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lunes, 22 de mayo de 2017
Juez Dredd. Los archivos completos 02 (John Wagner, Brian Bolland y otros)
Esta premisa tan alocada y extrema de una sociedad que necesita policías que apliquen la sentencia y el castigo cuanto antes me sigue apasionando. El segundo tomo de esta colección es claramente una mejora respecto al anterior. A medida que avanzan las páginas, la serie va adquiriendo algunas de sus características, como por ejemplo, la estructura de macrosagas (por lo que he leído en el recomendable blog La Placa Rifa). Este tomo recopila las dos primeras, La Tierra Maldita y El día que murió la ley. En la primera, Dredd debe atravesar EEUU desde Mega-City 1 a Mega-City 2 para llevar la vacuna que ayudará a detener una plaga mortal. En la segunda (analizada en otra entrada de ese blog), el guionista John Wagner crea un trasunto del emperador Calígula que obliga a Dredd y a varios de sus compañeros a luchar contra el cuerpo de jueces en una distopía totalitaria. Me quedo con esta segunda saga: Wagner, con el pseudónimo de John Howard, sabe dónde meter los gags y el humor en unas historias que podrían correr el riesgo de tomarse demasiado en serio a sí mismas.
martes, 5 de enero de 2016
Popeye, tomo 2 (Bobby London)
En este tomo se recopilan los dos últimos años y medio de Bobboy London a cargo de las tiras de prensa de Popeye. En sus manos esta marca registrada se convirtió, aunque sorprenda, en un vehículo que el autor usó para abrirse al público y expresar sus inquietudes personales y opiniones políticas.
Su etapa estuvo marcada por una interesante mezcla de respeto e insolencia. El respeto se lo debía a su adorado E. C. Segar, el creador de este marino tuerto. Bobby London modernizó al personaje y lo volvió trascendente para su época, lo convirtió en un reflejo de la sociedad de esos años, sin perder en ningún momento de vista los orígenes del personaje ni subvertir las normas internas de la serie. Su insolencia era con sus superiores y encargados del marketing, que le pedían que domesticase al personaje y lo volviese inofensivo y "moderno". Querían que convirtiese al personaje en el error que aparecía en la serie de dibujos de esos años, Popeye e hijo: felizmente casado con Olivia y con un hijo precioso, Popeye había dejado de fumar y vestía camisas hawaianas junto a una gorra de beisbol. Para disfrute del lector, Bobby London trasladó con mucha ironía estos enfrentamientos a las tiras de prensa, hasta que finalmente traspasó los límites de la paciencia de sus superiores. Bobby London fue despedido sin que sus últimas tiras dibujadas apareciesen impresas en ningún periódico. Este tomo muestra, por primera vez en todos estos años, las tiras que King Features Syndicate censuró.
lunes, 3 de agosto de 2015
Popeye 3 (de 6) (E. C. Segar)
Entre los tomos 2 y 3 de esta colección se ha producido un cambio de editorial que ha beneficiado al lector. Las traducciones son más cuidadas, con la versión original de los nombres y respetando los errores en la manera de "expresionarse" de Popeye. Como en los anteriores tomos, las tramas se dividen en dos partes, como si tuviésemos dos Popeyes diferentes. Por un lado están las páginas dominicales, donde Segar se centra en el humor costumbrista, especialmente en la dinámica entre Pilón y Perendengue. El personaje de Pilón, un glotón hambriento y parsimonioso, es tan carismático que parece que esté a punto de robar el protagonismo a Popeye del mismo modo que éste se lo robó a Cástor. Al mismo tiempo, en las tiras diarias en blanco y negro se desarrolla un tono de aventura ligera con el que recupera al rey Blozo, se convierte a Popeye en rey de Popilandia y se presenta a Cocoliso, el bebé abandonado que adopta el marino tuerto. El tomo acaba con un extra muy interesante, las tiras dibujadas para la Exposición Universal de Chicago, en las que Olivia interpreta un baile sensual tapada únicamente con abanicos.
