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lunes, 22 de octubre de 2018

El Jabato, la edición del 60 aniversario


Hace tan solo dos días, el 20 de noviembre, se han cumplido 60 años de la publicación del primer cuadernillo de El Jabato. En aquellos pliegos apaisados, bajo el potente título ¡Esclavos de Roma!, se presentó al héroe íbero que Víctor Mora y el dibujante Darnís empujaron a recorrer el mundo durante el s. I d.C. a luchar contra las injusticias.

Con motivo de este aniversario, Planeta de Agostini ha lanzado al mercado una colección oficial en una edición de lujo que recopilará todas sus aventuras. Para poder hablar con propiedad de ella, la editorial me ha hecho llegar las primeras entregas. El contenido de estos tomos de 80 páginas encuadernados en tapa dura y lomo de tela se corresponde con el de la antigua colección Jabato color (1969-1974), junto con todas las impresionantes portadas que pintó Antonio Bernal para ella, muchas de ellas inéditas desde hace bastantes años. Pero no son exactamente las páginas de Jabato color sin más: a partir del tercer tomo, parece que la rotulación será nueva, con lo que estos cómics recuperarán aquellas tildes que no deberían haber perdido.

A todo esto se añade un interesante contenido exclusivo: unos dosieres de unas 12 páginas a cargo de Antoni Guiral, que ayudan a contextualizar estas aventuras, señalan la inspiración de las portadas de Bernal, recuperan anuncios de la época, repasan la biografía de sus autores, etcétera. Podéis suscribiros a esta colección en este enlace con este código promocional: PROMOJABATO.


Es una oportunidad muy interesante para conocer al grupo de aventureros formado por el Jabato, Taurus, la romana Claudia y el terrible poeta Fideo de Mileto, un grupo que recuerda, por supuesto, al del Capitán Trueno y compañía. Esto se debe a que esta colección fue una consecuencia del éxito de ventas tan rotundo como inesperado del Capitán Trueno, que incluso llegó a desbordar la capacidad de las rotativas de la Editorial Bruguera. De manera inmediata, la propia editorial lanzó al mercado otras colecciones similares para hacerse a sí misma la competencia. De ese modo evitaban que otras editoriales pudiesen aprovecharse de esta popularidad para lanzar sus imitaciones. Al mismo tiempo, así se premiaba a Víctor Mora dándole más trabajo. Bruguera funcionaba de aquella manera: te podían subir el sueldo si producías más.

Así que, tal como yo lo veo, el Jabato podría haber empezado con mal pie. Los lectores podrían haberse puesto suspicaces, especialmente porque la colección tiene algunos parecidos con la del Capitán Trueno. Quitando el contexto histórico, se trata de dos aventureros con melena oscura que viajan por el mundo acompañados cada uno de un gigantón forzudo que les protege. Sin embargo, no fue así. Los lectores aceptaron al recién llegado como una creación igual de legítima. Para muchos lectores, incluso superior.

Lo que diferenciaba al Jabato era lo que le hacía más interesante. Mientras que el Capitán Trueno era un noble que había abandonado una vida resuelta para recorrer el mundo ayudando a los necesitados, el Jabato era un sencillo campesino al que arrastraban hasta Roma para convertirlo en gladiador contra su voluntad. Hay una transformación que hay que leer entre líneas: después de liderar al resto de sus compañeros gladiadores en la lucha contra el emperador Sulla, el Jabato olvidaba la tranquilidad de las labores del campo y se lanzaba a vivir aventuras utilizando todo lo que había aprendido. Había probado el riesgo y quería más.

lunes, 18 de junio de 2018

Mis problemas con la ciencia ficción de EC


Me gusta mucho la ciencia ficción. Creo que es el mejor género con el que se pueden transmitir ideas y reflexionar sobre ellas, porque todo en la ciencia ficción es una metáfora de algo. O al menos en la que está bien escrita. Al ser un género basado en mundos que el autor tiene que construir desde cero, todas las elecciones que hace se basan en sus intereses políticos y filosóficos. Por eso creo que el tema general que resume la ciencia ficción podría ser el análisis de cómo el avance científico de una sociedad presiona y fuerza a evolucionar la escala de valores (éticos, sociales, políticos, filosóficos…) de esta sociedad

(Hago un pequeño inciso para poner un ejemplo de una novela de ciencia ficción que acabo de leer, que me ha encantado y que creo que es un buen ejemplo de esta definición: La guerra de las salamandas. Muy recomendable).

