lunes, 14 de mayo de 2018

Eso tan complicado de reeditar Bruguera


Hace unas semanas Penguin Random House anunció su intención de empezar a reeditar el catálogo de Bruguera. En Canino me pidieron un artículo con una lista de personajes poco evidentes que podría ser interesante reeditar. En mi cabeza le di vueltas también a todo lo que rodea a estas posibles reediciones (para mí son “posibles” hasta que no las vea), pero ese artículo no era el lugar para ponerme denso y desparramar mis reflexiones.

Empiezo admitiendo que me puede el pesimismo. Los pocos anuncios que han hecho me dan a entender que todo se va a limitar a reediciones de aquellos tomos de RBA que se distribuyeron en los quioscos. Tendría todo el sentido del mundo. Un gran grupo como Penguin no se puede permitir que otra editorial vuelva a tener parte de su material.

Me preocupan las dificultades que conlleva recuperar estas colecciones. Son series pensadas para un público diferente al actual, pensadas para un formato (la revista) que ni existe ni volverá con fuerza jamás. Tienen con contexto histórico, cultural, social… muy alejado del nuestro. La tecnología, las referencias culturales, los elementos costumbristas… Todo es diferente. ¿Para un niño va a tener sentido que Zipi y Zape quieran una bicicleta antes que un móvil? Incluso los valores de la sociedad han evolucionado. Ahora mismo los chistes sobre un matrimonio en el que los dos no se soportan suenan anacrónicos, por mucho que tuviesen sentido en una sociedad en la que el divorcio era ilegal. O al menos eso es lo que pienso yo, porque luego parece que los chistes de Jorge Cremades triunfan de manera inexplicable.

Precisamente si la sociedad ha podido evolucionar es por el fin de la censura. Todos estos cómics tenían que cumplir unas normas morales para poder ser publicados. No es sólo que en España no se pudiesen hacer cómics para adultos, es que tampoco había libertad para hacer cómics para niños. Un autor no podía expresarse en sus historietas con la misma naturalidad con la que hablaba con sus propios hijos. Esta falta de libertad les impedía contar ciertas cosas de ciertas maneras, les obligaba a ser precavidos y no arriesgarse. Les impedía tener la garra que un autor de cómics de otro país tenía o la que los autores españoles pueden tener actualmente.

Si el Estado le prohibía expresarse con libertad, la editorial también limitaba a los autores en el apartado gráfico. En Bruguera los cómics tenían que tener una claridad narrativa absoluta y una altísima densidad de viñetas. Es decir, que en las revistas sólo se publicaban páginas con el mayor número posible de viñetas rectangulares dispuestas en hileras horizontales, sin posibilidad de alguna experimentación visual. Esto no ocurrió durante toda la vida de la editorial, sino aproximadamente hasta la llegada de la democracia, con la sustitución (no relacionada) de cargos de responsabilidad en la editorial, pero el grueso del material de Bruguera pertenece a esa primera etapa.

Y digo todo esto sin contar con la verdadera gran dificultad: la falta de materiales originales. Un gran porcentaje de las páginas se ha destruido, perdido o deteriorado. La visión cortoplacista de Bruguera no le daba la importancia que tenían a estas páginas, y ya no es que no se las devolviesen a los autores (imagino que para evitar que las volviese a publicar la competencia), es que las llegaban a destruir o guardar de cualquier manera. Si se quiere reeditar estas historietas, hay que partir por tanto de las revistas en las que se publicaron, que tampoco son fáciles de localizar. Habría dos posibilidades de restauración: o se recupera la línea y el color para que tengan la calidad de impresión de cualquier cómic actual (como Don Talarico o el Pulgarcito de Jordi Coll, o el Space Masters de Ferran Delgado), o se hacen escaneados de mucha calidad para reproducidos tal y como fueron impresos originalmente (como el Popeye y los tomos de Steve Ditko de Fantagraphics).


Una última dificultad: hay que recordar que en su momento estos cómics se consideraban material de usar y tirar. No lo digo para diferenciar las historietas de Bruguera de los cómics de superhéroes, las historietas francesas o los mangas. En todos estos casos la visión que se tenía del cómic era parecida. A lo que me refiero es que los criterios artísticos con los que hay que valorar estas obras son las del arte popular. Porque arte hay, incluso en un autor como Manuel Vázquez. Recordemos: un dibujante moroso, estafador, perezoso, que hacía lo posible por maximizar el beneficio a cambio de un mínimo esfuerzo… y al que consideramos un genio del cómic. Arte hay, insisto, pero es un arte diferente. Un arte pop, de masas, para un gran público.

Me pongo negativo, aunque desearía poder ver estas reediciones. Los cómics de Bruguera son los que han educado a los autores de cómics que leemos ahora, o al menos a los de cierta edad. Y al mismo tiempo, el contexto histórico de estos cómics (el que he puesto como contra antes) es también uno de sus puntos fuertes. Sus autores reflejaban la España de la época desde la naturalidad, desde lo cotidiano. Era un testimonio de la realidad del país desde el punto de vista de los trabajadores, no desde el punto de vista institucional o intelectual. A pesar de la censura, en sus páginas calaban también los sentimientos y frustraciones del momento.

