viernes, 11 de julio de 2014

Batman: Serenata Nocturna, de David Hernando

En España, el "fenómeno fan" del cómic de superhéroes nace con la editorial Vértice. Para el lector de este país antes de esos tomitos no existe absolutamente nada. Si preguntas, Stan Lee y Jack Kirby crearon los superhéroes en los años 60. O más bien, Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko devolvieron a la fama a los superhéroes después de la creación de código de autocensura. Por si no fuera poco, Stan Lee creó los correos de los lectores y estableció la primera relación amena con el público. ¿Qué opina el lector español de todo lo que hubo antes, sobre Siegel y Shuster, sobre Julie Schwartz...? Irrelevante, una anécdota, un chiste. David Hernando parece una rara excepción. Sus dos libros sobre Batman y Superman mostraban ese interés por los comienzos del cómic de superhéroes en los 40, y ahora con este libro continúa por ese camino con una historia tan conmovedora como didáctica.

Tapa dura, 232 páginas, 14.90 €

En un primer momento, al terminar de leer el libro creí que Batman: Serenata Nocturna era la biografía de Bill Finger que siempre había tenido curiosidad por leer. No lo es, no del todo. En realidad se podría ver como la biografía de Bill Finger y la de Bob Kane, de la vida de cada uno de estos dos autores y de la relación entre ambos. Hacia la mitad del libro es como si la creación de Batman hubiese sido sólo un gancho para atraer al lector, sólo el detonante de una situación injusta que amargó toda su vida a Bill Finger. Batman acaba siendo un decorado en el que Hernando no profundiza, ni siquiera el Batman escrito por Finger, tal vez porque ya se extendió en su momento con el monográfico El Resto es Silencio.

A partir de la vida de Finger los historiadores ya han elaborado, sin demasiado esfuerzo, un buen relato dramático, así que Hernando no se ha salido de ese punto de vista. Finger fue un lector apasionado, con mucha curiosidad por la literatura y la ciencia desde joven, pero tuvo que dedicarse a trabajos humildes mientras soñaba con ser escritor durante la Gran Depresión. Conocer a Bob Kane y ayudarle a crear a Batman fueron las grandes oportunidades de su vida, las que hicieron posible que sus historias detectivescas lograsen un gran éxito entre el público. Sin embargo, el éxito nunca le llegó a él, ya que por culpa de una artimaña legal de Bob Kane quedó relegado al papel de ayudante, como si de su imaginación no hubiesen surgido los personajes, lugares y gadgets que Kane... quiero decir, sus dibujantes plasmaban en el papel.

Bob Kane, al contrario, queda aquí reflejado como un manipulador, un mentiroso y un aprovechado que apenas dibujó al personaje que le hizo famoso. El Kane encantado de conocerse a sí mismo y sin ningún talento destacable que describe Hernando no tiene apenas espacio para despertar alguna empatía, menos aún cuando el escritor coloca oportunamente una carta inédita como epílogo al final del tomo. Todos los palos caen merecidamente a una de las partes, mientras que el Bill Finger manirroto que vive por encima de sus posibilidades y se retrasa en las entregas queda disculpado.

Es la biografía más amplia que existe sobre Finger, pero al mismo tiempo es un libro escaso. Es una debilidad que se entiende y perdona en cuanto Hernando va desvelando una a una las fuentes de las que disponen los historiadores. El propio Bill Finger no aspiraba a ser un centro de atención, además de que en vida los aficionados y estudiosos nunca llegaron a conocerle en profundidad y actualmente sus familiares cercanos escasean. La cuarta parte del libro no trata sobre Finger, sino sobre sus parientes y herederos, sobre cómo se han transmitido la historia familiar de uno a otro, y cómo en cierto modo con el estreno de las películas de Nolan se reconoció la labor tanto de Jerry Robinson, el dibujante en la sombra de Batman más conocido, como de Bill Finger.


La portada es interesante porque se le ha encargado a uno de los autores de cómic más famosos de los últimos años. El dibujo de Paco Roca ayuda a establecer esa conexión con los dibujantes del DDT para los que hayan leído El Invierno del Dibujante y está llena de detalles, como la radio, la revista, el pisapapeles, los folios del suelo... Sin embargo, es tan gris, tan apagada, que en tres tiendas fui incapaz de encontrarla entre los montones de libros expuestos hasta que pregunté a un dependiente.