Hace unos años tuve la oportunidad de comprar la colección Biblioteca grandes del cómic: Clásicos de la ciencia-ficción, que recopila los cómics de ciencia ficción de la editorial EC publicados entre 1950 y 1956. Sabía que en las revistas de esta editorial estaban algunos de los mejores autores de la época, especialmente el grandísimo dibujante Wally Wood, pero me temo que a estos cómics les ha afectado mucho el paso del tiempo, y no me refiero al apartado científico.

Como he dicho, lo que más me gusta de la ciencia ficción es que es un vehículo de ideas. Hay en estos cómics muchísimos ejemplos de ideas progresistas para la época, como críticas al armamento nuclear, pacifismo, animalismo (igual que en El planeta de los simios, en varias historias los seres humanos sufren las mismas torturas que algunos animales)… Un relato relativiza la mística del cristianismo al mostrar a un terrícola que es considerado un equivalente de nuestro Jesucristo en un planeta lejano (Weird Science #13). En otro, un científico loco transforma en mujer al novio de su hija, por lo que ella decide cambiarse de sexo también para seguir con él (Weird Science #10). En la misma línea, otros exploradores encuentran un planeta en el que sus habitantes cambian de sexo cada cierto tiempo (Weird Science #14), como ocurre en el planeta de Ursula K. le Guin de La mano izquierda de la oscuridad (1969). Tal vez el ejemplo más famoso sea el del Weird Science #18, protagonizado por un astronauta negro y que trata sobre el fin del racismo en la Tierra.

Todos estos ejemplos de mentalidad abierta, con los ojos puestos en un futuro utópico, chocan con otros detalles mucho más conservadores. Por ejemplo, a pesar del relato sobre el racismo, me llama la atención la escasísima representación de negros, asiáticos, latinos o cualquier otro colectivo. También las mujeres tienen menos presencia, tanto entre los personajes de fondo como entre los protagonistas. Pero el caso de las mujeres en estos cómics tiene un poco más de chicha.

Por lo general, las mujeres aparecen más que nada como decoración, y si tienen peso en la trama suele ser porque son un interés amoroso. Por ejemplo, en uno de los relatos de Weird Science #11, una computadora recibe por turnos lecciones de un maestro y una maestra. Como él se siente atraído por ella, la máquina tiene dificultades para aprender, por lo que los científicos recomiendan que la computadora sólo hable con hombres. Otro papel habitual es el de la esposa que quiere hacer daño al protagonista, como en los números #6 y #9. Pero de estos ejemplos el más risible es el del Weird Science #7: el científico protagonista tiene que lidiar con una esposa enjuta y malhumorada que le impide mantener un romance con una de sus estudiantes, a la que le dobla la edad.

Hay varios relatos de hombres que desean fabricar a la mujer artificial de sus sueños, pero el del Weird Science #5 es el más llamativo. En el futuro venden mujeres igual que si fuesen electrodomésticos o esclavas. La vendedora incluso tiene un monólogo bochornoso sobre la novia deluxe: «¡Nunca se queja, nunca discute, no se opone a que se quede hasta tarde con los amigotes, siempre sonríe, cocina divinamente, cose, le adora completamente y obedece todas sus órdenes! ¡En otras palabras, la esposa perfecta!» Casi parece que la esposa ideal sea una mujer lobotomizada…

Y hasta aquí he llegado, porque llevo años con estos cómics en la estantería y se me hacen duros de leer. Por si acaso, para mí estos problemas de representación de la sociedad no son una pega, sino un aliciente. Ver estos comentarios o aspectos machistas de la época es lo que me anima a avanzar unas páginas de vez en cuando. Mi problema con estos tomos es la poca variedad de los argumentos. Todas se parecen demasiado y se resumen en unos pocos temas: el ejército contra una invasión, el científico loco en su laboratorio, una familia afectada por aspectos fantásticos (viajes en el tiempo, extraterrestres...), exploradores espaciales... Me apasiona la ciencia ficción, pero estos cómics no serían el mayor exponente del género de la época.

