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lunes, 4 de mayo de 2020

Un inicio poco prometedor: el Daredevil de Todd McFarlane


Los aficionados al cómic de superhéroes conocen a Todd McFarlane por sus etapas con Hulk (junto con Peter David) y Spiderman, además de por la creación de Spawn. Pero antes de todo eso, antes de convertirse en una estrella del cómic americano, antes de co-fundar la editorial Image, hubo unos poquitos trabajos menores con el que fue demostrando a las editoriales que podían confiar en él.

El Daredevil #241 (1987) sería el caso más interesante. No era realmente el primer cómic que dibujaba para la editorial Marvel, pero sí el primero protagonizado por un superhéroe de su universo, justo un poco antes que su primer número de Hulk, The incredible Hulk #330.

Se ha hablado bastante de que en sus primeros cómics de Hulk había mucha influencia de John Byrne...

The incredible Hulk #316 (John Byrne)

The incredible Hulk #332 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #316 (John Byrne)


The incredible Hulk #332 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #317 (John Byrne)
 
The incredible Hulk #330 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #317 (John Byrne)

The incredible Hulk #332 (Todd McFarlane)

The incredible Hulk #316 (John Byrne)

The incredible Hulk #330 (Todd McFarlane)


Tal vez "influencia" no sea la mejor palabra.

Sin embargo, no se ha mencionado que en Daredevil McFarlane tomó a otros autores como referentes.

 Daredevil #161 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #181 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #161 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #181 (Frank Miller)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #229 (David Mazzucchelli)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Daredevil #233 (David Mazzucchelli)

Daredevil #241 (Todd McFarlane)

Tal vez el secreto del éxito de Todd McFarlane es que siempre supo aprender de los mejores.

lunes, 19 de noviembre de 2018

No hay Daredevil sin Miller


En su tercer año, la serie de Daredevil producida por Netflix sigue atada a la versión del personaje a la que dio forma Frank Miller a principios de los 80. Esta insistencia en tomarle como referente ya me llega a molestar. Por supuesto que Miller fue clave para que el personaje haya conseguido la relevancia que tiene todavía, pero me parece ridículo reducirlo de esta manera. ¿Qué opinión parece que se está dando sobre el resto de autores e historias que hubo antes y después? ¿Va a ser verdad que Marvel tendría que haber cancelado la colección después de publicar Born again?

Esta insistencia en los elementos más característicos de aquellos cómics junto con otros elementos que vuelven de anteriores temporadas (de nuevo el traje negro, de nuevo Wilson Fisk, de nuevo... otras cosas que son destripes...) los veo como una consecuencia del cambio de showrunners en cada temporada. Sin un autor estable que marque una dirección general en este proyecto, la serie salta a cada temporada de una dirección a otra, sin un objetivo a largo plazo al que llegar (como en una colección de cómics, también es cierto). Ni siquiera el creador de la serie, Steven S. Knight, aguantó más de dos capítulos. Esto obliga de alguna manera a estos showrunner a encontrar esos recursos que dan continuidad a la serie, y de todos ellos el que ha ganado relevancia es el plano secuencia de 10 minutos de cada temporada. Esta "marca de la casa" es, para una serie económica como esta, un riesgo técnico que habría que felicitar.

Lo que para mí diferencia esta temporada de las anteriores es que los personajes han ganado significado como símbolos. Frente a un villano que representa la corrupción y el abuso de poder, tenemos tres personajes protagonistas que se identifican con las tres maneras de combatirlo: el Estado (el abogado idealista Foggy Nelson), la prensa libre (la periodista Karen Page) y la cooperación y el trabajo en equipo (Matt Murdock). El propio Wilson Fisk (ahora ya sí, Kingpin) me parece mucho más creíble. Es un villano como los del mundo real, personajes que buscan lo mejor para ellos sin importar el daño que pueda significar para otros. Fisk precisamente es el protagonista de la trama romántica de esta temporada, su historia de amor es la causa de tanto miedo y muertes.

Poindexter (Bullseye, para los que vamos prevenidos de los cómics) por un lado cumple el papel del reverso oscuro de Matt Murdock. Los dos han pasado por experiencias traumáticas en su infancia, y estas les han llevado a entrenar sus habilidades hasta límites sobre humanos. Lo que les diferencia, parece decir la serie, es que Poindexter no sabe controlar sus miedos, y Daredevil sí. No me termina de funcionar, porque aquí Bullseye es, simplemente, un enfermo. Por otro lado, Bullseye representa los excesos de Kingpin, y por tanto es clave más por lo que significa para Fisk que para Murdock.

