lunes, 16 de enero de 2012

La tumba de Dracula: Lucha a muerte contra el megalómano cerebro comunista

Marv Wolfman se siente por fin cómodo en una colección que es ahora muy diferente a aquellos seis números iniciales. Además de desplazar el protagonismo hacia unos personajes con mayor potencial que Frank Drake, la presencia de Drácula comienza a ser en algunas entregas un simple cameo. Los argumentos dan importancia a todos los miembros de este reparto coral (es significativo que todos los personajes de la colección protagonicen al menos una portada) a partir de números que pueden leerse de manera aparentemente independiente. Sin embargo, cada uno de los comic-books deposita pequeñas pistas que hacen avanzar unas subtramas imparables, con lo que podríamos compararlo con la narración de una novela.

Algunos ejemplos destacados de estos capítulos que parecen independientes son el Tomb of Dracula #22, en el que Wolfman muestra la versión rusa del mito vampírico, o el magnífico TOD#25 protagonizado por Hannibal King, detective privado y vampiro al mismo tiempo. Este último número es un relato de serie negra en el que King debe resolver un misterio en el que Drácula está implicado. A lo largo de sus 22 páginas se dan once pistas ocultas (algunas más obvias que otras) para descubrir la naturaleza vampírica del investigador, que poco después serían listadas en el correo de los lectores del número #28. Este cómic se convirtió inmediatamente en uno de los favoritos de los lectores e incluso llegaría a ser reeditado en el mismo formato en la década de los 90.

Hannibal King en medio de una investigación

Con Marv Wolfman la Tumba de Drácula no sólo comienza a dedicarse a desarrollar la psicología de los personajes, sino que también cumple las expectativas más comerciales de los lectores y los jefes de la editorial, que no quieren que haya lugar a dudas de que nos encontramos ante una colección Marvel. Wolfman se vió obligado a realizar crossovers con otras colecciones, aunque sabía que no todos los personajes encajarían con el tono lúgubre del Señor de los Vampiros. El primer cruce tuvo lugar en el Giant-Size Spider-man #1 (1974), en el que Drácula y Spiderman apenas se ven el uno frente al otro. El otro se produjo dentro de la propia colección de Drácula y tuvo más lógica al tratarse de un enfrentamiento con el Hombre Lobo (Tomb of Dracula #18 y Werewolf by Night #15). Tom Palmer tuvo la ocurrencia de entintar las apariciones de licántropo imitando al dibujante regular del Werewolf, Mike Plogg, pero fue algo que sin embargo no entusiasmó a los lectores.

La pelea entre los dos monstruos

Precisamente Tom Palmer se había convertido en el entintador regular de la colección desde el número 12, lo que fue una alegría tanto para los lectores como para el propio Gene Colan. Este equipo de guionista y dibujantes no cambiaría hasta el final de la colección, con lo que se convirtió en el equipo regular más longevo de la editorial Marvel.

Otros de los números más destacados de esta colección fueron los TOD #15 y #30, formados por historias breves sobre Drácula ambientadas en diferentes momentos. Con ellos Wolfman consiguió tanto homenajear la estructura clásica de los comic-book de terror como profundizar en la personalidad de este vampiro y su pasado. Leer el diario personal de Drácula es una rara ocasión de entrar en su compleja mente y estudiar su visión de la vida (o la no-muerte) y sus intentos de engañarse a sí mismo. Por otro lado, refuerza la reformulación de la colección realizada por Wolfman en el TOD#7 al mostrar a este vampiro muriendo por última vez tres años antes del primer número de Tomb of Dracula.

A partir de todos estos relatos autocontenidos Wolfman crea dos grandes tramas, una que abarca desde el TOD#9 al #21, y otra desde el #22 al #35. En la primera Drácula, acabará enfrentándose al Doctor Sol, un científico chino comunista reducido a un cerebro viviente conectado a grandes computadoras. Este homenaje a las historias de terror de los años 50 intentará dominar a Drácula porque necesita sangre para poder vivir y, como cualquiera puede imaginar, no hay nada mejor que el protagonista de esta colección para conseguirla.

