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lunes, 4 de mayo de 2020

Un inicio poco prometedor: el Daredevil de Todd McFarlane


Los aficionados al cómic de superhéroes conocen a Todd McFarlane por sus etapas con Hulk (junto con Peter David) y Spiderman, además de por la creación de Spawn. Pero antes de todo eso, antes de convertirse en una estrella del cómic americano, antes de co-fundar la editorial Image, hubo unos poquitos trabajos menores con el que fue demostrando a las editoriales que podían confiar en él.

El Daredevil #241 (1987) sería el caso más interesante. No era realmente el primer cómic que dibujaba para la editorial Marvel, pero sí el primero protagonizado por un superhéroe de su universo, justo un poco antes que su primer número de Hulk, The incredible Hulk #330.

Se ha hablado bastante de que en sus primeros cómics de Hulk había mucha influencia de John Byrne...

The incredible Hulk #316 (John Byrne)

The incredible Hulk #332 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #316 (John Byrne)


The incredible Hulk #332 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #317 (John Byrne)
 
The incredible Hulk #330 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #317 (John Byrne)

The incredible Hulk #332 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #316 (John Byrne)

The incredible Hulk #330 (Todd McFarlane)


Tal vez "influencia" no sea la mejor palabra.

Sin embargo, no se ha mencionado que en Daredevil McFarlane tomó a otros autores como referentes.

 Daredevil #161 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #181 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #161 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #181 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #229 (David Mazzucchelli)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #233 (David Mazzucchelli)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Tal vez el secreto del éxito de Todd McFarlane es que siempre supo aprender de los mejores.

lunes, 16 de marzo de 2020

Envejecer en cómics: 'Rusty Brown' y 'Toda una vida'


Los cómics de superhéroes de Marvel y de DC son un caso de serial de ficción bastante particular porque sus historias se ambientan en la actualidad de manera ininterrumpida desde hace más de 50 años. Es decir, se mueven en la contradicción de que un personaje como Iron Man tenga 30 años eternamente y que a esa edad haya vivido al mismo tiempo la guerra de Vietnam y el ataque a las Torres Gemelas.

La premisa de Toda una vida (2019) es muy atractiva porque pretende aprovecharse de esa incongruencia temporal y corregirla para plantear un nuevo tipo de cómic de superhéroes: ¿Y si Spiderman hubiese envejecido en tiempo real desde los años 60? La idea me recuerda a películas como Boyhood (2014) o El curioso caso de Benjamin Button (2008) porque parece que quiere hablarnos de cómo cambiamos nosotros al mismo tiempo que evoluciona nuestro contexto y cómo se relacionan estas dos evoluciones paralelas.

Me habría gustado haber leído un cómic así y no una propuesta tan desangelada como la del guionista Chip Zdarsky, que se ha limitado a escribir seis «What if...?» ambientados cada uno en una década de los cómics de Spiderman. No se puede negar que funcionan como historias imaginarias basadas en la saga del clon, la última cacería de Kraven o Civil War y demás, pero no le encuentro otras aspiraciones más allá de esto. El objetivo de Toda una vida es ser un regalo al fan de Spiderman, al lector que va a ser capaz de reconocer todos los guiños y referencias a 60 años de historia.


En realidad, más que hablar de lo que hay, dan ganas de hablar de todo lo que se echa en falta. Por ejemplo, no tengo la sensación de que se aproveche la posibilidad de ver a Spiderman viviendo en tiempo real la segunda mitad del siglo XX. No vemos la evolución de la tecnología, la cultura o sucesos históricos relevantes y cómo todo esto afectó al personaje. Por poner un ejemplo, Spiderman cambia de traje en cada número y no da la sensación de que cada uno sea un reflejo de la moda o la tecnología de cada década.

Tampoco llega a ser interesante la edad del personaje. A pesar de toda la experiencia acumulada, Spiderman mantiene las inseguridades adolescentes a los 60 años. Peter Parker es un estudiante de instituto creíble, pero no encaja ni como padre ni como esposo. Si no se analiza con un mínimo de cuidado la evolución de su personalidad a medida que envejece, es comprensible que el guionista tome atajos también cuando trata el apartado profesional de Peter Parker. Nos tenemos que creer que un huérfano con dificultades económicas y al que le cuesta conciliar su vida personal con sus aventuras superheroicas sería capaz de fundar una importante empresa tecnológica. Nos lo tenemos que creer, digo, porque no se explica cómo un milagro como este ha sido posible.

Por supuesto, parte de la responsabilidad de que un cómic así no desarrolle todo su potencial es del dibujante, un Mark Bagley muy desubicado en un cómic que pedía mucho trabajo de documentación histórica. Incluso podría haber sido interesante que cada número se hubiese dibujado con el estilo más representativo de su década, o que un dibujante diferente se hubiese encargado de cada número. Incluso dejando a un lado todo eso, lo mínimo era ver cómo los rasgos del protagonista envejecen de manera verosímil número a número.


Me siento decepcionado especialmente porque cuando me puse con Toda una vida acababa de leer el último cómic de Chris Ware, Rusty Brown (2019). El tono de estos dos cómics es opuesto, es verdad, y puede ser injusto compararlos. El cómic de Spiderman es un pasatiempo distraído, mientras que Chris Ware suele hablar de una manera más existencial. Voy a ignorar la mayoría de los capítulos y me voy a quedar con el de Jordan Lint, un cómic de unas 80 páginas que muestra «en tiempo real» los aproximadamente 80 años de vida del protagonista, al ritmo de un año por página.

Dejemos a un lado que Ware narra las primerísimas páginas de Jordan Lint desde el punto de vista de un niño, es decir, con un lenguaje visual y textual simple que se vuelve complejo poco a poco. Dejemos a un lado las decisiones que toma Ware para resumir todo un año en cada página. Dejemos a un lado esos dos aspectos para comparar lo que tiene en común con Toda una vida. En este capítulo de la primera entrega de Rusty Brown (ya veremos cuánto publican el segundo tomo), como poco vemos un envejecimiento verosímil a varios niveles. Le vemos cambiar físicamente de forma gradual, vemos cómo cambia su forma de relacionarse con los demás y su forma de ver el mundo, cómo cambia la tecnología...

Si le doy otra vuelta, incluso podría decir que un tema común de los cómics de Chris Ware sería el efecto del paso del tiempo en las personas. Otro de los capítulos que más me han gustado del tomo habla de William Brown, el padre de Rusty, que escribió un inquietante relato de ciencia ficción en su juventud. Unas pocas páginas después descubrimos que ese relato es un reflejo lejano de la experiencia y las inseguridades del propio William, del mismo modo que todas las ficciones en realidad son la expresión de detalles autobiográficos de sus autores. Los años pasan, pero William no olvida el motivo por el que escribió aquel relato en su juventud.