No es la primera vez que se va a reeditar cómics de Bruguera, y por eso también recomiendo precaución. Pienso en el tomo de La gorda de las galaxias o el de Topolino, el último héroe, dos tomos que no funcionaron entre los lectores. Ediciones B tiene que definir al público al que quiere dirigirse y enfocar el material en función de ese público. Para elegir esas historietas hay muchos factores que tener en cuenta. Por ejemplo, se debería dar prioridad a los cómics de autores que estén vivos o en activo, tanto como recompensa por su trabajo como por la ayuda que pueden dar ellos para hacer promoción. Habría que pensar en aquellos cómics cuya restauración sea más sencilla, y en los que su contenido pueda conectar mejor con el lector actual. Y por supuesto, aquellos que tuvieron mayor impacto en la sociedad, aquellos que arrastraron a masas de lectores a los quioscos y a las tiendas de segunda mano. En cualquier caso, la nostalgia será una ayuda para poder promocionar estos cómics, pero no debería ser la justificación cuando se elija lo que se va a reeditar.

Hay motivos para ser optimistas. El nuevo enfoque de Edicones B a la hora de enfrentarse al material de Bruguera es muy diferente al de los años anteriores, en los que habrían sido imposibles el libro del TBO de Antoni Guiral, los integrales del 13, rúe del Percebe o Rompetechos, o la restauración de Pulgarcito. Quiero decir, Ediciones B ha planteado alternativas a sus formatos tradicionales con las que está intentando acercarse a los hábitos de consumo y lectura de los lectores actuales. Ediciones B ha demostrado voluntad de hacer algo diferente, y bajo el ala de Penguin es posible que tenga los medios para hacerlo. En ese sentido, es el mejor momento para plantearse estas reediciones.

Hablo mucho sobre recuperar el catálogo de Bruguera, pero Ediciones B tiene que plantearse también dos objetivos paralelos. Por un lado, continuar estas series, personajes y estilo en los casos y de la manera que sea posible. Sería interesante descubrir si estos personajes tienen sentido en las estanterías actuales. Y por el otro, desarrollar un catálogo original, alejado de Bruguera y su estilo, nuevos autores con ideas innovadoras que puedan crear una nueva forma de entender el cómic popular.

En cualquier caso, el tiempo juega en contra de la recuperación del catálogo de Bruguera. Cuanto más tarde se haga, menos lectores tendrán algún interés en leerlo y el material será más difícil de encontrar y restaurar. Es una carga tener que recuperar este catálogo, pero es precisamente la carga que muchas otras editoriales desearían llevar a cuestas. Es ahora o nunca.

1 comentario:

Red bat dijo...

Hay ciertos detalles interesantes en esto de Penguin diciendo de sacar cosas, pero creo que aún nos faltan muchos detalles. Han dicho de publicar a lo más conocido: Ibáñez, Raf, Escobar, Jan, Vázquez, vamos, lo esperable.
El problema que le veo es que buena parte del material más conocido es que se ha reeditado más o menos recientemente (Tomos de RBA, Esther en Glénat, libros del Capitán Trueno por aquí y allá...) y a ver como vendes eso si no es a partir de cosas que se quedaron en el tintero. Reeditar algo de 13 Rue después de un integral que encima no ha ido del todo mal, pues agárrese quien pueda.
Además de material que quedó fuera (como las historias cortas de Sir Tim) hay otra cosa que quizá pueda meter baza, material de los 80-90. Pafman, Montse, Ramis, Cera, más moderno y tal vez más fácil de vender y del que fuera de un par de casos no se ha editado un carajo incluso en su época.
Realmente el material de segunda fila lo tiene dificil (Don Berrinche, Don Óptimo, Figueras again...) y fuera de , yo qué sé, cosas más conocidas como Tribulete, Cataplasma, Doña Urraca o Carioco que pueden tener algún destello y aparecer en un resumen básico de la editorial, creo que está muy jodido que levante interés entre público especializado.
Ni Topolino era algo muy conocido ni la Gorda de la Galaxias partió de una editorial potente (¿Cual lo es hoy día? Pues Random House precisamente.) como para llegar a funcionar.
El público yo creo que es claro, gente interesada en la historieta y el valor de estas series, que salvo las más modernas, es ya cultural sobre todo. No, los críos de hoy día no, por supuesto, es como darles un Quijote, se lo leerán, pero A VER.
Ahí entran personas nuevas, sé que en el Salón de Barcelona Random House aceptaba portfolios, pero qué pueden esperar de nuevos autores, no lo sé, si reboots de series clásicas, series nuevas que sigan la filosofía de Bruguera, o cualquier otra cosa como una editoral normal. Por ahora no sé un rábano de lo que tengan en mente.
Es bueno que quieran ponerse con ello, pero tal vez vaya siendo hora de admitir que salvo cierto interés histórico, muchas series no acabaron pesando en la editorial por algo, y no es calidad.
Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Anacleto, Pafman, Tribulete, Doña Urraca, el abuelo Cebolleta, la familia Ulises, Sir Tim O'Theo, 13 Rue, Superlópez, Gordito Relleno... Son personajes que si han logrado ser representativos, un tanto icónicos, aunque sea de su época. Ni 'Casildo Calasparra', ni 'Doña Tula', ni 'Don Pelmazo', ni 'Chicha , Tato y Clodoveo' llegaron a eso. Supongo que es el discurrir de la historia.
Es como hacer la plantilla de un Smash Bros de Bruguera, pues eso ¿quién entra? Los más representativos y luego alguna excentricidad, vieja gloria o sorpresa. Inevitablemente hay cosas que caen en el olvido.