El origen del Doctor Sol

Tras este encuentro el rey de los Vampiros será dado por muerto y el grupo de Harker se disolverá. Debido a que Frank Drake no se ve a sí mismo como merecedor del amor de Rachel Van Helsing, buscará valor y hombría en un viaje a Suramérica donde acabará enfrentándose a un ejército de zombis junto al Doctor Vudú (un peculiar superhéroe de la época). Por su parte, el mudo Taj viajará a su India natal para poner fin a unos asuntos familiares sin resolver. Blade protagonizará sus propias historias en solitario (en el siguiente post se comentará más sobre el tema), por lo que Quincy y Rachel se quedarán solos cuando llegue uno de los enfrentamientos más trepidantes y dramáticos entre Drácula y el cazavampiros lisiado en el TOD#32.

Si al enfrentarse al Doctor Sol Drácula había llegado a convertirse en un héroe con la siguiente trama le veremos actuar como un enamorado. El argumento parece centrarse en la Quimera, un objeto mágico de poder inimaginable con el que Drácula podría dominar el mundo, pero lo cierto es que lo que acaba seduciendo al lector es el retorcido triángulo amoroso que atrapa a Drácula, Shiela Wittier y el judío David Eschol. Su inesperada resolución, con Drácula en el papel de amante despechado, nos deja una vez más percibir la visión alterada de la vida y las costumbres humanas que tiene el señor de los no muertos.

La Quimera, formada por tres piezas de león, cabra y dragón

A estas alturas Tomb of Dracula era un éxito de ventas, con entre 200.000 y los 300.000 ejemplares al mes. No sólo se utilizó al personaje en un crossover para intentar animar las ventas de la primera colección de terror cancelada, Monster of Frankenstein, sino que llegó a protagonizar historias cortas en el magazine Dracula Lives! y cinco números extra, los Giant-Size Dracula. Sin embargo, de esta última sólo el primero de ellos tuvo relación con la trama de la colección principal y estuvo realizado por Wolfman y Colan, los otros son bastante prescindibles a pesar de estar escritos por Chris Claremont. En ese número se presentó a Lilith, una hija que Drácula tuvo en un matrimonio anterior a su transformación en vampiro y que fue convertida en una chupadora de sangre mediante el hechizo de una gitana. Lilith es condenada a tener un alma inmortal que no descanse hasta que Drácula muera también, aunque no siente la necesidad de sangre ni le afecta la luz o los símbolos sagrados. En caso de haber muerto, su espíritu renace en cualquier mujer que odie a su propio padre tanto como Lilith odia al suyo.

Respecto a Dracula Lives!, la colección estuvo compuesta por 13 números y un annual formado por reediciones. Estas historias cortas estaban escritas y dibujadas por una gran variedad de autores y se ambientaban en diferentes épocas y lugares (hay incluso historias de vampiros en el far west, contra nazis en la 2ªGM, un encuentro con el Solomon Kane de Robert E. Howard, etc.). Destacan dos historias sobre el resto. La primera, ambientada en el presente, involucra al monje Montesi del Vaticano, que leyendo el Darkhold (el grimorio de instrucciones mágicas del universo Marvel) descubrió un encantamiento en un lenguaje desconocido con el que se podía destruir a un vampiro. El enciclopedista Roger Stern no olvidaría este pequeño relato del Dracula Lives! #6 y lo recuperaría unos años después. La otra historia es una adaptación del libro escrito por Bram Stoker, realizada por Roy Thomas y Dick Giordano, que quedaría inconclusa debido a la cancelación de este tipo de revistas.

