lunes, 24 de septiembre de 2018

10 años de 'The Spirit': el público calla


Dentro de unos meses se van a cumplir 10 años desde el estreno de The Spirit (2008), el fracaso más absoluto de la carrera de Frank Miller. La crítica la despedazó y la taquilla no ayudó. Para un presupuesto aproximado de 60 millones dólares, sólo se recuperaron 39 millones. Agregadores de críticas como Rotten Tomatoes o Metacritic le dan respectivamente un 14 % y un 30 de 100. Siempre pienso que es insuficiente valorar toda una película con único número, pero en el caso de The Spirit casi es preferible antes que entrar en detalles sobre sus fallos. Al propio Miller, en una entrevista reciente, le preguntaron qué cambiaría si la volviese a dirigir. No concretó. Sólo dijo: “La haría mejor”.

El productor Michael E. Uslan se había especializado en comprar los derechos de varios personajes de cómic para hacer películas, entre las cuáles han destacado en todos estos años las de Batman. Entre estos personajes estaba también Spirit, por el que una productora de Odd Lot Entertainment, Deborah Del Prete, mostró interés en 2004. Un año después, en enero de 2005, falleció Will Eisner. En la ceremonia de homenaje en Nueva York los dos se acercaron a Frank Miller para ofrecerle escribir y dirigir la adaptación del héroe de Central City.

Frank Miller estaba cerca de su mejor momento. Quedaban unos meses para estrenar Sin City (2005), dirigida por Robert Rodríguez, que convenció a la crítica y entusiasmó al público. Al año siguiente se iba a estrenar 300 (2006), rodada también con pantalla verde, con la que tanto Zack Snyder como Frank Miller fueron catapultados al éxito. Convencer a Miller de que se encargase de este proyecto parecía la mejor decisión. Para él era complicado, pero creyó que no tenía alternativas: «Lo único que pensaba era “Es demasiado grande… No sabría hacerlo”. Y lo rechacé. Y a los tres minutos estaba camino de la puerta, me giré y dije “Nadie más puede tocarlo”, y acepté el trabajo al momento».

¿Era una buena idea darle las riendas de una película a alguien sin experiencia en este medio? Robert Rodríguez consideraba que el verdadero director de Sin City había sido Miller y no él. El propio dibujante, agobiado con la responsabilidad de dirigir esta película, le pidió consejo a Rodríguez. Éste le animó diciendo que hacer películas y cómics en el fondo era lo mismo, que sólo cambiaban las herramientas. Por su parte, Zack Snyder declaraba en la prensa que confiaba en lo que podía llegar a hacer este dibujante.

Lo primero que hizo Miller fue desarrollar un guión en viñetas, un storyboard completo con toda la película. Se apoyó en tres elementos fundamentales. En primer lugar, la historia en dos partes que presentaba al personaje de Sand Saref, una ladrona a la que Spirit debía detener pero a la que al mismo tiempo amaba. Los lectores ya sabían que era una de las historietas favoritas de Miller porque la había utilizado como inspiración para el primer número que escribió de Daredevil, en el que la ninja Elektra tenía un papel similar al de Sand Saref.

En segundo lugar, la presencia del villano Octopus parecía obligatoria. Sin embargo, si en los cómics se trataba de un villano en las sombras, al que nunca se le llegaban a ver nada más que sus guantes, en la película ganó más presencia interpretado por un Samuel L. Jackson sobreactuado. Para Miller, era la única manera de que el personaje pudiese aguantar hora y media en pantalla.

Y por último, la película debía ser también la inevitable historia de origen de Spirit. Tanto este origen como la conexión de Octopus como reverso malvado de Spirit fueron creaciones de Miller. Este cambio y otros por el estilo fueron justificados por el director: según él, Will Eisner habría preferido que Miller hubiese mostrado su visión personal a que realizase una adaptación literal.



