En la primera, se da información completamente errónea, sin fuentes y sin contrastar. En la segunda, se lanza un ataque durísimo contra los hijos y nietos de Josep Escobar, como si al aprobar esta reedición hubiesen dañado la memoria de su familia:

«La segunda noticia es sin ninguna duda muy mala. Hace un año se anunció la compra de los derechos de Bruguera por parte de Penguin Random House, acompañada de un ambicioso plan de reediciones que nos ha traído de vuelvo a alguno de los personajes clásicos de la editorial. Para estas fechas estaba anunciado la recuperación de Zipi y Zape, pero la sorpresa ha sido cuando han anunciado que iban a modificarla para adecuarla a los tiempos modernos, cambiando términos como Cuarto de los ratones, modificando la obra de Escobar para que Don Pantuflo no les pegue o Doña Jaimita no salga siempre cocinando. Una autentica falta de respeto hacia el trabajo de Escobar, al estilo de la vieja Bruguera. Hubiera sido mucho mejor publicar un artículo contextualizando la obra y criticándola o hacer un relanzamiento con nuevos autores y así poder contar unas historias sin machismo o violencia, pero modificar la obra es una tropelía incomprensible, para eso era mejor no reeditarlas».

El artículo ya había recibido siete comentarios cuando lo leí, los siete dirigidos contra la supuesta «censura de lo políticamente correcto», con insultos («¿Cómo se puede ser tan estúpido?») e incluso deseando pérdidas económicas a la editorial. Siete comentarios de lectores acríticos. Si no dudaron al leer una burrada como esta, ¿cómo van a reaccionar cuando lean desinformaciones más sutiles en otros medios?

En la sección de comentarios pregunté por las fuentes que justificasen estos datos, ya que algunos periódicos como El país, El periódico o ABC no habían hecho ninguna referencia a un detalle tan polémico. Es más, me parecían cambios demasiado farragosos como para planteárselos (¿Cómo se modificarían las viñetas? ¿Quién haría los cambios?). En la respuesta de Zona Negativa se señalaron tres fuentes, dos poco fiables y una en la que no se hacía ninguna referencia a lo que yo preguntaba:

«Fuente, otra fuente y tambien hacen referencia a cambios en los textos en el pdf de novedades de la editorial».

Yo preferí acudir directamente a la familia Escobar. El gestor de los derechos de la obra me respondió inmediatamente:

«Lo desmentimos. No hay nada de eso. Son las mismas historietas conrrvisión de la rotulación y algunos retoques en el texto.
En ningún caso ha variado la historieta».

La corrección de Zona Negativa que se incluyó a continuación por desgracia no me ha parecido a la altura. Se añade una corrección después del párrafo con la información errónea (en vez de antes), sin destacar la corrección por encima de la información errónea, no se rebaja el tono brusco de la opinión anterior ni tampoco incluye unas disculpas a la familia:

«Por suerte, parece que la información sobre los cambios en la edición de Zipi y Zape no son ciertos, según los propietarios de la licencia, que han respondido a la pregunta de los compañeros de Entodoelcolodrillo. Hablan de cambio en los textos, pero no sabemos si cambian el mensaje, algo que sería igual de grave. Esperemos a ver el cómic impreso y ver la realidad».

Aún más, es un párrafo incoherente con lo anterior. La frase final propone esperar «a ver el cómic impreso» para opinar, pero nada ha impedido que, antes de ver el cómic publicado, ya se haya escrito una opinión injusta y sin ningún fundamento.

También dice «no sabemos si cambian el mensaje», cuando en realidad son cambios que sí se pueden investigar. En una entrevista en Onda Cero, Sergi Escobar explicaba que en la corrección de estilo se han sustitudo «Alto Llobregat» por «bosque», «Más famoso que Rodríguez de la Fuente» por «Más famoso que el presidente», etcétera. Estaríamos hablando, por tanto, de cambios que intentan acercar la obra a un niño actual, no cambiar la interpretación moral de la obra.

El origen del bulo de esta censura a Zipi y Zape imagino que son otras declaraciones del propio Sergi en la que daba varios ejemplos de cómo ha cambiado la sociedad: ahora resulta raro leer a Jaimita encerrada en la cocina todo el día, o que la figura de Pantuflo sea tan autoritaria. Sin embargo, él mismo aclara que estos cambios afectarían solo al futuro: «Esto con las nuevas historietas se tiene que vehicular de otra forma». Se ve que los medios más fiables que Las provincias no malinterpretaron estas frases...

La progresión en el tiempo de este bulo me ha recordado a la polémica que rodeó la salida de Santi Orúe de la revista TMEO. En noviembre de 2018, El correo publicaba un artículo en el que primaba la versión del dibujante sobre su salida de la revista. Según él, había sido vetado por sus ideas políticas, por sus críticas contra Podemos y el independentismo catalán. La noticia se viralizó rápidamente, regalando argumentos a los reaccionarios que querían demostrar la existencia de una censura de lo políticamente incorrecto.

Un ejemplo de las colaboraciones de Santi Orúe en TMEO.

La cosa tardó en calmarse. A los pocos días, la versión de la revista (de mano de Mauro Entrialgo) tuvo un poco más de difusión: no se había vetado a Orúe. El consejo de redacción había decidido que sus páginas, como la de tantos otros dibujantes, tendrían que ser aceptadas por el consejo para ser incluidas en la revista. Igual que ocurre en cualquier otra empresa del sector editorial. Tengo amigos a los que una editorial les ha rechazado su manuscrito. ¿Alguien diría que les han «censurado»?

Sin embargo, la versión que ha quedado en el recuerdo de muchos es que algo de censura podemita tuvo que haber, de alguna forma o de otra. Igual que va a pasar, por desgracia, con Zipi y Zape. Quien no se haya preocupado mucho por esta reedición se quedará con la sensación de que algo hubo... aunque no recuerde el qué. Lo explica Javi de Castro en un tweet:

«Lo más chungo es que como nadie va a sacar de su error a esta gente (y por supuesto no lo van a comprobar) dentro de un tiempo dirán cosas como "aquello que hicieron con Zipi y Zape ¿no te enteraste?" y ya se habrá instalado como "real"»

No hace falta que nos vayamos al futuro para comprobar esta profecía. El último comentario del artículo de Zona Negativa, publicado alrededor de una hora después de haber añadido la respuesta de los herederos de Escobar, insistía en la censura de lo políticamente correcto:

«Me uno a todos los indignados ante esta vergonzosa censura impropia de un país democrático. Al final le meterán la tijera a Mortadelo y Filemón por violentos o por los chistes sobre Ofelia. Al tiempo…»

Este último comentario es un buen ejemplo de lo difícil de parar que es la desinformación. Una vez se crea un bulo (a pesar de que sea tan increíble como este, a pesar de que no incluya fuentes fiables...) es imposible evitar que se siga difundiendo. Un periodista debería ser consciente del daño que puede hacer con una mentira, de lo importantes que son sus palabras. Hace falta mucho esfuerzo para demostrar que una información es falsa, para investigar, dar pruebas y conseguir llegar a la misma gente que se creyó los datos falsos. ¿Pero para difundir un bulo, para desacreditar a la familia de un autor de cómics, para alimentar pensamientos reaccionarios...? Para eso solo bastan unos minutos.