La primera apacición de Lilith

¿Cómo consigue Tomb of Dracula destacar entre sus compañeras? La explicación que dan algunos es la falta de supervisión editorial. Debido a que Roy Thomas se encontraba demasiado ocupado como para controlar la calidad de todos los cómics de la editorial, muchos guionistas se convirtieron en editores de-facto de sus propias series. Esto perjudicó a bastantes colecciones que podrían haber mejorado con los consejos de un editor, pero ése no era afortunadamente el caso de la Tumba de Drácula.

Una pequeña curiosidad para terminar: las primeras once páginas del número #24 fueron robadas de las oficinas de Marvel. Por suerte, las páginas a lápiz dibujadas por Colan habían sido fotocopiadas y Palmer pudo trabajar a partir de ellas. Una de éstas acabó apareciendo en el mercado de originales pero todavía no se sabe quién tiene el resto.

Continúa en: Dos escritores de novelas de vampiros le salvan la vida a Drácula

miércoles, 11 de enero de 2012

Firma de ejemplares de la novela gráfica Gacela.



El próximo sábado 28 de Enero, en la librería Ateneo Cómics de Alicante tendrá lugar a partir de las 18:00 h la firma de ejemplares de "Gacela", la novela gráfica de Surco Valbuena Makino.


Animamos a todos los que vivan cerca a que se asomen a la firma.

Ibáñez: Desde Francia con amor (31)




lunes, 9 de enero de 2012

La tumba de Dracula: Colleta se chiva a Stan Lee de la bronca que le ha echado Wolfman

Roy Thomas y Marv Wolfman ya se habían conocido cuando pertenecían al "fandom" de los cómics. Es por eso que el editor en funciones le acogió fácilmente en Marvel, donde acabó convirtiéndole pronto en el editor de la reciente línea de magazines en blanco y negro, mientras que Len Wein se encargaría de los comic-books en color.

Como guionista, Wolfman escribió primero unos pocos números para Tower of Shadows y Capitán Marvel, pero fue algo simplemente anecdótico. Pidió encargarse del Doctor Extraño en su nueva serie regular, pero en su lugar le ofrecieron Tomb of Dracula, algo que no le entusiasmó del todo. No era un fan de las historias de terror y nunca había visto una película de Drácula… pero al menos contaba con la ventaja de que nadie compararía su trabajo con alguna etapa anterior de Stan Lee y que tendría libertad para hacer y deshacer en una colección bastante outsider.

Una de las escenas icónicas de Tomb of Dracula, Drácula atrapado en una iglesia
como una mosca en una habitación... arruinada por el entintado de Coletta

Esta colección es, por si no ha quedado claro, el primer trabajo regular de Wolfman como guionista. Aquí es donde este escritor aprenderá mediante la prueba y el error todo lo que aplicará en sus siguientes guiones, tanto en Crisis en Tierras Infinitas, los Nuevos Titanes o el resto de sus cómics.

Lo primero que hizo Wolfman fue una relectura del libro de Stoker, con lo que se dio cuenta de que el protagonismo no recaía en el vampiro sino en sus cazadores. El libro se estructura alrededor de cartas, diarios y grabaciones de los perseguidores del vampiro, sin que en ningún momento se pudiese entrar en la mente de Drácula. Por ello, decidió reforzar el grupo de cazavampiros, añadiendo al grupo a Quincy Harker (el hijo de Jonathan y Mina Harker que nace en la última página de la novela) y a su hija Edith. Harker resulta ser una mezcla entre líder del grupo e inventor de las armas que utilizan, que por culpa de sus encuentros anteriores con Drácula debe llevar siempre gafas de Sol y utilizar una silla de ruedas.