No dejo de pensar en las posibilidades que había en Toda una vida, en cómo una idea tan inteligente podría haberse convertido en uno de los mejores cómics de superhéroes de los últimos años. Podría haber sido un cómic apto para cualquier lector que no conozca la biografía del personaje, que hubiese contrastado con la atemporalidad del resto de cómics de superhéroes. Podría, al menos, haber mostrado el envejecimiento de una manera más verosímil, como en Rusty Brown. Podría haber sido mucho más que un cómic entretenido que van a disfrutar, más que nadie, los fans de Spiderman.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El adulto que lee 'El niño que llevas dentro'


La edad afecta a cómo te enfrentas a un relato. Las historias son, entre otras cosas, guías que nos educan para enfrentarnos a los problemas a lo largo de nuestra vida, pero con los años la imagen que tenemos de ella cambia. Los problemas de un niño (el colegio, la amistad, los padres...) no son los de un adulto (el trabajo, la muerte, la política...) Por eso entiendo que hay historias que de adolescente me gustaron pero que ahora no me llaman la atención, y viceversa. Lo veo también en las películas de Marvel, y especialmente en las de Spiderman con Tom Holland. Veo sus virtudes, pero me cuesta conectar emocionalmente con ellas. Bien para una verlas vez, pero no para repetir.

Volviendo a los cómics, tampoco tengo interés en los últimos años de Spiderman, por poner un ejemplo. Cuando leo que en algunas de las últimas entregas la mente del Doctor Octopus ha ocupado el cuerpo de Peter Parker, o que Spiderman se encuentra con otros hombres y mujeres arácnidos de realidades alternativas, o que se convierte en un multimillonario... no me despierta ningún interés. No tengo la menor idea de si se trata de buenos o malos cómics. Simplemente, este tipo de premisas no me llaman la atención. Y como escribir en este blog no es un trabajo (nunca he pedido copias de prensa y no quiero hacer publicidad), no me voy a esforzar en ponerme en el lugar de otro lector, a imaginarme cómo es la experiencia lectora desde los ojos de una persona con otras inquietudes.

El tomo que Panini ha editado hace poco, El niño que llevas dentro (1991), sí me parecía interesante. En él no hay big concepts, grandes revelaciones, giros de guión imprevisibles, locura ni grandes espectáculos. En su lugar, hay tres personajes adultos que se enfrentan a sus traumas infantiles: el origen del miedo a la muerte de Peter Parker, la obsesión del Duente Verde de culpar a Spiderman por la falta de cariño de su padre, y el origen de la personalidad monstruosa de Alimaña. Las alucinaciones y los monólogos interiores fragmentados son algunas de las herramientas con las que J. M. DeMatteis y Sal Buscema profundizan en la psicología de estos personajes, con las que nos ayudan a ponernos en su lugar y conocerlos.

Precisamente J. M. DeMatteis era conocido en la colección de Spiderman por otro cómic, La última cacería de Kraven (1987), que tuvo una secuela directa unos años después, El espíritu del cazador (1992). (Pequeño paréntesis: una secuela bastante innecesaria que corregía el «pecado» de que un villano se hubiese suicidado explícitamente en un cómic para niños. Y aún así, merece la pena). El aficionado de los tebeos de Spiderman suele comentar que, a pesar de su calidad, a La última cacería de Kraven le quita puntos que no sea un testimonio del espíritu general de su colección. Quien se lea ese cómic oscuro y psicológico no va a ver el culebrón y el humor que hicieron al hombre araña tan popular en los 60 y los 70.

Lo comento porque precisamente este tomo, El niño que llevas dentro, funciona como una continuación de aquel. Se podría decir que La última cacería de Kraven no reflejaba el pasado de la colección, pero sí se adelantaba al estilo que tendría en el futuro. Las páginas de este tomo más interesantes no son las de acción, sino las de introspección. Si en los cómics del pasado había humor, aquí hay angustia. Y donde antes sólo era necesario que el dibujante fuese un apoyo para los textos, aquí tenemos a un Sal Buscema inmenso, que llena de vida especialmente las páginas mudas.

Este tomo se puede leer de manera independiente sin problemas, acaba sin dejar ninguna trama al aire, algo que en cierto modo me entristece. Si quedase algo por contar, podría imaginar que Panini/Marvel tiene planes para continuar esta colección con los cómics que se publicaron después. Espero que lo hagan, porque quiero seguir leyendo más historias así. No voy a decir que sea el mejor cómic de Spiderman que he leído, pero sí el tipo de historias que quiero leer en este momento.

lunes, 3 de junio de 2019

La diferencia entre vencer y convencer a Thanos


El plan de Thanos en Vengadores: Infinity war (2018) era tan ridículo que al poco del estreno el público ya se burlaba de él. Si su motivación para conseguir el poder de un dios era evitar que se agotasen los recursos naturales de todo el universo, ¿por qué decidió exterminar a la mitad de la vida? ¿Esa vida a la que destruyó incluía animales y plantas (es decir, también recursos), o sólo a seres inteligentes? ¿Por qué, en lugar de un genocidio galáctico, no duplicó los recursos de cada planeta? ¿O por qué no fue aumentando los recursos naturales del universo periódicamente? ¿El problema es que hay pocos recursos o que están mal repartidos? Con el poder del Guantelete del Infinito incluso podría haber duplicado el valor energético de los alimentos o haber implantado en todos los cerebros del universo un par de lecciones de economía sostenible. Existían muchas alternativas.

El personaje original del cómic era más complejo de como se ha mostrado en la pantalla. En El Guantelete del Infinito (la saga en la que se basa la película) el villano era un símbolo: el ánimo destructor (el tánatos) atraído por la propia Muerte y aconsejado por Mefisto (el mal). De hecho una cosa que admiré de Jim Starlin es que hubiese identificado estos tres conceptos como personajes diferentes. Es decir, ni la muerte ni el tánatos son necesariamente malos, por ejemplo, pero existe esa relación entre ellos. En el plan de Thanos de este cómic, la destrucción de la mitad de la vida del universo respondía simplemente al instinto que representa, el impulso hacia la muerte. Era una representación tan fiel de este instinto que, siguiendo la psicología de Freud, Thanos llegaba a ser auto destructivo. No sólo buscaba el daño de los demás, sino que incluso se derrotaba a sí mismo.

No creo que transformar este simbolismo psicológico/filosófico en un problema de distribución de los recursos galácticos sea un error. El error ha sido no profundizar en la nueva motivación. Por eso salí decepcionado de Infinity war. No me interesaba ver una segunda parte que me contase cómo los héroes más poderosos de la Tierra se vengaban de Thanos, no quería ver más escenas de animación con peleas. Lo que me interesaba es que se explicase que el plan de Thanos estaba mal, ya sea porque matar está feo o porque la economía galáctica debería ser demasiado complicada como para arreglarla chasqueando los dedos.

