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lunes, 6 de agosto de 2018

El escote de Hulka: ¿Machismo en los superhéroes?

Para ilustrar la conversación, el programa utilizó
la imagen modificada de una reseña de Hulka

Hace unas semanas se emitió una entrega del programa de Tramas Maestras centrado en las superheroínas, especialmente de cine, y especialmente de Marvel y DC. Era la tercera entrega en emitirse, y parece que también se ha convertido en la última. En él Leticia Dolera, Henar Álvarez y Pilar de Francisco junto a varios invitados utilizaron este tema como un medio para compartir conceptos feministas y chascarrillos. Sin embargo, el programa ha molestado a los aficionados de los cómics de superhéroes por su falta de rigor.

Yo también formo parte del grupo de los decepcionados. Creo que el programa no refleja la situación actual del género de superhéroes, principalmente porque quiere destacar sólo lo negativo, es decir, lo que da pie a los chistes. No se suele tratar con profesionalidad el género de superhéroes en los medios de comunicación, y este programa no fue una excepción. Lo que yo vi fue desinterés, la ausencia de voces autorizadas (o con tiempo para expresarse), que se fomentaron estereotipos y una documentación tan superficial como la de La trampa de la diversidad.

Para empezar, el programa fracasaba desde el principio cuando no se definía lo que es un superheroe o una superheroína, sino que ese aspecto quedaba resuelto con que se trataba de «los personajes de Marvel y DC». Por eso llegamos a un final en el que Henar Álvarez pone como superheroína a Hermione Granger, y Leticia Dolera, a Buffy Cazavampiros. Si se trataba de heroínas de ficción, en general, ¿entonces por qué han hablado de cine de Marvel y DC durante la hora anterior?



Querían hablar de superhéroes, pero es irritante la poca simpatía que parecen sentir por este género. Cuando se menciona que la Avispa comparte protagonismo con Ant-Man en el último estreno de Marvel, cuelan el comentario suspicaz de que podría tratarse de una cuota de marketing. A nadie le ha parecido necesario comprobar cuál es la relación de los dos personajes en los cómics, nadie se ha preocupado en ver que eran co-protagonistas casi desde la creación de Ant-Man. Para empeorarlo, alguien comenta que ella sale en la película sólo porque es «la-novia-de». Para no equivocarse, aquí no hace falta leer ningún cómic: cualquiera de las dos películas te dan la clave de que en realidad en el cine ella es superheroína por ser «la-hija-de», la hija del verdadero Ant-Man.

Tampoco ayuda el análisis superficial del protagonismo de las películas de superhéroes recientes. De Logan (2017) se olvidan de que X-23 es co-protagonista, en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017) no tienen en cuenta a Nébula y a Mantis (y llaman «Gomora» a Gamora), en Thor: Ragnarok (2017) no hacen mención al personaje de Valkiria, y de Deadpool 2 (2018) tampoco hablan de Domino. Incluso yendo más allá, tal vez se debería profundizar en más factores que el protagonismo: ¿cómo se puede menospreciar el amplio e importante papel que tienen los personajes femeninos en Black Panther (2018)?

Destacaron también que en las historias de superhéroes los hombres siempre salvan a las mujeres, que las mujeres mueren muchas veces sólo para impulsar cambios en los hombres (un recurso que se ha llamado «mujeres en la nevera»), y que los hombres protagonizan más películas que las mujeres. Todo es cierto, ¿pero por qué no han comparado estos tópicos con otros géneros? ¿De verdad alguien piensa que es tan diferente al tratamiento que se da a hombres y mujeres en el cine de acción que en el cine de superhéroes?

Conociendo a Elisa McCausland, tampoco llevo bien que gran parte de su colaboración se haya quedado fuera, y en su lugar se hayan preferido los recuerdos y comentarios de Manuel Burque. Unos comentarios que seguro que se han hecho con buena intención y cariño, pero en los que falta información. Manuel Burque comenta por ejemplo que en los grupos de superhéroes ellas nunca mandaban, cuando precisamente una de las etapas más conocidas de los Vengadores es cuando la Avispa lideró el grupo durante cinco años sin que ningún otro personaje pusiese pegas.