Quincy Harker enseña cómo funcionan sus aparatos capturando a un señuelo

Después de un primer número con el equipo regular reunido (Wolfman, Colan y Palmer) el entintador fue sustituido durante cuatro números por otros profesionales. Vince Coletta volvió en un cómic que podría haber sido el último de Wolfman: cuando el guionista vio las páginas entintadas se dio cuenta de que en el acabado final Coletta se había dedicado a simplificar y borrar todas las figuras de fondo posibles. Después de enfrentarse con él por este asunto, Colleta fue a quejarse a Stan Lee por cómo le trataba el “nuevo”. Afortunadamente Wolfman conservaba fotocopias de esas páginas a lápiz, con lo que Stan Lee tuvo que dar la razón al guionista. Gracias a esto, Coletta nunca volvería a entintar esta colección.

En el TOD#10 Marv Wolfman volvió a las andadas al crear a otro héroe negro, pero esta vez apoyado por la editorial. Blade el cazavampiros había sido ideado por Wolfman unos años antes como protagonista de unas historias para Warren, pero había dejado aquella editorial antes de tener tiempo para poder escribirlas. Colan lo diseñó basándose en varios actores y deportistas afroamericanos (como por ejemplo, Jim Brown) y en ideas del guionista como la bandolera con estacas de madera y el que utilizase una chaqueta de cuero. Blade es, además de uno de los primeros superhéroes negros de Marvel, uno de los primeros “superhéroes” en llevar ropa de calle como uniforme habitual.

Primera aparición de Blade

Como pasa con cualquier tipo de adaptación al cine, las películas han difundido una imagen muy diferente de Blade. Se trata de un personaje de modales bruscos que se dedica a tocar la trompeta en un club de jazz por las noches. En su "identidad secreta", sin embargo, persigue a cualquier vampiro que se le ponga por delante hasta que por fin logre encontrar a Deacon Frost, que mordió a su madre en el mismo momento en el que ella le daba a luz. Por esa causa Blade consiguió desarrollar inmunidad a la mordedura del vampiro pero ninguna de sus debilidades, excepto cierta sensibilidad a la luz que reduce utilizando gafas de sol. Es interesante que a lo largo de la serie Blade recuerde a su madre pero nunca a su padre, lo que podría querer decir entre líneas que era una prostituta. Desgraciadamente, ese dato fue confirmado muchos años después quitándole el misterio que había a su alrededor.

En el primer número de Wolfman empezamos a ver "errores", contradicciones con los anteriores 6 números, como que Drácula conocía a Quincy Harker y a su perro, Santo, al doctor Mortte y a Blade, cuando hasta el momento se había mantenido que el Conde debió de morir “hace casi 100 años”. En otro momento veremos a Drácula utilizando el Proyetor, un complejo aparato electrónico que resucita a los muertos, cuando en el TOD #4 se sorprendía al contemplar el funcionamiento de unas simples linternas. Wolfman decidió dejar a un lado los argumentos de los números anteriores y empezar desde cero lo que él entendía que debía ser esta colección, centrándose en el desarrollo de personajes y en una narración adulta. Por otro lado, Wolfman no suprimió a Frank Drake (el protagonista de las anteriores entregas si nos olvidamos del Señor de los No Muertos) pero redujo su importancia para potenciar la figura de dos verdaderos antagonistas, Quincy y Drácula.

Drácula hace creer a la alta sociedad que el vampirismo es sólo una leyenda

Estamos todavía dentro del margen de números aceptables (o menos) de esta colección. Wolfman comete sus propios errores sobre los vampiros, tiene algunas incoherencias y no tiene claro aún hacia dónde quiere llevar la colección. Hasta dentro de unos pocos números Wolfman no caerá en la cuenta de cuál será el tema de la colección, y será entonces cuando todo empezará a moverse vertiginosamente.

Continúa en: Lucha a muerte contra el megalómano cerebro comunista

sábado, 7 de enero de 2012

Algunas reflexiones alrededor de Mortadelo

Los cómics españoles mejor vendidos y más conocidos dentro de este país son indudablemente los de Mortadelo y Filemón. Ya son varias generaciones las que los han leído y disfrutado, y sería extraño que las futuras dejasen de hacerlo. Ningún otro personaje y autor consiguen atraer la atención de miles de lectores con cada nueva entrega, lo que debería ser un motivo suficiente para prestarles atención e intentar analizarlos. Creo que Francisco Ibáñez ha conseguido hacerse un nombre con estos personajes principalmente por dos características: su talento y la libertad de sus historias.