lunes, 25 de mayo de 2015

Popeye: volumen 2 (E. C. Segar)



El segundo tomo de esta colección entra definitivamente en la imagen del Popeye más reconocible, especialmente por la coletilla del "soy el que soy" y las espinacas como el origen de su fuerza extraoridinaria. Creo que el humor es un género que envejece mucho peor que el drama. El Popeye de Segar no me parece que sea un cómic que provoque las mismas carcajadas contundentes actualmente que las que creo que debió de provocar en su época, pero sus aventuras son interesantes y los personajes están muy bien construidos. En ese sentido, la guerra entre Nazilia y Tonsylvania me parece lo mejor de estas páginas. También es un reflejo los años 20. Se ambienta en la Depresión y al final de la Ley Seca, por lo que Segar presenta a Popeye dando dinero a los pobres con frecuencia (el "Banco de Salida", por ejemplo) y se permite burlas continuas contra una ley que ni los reyes de su tira cómica obedecen.

viernes, 27 de marzo de 2015

Reseñas de marzo


Django Desencadenado (Quentin Tarantino, Reginald Hudlin, R.M.Guera, otros)

Tarantino es incapaz de controlar la duración de sus películas. En el primer montaje de Django la cinta duraba 4 horas y media, que se tuvieron que resumir en unas aceptables 2 y 45 minutos. Parece que todo ese metraje perdido nunca verá la luz porque a Tarantino no le gustan nada los DVD con la versión del director, pero en su lugar al menos ha decidido llevar el guión original al cómic de la mano del guionista Reginald Hudlin (que también era productor de la cinta) con dibujos principalmente de R.M.Guera. La adaptación se distingue de la película, es evidente, por estas escenas eliminadas (por falta de tiempo o por exceso de violencia), pero también porque a lo largo del rodaje Tarantino añadió escenas y diálogos que no estaban en el guión.

Hay dos formas de leer este cómic. Como versión de una película con la que se pueden hacer comparaciones, es una lectura muy entretenida. Podemos conocer más a los personajes (el pasado compartido de los personajes de Kerry Washington y Jonah Hill, por ejemplo), y también juzgar hasta qué punto fue acertado añadir o quitar escenas en la película definitiva. La otra forma es verlo como un cómic independiente, que debe sostener su calidad por sí mismo (¿es necesario, alguien va a leer este cómic sin ver la película?), y creo que al menos funciona. Como poco, no cae en los tópicos del cómic en grapa americano y sus diálogos sin sustancia para llenar páginas. Tampoco arriesga, es un cómic muy correcto en lo formal, lo que uno puede imaginar en un producto de merchandising como éste. El mayor defecto que le puedo encontrar es que el dibujo esté compartido por cuatro dibujantes porque le quita la sensación de unidad, el toque de obra de autor que sí que caracteriza a las películas de Tarantino.



Super Humor Superlópez 16 (Jan, con guión de Efepé en La Guerra de las Latas)

Con 76 años recién cumplidos Jan continúa en este trabajo y creo que es algo que hay que tener en cuenta. Los tres álbumes de este tomo no son lo mejor de su carrera, pero al menos a mí me parecen una mejora comparado con el anterior número de esta colección. El primer cómic peca de ser demasiado directo. Le explica al lector que el actual gabinete de ministros en realidad son malvados extraterrestres invasores y que la única defensa contra ellos es no votarles en las próximas elecciones. El segundo álbum, con guión de Efepé, enlaza interminables críticas hacia los recortes a la sanidad de esta legislatura. Intenta compensar esta trama tan sosa con una pelea final contra los clones de Latas, como si fuese una parodia adelantada de la próxima película de los Vengadores, pero a pesar de las buenas intenciones la idea no termina de cuajar. El último cómic utiliza las minas de diamantes de sangre como eje principal de una historia que reúne a una docena de personajes de los anteriores álbumes africanos de Superlópez. En general, el desarrollo de estas historias no termina de ser brillante, pero hay detalles e ideas que hacen que estos cómics valgan la pena.