La película tenía muchos de los recursos narrativos favoritos de Miller, pero eso no quiere decir que no tuviese en cuenta algunas de las decisiones creativas de Eisner. Por ejemplo, el protagonista nunca podía sujetar una pistola, las mujeres tenían que ser despampanantes y el código de conducta del héroe debía ser intachable. En una escena, mientras Sand Saref está en la ducha, él no entra al baño a detenerla. El motivo: hacerlo sería de mala educación.

A pesar de este cuidado, la cinta fracasa en demasiados aspectos como para señalar los aciertos. Como ejemplo de alguno de estos buenos detalles, tiene su gracia que Miller utilice al gato como «animal guía» de Spirit (las siete vidas, los tejados, la promiscuidad…). También son interesantes todos los guiños que la película le dedica a la historia de cómic americano: autores como Iger, Ditko, Kurtzman y Feiffer, editores como Liebowitz y Donenfeld, la colección Crime Suspenstories, el personaje de Robin, al lema de la película de Superman («Creerás que un hombre puede volar»), o a uno de los cómics de Spirit («¿Qué son diez minutos en la vida de una persona?»).

Junto a todos estos guiños, Miller se dedicó también a hacerse autohomenajes, en algunos casos descarados y en otros creo que accidentales. Por ejemplo, el más obvio es la referencia a que Sand Saref tiene el complejo de Electra, con la que Miller explicitaba la conexión entre esta villana de Will Eisner y su ninja griega. O también la presencia de elementos de la mitología grecolatina, que conectaban de alguna manera la película con el contexto histórico de 300. La forma con la que Spirit deambula con la espada de Plaster of Paris atravesada en el pecho recuerda a Kirigi; la escena japonesa de Octopus, a su pasión por Lobo solitario y su cachorro; y aquel «Era un buen trabajo, no debiste firmarlo», al pensamiento que Matt Murdock recitaba en la saga Born Again.

En otros casos, las conexiones entre esta película y otros trabajos anteriores de Frank Miller parecen más bien el origen de malas decisiones. Es inevitable acordarse de Daredevil viendo a Spirit saltar por las azoteas, o de Lobezno cuando su factor de regeneración le salva de la muerte tantas veces. Will Eisner le había puesto a Spirit un pequeño antifaz al personaje para poder hacerlo pasar por superhéroe, pero Frank Miller ignoró ese detalle y lo transformó en uno de ellos. Se ha escrito que Miller sólo sabe hacer cómics de superhéroes, y The Spirit puede ser el mejor ejemplo. Excepto él, nadie había pedido que Spirit tuviese superpoderes.

La lista de fallos es muy larga, por desgracia. Imágenes extravagantes, diálogos cursis, un humor que no funciona en la mayoría de los casos, efectos especiales poco conseguidos, una voz de narrador que sobra… Si hubiese que señalar un fallo fundamental, creo que hay unanimidad en que el problema es que Miller simplemente no dominaba el medio.

En uno de los prólogos de Los archivos de The Spirit, Miller comentó un desencuentro que había tenido con Eisner hacía muchos años. Él le decía que el cómic y el cine eran medios equivalentes, en el que a cada viñeta le correspondía un fotograma. Eisner parece que se lo tomó mal y le explicó con vehemencia la diferencia entre ambos. Viendo esta película, parece que Miller no llegó a entender aquellas explicaciones. Los planos son muy breves, y parecen más pensados para ser leídos en una página que para verlos sobre una pantalla. Los cambios de tono o la estructura habrían funcionado seguramente en un cómic, pero aquí parecían errores de novato.

La respuesta del público fue bastante negativa ya desde el primer anuncio de que Miller llevaría las riendas del proyecto, y los tráilers no hicieron cambiar de opinión a los escépticos (por lo general, sobre todo no gustó que la estética recordase a la de Sin City). Por eso no se entiende el optimismo de los responsables. Miller estaba seguro de que ésta iba a ser la primera entrega de una trilogía, y al mismo tiempo se le anunciaba como director de la adaptación de Buck Rogers. La triste realidad es que al público no le interesó ni siquiera el DVD de la versión del director, con todo el material que se había quedado fuera del montaje final para lograr una calificación para mayores de 13 años.