Estas novedades se suman a lo que ya funcionaba de serie. Daredevil es, más que un superhéroe, un justiciero callejero que investiga casos de corrupción; un personaje de género negro antes que de género fantástico. Las peleas son otro de los atractivos. Por un lado, las coreografías son espectaculares gracias a que los personajes utilizan máscaras que dan libertad a los especialistas de escenas de acción. Por otro, el equipo de maquillaje puede sacar heridas y moratones tremendos sin mucho gasto económico.

Hay otros aciertos, claro, en los que la responsabilidad viene de Netflix, que con la información de la actividad de visionado de los subscriptores puede darle al espectador exactamente la serie que quiere ver. De ahí vienen también sus debilidades. Es una serie de fácil consumo que no le exige nada al espectador ni tampoco le pretende incomodar en ningún aspecto. Al público se le da algo cómodo, una historia que ya ha visto muchas veces: la épica del hombre que se salta las normas para hacer lo que considera correcto, incluso si eso significa aplicar la violencia. Y sobre todo, es una serie barata, en la línea de Netflix, y por eso dividida en capítulos alargados y llena de diálogos en los que el número de personajes que aparecen en escena suele ser el mínimo.

Con sus tales y cuáles, aún así creo que estaremos de acuerdo en que Daredevil es la mejor serie del universo de los Defensores, y que esta tercera temporada puede ser la mejor de las que se han visto hasta ahora. Sin embargo, me temo que como producto va a ser altamente adictivo y potente sólo para esta generación de espectadores. Creo que la falta de riesgo y la repetición van a hacer que estas historias caigan en el olvido en cuanto pasen unos años después de su cancelación. De los cómics de Daredevil de Miller, por su parte, se seguirá hablando.

lunes, 24 de septiembre de 2018

10 años de 'The Spirit': el público calla


Dentro de unos meses se van a cumplir 10 años desde el estreno de The Spirit (2008), el fracaso más absoluto de la carrera de Frank Miller. La crítica la despedazó y la taquilla no ayudó. Para un presupuesto aproximado de 60 millones dólares, sólo se recuperaron 39 millones. Agregadores de críticas como Rotten Tomatoes o Metacritic le dan respectivamente un 14 % y un 30 de 100. Siempre pienso que es insuficiente valorar toda una película con único número, pero en el caso de The Spirit casi es preferible antes que entrar en detalles sobre sus fallos. Al propio Miller, en una entrevista reciente, le preguntaron qué cambiaría si la volviese a dirigir. No concretó. Sólo dijo: “La haría mejor”.

El productor Michael E. Uslan se había especializado en comprar los derechos de varios personajes de cómic para hacer películas, entre las cuáles han destacado en todos estos años las de Batman. Entre estos personajes estaba también Spirit, por el que una productora de Odd Lot Entertainment, Deborah Del Prete, mostró interés en 2004. Un año después, en enero de 2005, falleció Will Eisner. En la ceremonia de homenaje en Nueva York los dos se acercaron a Frank Miller para ofrecerle escribir y dirigir la adaptación del héroe de Central City.

Frank Miller estaba cerca de su mejor momento. Quedaban unos meses para estrenar Sin City (2005), dirigida por Robert Rodríguez, que convenció a la crítica y entusiasmó al público. Al año siguiente se iba a estrenar 300 (2006), rodada también con pantalla verde, con la que tanto Zack Snyder como Frank Miller fueron catapultados al éxito. Convencer a Miller de que se encargase de este proyecto parecía la mejor decisión. Para él era complicado, pero creyó que no tenía alternativas: «Lo único que pensaba era “Es demasiado grande… No sabría hacerlo”. Y lo rechacé. Y a los tres minutos estaba camino de la puerta, me giré y dije “Nadie más puede tocarlo”, y acepté el trabajo al momento».

¿Era una buena idea darle las riendas de una película a alguien sin experiencia en este medio? Robert Rodríguez consideraba que el verdadero director de Sin City había sido Miller y no él. El propio dibujante, agobiado con la responsabilidad de dirigir esta película, le pidió consejo a Rodríguez. Éste le animó diciendo que hacer películas y cómics en el fondo era lo mismo, que sólo cambiaban las herramientas. Por su parte, Zack Snyder declaraba en la prensa que confiaba en lo que podía llegar a hacer este dibujante.