Merlín (Robin Wood, Enrique Alcatena)

Parece como si Robin Wood hubiese decidido permanecer en un segundo plano en este cómic, una versión libre del mito artúrico en la que Merlín es un protagonista que actúa por su propio interés (la supervivencia del mundo mágico) y no por el bien de Arturo o Inglaterra. El espectacular dibujo de Alcatena intenta ser el principal atractivo de este tomo, con pocas viñetas muy elaboradas por página, pero aún así las escasas frases que hila Wood en cada imagen son las que atraen la atención del lector. Se nota mucha pasión en este cómic, una historia profundamente pesimista y con detalles adultos que no quedan forzados.



Sally Heathcote: Sufragista (Mary M. Talbot, Kate Charlesworth, Bryan Talbot)

¿Quién es Sally Heathcote? Un personaje ficticio con el que los autores vertebran las reivindicaciones sufragistas en el Reino Unido de principios del s. XX. Como una lección de historia, con datos y anécdotas, muchos nombres y fechas, etc., no termina de funcionar, condensa demasiada información en muy poco espacio. Se le puede perdonar porque todo esto sirve como escenario de un relato emocionante sobre la desobediencia civil, la lucha contra el poder establecido y la resistencia contra la represión policial y las torturas en prisión. Merece la pena leerlo a pesar de ser un cómic tan amargo, especialmente en su moraleja final. El Estado accedió a empoderar a la mujer sólo cuando esto beneficiaba al gobierno, cuando fue utilizada como herramienta para obligar a los hombres a morir en una guerra sin sentido.



Dreadstar: La Odisea de la Metamorfosis y Otras Historias (Jim Starlin)

Me ha alucinado el descaro de Starlin con la premisa. Los habitantes del planeta Orsiros, los seres más viejos e inteligentes que habitan nuestra galaxia, han llegado a la conclusión de que el capitalismo, representado por la terrible raza zygoteana, con su explotación descontrolada de recursos y su sistema de clases, va a esclavizar a todo el universo. La única alternativa razonable es destruir la galaxia para evitar un mal mayor. Es un cómic deudor de la saga de George Lucas (demasiado) y que peca continuamente de que entendamos a los personajes a partir de densos textos en vez de por su comportamiento. A grandes rasgos, es fantaciencia bastante entretenida, con muchas situaciones y momentos que suenan a ya vistos, pero más reflexiva que lo habitual en este género.

martes, 20 de mayo de 2014

47 Ronin, de Mike Richardson y Stan Sakai

144 páginas, color, rústica, 12.95 €

Las historias de otras culturas, por ejemplo los mangas japoneses, siempre me hacen darme cuenta de la enorme distancia que nos separa. Para poder disfrutar y entrar en esas ficciones necesitamos más explicaciones sobre el contexto histórico y social. Necesitamos que se nos detalle el nuevo sistema de referencia moral para entender cómo de transgresoras o conservadoras son las actitudes de los personajes. Lo interesante es que si el relato es bueno, después de todas estas introducciones la distancia cultural desaparece y nada nos impide odiar al villano, admirar al héroe y sufrir por las víctimas.

La historia de los 47 ronin es una de las más famosas de Japón, pero no la conocía hasta que he llegado a este tomito. Por lo que veo, el año pasado fue adaptado al cine con Keanu Reeves de protagonista y con tantas licencias creativas como las que Frank Miller se tomó para su batalla de las Termópilas. En esencia, se nos narra cómo el samurai Oishi Kuranosuke Yoshio sacrificó su vida y su honor junto con los de otros 46 hombres para llevar a cabo una venganza contra el malvado Kira Kozukenosuke, que ultrajó a su fallecido amo. Una historia de sacrificio, de fidelidad y de justicia.