Lo que más ha dado que hablar en las redes sociales es la torpeza de Burque al hablar de la Hulka de John Byrne, de la que sólo ha comentado su forma imposible de vestir y sus escotes. No digo que esté obligado a recordar que Hulka es la prima de Bruce Banner ni que por supuesto a ningún lector le molestó que creasen el personaje. Lo que es una verdadera lástima es que juzgue el trabajo de un autor exclusivamente de un vistazo, sin haber llegado a leerlo. Por este desinterés se ha dado pie a un comentario injusto contra los lectores de cómics: «¿Entre Hulka y el Playboy, qué me compro?».

Choca especialmente la importancia que le dan todos ellos a la sexualización de las superheroínas cuando precisamente Elisa McCausland le quitó importancia a este detalle durante la presentación de su libro. Es uno de las pistas que me hace sospechar que en realidad su colaboración debió de haber durando mucho más, pero pudo haber sido recortada porque sus ideas no encajaban con las de las presentadoras.

Me refuerza esa sensación la entrevista inicial al director Rodrigo Cortés. No es una entrevista bien hecha. En vez de traer a un invitado para conocerle y darle un espacio para que se pueda expresar, las preguntas están hechas para rebartirle. Las entrevistadoras se pusieron por encima del entrevistado, querían que su visión y su forma de pensar quedase por encima de la de él. Del mismo modo que en la entrevista lo que importa son las presentadoras, me encaja que el trato al resto de invitados fuese similar.

El gran problema de este programa no son sólo todo este conjunto de errores, sino el sesgo equivocado que se ha usado para hablar del tema. Leticia Dolera, Henar Álvarez y Pilar de Francisco sólo han mostrado la cara machista del género de superhéroes. Han dejado hueco para los contraejemplos en forma de brevísimas menciones a la película de Wonder Woman (2017) y a los cómics que recomienda el librero de Comics & Co, pero nada más. Antes de grabar el programa ya estaba decidido que el cómic y el cine de superhéroes son machistas con excepciones sin importancia. Han tirado por lo fácil, por el estereotipo de friki de los superhéroes, por el adolescente que no sabe relacionarse con las chicas, por los personajes de The Big Bang theory. La actitud que han tomado ha sido la del abusón de patio de colegio que da collejas a los empollones.

No entiendo cuál era la intención de este programa. ¿Por qué dieron tanta importancia a la crítica negativa, por qué tan poco al análisis y al contexto? No sé si con este programa pretendían cambiar la industria y animar a los autores a producir un material diferente. Lo que tengo claro es que han espantado a posibles lectoras que podrían haber disfrutado con tantos y tantos cómics que no tienen nada que ver con todos estos estereotipos injustos. ¿Habrá hueco para que algún día hagan otro programa en el que expliquen que también hay cómics de superhéroes feministas?

Mi crítica, en cualquier caso, se refiere exclusivamente a una entrega de este programa. Quiero dejar clara cuál es mi opinión, pero desde el respeto. No creo que los errores de este programa sean extensibles al resto de las carreras de sus responsables.

Me he puesto en contacto con la Cadena SER y con Leticia Dolera para poder conocer su opiniones al respecto, pero no han contestado mis correos.

domingo, 30 de julio de 2017

Wonder Woman. El feminismo como superpoder (Elisa McCausland)


Se ha asentado en gran parte de la crítica especializada la idea de que el cómic de superhéroes, el comercial, el que busca el gran público, el de las peleas y las escenas de acción... no da pie a un análisis interesante. Hay libros y estudios sesudos sobre casos excepcionales, tanto de algunos cómics (los eternos Watchmen y El regreso del Caballero Oscuro, por ejemplo) o de autores concretos, pero creo que nadie había llegado tan lejos como Elisa McCausland en este libro. Era necesario un libro así: son cómics creados dentro de una industria con sus defectos y limitaciones, pero los autores siguen siendo autores, con su ideología, sus intereses y un mensaje que quieren transmitir a los lectores.

Cuando los psicólogos William Moulton Marston, su esposa y su amante junto al dibujante sufragista Harry G. Peter crearon a Wonder Woman tenían en mente un mensaje político, el feminismo. Sin ninguna duda, la mejor parte del libro son estos primeros años estas primeras páginas del libro en las que descubrimos las raíces feministas de las que germinó esta superheroína, lo realmente contestataria y personal que era aunque se disfrazase de una estética comercial de tebeo juvenil de aventuras. Precisamente es uno de los aciertos de este clan Marston: compartir una ideología contracultural con un público reducido es sencillo, lo difícil es atraer a una gran masa de lectores para que lean algo muy alejado de las convenciones sociales.