La primera de estas características es indudable pero al mismo tiempo matizable. Ibáñez no es un autor que tenga algún interés en transmitir mensajes a través de su obra, sino que se dedica exclusivamente al humor. Mientras que otros autores, de cualquier nacionalidad o época, utilizan sus historietas para hablar de ellos mismos o su entorno, desarrollar los personajes con los que trabajan o hilvanar tramas de cierta complejidad, Ibáñez aparta todo eso a un lado y se dedica únicamente al gag por el gag. Sus personajes son vacíos, sus argumentos, simples excusas. Ante todo, este dibujante no permite que ninguno de estos aspectos interrumpa el meticuloso encadenamiento de los sketches, enfocados únicamente a producir la risa (no la sonrisa) de sus lectores.

El humor de Ibáñez tiene su referente más obvio en la comedia muda de los años 20 y 30. Los recursos que utiliza son básicamente los mismos (el slapstick, el absurdo, la irreverencia…), a los que añade otros verbales como la ironía o los juegos de palabras. En ninguna de estas técnicas se caracteriza este autor precisamente por la sutilidad o el ingenio, sino más bien por la contundencia y la sonoridad. No hay sitio para el reposo y la reflexión, los personajes se mueven salvajemente de una viñeta a la siguiente sin pausa. Es a partir de estas piezas con las que Ibáñez construye un andamiaje efectivo para sus historias, utilizando una narrativa invisible pero sólida que intensifica al máximo una sucesión de gags sin hacerla confusa. En su escuela de humor Ibáñez ha sido, como suele decirse, muchas veces imitado pero pocas superado.


La segunda característica de Ibáñez con la que quiero quedarme es la libertad. Sus personajes no tienen apenas limitaciones a la hora de vivir aventuras ni a en el momento de resolverlas. La habilidad con los disfraces de Mortadelo, parece que inspirada por el Conde de Montecristo o por Sherlock Holmes, es una especie de deus ex machina suficientemente satisfactorio para cualquier tipo de situación. Sin embargo, casi sería más correcto ver estas transformaciones mediante saltos cuánticos como un superpoder, una excepción fantasiosa y chocante dentro de una editorial dedicada por lo general a un cómic humorístico con pretensiones de crítica social.

Este Mortadelo encaja, dentro de la clasificación del payaso moderno, en la categoría del “augusto”. Su apariencia es extravagante y se comporta tanto de manera mordaz y rebelde como ingenua y soñadora. Es el desencadenante de los gags, ya sea provocándolos con algún error humano o cuando él mismo decide esquivar un peligro y dirigírselo a otro. A pesar de ser el último de cualquier cadena de mando lo cierto es que es un alma libre, un atributo que es reforzado por el amplio abanico de seres en los que puede mutar. Aparenta sumisión, pero realmente vive al margen de una sociedad que no podría encorsetarle aunque lo intentase. Es el caos, un anarquista de la realidad.

Su superior, Filemón, al contrario, cumple las veces de “clown”, un individuo serio y conservador, defensor del orden y la corrección creado con el objetivo de ser la diana de todos los golpes y las burlas. El humor surge cuando su solemnidad es tirada por el suelo, cuando pierde el respeto que tanto le preocupa conservar. No existe ninguna justificación para que forme equipo con Mortadelo, ningún tipo de dependencia, confianza o afecto. Permanecen juntos por motivos que se encuentran por encima su conocimiento, porque el guión los necesita uno al lado del otro.


