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lunes, 3 de agosto de 2015
Popeye 3 (de 6) (E. C. Segar)
Entre los tomos 2 y 3 de esta colección se ha producido un cambio de editorial que ha beneficiado al lector. Las traducciones son más cuidadas, con la versión original de los nombres y respetando los errores en la manera de "expresionarse" de Popeye. Como en los anteriores tomos, las tramas se dividen en dos partes, como si tuviésemos dos Popeyes diferentes. Por un lado están las páginas dominicales, donde Segar se centra en el humor costumbrista, especialmente en la dinámica entre Pilón y Perendengue. El personaje de Pilón, un glotón hambriento y parsimonioso, es tan carismático que parece que esté a punto de robar el protagonismo a Popeye del mismo modo que éste se lo robó a Cástor. Al mismo tiempo, en las tiras diarias en blanco y negro se desarrolla un tono de aventura ligera con el que recupera al rey Blozo, se convierte a Popeye en rey de Popilandia y se presenta a Cocoliso, el bebé abandonado que adopta el marino tuerto. El tomo acaba con un extra muy interesante, las tiras dibujadas para la Exposición Universal de Chicago, en las que Olivia interpreta un baile sensual tapada únicamente con abanicos.
lunes, 25 de mayo de 2015
Popeye: volumen 2 (E. C. Segar)
El segundo tomo de esta colección entra definitivamente en la imagen del Popeye más reconocible, especialmente por la coletilla del "soy el que soy" y las espinacas como el origen de su fuerza extraoridinaria. Creo que el humor es un género que envejece mucho peor que el drama. El Popeye de Segar no me parece que sea un cómic que provoque las mismas carcajadas contundentes actualmente que las que creo que debió de provocar en su época, pero sus aventuras son interesantes y los personajes están muy bien construidos. En ese sentido, la guerra entre Nazilia y Tonsylvania me parece lo mejor de estas páginas. También es un reflejo los años 20. Se ambienta en la Depresión y al final de la Ley Seca, por lo que Segar presenta a Popeye dando dinero a los pobres con frecuencia (el "Banco de Salida", por ejemplo) y se permite burlas continuas contra una ley que ni los reyes de su tira cómica obedecen.
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