[A partir de aquí y hasta el final entro en detalles de la trama de Vengadores: Endgame]

En Vengadores: Endgame (2019) nadie pretende desmontar la lógica de su proyecto eugenésico. Sólo se mencionan tres consecuencias de la muerte de la mitad de la población, dos negativas y una positiva: muchos gobiernos del planeta han caído, la gente echa de menos a sus familiares y amigos fallecidos, y han entrado ballenas en el río Hudson porque se ha reducido contaminación. Para uno de los dos problemas, Thanos da con la solución: si se borra la memoria de la gente, dejarán de estar tristes.

Me hubiese gustado ver de verdad las consecuencias de un universo en el que la mitad de la población se deshace en polvo. ¿Realmente la economía mundial mejoraría, como piensa Thanos? Y si es así, ¿cómo? ¿Cómo afectaría a la producción en cadena, al transporte, a las colas en los supermercados...? Me hubiese gustado ver muchísimo más que el grupo de terapia del principio. Preferiría comprobar con imágenes, con hechos, que Thanos se equivocaba, que no se puede usar un atajo mágico para resolver un problema a escala galáctica, pero incluso aceptaría la posibilidad contraria, que la película defendiese que el plan tenía una base lógica.

Me ocurre lo mismo con el final. Cuando se vuelve a utilizar el Guantelete para devolver a la vida a todas las víctimas de Thanos, ¿qué criterio sigue ese hechizo? Imaginemos un avión en pleno vuelo en el que, en su momento, toda la tripulación se hubiese desvanecido. El avión se habría estrellado y habrían muerto todos los pasajeros. Al final de Endgame, ¿resucitan la tripulación y los pasajeros, o solo la tripulación? Por lo que comenta Spiderman, las personas que vuelven a la vida aparecen de la nada en el mismo sitio que desaparecieron en su momento. En el caso del avión de antes, ¿la tripulación aparecería a doce mil metros de altura en medio del Atlántico, flotando en el océano o en el fondo del mar? ¿Cómo se resentiría la economía mundial con una población que se duplica de un día para otro? ¿Cómo perjudicaría a esta gente el haber estado desaparecidos todo este tiempo? ¿Tendrían que ponerse al día en los avances tecnológicos y sociales que ha habido mientras estaban fuera?

En las películas de Star wars o El Señor de los Anillos no hay ninguna intención de desmontar ideológicamente a los villanos porque Palpatine y Sauron son planos, son personajes que buscan poder a cualquier precio, destruyendo a quien se ponga por delante. No se puede derrotar a Thanos de la misma manera porque con él se ha pretendido fabricar un personaje más complejo, un personaje altruista que se ha sacrificado para salvar al universo. Por esto tampoco me convence que, para acabar con él, en Endgame veamos un asesinato en masa. Marvel como productora ha querido vender una imagen progresista apoyada especialmente en Black Panther (diversidad cultural) y Capitana Marvel (feminismo). ¿Cómo encaja el «ojo por ojo» en esa imagen de marca, cómo encaja esta incoherente defensa de la pena capital?

Aprecio el esfuerzo que ha habido por crear un universo de veintidós películas y cómo todas han sido necesarias para llegar hasta aquí, incluso las más atroces. Me gusta el sentido del humor y la complicidad que se ha creado con el gran público, con los niños y los adultos. Hay muchos detalles que me gustan, pero, dejando a un lado la desastrosa lógica de los viajes en el tiempo, Endgame me falla especialmente por el mensaje. Acabo con una provocación: no creo que los cómics de superhéroes hubiesen aguantado tantos años si hubiesen contado historias como las que hemos visto en el cine.

lunes, 4 de marzo de 2019

La gran novela de la Patrulla-X (Ed Piskor)

Fuente (En la edición final se ha corregido la errata de la portada)

Creo que una vez leí a Carlos Pacheco decir que los cómics de superhéroes son biografías. No sé si era lo que él quería decir, pero lo que entendí es que en el contenido global de una colección, en todas las décadas de historia de un personaje, primaba la aleatoriedad sobre la estructura dramática, igual que ocurre en la biografía de cualquier persona.

El proyecto de Ed Piskor consiste darle a toda esta aleatoriedad de los más de cincuenta años de los X-Men una estructura que ha estado oculta a simple vista, animarnos a imaginar que los guionistas y dibujantes de diferentes épocas realmente tenían un plan conjunto. Esta construcción de un «gran diseño» es lo que distingue esta colección de un resumen como el del X-Men #138 (1980). Piskor no está utilizando estos juguetes prestados para refrescarnos la memoria y ponernos al día, sino para crear su propio fanfic del universo Marvel (el de los cómics), un fanfic en el que cambia, quita y añade sucesos para que su propia visión sea coherente e interesante. Por eso me parece que su tipo de dibujo, con flaquezas y pocas virguerías, ayuda a crear una conexión entre el lector y el autor. Creo que refuerza la conexión entre dos aficionados que lo que quieren es jugar, no catalogar.

El problema de una colección tan ambiciosa como esta es evidente: todo depende del último número de la colección. ¿Nos convencerá Ed Piskor cuando nos revele por fin el Gran Diseño de los X-Men?

lunes, 6 de agosto de 2018

El escote de Hulka: ¿Machismo en los superhéroes?

Para ilustrar la conversación, el programa utilizó
la imagen modificada de una reseña de Hulka

Hace unas semanas se emitió una entrega del programa de Tramas Maestras centrado en las superheroínas, especialmente de cine, y especialmente de Marvel y DC. Era la tercera entrega en emitirse, y parece que también se ha convertido en la última. En él Leticia Dolera, Henar Álvarez y Pilar de Francisco junto a varios invitados utilizaron este tema como un medio para compartir conceptos feministas y chascarrillos. Sin embargo, el programa ha molestado a los aficionados de los cómics de superhéroes por su falta de rigor.

Yo también formo parte del grupo de los decepcionados. Creo que el programa no refleja la situación actual del género de superhéroes, principalmente porque quiere destacar sólo lo negativo, es decir, lo que da pie a los chistes. No se suele tratar con profesionalidad el género de superhéroes en los medios de comunicación, y este programa no fue una excepción. Lo que yo vi fue desinterés, la ausencia de voces autorizadas (o con tiempo para expresarse), que se fomentaron estereotipos y una documentación tan superficial como la de La trampa de la diversidad.

Para empezar, el programa fracasaba desde el principio cuando no se definía lo que es un superheroe o una superheroína, sino que ese aspecto quedaba resuelto con que se trataba de «los personajes de Marvel y DC». Por eso llegamos a un final en el que Henar Álvarez pone como superheroína a Hermione Granger, y Leticia Dolera, a Buffy Cazavampiros. Si se trataba de heroínas de ficción, en general, ¿entonces por qué han hablado de cine de Marvel y DC durante la hora anterior?