Lo primero que hizo Miller fue desarrollar un guión en viñetas, un storyboard completo con toda la película. Se apoyó en tres elementos fundamentales. En primer lugar, la historia en dos partes que presentaba al personaje de Sand Saref, una ladrona a la que Spirit debía detener pero a la que al mismo tiempo amaba. Los lectores ya sabían que era una de las historietas favoritas de Miller porque la había utilizado como inspiración para el primer número que escribió de Daredevil, en el que la ninja Elektra tenía un papel similar al de Sand Saref.

En segundo lugar, la presencia del villano Octopus parecía obligatoria. Sin embargo, si en los cómics se trataba de un villano en las sombras, al que nunca se le llegaban a ver nada más que sus guantes, en la película ganó más presencia interpretado por un Samuel L. Jackson sobreactuado. Para Miller, era la única manera de que el personaje pudiese aguantar hora y media en pantalla.

Y por último, la película debía ser también la inevitable historia de origen de Spirit. Tanto este origen como la conexión de Octopus como reverso malvado de Spirit fueron creaciones de Miller. Este cambio y otros por el estilo fueron justificados por el director: según él, Will Eisner habría preferido que Miller hubiese mostrado su visión personal a que realizase una adaptación literal.



La película tenía muchos de los recursos narrativos favoritos de Miller, pero eso no quiere decir que no tuviese en cuenta algunas de las decisiones creativas de Eisner. Por ejemplo, el protagonista nunca podía sujetar una pistola, las mujeres tenían que ser despampanantes y el código de conducta del héroe debía ser intachable. En una escena, mientras Sand Saref está en la ducha, él no entra al baño a detenerla. El motivo: hacerlo sería de mala educación.

A pesar de este cuidado, la cinta fracasa en demasiados aspectos como para señalar los aciertos. Como ejemplo de alguno de estos buenos detalles, tiene su gracia que Miller utilice al gato como «animal guía» de Spirit (las siete vidas, los tejados, la promiscuidad…). También son interesantes todos los guiños que la película le dedica a la historia de cómic americano: autores como Iger, Ditko, Kurtzman y Feiffer, editores como Liebowitz y Donenfeld, la colección Crime Suspenstories, el personaje de Robin, al lema de la película de Superman («Creerás que un hombre puede volar»), o a uno de los cómics de Spirit («¿Qué son diez minutos en la vida de una persona?»).

Junto a todos estos guiños, Miller se dedicó también a hacerse autohomenajes, en algunos casos descarados y en otros creo que accidentales. Por ejemplo, el más obvio es la referencia a que Sand Saref tiene el complejo de Electra, con la que Miller explicitaba la conexión entre esta villana de Will Eisner y su ninja griega. O también la presencia de elementos de la mitología grecolatina, que conectaban de alguna manera la película con el contexto histórico de 300. La forma con la que Spirit deambula con la espada de Plaster of Paris atravesada en el pecho recuerda a Kirigi; la escena japonesa de Octopus, a su pasión por Lobo solitario y su cachorro; y aquel «Era un buen trabajo, no debiste firmarlo», al pensamiento que Matt Murdock recitaba en la saga Born Again.

En otros casos, las conexiones entre esta película y otros trabajos anteriores de Frank Miller parecen más bien el origen de malas decisiones. Es inevitable acordarse de Daredevil viendo a Spirit saltar por las azoteas, o de Lobezno cuando su factor de regeneración le salva de la muerte tantas veces. Will Eisner le había puesto a Spirit un pequeño antifaz al personaje para poder hacerlo pasar por superhéroe, pero Frank Miller ignoró ese detalle y lo transformó en uno de ellos. Se ha escrito que Miller sólo sabe hacer cómics de superhéroes, y The Spirit puede ser el mejor ejemplo. Excepto él, nadie había pedido que Spirit tuviese superpoderes.

La lista de fallos es muy larga, por desgracia. Imágenes extravagantes, diálogos cursis, un humor que no funciona en la mayoría de los casos, efectos especiales poco conseguidos, una voz de narrador que sobra… Si hubiese que señalar un fallo fundamental, creo que hay unanimidad en que el problema es que Miller simplemente no dominaba el medio.

En uno de los prólogos de Los archivos de The Spirit, Miller comentó un desencuentro que había tenido con Eisner hacía muchos años. Él le decía que el cómic y el cine eran medios equivalentes, en el que a cada viñeta le correspondía un fotograma. Eisner parece que se lo tomó mal y le explicó con vehemencia la diferencia entre ambos. Viendo esta película, parece que Miller no llegó a entender aquellas explicaciones. Los planos son muy breves, y parecen más pensados para ser leídos en una página que para verlos sobre una pantalla. Los cambios de tono o la estructura habrían funcionado seguramente en un cómic, pero aquí parecían errores de novato.