También es cierto que hubo críticas injustas. Los fans de los cómics se tiraron de los pelos por que el héroe llevase gabardina y otro tipo de detalles que consideraban alejados del personaje original. Al dibujante Kyle Baker le llamaron la atención tanto esos ataques como para escribir un artículo comparando esos supuestos fallos con páginas de los cómics para demostrar que Miller había sido más fiel de lo que algunos pensaban. No sólo eso, también aseguró que la cinta le había encantado. Imagino que en este tiempo habrá cambiado de opinión, porque su reseña ha desaparecido de su blog.

Personalmente, no creo que toda la culpa de los errores se deban a Frank Miller. Quienes le pusieron en la silla del director sabían la poca experiencia cinematográfica que tenía, y tenían medios para saber la película que estaba haciendo. En vez de guiarle y corregirle, confiaron en que sólo su nombre vendería entradas, hiciese lo que hiciese. «Todos pensábamos que Frank tenía sus propios seguidores y que le serían fieles a pesar de todo, pero nos equivocamos», se lamentó la productora Del Prete.

En el mundo audiovisual, Miller tuvo una segunda oportunidad en 2010 con un anuncio de colonia para Gucci, protagonizado por Evan Rachel Wood y Chris Evans. Unos años despuñes, Sin City: Una dama por la que matar (2014) también se hundió en taquilla y dejó muy fría a la crítica, que vio una simple repetición de la primera entrega pero menos impactante. Ahora con Cursed tal vez pueda enmendarse. Se trata de una novela para jóvenes adultos escrita a cuatro manos entre él mismo y Thomas Wheeler que cuenta el mito del Rey Arturo desde el punto de vista de la Dama del Lago. Se publicará supuestamente en 2019, el mismo año en el que Netflix estrenará la adaptación en su plataforma, una adaptación en el que estos dos autores trabajarán como productores. Entonces podremos ver qué es lo que Miller ha aprendido en estos 10 años.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

¡Atrévete a dibujar! La cabeza

Si habéis practicado mucho, de acuerdo con las instrucciones de las dos lecciones anteriores, a estas alturas ya sabréis dibujar monigotes estupendos por medio de una circunferencia y palitos, pero claro, para que los personajes que dibujéis tengan vida, han de mover su cabeza lo mismo que las personas, o sea, que miren en todas las direcciones y tanto hacia arriba como hacia abajo.


Esto es algo más difícil, pero aprenderéis rápidamente si os imagináis que la circunferencia que representa la cara es una bola con un palito clavado en ella perpendicularmente tal como aparece representado aquí, y debajo tenéis la transformación. O sea, que el palito significa la dirección de la nariz y así luego sólo falta añadir los ojos, la boca y las orejas, para que la cabeza esté completa. Fijaos bien en que las facciones estén dibujadas siguiendo la curvatura de la bola (la boca principalmente) y a esto se le llama perspectiva, de la que trataremos más adelante.

Un consejo final: dibujad los muñecos al tamaño que os resulte más cómodo, pero es mejor procurar que no excedan de unos seis centímetros de altura. Y nada más por hoy. Hasta la lección de la semana que viene, que será también muy interesante.

(Pulgarcito nº 1109, 8/08/1952, Carlos Conti)

miércoles, 12 de septiembre de 2018

¡Atrévete a dibujar! Figuras de palitos

Como suponemos que habréis seguido atentamente la primera lección de dibujo aparecida en el número anterior de Pulgarcito, a estas horas ya sabréis dibujar caras cómicas por medio del circulito hasta con los ojos vendados.

La siguiente cualidad importante de los monigotes es que tengan soltura de movimientos. ¿Cómo se obtienen estos? Es fácil si principiáis siguiendo el sistema de practicar dibujando estas figuras tan conocidas a base de palitos y con las que pueden representarse muchas posiciones como los modelos que indicamos.