Querían hablar de superhéroes, pero es irritante la poca simpatía que parecen sentir por este género. Cuando se menciona que la Avispa comparte protagonismo con Ant-Man en el último estreno de Marvel, cuelan el comentario suspicaz de que podría tratarse de una cuota de marketing. A nadie le ha parecido necesario comprobar cuál es la relación de los dos personajes en los cómics, nadie se ha preocupado en ver que eran co-protagonistas casi desde la creación de Ant-Man. Para empeorarlo, alguien comenta que ella sale en la película sólo porque es «la-novia-de». Para no equivocarse, aquí no hace falta leer ningún cómic: cualquiera de las dos películas te dan la clave de que en realidad en el cine ella es superheroína por ser «la-hija-de», la hija del verdadero Ant-Man.

Tampoco ayuda el análisis superficial del protagonismo de las películas de superhéroes recientes. De Logan (2017) se olvidan de que X-23 es co-protagonista, en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017) no tienen en cuenta a Nébula y a Mantis (y llaman «Gomora» a Gamora), en Thor: Ragnarok (2017) no hacen mención al personaje de Valkiria, y de Deadpool 2 (2018) tampoco hablan de Domino. Incluso yendo más allá, tal vez se debería profundizar en más factores que el protagonismo: ¿cómo se puede menospreciar el amplio e importante papel que tienen los personajes femeninos en Black Panther (2018)?

Destacaron también que en las historias de superhéroes los hombres siempre salvan a las mujeres, que las mujeres mueren muchas veces sólo para impulsar cambios en los hombres (un recurso que se ha llamado «mujeres en la nevera»), y que los hombres protagonizan más películas que las mujeres. Todo es cierto, ¿pero por qué no han comparado estos tópicos con otros géneros? ¿De verdad alguien piensa que es tan diferente al tratamiento que se da a hombres y mujeres en el cine de acción que en el cine de superhéroes?

Conociendo a Elisa McCausland, tampoco llevo bien que gran parte de su colaboración se haya quedado fuera, y en su lugar se hayan preferido los recuerdos y comentarios de Manuel Burque. Unos comentarios que seguro que se han hecho con buena intención y cariño, pero en los que falta información. Manuel Burque comenta por ejemplo que en los grupos de superhéroes ellas nunca mandaban, cuando precisamente una de las etapas más conocidas de los Vengadores es cuando la Avispa lideró el grupo durante cinco años sin que ningún otro personaje pusiese pegas.

Lo que más ha dado que hablar en las redes sociales es la torpeza de Burque al hablar de la Hulka de John Byrne, de la que sólo ha comentado su forma imposible de vestir y sus escotes. No digo que esté obligado a recordar que Hulka es la prima de Bruce Banner ni que por supuesto a ningún lector le molestó que creasen el personaje. Lo que es una verdadera lástima es que juzgue el trabajo de un autor exclusivamente de un vistazo, sin haber llegado a leerlo. Por este desinterés se ha dado pie a un comentario injusto contra los lectores de cómics: «¿Entre Hulka y el Playboy, qué me compro?».

Choca especialmente la importancia que le dan todos ellos a la sexualización de las superheroínas cuando precisamente Elisa McCausland le quitó importancia a este detalle durante la presentación de su libro. Es uno de las pistas que me hace sospechar que en realidad su colaboración debió de haber durando mucho más, pero pudo haber sido recortada porque sus ideas no encajaban con las de las presentadoras.

Me refuerza esa sensación la entrevista inicial al director Rodrigo Cortés. No es una entrevista bien hecha. En vez de traer a un invitado para conocerle y darle un espacio para que se pueda expresar, las preguntas están hechas para rebartirle. Las entrevistadoras se pusieron por encima del entrevistado, querían que su visión y su forma de pensar quedase por encima de la de él. Del mismo modo que en la entrevista lo que importa son las presentadoras, me encaja que el trato al resto de invitados fuese similar.

El gran problema de este programa no son sólo todo este conjunto de errores, sino el sesgo equivocado que se ha usado para hablar del tema. Leticia Dolera, Henar Álvarez y Pilar de Francisco sólo han mostrado la cara machista del género de superhéroes. Han dejado hueco para los contraejemplos en forma de brevísimas menciones a la película de Wonder Woman (2017) y a los cómics que recomienda el librero de Comics & Co, pero nada más. Antes de grabar el programa ya estaba decidido que el cómic y el cine de superhéroes son machistas con excepciones sin importancia. Han tirado por lo fácil, por el estereotipo de friki de los superhéroes, por el adolescente que no sabe relacionarse con las chicas, por los personajes de The Big Bang theory. La actitud que han tomado ha sido la del abusón de patio de colegio que da collejas a los empollones.

No entiendo cuál era la intención de este programa. ¿Por qué dieron tanta importancia a la crítica negativa, por qué tan poco al análisis y al contexto? No sé si con este programa pretendían cambiar la industria y animar a los autores a producir un material diferente. Lo que tengo claro es que han espantado a posibles lectoras que podrían haber disfrutado con tantos y tantos cómics que no tienen nada que ver con todos estos estereotipos injustos. ¿Habrá hueco para que algún día hagan otro programa en el que expliquen que también hay cómics de superhéroes feministas?

Mi crítica, en cualquier caso, se refiere exclusivamente a una entrega de este programa. Quiero dejar clara cuál es mi opinión, pero desde el respeto. No creo que los errores de este programa sean extensibles al resto de las carreras de sus responsables.

Me he puesto en contacto con la Cadena SER y con Leticia Dolera para poder conocer su opiniones al respecto, pero no han contestado mis correos.

martes, 16 de diciembre de 2014

Triunfo y Tormento, de Roger Stern y Mike Mignola

Cartoné, 80 páginas, color, 11 €

Cada 100 años los magos de la Tierra deben enfrentarse a un torneo para elegir al hechicero supremo. El resultado de una de estas competiciones llevará al Doctor Extraño y al Doctor Muerte a formar equipo para salvar el alma de la madre del monarca de Latveria.

Me encanta el candor de los personajes de este cómic. Por su aspecto y personalidad parecen animales parlantes en una fábula. Su aspecto es extravagante y colorido, es inevitable que parezcan ridículos, y los diálogos son ñoños en muchas ocasiones. Pero funciona dentro del tono del cómic. Funciona dentro de esta alegoría sobre el bien (Extraño) y el mal (Mefisto), en la que el individualista Muerte queda en la zona gris intermedia de una historia que tiene el acierto de no querer redimirlo.

Muerte es un personaje complejo, pero creo que más por accidente que por planificación de sus autores. Dependiendo del cómic que uno lea aparece una versión más o menos malvada. La de este cómic no es del todo perfecta. Su obsesión por acumular poder sólo para obtener más poder, de gobernar Latveria sólo por gobernar, no lleva a ninguna parte. Por eso es bueno que la historia no insista en ese camino sino en la liberación del alma de la madre de Muerte, su talón de aquiles, un conflicto que obliga al personaje a tomar decisiones que en otra ocasión no se llegaría a plantear. A su lado, Extraño es un típico héroe inmaculado y sin desarrollo, un santurrón unidimensional que acaba teniendo en esta historia el rol de un artefacto de los que Muerte utiliza para sus propios intereses.