Cuando Mortadelo y Filemón dejaron de cotizar como autónomos y pasaron a trabajar para el Estado, Ibáñez se inclinó ligeramente hacia el modelo del cómic de aventuras francés añadiendo dos personajes nuevos en la T.I.A., el “jefe” y el “sabio”. El primero de ellos, el superintendente Vicente, o “Súper”, es el motor del conflicto. Los dos agentes nunca son conscientes de las dificultades a las que deberán enfrentarse si no es a través de él, por lo que más que considerar al Súper como un comunicador de los problemas se le podría considerar realmente el generador de los mismos. Cumple su posición en la cadena de mando con la misma ineptitud que los hombres en los que confía. Cuando elige a Mortadelo y Filemón para un trabajo no lo hace como una decisión desesperada ante la falta de alternativas, sino de nuevo por exigencias de guión. Nunca aprende del error de encargarles casos a esta pareja porque no se trata de un error en absoluto.

El profesor Bacterio también es otro foco de conflictos debido al mal funcionamiento de los desastrosos aparatos que inventa. Más allá de eso, se trata de otro personaje orgulloso y con ínfulas al que se humilla continuamente. Lo más destacable de él es que despierta las iras de Mortadelo, le hace perder su aire socarrón y frívolo. Además Bacterio se encuentra a la misma altura que los protagonistas en el escalafón, lo que les permite descargar sus venganzas sobre él sin miedo a represalias.

El último personaje regular es la secretaria Ofelia, un personaje que no es creado para ello pero sirve para rellenar el cupo sexual de un reparto muy masculino. Al contrario que los anteriores personajes, Ofelia tiene la peculiaridad de ser un personaje totalmente prescindible. Por lo general, ni es la que desencadena el conflicto ni será quien ayude en su resolución. Su objetivo es bien diferente, ser el blanco de las burlas del resto de los hombres y mujeres de la agencia debido a sus problemas de sobrepeso. Esta secretaria podría representar alguna autocrítica a la sociedad, al gusto obsesivo por el canon estético y las proporciones del hombre de Vitrubio… pero no hay que irse tan lejos. Ofelia es simplemente otro payaso serio encerrado en las oficinas centrales que espera fiel a los protagonistas al comienzo y fin de sus misiones para servir de contrapunto cómico. Es también el único personaje de la serie con sueños y esperanzas que nunca podrán cumplirse, por lo que se le puede encajar en el arquetipo más popular de la editorial Bruguera, el personaje frustrado.


La carrera de Ibáñez en lo artístico se podría definir sin duda como estable. Sería muy extraño que un lector al que le haya gustado el humor y los personajes de un álbum no le vayan a gustar en otro. Existe una mínima evolución en las historias tanto en el dibujo como en los gags, pero comparado con otras colecciones similares Ibáñez es de los autores más invariantes del mercado. A pesar de ello, no se puede negar cierta decadencia en su obra, una evolución hacia una excesiva obviedad en el humor escatológico, una pérdida de ritmo a lo largo de los álbumes (debido a la ausencia de capítulos, que a su vez se debe a la falta de revistas) y una falta de interés evidente en buscar la originalidad.

Sin embargo, estos defectos los veo disculpables. El que realmente destacaría de las últimas décadas es el haber cambiado el uso que daba a la época histórica en sus historias, de haber sido el contexto en el que éstas se ambientaban a ser la causa que las origina. Mortadelo ha perdido la relativa atemporalidad que lo caracterizaba al dedicarse a ser un escaparate de las novedades sociales y tecnológicas que tenían lugar en cada momento, un oficio con el que difícilmente ningún relato de ficción ha conseguido destacar a lo largo de la historia. De hecho, esta pérdida de la atemporalidad restringe en parte la libertad que he mencionado al principio como una de las razones del éxito de la serie.

