Mostrando entradas con la etiqueta Dibbuks. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dibbuks. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de septiembre de 2018

Tipos de "Basado en hechos reales"


He terminado hace poco de leer La muerte de Stalin y Joe Shuster, y mis sensaciones han sido muy diferentes con uno y con otro. Los dos tienen en común que son cómics basados en hechos reales, pero no de manera autobiográfica, y también que son dos ejemplos de las maneras de entender este género. Yo haría una clasificación sobre este tipo de relatos:

  • Historias absolutamente basadas en hechos reales (como La mujer rebelde, de Peter Bagge)
  • Historias ligeramente basadas en hechos reales (como 300, de Frank Miller)
  • Historias a medio camino entre una y otra (como La muerte de Stalin, de Nury y Robin)

En los tres casos, no me refiero al uso de la documentación que ha manejado el autor o autores, sino a cómo el lector es consciente de la verosimilitud de la historia.

Por empezar por el primer ejemplo, en cómics como La mujer rebelde se ve que los autores intentan ser transparentes, que su objetivo es transmitir información sin querer actuar como un filtro. Los autores incluso justifican sus decisiones a la hora de contar el relato en alguna parte dentro de la obra, ya sea en notas al pie o en el epílogo. Sería el caso también de otros cómics como Feynman o Logicomix.

En el lado contrario, cualquier lector sabe, sin necesidad de que se lo tengan que aclarar, que 300 o Buda de Osamu Tezuka parten de hechos históricos, pero que una gran parte de que lo que se cuenta en ellos es un añadido del autor. El lector sabe que si lo que aparece aquí es extravagante o imposible es porque se trata de un relato de ficción y hay que disfrutarlo como tal. Lo importante es lo que cuenta el autor, no los datos en los que se basa.

El que me preocupa es el tercer tipo, cuando los límites entre estos dos enfoques están borrosos. Ni el autor es puntilloso con los hechos reales, ni llega a ser tampoco inverosímil. En estos casos, ¿qué es real y qué es inventado? Siento que como lector necesito haber hecho una investigación similar al autor para poder valorar las decisiones creativas de este cómic, y también para poder separar la realidad de la ficción.

Sobre este tema me vienen a la cabeza las discusiones sobre si un cómic se parece a su adaptación. En comparación, no me parece tan importante cuando pienso en películas de este estilo, basadas libremente en hechos reales pero sin que el lector sepa hasta qué punto. Por poner dos ejemplos recientes, no me gustó nada cómo falsearon la realidad en los biopics de Alan Turing (Descifrando Enigma, 2014) o P. T. Barnum (El gran showman, 2017). Puestos a elegir, yo le daría más importancia a la fidelidad de estas películas que a la de las adaptaciones de cómics, que seguramente hayan sido retconeados, rebooteados o ultimateados alguna vez.

Éste es básicamente mi problema con La muerte de Stalin. Su premisa es una bomba atómica: con la muerte de este dictador que había concentrado tanto poder en su persona, el gabinete de ministros se convirtió en un campo de batalla para ocupar su lugar. Sin embargo, al terminar de leerlo investigué un poco sobre la historia real y encontré pequeños matices que se diferenciaban de lo que había visto en estas páginas. Algunos detalles que me habían llamado mucho la atención no habían ocurrido en realidad, sino que eran ingeniosas decisiones creativas de los autores.

En el lado contrario, había empezado Joe Shuster con desgana. Entre los libros Men of tomorrow, Superman: la creación de un superhéroe y la parodia de El Maximortal ya me sabía más de la mitad de la historia que cuentan Julian Voloj y Thomas Campi. Sin embargo, a cada página iba viendo que no importaba lo que ya supiese de antes, que la historia trágica de los creadores de Superman, dos pequeños artistas traicionados por una gran empresa, estaba pensada para que todo tipo de público la lea y le impacte. En realidad sólo me choca el final, que me parece demasiado apresurado. El resto es el trabajo de dos autores que entienden la importancia de lo que están contando y que se lo toman en serio.