Lo que más valoro de Stern como guionista (y editor) es la importancia que le da a la coherencia del universo Marvel. Este interés es el que le ha motivado a resolver misterios y arreglar errores de continuidad en las colecciones de Spiderman, Hulk, Capitán América, Doctor Extraño, etc., de una manera simple y muy entretenida (por cierto, una virtud que desaparece en los 90 con tostones como Marvel: La Generación Perdida o Relatos del Universo Marvel). En este cómic vuelve a mostrar esta obsesión explicando por ejemplo la mitología de las palabras mágicas aleatorias del Doctor Extraño o recuperando la trama perdida del Doctor Muerte desarrollada por Gerry Conway en los 70.

Creo que lo que más ha perjudicado a esta historia es el paso del tiempo. Este cómic se realizó en una época en la que los personajes tenían que hablar continuamente, y creo que ésa es la causa de que ninguna escena de este cómic llegue a tener la relevancia necesaria. Cada momento en este cómic tiene una función de nexo, de servir de justificación para lo que ocurre a continuación. Se nos presenta a Genghis sólo para viajar a la competición entre magos, se celebra la competición sólo para crear el equipo de Doctores, etc. Cada página sirve como trámite para avanzar hacia un gran final que para mi gusto es demasiado apresurado y se apoya demasiado en el diálogo cuando debería haber dejado que las imágenes contasen más.


Me quiero quedar con lo bueno. Mignola consigue retratar unos escenarios misteriosos magníficos, especialmente cuando se trata del infierno. Las peleas huyen del tópico cruce de puñetazos (aunque se queden en posturas estáticas de personajes lanzando rayos). Creo que Stern consigue un buen final, un final feliz para los personajes que sin embargo no les deja satisfechos. Es un final que exige un poco de ingenio al guionista, una solución que se aleja de tópicos. Ya he dicho que a Stern le preocupa la coherencia del universo Marvel, así que, aunque la resolución significa cambios profundos en la continuidad, al mismo tiempo se mueven las piezas mínimas dentro de las tramas de los cómics.

Con sus defectos, Triunfo y Tormento es uno de mis cómics Marvel favoritos. Es muy entretenido, utiliza la continuidad del universo Marvel sin que sea un lastre, el dibujo huye del impersonal estilo de empresa, está bien estructurado... No llega a ser un gran cómic, pero sí una lectura muy recomendable.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Agentes de SHIELD, primera temporada

Resumiendo mucho, por fin Marvel después de intentarlo durante décadas ha conseguido su objetivo: que los personajes de la compañía sean rentables en el cine. Era el sueño de Stan Lee, que no debía de verle mucho futuro a los cómics como tal en los lejanos años 70. Con estos cimientos cinematográficos el inevitable salto al siguiente escenario no parecía muy complicado. Marvel's Agents of SHIELD ha sido la punta de lanza para inaugurar un Universo Marvel televisivo. La primera temporada ya ha terminado, ¿cómo ha funcionado la cosa?


Mi valoración general es positiva. La serie ha sabido remontar de un capítulo piloto bastante suave hasta una segunda mitad de temporada llena de tensión y revelaciones. En ese sentido me ha sonado a lo mismo que he visto en todo este tipo de series, tanto en Doctor Who como en Buffy, a unas primeras temporadas lentas con personajes insustanciales que construyen capítulo a capítulo un mundo y unas relaciones que consiguen engancharte para el resto de temporadas.

La primera mitad de la temporada ha sido un tostonazo, no es muy discutible. Después de un primer capítulo con la típica presentación de los personajes llegó otro con la clásica situación en la que Coulson está en peligro y un grupo heterogéneo de personas decide unirse para salvarle, uniendo sus lazos afectivos para siempre. El poco presupuesto de la serie (imagino que se lo guardaban para más adelante) sabía a poco, los personajes eran simples caricaturas y las misiones olían más al Equipo A que a una agencia de superespionaje internacional. Se echaba en falta más acción, aventura y fantasía.

La serie en estos momentos avanzaba mediante capítulos independientes con estas misiones no-tan-espectaculares, unidos tenuemente con subtramas que se iban alargando sin que despertasen mucho interés. Coulson no paraba de repetir que Tahití es un lugar mágico para evitar hablar de su resurrección y Skye importunaba a los demás preguntando por sus padres. Ninguna de las dos tramas parecía que fuese a dar mucho juego ni tampoco se les supo dar la importancia que se les quería dar.


Con la segunda mitad de temporada cambian muchas cosas. La narración continúa ahora capítulo a capítulo, con los cliffhangers de rigor. A medida que se construyen relaciones entre los personajes el culebrón crece. Por fin los misterios de la primera mitad (Coulson y Skye) parecen relevantes y llenos de potencial, y al mismo tiempo se van destapando otros secretos que han sido fundamentales desde el primer capítulo. Otro aspecto positivo es que por fin la serie se encarrila hacia un único enemigo, "el malo final", que en parte se descubre gracias a las conexiones de esta serie con el universo cinematográfico.

El peor punto lo veo en ese aspecto, en esas conexiones, en la dificultad de la serie de moverse de manera independiente. Por coherencia, lo que ocurre en las películas debe tener un eco en la serie, pero muchas veces tengo la sensación de que se fuerzan una referencias y unos cameos que no son necesarios. Unos guiños al fan (al viejo y al nuevo) que por ese motivo ve la serie, porque es una gran campaña publicitaria de los productos Marvel.


Para mi gusto, el último capítulo de la temporada es el que marca el estilo de la serie que me gustaría seguir viendo. No voy a hablar de las revelaciones, las sorpresas, la acción, el drama, el tratamiento de personajes (genial por lo que toca a Ward), etc. Me quedo con el humor, con esa forma de invitar al público a reírse con las expectativas y el formato de la serie. Me gusta ese tono juvenil que mezcla el metalenguaje tontorrón con la acción y el sentimentalismo, una forma de hacer las cosas que difícilmente se podría ver en otras series de televisión.

Quedan en el aire varias tramas abiertas. Por no destripar nada, parece que Skye puede dar mucho más juego y que a partir de ahora SHIELD hace tabula rasa. Si continúan como en los últimos capítulos seguramente me sigan teniendo como espectador.