La respuesta del público fue bastante negativa ya desde el primer anuncio de que Miller llevaría las riendas del proyecto, y los tráilers no hicieron cambiar de opinión a los escépticos (por lo general, sobre todo no gustó que la estética recordase a la de Sin City). Por eso no se entiende el optimismo de los responsables. Miller estaba seguro de que ésta iba a ser la primera entrega de una trilogía, y al mismo tiempo se le anunciaba como director de la adaptación de Buck Rogers. La triste realidad es que al público no le interesó ni siquiera el DVD de la versión del director, con todo el material que se había quedado fuera del montaje final para lograr una calificación para mayores de 13 años.

También es cierto que hubo críticas injustas. Los fans de los cómics se tiraron de los pelos por que el héroe llevase gabardina y otro tipo de detalles que consideraban alejados del personaje original. Al dibujante Kyle Baker le llamaron la atención tanto esos ataques como para escribir un artículo comparando esos supuestos fallos con páginas de los cómics para demostrar que Miller había sido más fiel de lo que algunos pensaban. No sólo eso, también aseguró que la cinta le había encantado. Imagino que en este tiempo habrá cambiado de opinión, porque su reseña ha desaparecido de su blog.

Personalmente, no creo que toda la culpa de los errores se deban a Frank Miller. Quienes le pusieron en la silla del director sabían la poca experiencia cinematográfica que tenía, y tenían medios para saber la película que estaba haciendo. En vez de guiarle y corregirle, confiaron en que sólo su nombre vendería entradas, hiciese lo que hiciese. «Todos pensábamos que Frank tenía sus propios seguidores y que le serían fieles a pesar de todo, pero nos equivocamos», se lamentó la productora Del Prete.

En el mundo audiovisual, Miller tuvo una segunda oportunidad en 2010 con un anuncio de colonia para Gucci, protagonizado por Evan Rachel Wood y Chris Evans. Unos años despuñes, Sin City: Una dama por la que matar (2014) también se hundió en taquilla y dejó muy fría a la crítica, que vio una simple repetición de la primera entrega pero menos impactante. Ahora con Cursed tal vez pueda enmendarse. Se trata de una novela para jóvenes adultos escrita a cuatro manos entre él mismo y Thomas Wheeler que cuenta el mito del Rey Arturo desde el punto de vista de la Dama del Lago. Se publicará supuestamente en 2019, el mismo año en el que Netflix estrenará la adaptación en su plataforma, una adaptación en el que estos dos autores trabajarán como productores. Entonces podremos ver qué es lo que Miller ha aprendido en estos 10 años.

viernes, 8 de enero de 2016

Robocop (Frank Miller, Steven Grant, Juan José Ryp)


La película Robocop (1987) dirigida por Paul Verhoeven parecía una historia salida de la cabeza de los guionistas de cómics de la época. La trama tenía una estructura simétrica y una conspiración de una empresa privada que podían recordar a Watchmen, y el renacimiento de un héroe mezclado con la paranoia nuclear eran dos de los aspectos fundamentales de El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller. Por eso parece lógico que los productores de Orion pensasen en este último para escribir el guión de la secuela. Sin embargo, por desacuerdos con el director, su trabajo sufrió una profunda reescritura y no llegó a la gran pantalla tal como él lo había planeado. Con esta adaptación al cómic de Steven Grant y Juan José Ryp los lectores pueden pueden hacerse una idea de lo que el público de su época se perdió.

No he visto Robocop 2 (1990), así que no puedo comparar los dos guiones. Lo que sí puedo es alegrarme de que esta historia no llegase a ser dirigida. La sátira con la que Verhoeven señalaba los defectos de la sociedad de su época es transformada aquí en una caricatura grotesca. Las tres directivas de Robocop, que en la cinta original eran un homenaje a las leyes de la robótica de Asimov, son para Miller un punto de partida para una discutible defensa de algo parecido al objetivismo de Ayn Rand y un ataque al buenismo y la sensiblería. En realidad, lo verdaderamente imperdonable es que Miller se olvida de que la película original funcionaba porque, antes que una película de acción y tiros con mensaje político y metáforas religiosas, era la historia de Alex Murphy, de cómo evolucionaba y tomaba conciencia de su nueva situación. Frank Miller resolvió el último acto de su guión con una rutinaria escena de persecución vacía y sin más contenido.