Por lo poco que sé, este cómic adapta fielmente los hechos históricos, o como poco su versión más conocida. Tal vez ésta sea una de sus debilidades. Mike Richardson, fundador de la editorial Dark Horse, no parece querer alejarse ni una coma de la leyenda. No añade nada de su parte ni tampoco omite ningún dato en un guión que por eso resulta bastante esquemático y lineal. Tampoco juega a su favor la necesidad de recordar al lector continuamente los nombres de los personajes mediante vocativos (un clásico en el cómic americano), ni la obligación de explicar ciertos aspectos culturales de Japón a lo largo de las páginas. Incluso tengo la sensación de que se podría haber alargado muchas más páginas para que la trama respirase mejor.

Dicho así seguro que suena terrible, pero realmente el resultado es bastante correcto. El relato está explicado de una manera sólida y sin incoherencias, y los personajes actúan con relativa naturalidad. El relato no pierde interés en ningún momento, ni tampoco se anda por las ramas.

El dibujo de Sakai seguramente sea el principal atractivo de este cómic. Elegirlo a él me parece una decisión inesperada, y por eso mismo personalmente me gusta. Mientras el guión muestra violencia y a personajes cuya dignidad toca fondo, el estilo de Sakai es más bien luminoso y limpio, apenas hay sangre ni sombras. Tiene un aspecto de cómic de humor para niños, y sin embargo su ambientación está muy cuidada, de una manera muy natural.


Si el relato funciona creo que es por su sentido de la justicia y la responsabilidad. Queremos creer que al final la inocencia del honesto se reivindicará y que el villano será castigado, y eso es lo que se nos da en este cómic. Empatizamos con el sentimiento del honor que lleva a los personajes a asumir sus errores, aunque sea mediante un suicidio que nos parece excesivo. Un gesto tan humilde como el de aceptar un error se vuelve épico cuando conlleva la muerte. Vengar al amo Asano es justo, pero hacerlo aunque eso signifique morir es un idealismo en el que sólo un grupo de héroes puede creer.

Dice la contraportada que "conocer esta historia es conocer Japón", pero tal vez esas expectativas no haya que ponerlas en este cómic en concreto. Me parece razonable que 47 Ronin pueda defraudar, pero dentro de su corrección sin grandes aspiraciones es una lectura interesante con un dibujo muy agradable.

jueves, 8 de marzo de 2012

Los españoles de "1001 cómics que hay que leer antes de morir"

Hace poco se ha puesto a la venta en España 1001 cómics que hay que leer antes de morir, la traducción de un libro originalmente publicado en Reino Unido y coordinado por Paul Gravett. La pregunta es “¿qué cómics españoles se consideran imprescindibles a nivel mundial?”

Entre los reseñadores se encuentra Alfons Moliné, que ha hecho algunos comentarios sobre la representación peninsular en él. En su momento propuso una docena de clásicos a Gravett (“El Capitán Trueno, Carpanta, Dr. Niebla, Anacleto, Topolino, Pumby, Superlópez...”) de entre los cuáles se eligieron sólo tres, Cuto, la familia Ulises y Mortadelo. El resto, los cómics post-1970, fueron elegidos por el resto de reseñadores del libro, por lo que lógicamente favorecieron las obras traducidas al inglés.


Comenta también que el libro contiene numerosos errores de traducción que cualquiera puede comprobar, tanto dentro de las reseñas (se traduce literalmente “theatrical features” como “presentaciones teatrales” en vez de “largometrajes para cine”) como en los títulos: Vigilantes en vez de Watchmen, El gato loco en vez de Krazy Kat, Chuchos en vez de Mutts… Parece muy probable que no contaron con alguien que supiese del tema.

Por último, Paul Gravett se ha lamentado de que esta edición no se haya adaptado a nuestro país añadiendo más tebeos españoles.

Los cómics con autores nacionales, 20 en total, son los siguientes:

Cuto (1935)
Autor: Jesús Blasco
Género: acción y aventura
Cuto es un niño que vive aventuras policiacas y de espionaje. Está considerado como un "Tintín español".
Una de las ediciones más recientes es de Colectivo 9º Arte.


La familia Ulises (1945)
Autores: Joaquim Buigas, Marino Benejam
Género: parodia y sátira
Anécdotas de una familia española de la postguerra centradas especialmente en el torpón bienintencionado del padre.
Editado actualmente por Ediciones B.