Tengo mucho interés por ver cómo conectan esta serie con Los Guardianes de la Galaxia.

jueves, 10 de abril de 2014

Ojo de Halcón, tomo 1, de Matt Fraction y David Aja

136 páginas, color, rústica, 12 €

Creo que ser crítico con la situación actual de "lo que sea" es la forma de pensar más recomendable. Incluso en el mejor de los momentos todos somos capaces de encontrar debilidades que podrían ser mejoradas con el paso del tiempo. Si no pensásemos así caeríamos en el error de creernos el escalón superior de la historia, de pensar que el "ahora" es un momento definitivo que se mantendrá eternamente. Y no es así, cualquier periodo de tiempo que analicemos, especialmente el presente, no es el final del camino sino un paso intermedio.

Empiezo así porque veo en los análisis sobre la actualidad marvelita ese pequeño error. Las colecciones desarrolladas bajo el ala del editor Steve Wacker (Daredevil, Capitana Marvel, Ojo de Halcón...) están siendo tan aclamadas a nivel crítico con reseñas y premios que podría parecer que nos encontramos ante los mejores cómics de la historia de la editorial, ante una revolución que va a devolver el foco de atención creativo de nuevo a Marvel. Yo no lo veo así. Con el Daredevil de Waid y Samnee ya tuve mi pequeña decepción, y con Ojo de Halcón vuelvo a sentir lo mismo.

Tengo que admitir que virtudes no le faltan a este primer tramo. Los autores tienen el atrevimiento de llevar al personaje a un entorno costumbrista sin caer en los ridículos excesos del superhéroe urbano de los 90 y dosmiles. Esto se nota por ejemplo cuando el disfraz aparece la mayoría de las veces sólo en la portada mientras que en las viñetas hay que acostumbrarse a que lo sustituya un coloreado que tiende a los morados. Casi se diría que el puñado de tiritas en los brazos y la cara es su nuevo disfraz. Otro detalle que se puede destacar es que se trata de una primera lectura completamente accesible para cualquier lector, al mismo tiempo que de fondo se meten guiños a villanos antiguos e introducen nuevos personajes de los últimos años (¡ese Nick Furia negro!). También tiene mucho sentido del humor, con el desnudo frontal de Clint como máximo exponente, y la acción es trepidante. Pero no me parece suficiente.


Matt Fraction tiene muchísima suerte de tener a David Aja a su lado, y no dudo que viceversa también. Sin Aja, a Fraction se le notaría con muchísima facilidad lo mecánicos y formularios que son sus guiones. Su Clint Barton parece una máquina que reacciona a lo que le llega, sin que de dentro de él salga alguna motivación diferente a la de ser un héroe. Los diferentes conflictos se introducen en la trama con torpeza, a bocajarro en la cara del lector. Es salir del hospital y Clint tropieza con el gran villano al que se tendrá que enfrentar en todo el tomo. Más tarde, para una chica con la que comparte cama y resulta que está relacionada con más villanos. Todo se hilvana de una manera demasiado casual, demasiado conveniente para el guionista. Están tan subrayados los guiños irónicos del nombre del perro y de la flecha búmeran al final de sus capítulos que suenan demasiado a clichés. De hecho, parece que Clint lanza demasiadas flechas de las que dan la vuelta en el aire a lo largo de este tomo. En esencia, Clint Barton cumple con el arquetipo de superhéroe solitario de los cómics, una carcasa de colores sin pasado, familia, amigos, motivaciones, tentaciones, hobbies, etc.

Parece que lo que quieren los autores es presentar a un superhéroe alejado de la fantasía asociada al género, pero fracasan. Si intentan ser verosímiles, las fracturas múltiples que se curan sin dejar secuelas nos devuelven a la ciencia-ficción. Si la intención es no caer en los tópicos de los trajes de superhéroes, caen en el tópico del superhéroe multimillonario, que en este caso ni se plantea de qué lugar habrá salido su dinero. De hecho, su nuevo poder es el del super-dinero, con el que puede comprar un edificio controlado por mafiosos malvados que triplican el alquiler de los pisos de un día para otro. Lo compra porque obviamente un superhéroe no va a poner en duda la validez legal de un contrato sospechoso, que es lo que haría un comunista andrajoso de los del 15-M. Si en tu contrato pone que has vendido tu alma, Clint Barton le dará el visto bueno y buscará en su cartera cuánto lleva suelto para prestarte.

Los guiones de Fraction saben a viejo, recuerdan demasiado a frases y momentos que ya se han visto mil veces en los cómics y la televisión. El ejemplo donde más se nota es en la conclusión de la trama que dibuja Pulido, resuelta sin ningún ingenio imitando un fragmento de Choque de Reyes en el que Tyrion descubría la traición del Maestre Pycelle. Ese fragmento fue adaptado en un capítulo de Juego de Tronos un año antes de la publicación de este cómic, y no creo que sea una coincidencia.


Si Ojo de Halcón se ha convertido en un cómic tan recomendable es por el artista que tiene que llevar al papel estas historias. Si David Aja no conoce todas las virguerías con las que se puede hacer un cómic más claro o más expresivo, entonces sabe sólo casi todas. Es un autor cerebral e intenso, que domina completamente su ámbito de trabajo y al que le habría venido muy bien tener un guionista igual de reflexivo y experimental al lado.

En principio aquí David Aja no utiliza un estilo propio, sino que se apropia del de Mazzucchelli en los 80 de una manera tan perfecta que parece que dibuje con las manos de aquel y le hubiese añadido conocimientos de programas vectoriales. De hecho no se trata de una simple imitación del estilo de dibujo (el color ayuda mucho) como hacía Michael Lark, por decir alguien, sino sobre todo en la formar de contar las historias. Incluso en el guión hay momentos que, tal vez sea una casualidad, recuerdan al Año Uno de Batman: el clímax del tercer número es en un puente, Clint se preocupa por un perro tanto como Batman por un gato, el leit-motiv de los días se cambia aquí por uno de flechas trucadas...

Ahora bien, después de tres números parece que este camino le cansa a Aja y decide (¿decide Aja o Fraction?) desviar la colección a un lugar muy diferente en la última entrega. Por primera vez los lectores de superhéroes se encuentran con el "enemigo" en casa, con el estilo del dibujante más innovador y alternativo de la actualidad dentro de un cómic comercial de aventuras. Aja mezcla con inteligencia una línea que ya no recuerda tanto a la de Mazzucchelli con una colección de recursos como diagramas, viñetas pequeñas, carteles de letras gigantescas, perspectivas sencillas, etc. que definen a Chris Ware, y no se queda sólo ahí. En un número ambientado especialmente en la rutina diaria del personaje, Aja muestra la desconexión de esta colección con el resto de cómics Marvel al dibujar la única escena de acción superheroica del número como si se tratase de un videojuego de una recreativa con un game over y todo. La influencia de Ware ya se notaba en los diagramas tipo manual de instrucciones de la segunda portada, pero en el último número (y parece que en alguno posterior sobre un perro) es absoluta. Las novedades formales que fuera de las editoriales de superhéroes ya están asumidas por gran parte de los lectores llegan por fin a los seguidores de las capas y las máscaras.