Tanto en esta primera parte como en la que habla de los artistas que continuaron a cargo del personaje (Robert Kanigher, George Pérez, Greg Rucka, Renae De Liz...), Elisa conecta cada visión del personaje con el movimiento feminista correspondiente a su época. No importa si estos autores eran conscientes o no del potencial transformador de Wonder Woman, al terminar de leer el libro uno se da cuenta de las implicaciones sociales que tienen las historias de superhéroes, incluso las de los autores que no pretendían revolucionar el género.

Tal vez porque no hace falta llevar la revolución a los géneros de ficción, sino a la sociedad.

lunes, 19 de junio de 2017

Crónica de la presentación de 'Wonder Woman. El feminismo como superpoder'


El pasado jueves 15 de junio tuvo lugar la presentación de Wonder Woman. El feminismo como superpoder (Elisa McCausland, 2017), editado por Errata Naturae, en la librería La Central de Callao, en Madrid. La presentación fue apadrinada por la editora Emilia Lope, la ilustradora Carla Berrocal y el crítico y periodista Jordi Costa. Lo que tenían en común los dos últimos resaltaba el interés del libro: confesaron que desconocían el personaje y su trayectoria, pero gracias a Elisa lo empezaron a encontrar apasionante.

Elisa McCausland y Carla Berrocal, fotografía de Diego Salgado

Entre Elisa McCausland y Carla Berrocal se notaba una conexión de cariño y amistad evidente, tanta que Elisa bromeaba con que podrían formar un dúo cómico. Carla puso un ejemplo de esta conexión: ellas no lo sabían al conocerse, pero la madre de una y el padre de la otra trabajan en lineas aéreas y, al volver de sus viajes, solían traer cómics con ellos. Esto explica, en parte, cómo las dos se aficionaron desde muy jóvenes a los superhéroes americanos. Carla sólo tenía halagos para Elisa. Destacó su perfeccionismo y su inteligencia, y señaló que era muy fácil trabajar con ella. Cuando Elisa le anunció que iban a publicarle este libro se alegró muchísimo por ella y aceptó ayudarla con ilustraciones para la portada y el interior. Esta portada acabó siendo una fusión entre el pasado (dibujado por Carla Berrocal) y una proyección del presente (dibujado por Natacha Bustos). Elisa veía un vínculo entre el estilo de Carla Berrocal y la primera Wonder Woman, la de H. G. Peter, algo en lo que la ilustradora coincidía: la consideraba un personaje “estéticamente interesante”, especialmente en sus primeros años.

Una de las ilustraciones de Carla Berrocal en el libro

Hablaron de la importancia que tienen los brazaletes y las balas de la portada, que para Elisa son elementos clave del personaje. En un primer momento, ella recordó que los brazaletes en Wonder Woman simbolizan una decisión que se toma, el autocontrol y la sumisión, en el sentido de someterse a retos y compromisos. Más tarde añadió que su obsesión por esta combinación de elementos venía también por un cómic del evento Amalgam publicado entre 1996 y 1997, que nació como una forma de unir los universos de ficción de Marvel y DC. Una de sus consecuencias fue el cómic Amazon (John Byrne, 1996), protagonizado por un personaje que mezclaba a Wonder Woman con la Tormenta de los X-Men. La segunda consecuencia, Bullets and Bracelets (John Ostrander y Gary Frank, 1996), “Balas y brazaletes”, en el que el compañero de Wonder Woman, Steve Trevor, adquiría las características del Castigador.


A continuación tomó la palabra Jordi Costa, al que Elisa demostró su respeto diciendo que había una generación de críticos y periodistas culturales que le debían mucho, incluyéndose a ella misma. Igual que Carla, Jordi también se alegraba de que el genio de Elisa se hubiese materializado en un libro “excepcional y sobresaliente”, aunque hasta ese momento su talento ya se había percibido en su carrera periodística. Y, también como Carla, Jordi quiso señalar un paralelismo entre su biografía lectora y la de Elisa. Si ella sentía una obsesión por Wonder Woman, él destacó que nació cerca del personaje de Doña Urraca, una “bruja” de la postguerra creada dentro de la Editorial Bruguera. Apuntó que tal vez sería interesante analizar también este personaje desde una perspectiva feminista, porque igual que Wonder Woman también fue un personaje que acabó siendo domesticado por el sistema.

