X-men había sido desde sus orígenes una colección de bajas ventas, tal vez por los siguientes motivos: la premisa de la mutación debido a la radiactividad atómica era un tópico ligeramente desfasado en aquella época, los superpoderes de los protagonistas no eran en absoluto originales, y su personalidad también resultaba en general repetitiva. Los editores
Stan Lee y
Roy Thomas utilizaron todos los trucos posibles para atraer la atención de los lectores, como matar a personajes relevantes, cambiar los trajes de los protagonistas, disolver el grupo, cambiar el título de la revista destacando el de los personajes individuales, o cruzarla con la colección de más ventas (los
Vengadores)… Sin embargo, nada de esto terminaba de funcionar, los personajes no cautivaban.
Hasta que llegó
Neal Adams.
La primera página de Neal Adams en X-men