En lo que respecta a este cómic, Steven Grant cumple sin más. Después de dos números en los que se preocupa por distribuir la trama para que encaje en las páginas de cada comic-book, se desinteresa y cierra cada capítulo simplemente en el momento en el que se le terminan las páginas. Por su parte, se nota que Juan José Ryp se deja la piel en los pequeños detalles de cada viñeta, pero por desgracia tiene la contrapartida de que la lectura de su dibujo se hace más lenta y pesada.

miércoles, 24 de octubre de 2012

El Spiderman de Frank Miller

El coleccionable Marvel Héroes (el nombre me parece un horror sin sentido) de Panini de hace unos años fue un invento un poco extraño con un criterio de selección oscuro. Si la idea era acercarse a los nuevos lectores a través del kiosko había muchos tomos que fueron un error descarado. Algunas historias necesitaban un bagaje de lecturas previas, otros dejaban tramas colgadas, algunos tenían un estilo de dibujo poco atractivo para los lectores jóvenes y además había tomos ambientados en universos paralelos que sería raro que sirviesen como introducción al universo Marvel. El fallo por supuesto es creer que esto era una puerta para los nuevos lectores cuando realmente era sólo una edición de batalla de los tomos recopilatorios que había disponibles en EEUU.


Desde el punto de vista del lector marvelita la colección sí merecía la pena para tener algunos cómics curiosos a buen precio. En mi caso, yo ya había estado intentando comprar desde hacía unos años antes en la edición americana el tomo con las historias de Spiderman de Frank Miller. Me gustaba el personaje, me gustaba el autor en la época de Daredevil... lo tenía todo para interesarme. Había leído algunas de las historias en otros formatos, pero yo seguía con la idea en la cabeza de tenerlo en un tomo. En ese sentido este cómic me ha dejado satisfecho, ya he podido leer al Miller fan de Ditko y Gil Kane dibujando a Spiderman.

Aunque quien se acercase a este cómic buscando entretenimiento seguramente se habrá quedado defraudado...

La recopilación es desordenada aunque el prólogo de Julián Clemente se preocupa por intentar contextualizar cada historia. En primer lugar estarían dos números de Miller para la colección The Spectacular Spider-Man que aparecen al final del tomo. Con ellos Miller consigue primero dibujar a su personaje favorito de la infancia y además acercarse a Daredevil, el superhéroe con el que conseguiría la fama después. Ni el guión ni el dibujo son algo excepcional pero se ven ya desde aquí algunas de las inquietudes de Miller. Su manera de componer las escenas de acción, el control del ritmo mediante el tamaño de viñetas grandes y pequeñas, los objetos que siguen trayectorias que continúan de una viñeta a otra (las páginas 4 y 6 del TSS-M #28 son ejemplos muy obvios), etc. Miller insiste página tras página en una composición circular de las viñetas y de las páginas para intensificar el funcionamiento del radar de Daredevil. Y un detalle, las telarañas de Spiderman no son las que popularizó Romita sino las originales de Ditko.

A partir de aquí Miller pasa a dibujar la serie regular de Daredevil, donde es simplemente un dibujante del montón en Marvel. Como aquélla era una colección bimestral le dejaba tiempo libre para participar en otros cómics como los anuales de Spiderman con el Dr. Extraño, y el del trepamuros y los Cuatro Fantásticos. El primero es más interesante porque es una pista de cómo podría haber sido la colección regular que se planeaba hacer con Roger Stern de guionista y Frank Miller de dibujante. De nuevo, un homenaje continuo a Ditko tanto a Spiderman como a su Doctor Extraño. Por ejemplo, la página 15 recuerda a una rarísima cara de Peter Parker con media máscara tapándole que había sido utilizada por Ditko una única vez durante su etapa, o la viñeta en la que Extraño atraviesa paredes en la página 12, que la podría haberla firmado Ditko tranquilamente. Realmente Miller no inventa nada sino que utiliza recursos de los dibujantes de cómic americano clásico que habían quedado en desuso: dobles páginas, rejilla de 9 viñetas, las secuencias con fondo fijo en las que algo cambia gradualmente (el color, los personajes...), viñetas estrechas horizontales o verticales que ocupan todo el ancho o alto de la página... El dibujante medio de Marvel de la época (y sus lectores) desconocía los ingenios de los artistas que vinieron antes que él, y por eso Miller consiguió destacar entre ellos fácilmente.

Con el anual compartido con los Cuatro Fantásticos se ven más ejemplos del Miller narrador. Para el flashback utiliza una rejilla de 4x2 para diferenciarlo del resto del cómic, mantiene el plano del puerto en la página 25 para seguir bien la coreografía de la pelea, viñetas con zooms (bruscos como el de la página 6, graduales como el de la 9), etc. Miller es también insistente con su forma de crear perspectiva, con un primer plano separado exageradamente del segundo plano y el fondo. Si se compara con Lobezno: Honor la colaboración entre Claremont y Miller es mínima pero se nota a cada autor esforzándose en su campo.