Copiadlas muchas veces y cuando sepáis hacerlas bien inventad muchos otros movimientos vosotros mismos hasta que tengáis un verdadero dominio de esos palitos que simbolizan un cuerpo humano. Ahora viene otra labor que consiste en unir estos cuerpos en diferentes posiciones a las caras redondas indicadas en la primera lección. El efecto es ya asombroso. Puede entonces dibujarse un hombre huyendo con la cara de asustado, que se cae poniendo una expresión lastimera o en cualquier otra posición que deseéis.


Estos personajes nuevos habréis de llegar a dominarlos porque son la base de que más adelante logréis dibujar estupendamente. Así que a trabajar con nuestras lecciones; será todo tan sencillo y divertido que os hará exclamar... ¡dibujar monigotes es muy sencillo!

(Pulgarcito nº 1108, 1/08/1952, Carlos Conti)

martes, 11 de septiembre de 2018

Nota de prensa: Comic Flux

Un amigo acaba de empezar un proyecto de subscripción de cajas de cómics. No sabía nada sobre este tipo de suscripciones, pero curioseando por internet parece que fuera de España es una forma de comprar cómics bastante habitual (por ejemplo aquí y aquí). Os dejo la nota de prensa que me ha enviado:


¡Llega Comic Flux!

Un servicio de suscripción que acercará a tu casa los mejores cómics de manera mensual dentro de una caja sorpresa. Solo tienes que seleccionar el plan de suscripción que más te interese entre las diferentes opciones: mensual, trimestral, semestral, anual. También dispones de la suscripción Trial si deseas recibir únicamente una caja a modo de prueba.

La temática de los cómics cambia cada mes, así que la variedad está asegurada. Por supuesto, el valor del contenido de la caja es superior al precio de la suscripción.

Así que si eres un devorador de tebeos, siempre tienes sitio en tus estanterías para nuevos cómics, sientes curiosidad por conocer nuevas obras y autores o quieres iniciar tú propia colección; no dudes en suscribirte a Comic Flux. Elige tu plan, suscríbete y ¡deja que el cómic fluya!

Web: Comicflux.com
Instagram: instagram.com/comicfluxboxs
Twitter: @ComicFlux

miércoles, 5 de septiembre de 2018

¡Atrévete a dibujar! Expresiones del rostro

Seguro que muchas veces habréis empuñado un lápiz para copiar alguno de los personajes de Pulgarcito. A primera vista parecen fáciles porque sus líneas son muy sencillas, pero todo requiere su técnica y nadie sabe hacer nada sin aprenderlo primero, así que hoy vamos a empezar trazando las reglas elementales para llegar a ser un formidable dibujante humorístico, y que los papás se queden con la boca abierta en un ángulo de 317 grados cuando vean vuestros pasmosos adelantos.


Estas primeras lecciones nos llevarán un cierto tiempo, pero en cuanto las hayáis asimilado, del mismo modo que Carpanta asimila un diplodocus con patatas fritas, os aguardará una formidable sorpresa. Los dibujantes del Pulgarcito os descubrirán los secretos del arte y revelarán la forma en que fueron concebidos sus popularísimos personajes, sus curiosísimas particularidades y la manera en que cada semana son elaborados por sus respectivos lápices para francachela y regodeo de miles y miles de lectores.

Pero comencemos de una vez, como dijo Wilfredo el Velloso antes de ponerse a inventar el gramófono.


La mímica del rostro es la cualidad más importante que precisan los monigotes y antes de pasar adelante las estudiaremos bien. Para ello basta ir trazando circulitos con un compás y luego irlos llenando con las expresiones indicadas más abajo. Sin daros cuenta y en muy pocos días de práctica lograréis dibujar caras muy graciosas completamente de memoria.

(Pulgarcito nº 1107, 25/07/1952, Carlos Conti)

lunes, 3 de septiembre de 2018

Tipos de "Basado en hechos reales"


He terminado hace poco de leer La muerte de Stalin y Joe Shuster, y mis sensaciones han sido muy diferentes con uno y con otro. Los dos tienen en común que son cómics basados en hechos reales, pero no de manera autobiográfica, y también que son dos ejemplos de las maneras de entender este género. Yo haría una clasificación sobre este tipo de relatos:

  • Historias absolutamente basadas en hechos reales (como La mujer rebelde, de Peter Bagge)
  • Historias ligeramente basadas en hechos reales (como 300, de Frank Miller)
  • Historias a medio camino entre una y otra (como La muerte de Stalin, de Nury y Robin)

En los tres casos, no me refiero al uso de la documentación que ha manejado el autor o autores, sino a cómo el lector es consciente de la verosimilitud de la historia.