Jordi Costa, fotografía de Diego Salgado

Este personaje desembocó en una reflexión sobre la cultura académica y la cultura popular, que Jordi defendió como “un buen material con el descifrar la vida”. Para él, es absurdo poner límites entre la cultura y la cultura popular, y el trabajo del “clan Marston” (William Moulton Marston, su esposa Elizabeth Holloway Marston y Olive Byrne, la compañera de ambos) sería un buen ejemplo. Por lo general, la cultura de masas transmite los valores dominantes de cada sociedad y, por tanto, no busca estimular la insumisión. Sin embargo, los creadores de Wonder Woman creían que los cómics podían ser lo contrario, propaganda de un ideario feminista que utilizase los arquetipos para transmitir unos valores que discutían la visión oficial (Jordi Costa comparó este uso de arquetipos de género con el personaje de Promethea, creado por Alan Moore y J. H. Williams III). El clan Marston, que venía de ámbitos culturales y activistas, con ayuda del dibujante Harry G. Peter (Elisa aclara que antes había sido ilustrador en prensa sufragista, y su mentora, Lou Rogers, una pionera en el feminismo más combatiente), desarrolló un personaje activista que era un reflejo del ideario político de los autores y de la utopía familiar, sexual y libertaria que les unía. “Fue una cuña transmisora de unos valores que no estaban en la ideología de ninguna editorial hasta el momento”.

Carla Berrocal y Emilia Lope, fotografía de Diego Salgado

Volviendo a la conexión con Doña Urraca con la que comenzó su intervención, Jordi Costa apuntó que esta superheroína también sufrió una domesticación, un “proceso de pérdida de ese sustrato ideológico”, al que le siguió un reajuste y también una gran influencia posterior. En ese sentido, señaló a Katniss Everdeen, la protagonista de Los juegos del hambre (Suzanne Collins, 2008), como un ejemplo de la continuación de este arquetipo.

Su exposición terminó con un elogio a la forma de escribir de Elisa. Desde el ámbito de la academia hay una tendencia a escoger un elemento de la cultura popular y analizarlo académicamente. Para Jordi, es como diseccionar una rana muerta, no hay pasión en ello. Por eso destacó que en el estilo del libro se nota un amor sincero por el personaje. Le recordó a Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Michael Chabon, 2000), la novela ganadora del premio Pulitzer en el año 2001. Para Jordi, aquella novela había sido escrita a partir del cariño hacia la figura de Superman. Por este motivo, si Chabon hubiese escrito antes de esa novela un estudio sobre Superman, se habría visto en él la misma pasión que se encuentra en este libro por Wonder Woman.


En su turno, Elisa McCausland explicó el título del libro, “Feminismo como superpoder”. Mientras que la academia se centra en el “viaje del héroe” (John Campbell habló de este concepto en su estudio El héroe de las mil caras, 1949), el “viaje de la heroína” suele quedar fuera de estos análisis. Para ella, es un viaje muy diferente y esencialmente feminista que consiste en una evolución a través de la cual el personaje es consciente de sí mismo, de lo que la limita, para a continuación poder dinamitar el sistema. Esta ruptura del sistema seguiría la reflexión de Simone de Beauvoir que abre este ensayo: no se trata de quitar el poder, sino de repensarlo.

Volvió a reivindicar el trabajo de Marston y su hackeo al arquetipo, y señaló que sería interesante saber qué habría hecho de vivir en la época actual, en la que hay un importante “capitalismo de emociones”. Fue gracias a sus dotes persuasivas propias de psicólogo y publicista, a su manera de seducir a los lectores, con lo que dio impulso a un personaje de cómic que funcionó como un mecanismo desactivador, un artefacto de extrañamiento que revelaba la construcción en la que vivimos.


Alguien del público preguntó acerca de cuáles eran los valores o poderes de Wonder Woman, sus limitaciones y en qué aspecto se sentía identificada la autora con el personaje. Para Elisa, dependía de la Wonder Woman de cada época, pero su poder sería la voluntad de servicio (comentó que el guionista Greg Rucka se centró en este aspecto, en “la voluntad de servicio público”). Al hilo de este aspecto, Elisa señaló que Wonder Woman (y todos los superhéroes en general) suele ser vista como espejo de lo que somos. Para ella, resulta más interesante si se le ve como “abismo”, como un héroe que pide más de ti. La principal limitación del personaje es “su anatomía de superheroína pechugona”, con el que se le suele hacer bodyshaming (una actitud que consiste en hacer sentir culpable a alguien por su aspecto físico). En este sentido, aunque es cierto que en el cine y la televisión la han interpretado ex modelos, le parecía destacable que en el dibujo sus representaciones suelen salirse del código femenino. Respecto a la tercera pregunta, Elisa respondió entre risas que se identificaba con el masoquismo del personaje.