martes, 16 de junio de 2015
El Juez Dredd: Los Archivos Completos 01 (Varios)
Lo que más me gusta del estilo británico es la capacidad que suelen tener sus guionistas para juntar lo incompatible: el humor con el drama, lo urbano con lo surrealista, lo ridículo con lo filosófico... En el caso del Juez Dredd, las mejores historias suelen ser aquellas en las que este Harry el Sucio futurista aplica la justicia de una manera espectacular e implacable y al mismo tiempo tenemos detalles tan absurdos como Walter, el robot demasiado servil de Dredd que "llora" aceite continuamente. Dredd es un justiciero (nunca mejor dicho) de estética punk, un motorista de cuero y cadenas que lucha contra el crimen a tiros y a toda velocidad. Sin embargo, es un crimen que puede estar representado por asesinos y ladrones... o por simples fumadores y coches-robot con personalidad infantil. Comparado con los cómics de EEUU o Europa, el dibujo de la revista 2000 AD siempre me ha parecido muy caótico e inesperado, que huye de lo formal. Incluso un dibujante tan académico como Brian Bolland, que desarrolló la mayoría de su carrera con este personaje, se une a esta experimentación continua.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Popeye, de Bob London
Cartoné, 346 páginas, blanco y negro, 30 €
Mi conocimiento sobre Popeye se resumía en algunas de las páginas de Bud Sagendorf que se publicaron en algunas revistas de Bruguera y los dibujos animados para la televisión. No tengo un mal recuerdo, pero me parecía algo soso y sin mucho interés. Me llevé una sorpresa en cuanto me puse con las primeras tiras de Popeye que empezó a reeditar Planeta. Dentro del estilo de la época, era un personaje irreverente, malhablado, violento, imprevisible... Cuando me he puesto con las tiras de Bobby London me he encontrado con un personaje aún más atrevido.
London devuelve la subversión a este personaje porque antes de empezar con Popeye era un dibujante underground relativamente famoso. De hecho, uno de sus trabajos más conocidos fue una colaboración en una parodia porno de Disney que le llevó a él y otros autores a un juicio con esa compañía que duró 10 años. Esto no quiere decir que Bobby London lleve las tiras al extremo. Se mueve dentro del tono familiar que siempre ha caracterizado a la tira, pero empuja los límites con temas como la guerra con armas químicas, la liberación de la mujer, la urbanización descontrolada, las privatizaciones... Este camino llevaría a la cancelación de la tira 6 años después, cuando London se atrevió a hacer chistes con una alegoría del aborto.
Me sorprende el formato de las tiras, con dos únicas viñetas por entrega, que imagino que London mantiene por continuar el estilo de los autores anteriores. Contrasta mucho con la época de Segar en el Thimble Theater (Teatro Dedal) original, con esas viñetas del tamaño de... dedales. Esto obliga a que los chistes sean rápidos, con una presentación y resolución inmediatas. En unas ocasiones funciona mejor que en otras. Con esta decisión se pierden las pausas, el desarrollo de un gag elaborado, la intriga... Aún así, a mitad del tomo London comienza a hilvanar tramas muy ingeniosas como la del boom urbanístico en Puerto Dulce o el café tóxico de Olivia.
No me atrevo a decir si Segar mostraba a Popeye como un personaje de su época en sus historias o si más bien eras tebeos intemporales. Tienen alguna referencia a la moda del momento o la crisis del 29, pero realmente no sabría decirlo. Sin embargo, London se aprovecha de ese estatismo temporal en las tiras para crear algunos chistes. Por ejemplo, juega con el contraste de poner estos personajes que viven en unos eternos años 30 junto a referencias musicales, políticas, culturales... de los años 80. También ironiza con el diseño inalterable de los personajes (la falda larga de Olivia), aunque en ningún momento cambia sus aspectos. Es muy interesante también cómo demuestra su conocimiento sobre la historia de esta serie añadiendo referencias más o menos obvias, recuperando personajes e incluso metiendo un guiño a la adaptación que protagonizó Robin Williams.
Creo que una lectura muy recomendable para quien quiera conocer a este personaje. La versión de Segar es la original, pero es posible que a un gran público le cueste entrar en el estilo de humor y dibujo de los años 30. Este otro Popeye de London es más ácido, parece más ingenioso y moderno. Si alguien quiere leer algo de Popeye, éstos son el momento y el cómic perfectos.
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