Pero hasta ahí llegan las novedades formales de una colección que, en su corazón, sigue perteneciendo a una gran empresa norteamericana. Fraction cumple en su papel de escribir relatos que dan el pego, pero este Ojo de Halcón está muy lejos de ser una colección revolucionaria como fueron el Hombre Hormiga de Kirkman y Phil Hester, el All Star Superman de Morrison y Quitely o los X-Statix de Milligan y Allred. Aja por su parte está pletórico y merece la pena no perderle de vista.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Sobre el fondo y la forma, "Marvels", de Kurt Busiek y Alex Ross

La ficción no es inocente. Educa, transmite ideologías, difunde éticas y morales. No existen las narraciones asépticas. En un relato, contado en el medio que sea, un escritor plantea una situación, propone un dilema que hay que resolver, o presenta unos personajes y los fuerza a evolucionar. De la resolución de los conflictos se extraen moralejas, que pueden ser tan simples como "el bien gana al mal" o tan irónicas como "no existen las respuestas fáciles".

La moraleja es parte del "fondo" del relato, que está formado por las ideas y los conceptos, la información y los argumentos a favor o en contra de la idea principal. Todo lo que se encuentra a su alrededor es la "forma": la decisión de adelantar o retrasar un acontecimiento, de detallar u omitir un suceso, de ordenar unas situaciones de una u otra forma, las palabras elegidas, los diálogos... Ésta se utiliza para mostrar el fondo según las intenciones de su autor, que puede querer expresarse de una manera comprensible, o críptica, apasionada, etc.

En el cine, la forma también incluye la banda sonora, el tipo de planos, los actores... En el cómic serían los elementos del dibujo: el estilo de la línea, las composiciones, la distribución de página, los cortes entre viñetas, el color...

Se puede disfrutar de una obra de arte fijándose únicamente en criterios formales, pero es algo que no me termina de convencer porque es un análisis superficial. Lo estético es sólo una capa externa que rodea el verdadero cogollo del proceso de comunicación entre emisor y receptor. Son los elementos éticos y culturales los que hacen de un relato algo valioso, el principal motivo por el que un autor siente la necesidad de comunicarse con su público. No se trata sólo de disfrutar con el aspecto externo (de "entretenerse" a secas), sino también de aprender información interesante, reflexiones intelectuales, lecciones morales, etc.


Todo esto viene a cuento de que el contraste entre forma y fondo me parece tremendo en Marvels. Este cómic de hace ya 20 años exploraba a los ciudadanos de a pie del universo de ficción de Marvel, caracterizados por el eterno sambenito de temer y odiar a sus superhéroes. A lo largo de sus alrededor de 180 páginas, Kurt Busiek y Alex Ross nos muestran no sólo cómo éstos pasan de la admiración al miedo y de la desconfianza a la adoración, sino también su confusión al no saber distinguir los héroes de los villanos ni a los queridos superhéroes de los repelentes mutantes. De entre todas estas personas destaca Phil Sheldon, un fotógrafo obsesionado con estos héroes (a los que llama "prodigios", "marvels") que pasa toda su vida intentando entender el significado de sus hazañas.

El problema es que Busiek se dedica a discutir el sexo de los ángeles. Sus reflexiones (las de Phil Sheldon) sobre los héroes y la incomprensión que sufren son aplicables únicamente dentro de este universo de papel y no encuentran ninguna equivalencia en nuestro mundo. Como lectores, ni se nos echa nada en cara ni se nos hace reflexionar sobre ninguna realidad a nuestra alcance. O al menos prefiero pensar que Busiek no tiene en mente transmitir un mensaje, porque la evolución del protagonista, desde la inseguridad a la admiración y de nuevo a la inseguridad hacia estos personajes de colores brillantes, no sería nada ejemplarizante.

Phil Sheldon, como el personaje débil que es dentro de la historia, comienza aceptando su lugar entre los últimos eslabones de la escala social. Asume su inferioridad y su papel de simple espectador. No intenta ponerse a la altura de sus ídolos ni arrebatarles su puesto en la élite. Ni siquiera los toma como modelo a imitar para realizar él buenas acciones en la medida de sus posibilidades. Phil Sheldon representa una de las sumisiones al statu quo más exageradas que ha habido en un cómic, una sumisión donde su único margen de iniciativa y creatividad consiste en mercantilizar la existencia de estos superhéroes publicando recopilaciones de las fotos que les ha hecho.

Prefiero pensar que Busiek no pretendía transmitir ninguna actitud ante la vida a creer que el párrafo anterior son sus verdaderas intenciones. Esto quiere decir entonces que nos encontramos con un cómic sin significado, y esto choca no porque se le exija que tenga uno, sino porque este cómic aparenta las pretensiones de ser profundo. Intenta parecer algo diferente al resto, algo superior a la media. No es una peleílla de buenos contra malos, sino una épica búsqueda del valor del superheroísmo, un intento de honda racionalización que sin embargo fracasa.


Marvels ha encandilado a los lectores durante años en realidad gracias al estupendísimo envoltorio que cubre todo este vacío. Por una parte, Busiek y Alex Ross se apartan de la dirección artística predominante de los molones años 90 para acercarse al candor y la ingenuidad que ahora vemos en las primeros décadas de la editorial. Por el otro, trufan este cómic de interminables huevos de pascua destinados al grupo de coleccionistas fieles a los cómics Marvel.

Un lector poco entrenado seguramente no pueda apreciar el encomiable esfuerzo de estos autores por imbricar los cuatro números dentro de las tramas argumentales de la historia de Marvel. Que se desubique, qué remedio, algunos relatos no pueden estar obligados a subordinarse al gran público. Ese lector puede que no le encuentre la gracia a descubrir que el cartero Lumpkin fue pretendiente de Doris, al peluche de Xemmu que sujeta una niña o a ver a Danny Ketch descrito como "un niño normal"; puede que no se dé cuenta de que Clark Kent asiste a la rueda de prensa de la Antorcha Humana o que la Merry Marvel Marching Society vitorea en la boda de los Cuatro Fantásticos. Todos este tipo de detalles son suculentos regalos destinados únicamente al Fiel Creyente que disfruta con los guiños, las curiosidades y otros tipos datos inútiles.

Busiek desarrolla un guión complejo en lo que se refiere a detalles y referencias, pero la verdad es que no puede evitar que le eclipse el genio de los pinceles que le acompaña. Las depuradas pinturas de Alex Ross se mueven en un estilo poco habitual dentro del cómic americano mainstream, pero no es sólo eso. Llama la atención por la originalidad, pero también por la inteligencia con las composiciones de página, con el color, la iluminación, las posturas de los personajes, su gestualidad, el vestuario, los fondos... Hay un irónico efecto no buscado que es de los mejores elementos de este cómic. Mientras que el estilo casi fotográfico de Ross intenta bajar a los superhéroes a nuestra altura y darnos un punto de vista más costumbrista, lo cierto es que por su estatismo y sus imponentes posturas éstos más bien parecen esculturas de dioses antiguos. Lo que consigue de hecho es que la separación entre superhéroes y personas normales crezca aún más. Los devuelve a su esfera de seres superiores de la que es difícil sacarles.

