jueves, 25 de octubre de 2012

Devilworlds, el Star Wars de Alan Moore

En el lejano 1981 Alan Moore no era nadie. ¡Incluso le habían rechazado guiones porque no eran suficientemente buenos! Si en aquella época los editores hubiesen podido adivinar el futuro habrían guardado esos torpes argumentos para que hoy Avatar Press publicase como poco un par de miniseries basándose en ellos. Pero en 1981 Moore era sólo un currito, escribía historias cortas para 2000 AD y para Marvel UK con más o menos expectativas, pero estaba todavía muy lejos de que alguien del cine se interesase en destrozar su trabajo en la gran pantalla o David Lloyd no le llamase para darle las gracias.


Si consideráis que lo que vino antes de su Capitán Britania, Marvelman o V de Vendetta fueron trabajos menores entonces no sé en qué subcategoría pondríais el paquetito de cómics que hizo ambientados en el universo de Star Wars. Moore no es aquí el cabroncete de D.R. & Quinch ni se esfuerza tanto como con la Balada de Halo Jones. Tampoco mete tanto ingenio como en sus cómics de 5 páginas de 2000 AD ni esperes que respete el canon del universo de Lucas. Son sólo historias alimenticias, da las gracias si resulta que alguna te gusta. Y todo al módico precio de 8 € por 64 páginas (a mí me costó eso en 2008 pero parece que la editorial ha entrado en razón y ahora sólo cobra 5,50 €, qué alegría, qué alborozo.)

Este tomito recopila unas historias en general mediocres en las que se intuye a un Alan Moore que luego insistirá en ciertos temas a lo largo de su carrera. Por ejemplo, en la última historia (la mejor) Moore juguetea con la "esencia del tiempo" y algo que en el futuro se convertirá en el espacio-idea: unos dioses imaginarios dicen que han inventado el concepto de "forma" y se acusan entre ellos de plagio, aunque para el lector queda claro que realmente "ya está todo inventado". En el primer relato un Cthulhu lovecraftiano reta a Darth Vader a jugar a una especie de ajedrez, mientras que en otro una consciencia colectiva robótica (o una especie de planeta viviente como Mogo, o de fuerza elemental...) protege a C3P0 y a R2D2 del ataque del Imperio. La que podría ser la más interesante del tomo es la primera y más extensa historia de Alan Moore con Star Wars, El Efecto Pandora, en la que colabora una vez más con un dibujante español. Sin embargo, excepto por la aparición de geometrías imposibles (que el pobre Adolfo Buylla no debió de entender al leer el guión) el capítulo no pasa de ser una curiosidad.


Si crees que ya has leído todo lo imprescindible de Alan Moore no te pienses mucho si merece la pena este tomo. Este sacacuartos se lee en un momento e incluso tiene algún momento curioso. En el caso de que seas un completista de Moore búscalo antes de que se descatalogue y pierdas la oportunidad de decepcionarte.