Más allá de estas pegas, el concepto de Mortadelo y la forma que su creador ha tenido para moverlo durante más de 50 años han sido a grandes rasgos muy efectivos y envidiables. Nadie puede negar que Francisco Ibáñez es uno de los capítulos más importantes de la historia del cómic de nuestro país y lo seguirá siendo por muchos años. Aún más, lo es sin ayuda de textos como éste, a Ibáñez le basta y le sobra el apoyo mayoritario de los lectores para ser uno de los grandes.

jueves, 5 de enero de 2012

Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay: la película

Todo podría apuntar a que el libro iba a ser inmediatamente adaptado al cine: además de haber recibido un premio Pulitzer el argumento se ambienta en la Segunda Guerra Mundial, trata sobre el mundo del cómic (un medio en alza en los últimos años con las adaptaciones de tebeos al cine), y está escrito por el autor de otro libro cuya adaptación fue un éxito de crítica (pero en absoluto de taquilla, Wonder Boys). Sin embargo no fue así. Por unos motivos o por otros el traslado al medio de entretenimiento más masivo se ha hecho de rogar y desde el año 2000 sólo ha habido rumores al respecto.

El primero en interesarse fue el productor Scott Rudin (El show de Truman, La red social, No es país para viejos...) que quiso encargarse de producir la película con la ayuda de Paramount. En un primer momento se asoció con Sydney Pollack para la dirección de esta película, pero lo sustituyó por Stephen Daldry (Billy Elliot, The Reader…) al comprobar el éxito que había conseguido con Las horas (2002).

Scott Rudin

Stephen Daldry

El guión fue adaptado inicialmente en el año 2002 por el propio Michael Chabon. Según sus declaraciones, resultaba muy difícil adaptar una historia que abarcaba tantos años, por lo que la historia se había reducido sólo al periodo de la guerra. Por otro lado, decidió escribir el borrador de memoria, sin repasar al libro. Estos recortes con  respecto a la novela se notarían en escenas destacadas como las ruinas de la Feria Mundial, la aparición de Orson Welles y Stan Lee, aunque no quería eliminar a Dalí, el Golem, y la historia de amor gay.

Los borradores de la película recibieron críticas dispares. Si Entertainment Weekly lo destacaba en su número doble de verano de 2002, en la web Coming Attractions dos semanas después Darwin Mayflower lo definía como una adaptación “muy básica” de la novela. “Este es uno de los casos en el que una novela simplemente no puede adaptarse al cine a menos que quieras que (…) dure cinco horas”. Sin embargo, no se sabe a cuál de todos los borradores se refería, ya que Chabon llegó a escribir ocho.

En 2004 se dio por terminado el guión y se anunció que Steven Daldry sería el encargado de dirigirlo. Chabon comentó que algunos de los actores que él querría para la película podrían ser Natalie Portman para hacer de Rosa Saks, y tal vez Tobey McGuire para Sam Clay y Jaime Bell como Joe Kavalier. Cuando el director iba a ser Sidney Pollack, los actores que Paramount barajaba fueron Jude Law para Kavalier, Ben Stiller como Clay y Jennifer Connely para interpretar a Rosa. Adrien Brody mostró interés por el papel protagonista, a pesar de los parecidos que se podrían hacer con El pianista.

¿Adrien Brody como Joe Kavalier?

Sin embargo, en el año 2007, Chabon confirmó que el estudio había dejado de estar interesado por la película por motivos que él desconocía.

Lo único que tenemos de momento como adaptación del libro es el siguiente corto que combina animación y acción real dirigido por Jamie Caliri a las órdenes del productor  Scott Rudin con el objetivo de atraer a posibles financiadores. El resultado es más que correcto, pero no debió de convencer lo suficiente.