Seguramente me vayan llegando a la mente historias que me hayan gustado pero sean del tercer tipo en el que englobo cómics como La muerte de Stalin. Es posible que en el futuro me eche para atrás con esta opinión, pero llevo bastante tiempo pensando que en este tipo de relatos la responsabilidad del autor es mucho mayor que en las que son ficción sin más. No sólo están vendiendo entretenimiento con una apariencia más respetable, sino que construyen una versión falseada de la historia que podría llegar a asumirse como la auténtica.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Gringos locos (Yann y Olivier Schwartz)


Existe una historia poco conocida del cómic francobelga: en 1948 los dibujantes Jijé, Morris y Franquin (creadores de Spirou, Lucky Luke y Tomás el gafe respectivamente) viajaron por EEUU de costa a costa en coche para llegar a los estudios Disney. Querían ser contratados como animadores, pero después de muchas peripecias sus planes quedaron frustrados. El guionista Yann llevaba mucho tiempo queriendo reconstruir en un cómic este relato a partir de las divertidas e imposibles anécdotas que le habían contado Franquin y Morris en vida. Creo que ésa es la debilidad de este guión. La estructura del cómic está enfocada a recopilar el mayor número posible de ellas. Esta intención hará las delicias de quien conozca a los personajes de estos autores o a sus autores, pero no es tan atractiva para quien se acerque a este cómic sin esas lecturas previas. No se trata de un cómic con un mensaje universal, sino enfocado al público de "expertos" en la materia. En lo que todos los lectores estarán de acuerdo es en que el dibujo sigue la línea de dibujo francobelga: es de una calidad tremenda.

Un tema aparte es los extras que no sé si estarían en la edición francesa. El tomo contiene al final una colección de declaraciones de los hijos de Franquin y Jijé que ponen en duda la absoluta fiabilidad de la descripción que hace este cómic de los dibujantes y de su aventura. El guionista defiende sus decisiones con la frase: "Cuando la leyenda es más bella que la realidad, imprimimos la leyenda". El lector puede opinar sobre los límites de ese principio gracias a estos extras.

domingo, 31 de mayo de 2015

Solos, tomo 2 (Fabien Vehlmann, Bruno Gazzotti)


El primer tomo me entusiasmó por ver a unos niños perdidos en una ciudad abandonada, vagabundeando, obligados a sobrevivir por sí mismos. Era inevitable que en algún momento estos chavales empezasen a desarrollar algún tipo de organización, y es lo que, como opinión personal, me chirría de este tomo. Parece que la trama a partir de ahora va a dirigirse hacia la investigación de los motivos por los que la ciudad ha sido abandonada. Poco a poco se están dando pistas y mostrando sucesos extraños que tal vez expliquen qué ha pasado con los habitantes de esa ciudad. Comparar Solos con Perdidos a estas alturas es inevitable, y no es una comparación que me parezca beneficiosa. Por el talento de guionista y dibujante para contar la historia hasta este momento, tengo la sensación de que el final en este caso sí podría dejar un buen sabor de boca.

lunes, 18 de mayo de 2015

Solos, tomo 1 (Fabien Vehlmann, Bruno Gazzotti)


En "Solos" un grupo de cinco niños ha sido abandonado en una ciudad de la que, de la noche a la mañana, ha huido toda la población de manera inexplicable. Tanto el punto de partida como el argumento recuerda en ese sentido a un Perdidos juvenil que, para mi gusto, funciona. Es un tebeo que quiere tirar por el entretenimiento, y lo hace bien, con cierta sofisticación general. No inventa la rueda, pero tampoco huele a repetitivo. Emociona, sorprende, enternece y engancha. El primer tomo contiene los primeros tres álbumes de una colección que, miedo me da, parece que no tiene un final planeado de momento.