La cosa cambia cuando Miller lleva un par de años en Daredevil y se convierte en uno de los autores más prometedores de Marvel con su tratamiento de Elektra, Kingpin, Stick... Aquí es cuando Miller ofrece un trabajo más profesional, la mejor historia del tomo. En este cómic une al Doctor Octopus con Punisher y coloca a Jonah Jameson en un papel destacado dentro de la trama. Miller utiliza la portada del periódico como leitmotif a lo largo del cómic (en Dark Knight serán las pantallas de televisión, el poder de los medios de comunicación), añade guiños a Spirit, Jimmy Olsen y al primer anual de Spiderman con la splash-page del puñetazo a Octopus, planos de caras vistas desde abajo a lo Gil Kane, etc.

La gran decepción es la última de las historias, otro anual en el que Miller sólo se encarga de un triste guión en el que recupera a Kingpin después de su última aparición en sus páginas de Daredevil... y poco más de interés. Salen el Caballero Luna, Luke Cage y Puño de Hierro, pero el argumento y los diálogos los podría haber firmado cualquier otra persona y no se habría notado ninguna diferencia. El dibujo de Herb Trimpe es desganado (con lo bien que intentaba imitar a Steranko en los 70 en la colección de Hulk...), aquí sólo cumple rellenando páginas en blanco.

El tomo es una recopilación de historias variadas con diferentes resultados. Como primer acercamiento a Spiderman es un horror, y como primer contacto con Frank Miller, una decepción. Este tomo es sólo para quien quiera leer a este dibujante en sus primeros trabajos, cuando todavía buscaba al mismo tiempo su propio estilo en las páginas de Daredevil.

lunes, 15 de octubre de 2012

Frank Miller, "el artista loco que dibuja tanques de agua"

El Peter Parker, The Spectacular Spider-Man #72 (1982), de Bill Mantlo y Ed Hannigan, es un cómic interesante con bastantes guiños en segundo plano, pintadas, objetos, posters... Aparece el Caballero Luna, Rom, G.I. Joe, detalles de Star Wars, las tumbas de Gwen Stacy, Elektra, Denny Colt, la mascota Obnoxio el Payaso de la revista Crazy...

De entre todos estos detalles curiosos subo una caricatura de un joven Frank Miller, "el artista loco que dibuja tanques de agua", y debajo una foto del mismo año para comparar.



martes, 7 de junio de 2011

El Daredevil que Frank Miller no dibujó

La creación de las dos series de Marvel menos vendidas en los 60 (y más exitosas de los 80) tiene su origen en una orden del editor Martin Goodman a su segundo, Stan Lee: “Dame otro Spiderman y otros Cuatro Fantásticos. Estas dos colecciones eran las más solicitadas por los lectores de la época, y el editor esperaba repetir el éxito buscando el mismo público. Sobre este tema Jack Kirby comentaría con sorna que por fin en Marvel pudieron dejar de copiar a la competencia para empezar a copiarse a sí mismos.

Stan Lee

Stan propuso por tanto dos ideas. X-men sería el nuevo equipo de superhéroes que repetiría las ideas básicas de los Cuatro Fantásticos, con su uniforme azul estándar para todos sus miembros y un villano similar al Doctor Muerte, Magneto; por su parte, el que se llamaría Daredevil (¿un homenaje al Daredevil creado en 1940 en la editorial Fox Features?) sería el nuevo superhéroe de mallas ajustadas que se dedicaría a saltar por las azoteas.


"Si te gustó Spiderman...", "Al estilo de los Cuatro Fantásticos"...
Las portadas de sus primeros números insisten en los parecidos.


miércoles, 25 de mayo de 2011

"Driving Wheel" en Sin City: El duro adiós





Driving Wheel es la primera canción del disco White Shoes (1983) de Emmylou Harris, una cantante country que empezó a destacar en los 70. Un dato interesante es que su Elite Hotel, que fue el disco de country más vendido de 1975 y ganó un Grammy en 1976, contiene una canción ¿casualmente? titulada... Sin City.

jueves, 19 de mayo de 2011

"Kojak" en Daredevil: Born Again



El alucinante actor Telly Savalas (magnífico en Doce del patíbulo) se hizo muy popular en la serie de televisión Kojak, protagonizada por él mismo en el personaje de Teo Kojak. Su papel era el de teniente de policía que iba resolviendo diferentes casos, con la peculiaridad de que andaba chupando piruletas con frecuencia.