Recientemente, el 13 de diciembre de 2011, el director Stephen Daldry durante la promoción de Tan fuerte, tan cerca ha vuelto a insistir en que quiere rodar esta adaptación como una miniserie de 8 episodios para la cadena HBO. Si tenemos suerte, tendremos más noticias pronto.

lunes, 2 de enero de 2012

La Tumba de Drácula: Wolfman es despedido de DC por crear un superhéroe negro

En 1969 en el House of Secrets #83 (una colección de comic-books de terror) Abel explicaba a los lectores que una historia estaba narrada por nada menos que "un hombre lobo". Inmediatamente la censura pidió a DC que eliminase esas palabras, ya que tenían prohibido mencionar a cualquier monstruo de terror. Tuvo que ser Gerry Conway el que les explicase que no se trataba de un hombre lobo real, sino de un Wolfman, Marv Wolfman, por lo que el Comics Code tuvo que aceptar la sugerencia de Conway: el cómic se editaría si Wolfman era acreditado como el guionista, algo extraordinario ya que en los cómics de terror de DC a los escritores no se les tenía permitido firmar. De este modo, el resto de autores exigieron el mismo trato, y pronto todas estas historietas aparecerían correctamente acreditadas.

"Me lo contó hace mucho, mucho tiempo un hombre lobo errante"

El protagonista de esta anécdota, Marv Wolfman, había comenzado en el mundo de los cómics editando fanzines durante en la década de los 60 (de hecho fue uno de los primeros en publicar a Stephen King), hasta que en 1968 entró en DC para escribir algunos números sueltos y relatos cortos de terror (Teen Titans, House of Mistery, Detective Comics…) Nada realmente interesante hasta que Wolfman y Len Wein decidieron hacer historia con el Teen Titans #20 (1969), en el que tendría lugar la primera aparición de un superhéroe negro en el universo DC, Jericho (tres años después del Pantera Negra de Marvel). Los dos jovencitos le presentaron la idea al editor Dick Giordano, que a su vez se lo comentó al dueño de DC, Irwin Donnefield. Todos quedaron encantados. De hecho, Donnefield insistió en alargar la trama a dos números.

La historia trata sobre un villano que manipula a una banda de adolescentes afroamericanos aprovechándose de su resentimiento para que ataquen a los blancos. Es entonces cuando Jericho aparece ante ellos para detenerlos y les recuerda las palabras de Martin Luther King en contra de la violencia. Al final se descubre que bajo la máscara de este héroe se encontraba el hermano de uno de los chavales de la banda.

Una de las páginas en las que se puede ver a Jericho. Aquí están el resto.

El encargado de dibujar las páginas fue Nick Cardy que, según cuentan Wolfman y Wein, hizo un trabajo espectacular. Desgraciadamente no contaban con que mientras las páginas eran entintadas, rotuladas y coloreadas Irwin Donnefield estaba dejando su puesto para ser sustituido por Carmine Infantino. Cuando Infantino leyó esta historia terminada se asustó al pensar que no sería fácil venderla en el sur de EEUU, por lo que decidió, justo una semana antes de llevar el número a la imprenta, que no iba a ser publicada. Sin embargo, la portada ya estaba impresa y en ella se veía bien grande el nombre de Jericho, por lo que el contenido tendría que ajustarse a ella.

Neal Adams, obediente a las órdenes de Infantino, se ofreció voluntariamente a reescribir y redibujar la historia para eliminar todo el contenido racial de un cómic que, en su opinión, “ofendía a los blancos del mismo modo que la gente de color había sido ofendida durante siglos”. Mientras que el argumento se transformó en una lucha contra invasores extraterrestres, a los negros de la portada se les tapó con un azul oscuro para ocultar su piel.


Wolfman y Wein rechazaron el resultado final, y los editores de DC empezaron a no darles tanto trabajo como antes. Tenían miedo de su “rebeldía”, ya no confiaban en ellos. Fue inevitable por tanto que Wein y Wolfman buscasen trabajo en las revistas de terror de Warren… y más tarde en Marvel, donde ambos pudieron demostrar por fin todo su talento.

Continúa en: Colleta se chiva a Stan Lee de la bronca que le ha echado Wolfman