Por empezar por el primer ejemplo, en cómics como La mujer rebelde se ve que los autores intentan ser transparentes, que su objetivo es transmitir información sin querer actuar como un filtro. Los autores incluso justifican sus decisiones a la hora de contar el relato en alguna parte dentro de la obra, ya sea en notas al pie o en el epílogo. Sería el caso también de otros cómics como Feynman o Logicomix.

En el lado contrario, cualquier lector sabe, sin necesidad de que se lo tengan que aclarar, que 300 o Buda de Osamu Tezuka parten de hechos históricos, pero que una gran parte de que lo que se cuenta en ellos es un añadido del autor. El lector sabe que si lo que aparece aquí es extravagante o imposible es porque se trata de un relato de ficción y hay que disfrutarlo como tal. Lo importante es lo que cuenta el autor, no los datos en los que se basa.

El que me preocupa es el tercer tipo, cuando los límites entre estos dos enfoques están borrosos. Ni el autor es puntilloso con los hechos reales, ni llega a ser tampoco inverosímil. En estos casos, ¿qué es real y qué es inventado? Siento que como lector necesito haber hecho una investigación similar al autor para poder valorar las decisiones creativas de este cómic, y también para poder separar la realidad de la ficción.

Sobre este tema me vienen a la cabeza las discusiones sobre si un cómic se parece a su adaptación. En comparación, no me parece tan importante cuando pienso en películas de este estilo, basadas libremente en hechos reales pero sin que el lector sepa hasta qué punto. Por poner dos ejemplos recientes, no me gustó nada cómo falsearon la realidad en los biopics de Alan Turing (Descifrando Enigma, 2014) o P. T. Barnum (El gran showman, 2017). Puestos a elegir, yo le daría más importancia a la fidelidad de estas películas que a la de las adaptaciones de cómics, que seguramente hayan sido retconeados, rebooteados o ultimateados alguna vez.

Éste es básicamente mi problema con La muerte de Stalin. Su premisa es una bomba atómica: con la muerte de este dictador que había concentrado tanto poder en su persona, el gabinete de ministros se convirtió en un campo de batalla para ocupar su lugar. Sin embargo, al terminar de leerlo investigué un poco sobre la historia real y encontré pequeños matices que se diferenciaban de lo que había visto en estas páginas. Algunos detalles que me habían llamado mucho la atención no habían ocurrido en realidad, sino que eran ingeniosas decisiones creativas de los autores.

En el lado contrario, había empezado Joe Shuster con desgana. Entre los libros Men of tomorrow, Superman: la creación de un superhéroe y la parodia de El Maximortal ya me sabía más de la mitad de la historia que cuentan Julian Voloj y Thomas Campi. Sin embargo, a cada página iba viendo que no importaba lo que ya supiese de antes, que la historia trágica de los creadores de Superman, dos pequeños artistas traicionados por una gran empresa, estaba pensada para que todo tipo de público la lea y le impacte. En realidad sólo me choca el final, que me parece demasiado apresurado. El resto es el trabajo de dos autores que entienden la importancia de lo que están contando y que se lo toman en serio.

Seguramente me vayan llegando a la mente historias que me hayan gustado pero sean del tercer tipo en el que englobo cómics como La muerte de Stalin. Es posible que en el futuro me eche para atrás con esta opinión, pero llevo bastante tiempo pensando que en este tipo de relatos la responsabilidad del autor es mucho mayor que en las que son ficción sin más. No sólo están vendiendo entretenimiento con una apariencia más respetable, sino que construyen una versión falseada de la historia que podría llegar a asumirse como la auténtica.