El tema musical de la serie fue escrito por Billy Goldenberg, compositor de bandas sonoras de infinidad de series y películas para televisión, entre las que destaca El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg.

viernes, 29 de abril de 2011

El 300 histórico: aquí, por la ley espartana, yacemos

Con este último post dejamos el tema. Recomiendo leer los libros que he ido enlazando si alguien quiere saber más de esta batalla. La batalla de las Termópilas es un libro histórico donde se puede leer lo primero que se escribió sobre este tema, recopilado para quienes sólo quieran leer sobre esta batalla, mientras que Las puertas de fuego es una novela tan épica y emocionante como fiel a los datos históricos que se conocen.

En el lugar de la batalla existen varios monumentos recordando la batalla, en las que aparecen algunas inscripciones que fueron usadas por Miller en el cómic:

"Los griegos fueron sepultados en el mismo lugar en el que cayeron, al igual que quienes murieron antes de que se retiraran los que habían sido autorizados a ello por Leónidas, y sobre sus tumbas figura grabada una inscripción que reza así:

Aquí lucharon cierto día, contra tres millones,
cuatro mil hombres venido del Peloponeso.

Como digo, esta inscripción hace referencia a la totalidad de los caídos, mientras que a los espartiatas en particular se refiere esta otra:

Caminante, informa a los lacedemonios que aquí yacemos por haber obedecido sus mandatos."


"En la actualidad hay dos monumentos conmemorativos en las Termópilas. En el moderno, llamado el monumento a Leónidas, en honor al rey espartano que allí cayó, está grabada su respuesta a la petición de Jerjes de que los espartanos depusieran las armas. La respuesta constó de tres palabras: "Ven a buscarlas".

El segundo monumento, el antiguo, es una sencilla pieza sin adornos con unas palabras del poeta Simónides grabadas en ella. Sus versos constituyen quizá el más famoso de los epitafios guerreros:

Ve a decirle a los espartanos,
extranjero que pasas por aquí,
que, obedientes a sus leyes,
aquí yacemos."


(Las traducciones son obra de Carlos Schrader y Carme Camps, y están extraídas de los libros La batalla de las Termópilas y Las puertas de fuego.)

viernes, 22 de abril de 2011

El 300 histórico: los espartanos que huyeron

Un texto mucho más largo para variar. En el cómic, es Dilios, el narrador de historias, el que es enviado por Leónidas fuera de la última acometida para que así transmita por toda la Hélade la historia de la gloria espartana. Y así lo hace Dilios, animándoles en las batallas de Salamina y Platea.

Sin embargo, el que realmente dejó las Termópilas fue un espartano diferente, y el rechazo que sufrió se ajusta mejor a lo que conocemos de este pueblo por el cómic:

"Por cierto que, según cuentan, dos de los trescientos espartiatas, Éurito y Aristodemo, podían – si ambos se hubiesen puesto de común acuerdo – haberse salvado, volviendo juntos a Esparta (pues habían sido autorizados por Leónidas a abandonar el campamento y se hallaban en Alpeno aquejados de una grave dolencia ocular), o bien – si es que no querían regresar a su patria – haber muerto con sus camaradas. Esos dos sujetos, insisto, podían haber adoptado una u otra determinación, pero no acertaron a llegar a un acuerdo; es más, su decisión fue más bien distinta: mientras que Éurito, al enterarse de la maniobra envolvente de los persas, pidió sus armas, se las puso y ordenó a su hilota que lo llevase al campo de batalla (cuando lo hubo conducido hasta allí, su guía se dio a la fuga, pero él se lanzó a la refriega, perdiendo la vida), Aristodemo, por su parte, se acobardó y se quedó donde estaba.

Pues bien, si Aristodemo hubiese retornado a Esparta por haber padecido la enfermedad él solo, o si hubieran regresado los dos juntos, soy de la opinión de que los espartiatas no habrían manifestado indignación alguna hacia ellos. Pero el caso es que, como uno de ellos había muerto y el otro, pese a encontrarse en la misma situación, no había querido perder la vida, los espartiatas no tuvieron más remedio que irritarse mucho con Aristodemo.


Unos, en definitiva, pretenden que así – esgrimiendo dicho pretexto – fue como Aristodemo se salvó, regresando a Esparta. Otros, en cambio, aseguran que recibió el encargo de llevar un mensaje fuera del campamento y que tuvo la oportunidad de tomar parte en la batalla, pero no quiso hacerlo, sino que se entretuvo en el camino para conservar la vida, en tanto que su compañero de misión llegó a tiempo para la batalla y encontró la muerte.