Si Marvels escapa de la irrelevancia es porque se trata de un trabajado fanservice hiperbólico destinado al exclusivo club de acumuladores de cómics de superhéroes... y no es una crítica negativa. El problema viene cuando debajo de todo este gran pasatiempo no existe un poso que le dé sabor, cuando no hay realmente ninguna historia que contar.

jueves, 5 de diciembre de 2013

El cine de 1982 y The Spectacular Spider-Man #66

Personalmente, no soy un gran seguidor de Bill Mantlo ni de su etapa con Spiderman. Tiene cosas curiosas, momentos, algunos personajes, pero a grandes rasgos nunca ha terminado de convencerme. Tampoco me vuelve loco Ed Hannigan, que me parece un dibujante de cómic correcto pero poco llamativo.

Eso no quita que vea esta portada y me llame mucho la atención. Es un poco tosca, pero me encanta la idea de usar luces de neón de fondo con un edificio oscuro delante, la tridimensionalidad del título de la colección o que el sello de la autocensura esté ligeramente camuflado. La firma del dibujante y el entintador (Al Milgrom) también están ocultos entre tanto anuncio de locales nocturnos.


Y, por supuesto, un anuncio descarado de la nueva revista Marvel de la época, Epic Illustrated, creada para atraer la atención de los lectores de Heavy Metal. Contenía historias de fantasía heroica que no pasaban por ninguna censura y los autores eran los dueños de su trabajo.

Actualmente a quien hace alguna virguería por el estilo en las portadas le dan un Eisner, pero en los 80 esta originalidad podía parecer el estándar.


Veis la última portada y seguramente pensáis "eso ya lo hizo Walt Simonson". Exacto, Simonson dibujo una portada parecida 7 meses después.

La trama del cómic en cuestión es sencillita. Como dice la portada, Electro ha vuelto. La pelea con Spiderman tiene lugar en Broadway, donde Peter Parker (Spiderman) se ha citado con su compañera de estudios empollona, Marcy Kane.


Por supuesto, todo está lleno de películas. Soy muy malo para las caricaturas, así que si las hay las ignoraré y me centraré en los títulos que salen.

En esta primera viñeta tenemos un clásico de la historia del cine, el segundo taquillazo en la carrera de Spielberg después de Tiburón (1975). En Busca del Arca Perdida (1981) parte de la obsesión de George Lucas por los seriales cinematográficos de los años 30 en los que luego se basaría para crear su Star Wars (1977). Este director aparcó la idea durante unos años, hasta que cuando se la comentó a Spielberg ambos se entusiasmaron y comenzaron a desarrollarla hasta convertirla en un completo éxito. El resultado fue una trepidante sucesión de aventuras matizadas algo de autoparodia en las que un profesor universitario/arqueólogo intentaba encontrar el Arca de la Alianza.



En la misma viñeta, la siguiente es uno de los grandes éxitos de Dudley Moore, elegido en 1983 como el actor más taquillero del año. 10, la Mujer Perfecta (1979) había sido un gran éxito comercial, pero con Arthur, el Soltero de Oro (1981) consiguió también el reconocimiento de la crítica al ser nominado al Oscar. En la película, Moore interpreta a un joven borracho que para poder recibir una herencia millonaria debe casarse con una mujer a la que no quiere. El problema es que en realidad está enamorado de una chica pobre (Liza Minnelli).




Cerca de donde han quedado Peter y Marcy pasea Debra Whitman, que está enamorada en secreto de Peter Parker. Junto a su actual pareja pasan delante de un cine en el que echan Annie (1982), la adaptación al cine de una comedia musical de Broadway que a su vez adaptaba la tira de prensa Little Orphan Annie, creada en 1924. De todo su reparto destacaría a Tim Curry, que contrasta por salir en esta película para todos los públicos a pesar de que se hizo mundialmente famoso con la genial Rocky Horror Picture Show (1975). Lo mismo digo del director, John Huston, que si ha pasado a la historia es por cintas como El Halcón Maltés (1941), El Tesoro de Sierra Madre (1948), La Reina de África (1951) o por su papel en Chinatown (1975). Marvel aprovechó para sacar una adaptación al cómic de la cinta (realizada por autores de segunda fila), que reeditó como miniserie de 2 números y de nuevo en un único ejemplar.





La aparición inesperada de Electro obliga a Peter Parker a anular su cita con Marcy y dirigirse al encuentro del villano, que decide subirse a una cornisa con el logo de Heavy Metal (1981). Al igual que la anterior, se trata de una película basada en historietas, pero en este caso una revista para adultos. La cinta recopila un conjunto de historias basadas en cómics de Richard Corben o Bernie Wrightson, por ejemplo, insistiendo en la violencia explícita y los desnudos.




La pelea entre los dos personajes coloridos se alarga mientras vemos de fondo otro cartel, esta vez del Tarzán, el Hombre Mono (1981) de la actriz Bo Derek. Ésta consiguió una gran fama de icono erótico gracias a su participación en 10, la Mujer Perfecta (mencionada más arriba), lo que no quiere decir que los críticos no dejasen de señalar su pésima actuación. Esta película de Tarzán, dirigida por el marido de Bo, pretendía ser una comedia erótica contada desde el punto de vista de Jane, pero recibió tan malas críticas que la actriz empezó a espaciar sus participaciones en el cine.




Poco antes de que Spiderman sea dado por muerto, las dos últimas películas visibles son Los Héroes del Tiempo (1981) y Tiburón 3 (1983). La segunda era la secuela inevitable de una saga que degeneraba entrega a entrega desde el genial comienzo de Spielberg. La otra, la segunda película dirigida por Terry Gilliam después de dejar de trabajar con los Monty Python, aunque es difícil dejar de pensar en este grupo de humoristas cuando cuenta con un guión co-escrito por Michael Palin y con la actuación de John Cleese. Aún más, igual que La Vida de Brian, (1979), esta cinta también está producida por George Harrison. La trama trata sobre un niño que se une a un grupo de enanos que se dedica a robar a través de diferentes épocas.



El cómic de Spiderman continúa con la derrota del protagonista, que decide retirarse para coserse un disfraz con goma aislante. Después de ponérselo, regresa a la carga y derrota fácilmente a Electro. El trepamuros consigue su victoria, ha salvado a la ciudad, pero subido a un rascacielos desde el que contempla la salida del sol se lamenta de que ha tenido que cancelar su cita con la repipi Marcy Kane.

No es un cómic con un dibujo o un guión que tengan algo destacable, pero me gusta mucho cómo sirve de reflejo del cine de esos años.