A continuación, otro asistente comentó que estaba aprendiendo mucho con el libro y quiso saber si Elisa había aprendido también algo inesperado escribiéndolo. “Mucho”, responde, pero destacó especialmente las figuras de Robert Kanigher y Fredric Wertham. “Vista desde la actualidad, la etapa de Kanigher es muy interesante por surrealista”: Wonder Woman comparte aventuras con las versiones adolescente y bebé de ella misma, en cierta ocasión transporta un dinosaurio bebé en un carrito por la calle, tiene un novio sireno... Elisa quería equilibrar las cosas, porque ningún estudio de Wonder Woman ha querido tratar esa etapa, pero ella se preguntaba cómo había aguantado un cómic tanto tiempo con los cambios que Kanigher había introducido respecto a lo creado por Marston.


Sobre esta etapa desconcertante, Elisa explicó un debate reciente. ¿Se mantuvo el personaje en las revistas sólo para que la editorial DC conservase los derechos de Wonder Woman, o era una forma del sistema para guardar el personaje hasta que volviese a ser necesario? Sea cual sea la respuesta, “a día de hoy es el personaje o mito que necesitamos”.

Al hilo de la mención a Fredric Wertham, otro asistente se interesó por cómo el código de autocensura de aquellos años afectó a esta heroína. Elisa explicó que Marston con Wonder Woman estaba planteando algo cercano a una utopía lésbica. Por tanto, la censura obligó a depauperar a sus heroínas amazonas y domesticarlas, a darles como principal objetivo el casamiento. Debido a estos cambios, las ventas cayeron y por lo tanto se cancelaron muchas colecciones de superheroínas, entre las que sobrevivió Wonder Woman. Elisa como ejemplo contrapuso la Wonder Woman de Marston con Batwoman, que nació en esta época sólo para evitar que los lectores puedan pensar que Batman y Robin eran gays.

Una de las ilustraciones de Natacha Bustos en el libro

Entre el público, otra persona pregunta quién era el lector medio de la colección. Elisa no lo tiene claro y cree que cada estudioso da una respuesta diferente. Aún así, parece que Marston enfocaba la colección para que la leyesen los niños. Por eso le hace gracia que se haga bodyshaming con Wonder Woman, cuando su atractivo aspecto de pin-up era intencionado desde su creación.


La presentación terminó con dos preguntas del público que parecían pensadas para cerrar la charla. Sobre cómo debería ser el futuro de Wonder Woman, Elisa mencionó la miniserie de La leyenda de Wonder Woman (Renae De Liz, 2016), y se lamentaba de las tramas inacabadas de Greg Rucka, el guionista actual del personaje, que ha abandonado la colección este mismo mes. Yendo más lejos, destacaba que, en una dirección muy parecida, el guionista Jason Aaron estaba trabajando con el arquetipo de este tipo de personaje en la colección actual de Thor, en la que la protagonista desde 2014 es la doctora Jane Foster con los poderes del dios del trueno. En cualquier caso, los cómics de superhéroes son un reflejo de nuestro mundo, por lo que el futuro de Wonder Woman tendrá que ver con nuestra historia.


¿Qué cómic recomendaría a un lector actual? La pregunta dejó indecisa a Elisa, que explicó que tendría que conocer a la persona para poder recomendarle correctamente. Por ejemplo, destaca que lo que hizo George Pérez en 1987 es digno de elogio. En contraste, en los últimos años es difícil recomendar algunos de sus cómics porque el personaje ha sufrido varios reboots. Incluso de los cómics que generalmente son criticados por presentar una Wonder Woman de estética sexualizada y violenta (los de Mike Deodato Jr. en los 90) Elisa guarda buenos recuerdos de su infancia, como el personaje de Artemisa, “una adolescente enfadada que tenía algo de razón en sus enfados”. ¿Qué cómic se quedaría para ella de toda la colección de Wonder Woman? Sin ninguna duda, la primera etapa del clan Marston.