A su regreso a Lacedemón, Aristodemo sufrió la deshonra y la humillación. Las muestras de discriminación que tuvo que soportar eran las siguientes: ningún espartiata le daba fuego ni le dirigía la palabra, y las muestras de desprecio consistían en que se le apodaba Aristodemo”el Temblón”. Sin embargo, en la batalla de Platea reparó por completo la falta que se le imputaba.


(La traducción es obra de Carlos Schrader, y está extraída del libro La batalla de las Termópilas.)

viernes, 15 de abril de 2011

El 300 histórico: la gloria

Mientras que en el cómic Leónidas planea una retorcida estratagema para quitarle la vida a Jerjes en un ataque final cara a cara, la historia nos dice que fue quizás un poco menos épico.

Cuando se hizo de día y se aclaró la situación, los persas, viendo que el número de los griegos era pequeño, los miraron con desprecio, pero no trabaron combate directamente puesto que tenían miedo de su valor, sino que los fueron rodeando por los flancos y por detrás y, lanzándoles flechas y jabalinas por todas partes, los mataron a todos. Así, pues, acabaron sus días los soldados de Leónidas que guardaron el paso de las Termópilas.


(La traducción es obra de Juan José Esbarranch, y está extraída del libro La batalla de las Termópilas.)

miércoles, 13 de abril de 2011

Frank Miller y sus guiños al cómic clásico (3)

Un par de curiosidades más encontradas entre las viñetas de El regreso del caballero oscuro. Curiosamente, las dos se refieren al trabajo de Alan Moore. La primera es la portada de un Swamp Thing en un quiosco:




Y la segunda es un cosplayer regordete de Miracleman que pasea con tranquilidad por la calle:


viernes, 8 de abril de 2011

El 300 histórico: cenaremos en el infierno

Antes de la victoria final persa en la batalla de las Termópilas, Leónidas y sus hombres realizaron un asalto suicida al campamento de Jerjes esperando poder llevarse a muchos por delante. Esto último es olvidado en el tebeo, aunque no la frase de Leónidas para animar a sus tropas para que comiesen antes de luchar:

"A continuación, los persas que, guiados por el traquinio [Efialtes], habían efectuado el movimiento envolvente por unos lugares abruptos súbitamente cortaron la retirada de Leónidas y sus hombres; entonces, los griegos, que habían renunciado a su salvación y habían elegido la gloria, a una voz pidieron a su jefe que les condujera contra los enemigos antes de que los persas se dieran cuenta del éxito de la maniobra envolvente de sus hombres. Leónidas acogió satisfecho la buena disposición de sus hombres y les ordenó que prepararan rápidamente su desayuno, pensando que la comida la harían en el Hades; él mismo, de acuerdo con la orden nada, tomó el alimento, convencido de que así podría resistir mucho tiempo y soportar el esfuerzo del combate. Una vez que sin entretenerse hubieron recuperado sus fuerzas y que todos estuvieran prestos, ordenó a sus soldados que se lanzaran al asalto del campamento enemigo, que mataran a todos los que encontraran a su paso y que se dirigieran contra la tienda del rey."


(La traducción es obra de Juan José Esbarranch, y está extraída del libro La batalla de las Termópilas.)

viernes, 1 de abril de 2011

El 300 histórico: Efialtes

Frank Miller convierte al misterioso traquinio Efialtes en un espartano mostruoso que se venga del exigente culto a la perfección de su tierra natal. La versión de Miller es poco creíble sin necesidad de buscar referencias históricas, pero es interesante saber cómo murió este individuo:

"Se encontraba el monarca sin saber qué hacer ante aquel problema, cuando un natural de Mélide, Epialtes, hijo e Euridemo, se entrevistó con él y, en la creencia de que obtendría de Jerjes una importante recompensa, le indicó la existencia del sendero que, a través de la montaña, conduce a las Termópilas, con lo que causó la perdición de los griegos allí apostados.

Posteriormente, por temor a los lacedemonios, Epialtes huyó a Tesalia; pero, pese a haberse exiliado, los Pilagóros pusieron precio a su cabeza con ocasión de una reunión de Anfictiones en las Termópilas. Cierto tiempo después resulta que regresó a Anticira, donde fue asesinado por Aténadas, un natural de Traquis. Por cierto, que el tal Aténadas mató a Epialtes por otro motivo […], pero no por ello dejó de ser recompensado por los lacedemonios."


(La traducción es obra de Carlos Schrader, y está extraída del libro La batalla de las Termópilas.)