Creo que se nota que a Hernando le apasiona el tema de este libro, y por suerte ha tenido el talento para transmitir ese cariño con una escritura amena y sencilla. Quizás hay momentos en los que le cuesta controlarse, o tal vez quiere conscientemente cargar más las tintas de lo necesario. Estamos ante un caso bastante raro de un libro divulgativo sobre cómics que no apabulla con datos y análisis, sino que da énfasis a los sentimientos, a los sueños y las ilusiones, las inquinas, los resentimientos y las injusticias. Batman: Serenata Nocturna es un libro que apunta directo al corazón, y por eso tal vez sea inevitable que en ocasiones este objetivo sea demasiado evidente.

viernes, 13 de junio de 2014

Ibáñez, influencia en Jason y Chris Ware

"Durante mucho tiempo simplemente hacía dibujos, copiaba viñetas o creaba mis propios superhéroes. El primer cómic que hice debió de ser en el ’79 o el ’80, “Tim og Tom pa eventyr” -Las aventuras de Tim y Tom-, dibujado con un bolígrafo. En anteriores entrevistas siempre he dicho que este cómic estaba inspirado en la lectura de Tintin, pero hace poco he encontrado un par de páginas, y se parece más a Flipp og Flopp, o Clever and Smart (el título en alemán). No sé si esta serie se ha traducido al inglés, pero es italiana, creo. Una serie de álbumes sobre dos torpes agentes secretos." [Evidentemente, Jason se equivoca. La serie a la que se refiere no es otra que Mortadelo y Filemón, de Francisco Ibáñez.]

Jason (la aclaración entre corchetes es del tío berni)

(La imagen está sacada del blog de Jason)

"La escuela Bru­guera ha sido una heren­cia grá­fica de auto­res mag­ní­fi­cos que he lle­vado a todas par­tes. Hay auto­res y obras que reivin­dico con fer­vor de lec­tora con­ver­tida a la causa de los tebeos desde siem­pre. Y así con esa natu­ra­li­dad patrió­tica de los que vivi­mos lejos y recor­da­mos nues­tra infan­cia con más inten­si­dad le regalé a Chris Ware hace 10 años una reco­pi­la­ción de quiosco de la 13 Rue del Per­cebe. (...)

Traté de expli­carle los per­so­na­jes y el tipo de humor. Él estaba fas­ci­nado con ese edi­fi­cio donde uno era lec­tor polié­drico de muchas his­to­rias en una sola página auto­con­clu­siva. Le expli­qué que nues­tra gene­ra­ción estaba impreg­nada de estos dibu­jos y del humor de aquel edi­fi­cio dis­pa­ra­tado donde uno podía ver a la vez todo lo que suce­día. Las viñe­tas eran los apar­ta­men­tos y en cada uno se escon­día la esen­cia de una España de otra época muy este­reo­tí­pica pero que sin embargo se sen­tía muy viva.

Tiempo des­pués, cuando en 2006 Chris Ware dibujó la por­tada del New Yor­ker para cele­brar la semana de Acción de Gra­cias y la divi­dió en varias par­tes, no pude dejar de pen­sar en la Rue del Per­cebe, como si los per­so­na­jes de Chris Ware se hubie­ran tras­la­dado a vivir allí."

Ana Merino                                  


martes, 20 de mayo de 2014

47 Ronin, de Mike Richardson y Stan Sakai

144 páginas, color, rústica, 12.95 €

Las historias de otras culturas, por ejemplo los mangas japoneses, siempre me hacen darme cuenta de la enorme distancia que nos separa. Para poder disfrutar y entrar en esas ficciones necesitamos más explicaciones sobre el contexto histórico y social. Necesitamos que se nos detalle el nuevo sistema de referencia moral para entender cómo de transgresoras o conservadoras son las actitudes de los personajes. Lo interesante es que si el relato es bueno, después de todas estas introducciones la distancia cultural desaparece y nada nos impide odiar al villano, admirar al héroe y sufrir por las víctimas.

La historia de los 47 ronin es una de las más famosas de Japón, pero no la conocía hasta que he llegado a este tomito. Por lo que veo, el año pasado fue adaptado al cine con Keanu Reeves de protagonista y con tantas licencias creativas como las que Frank Miller se tomó para su batalla de las Termópilas. En esencia, se nos narra cómo el samurai Oishi Kuranosuke Yoshio sacrificó su vida y su honor junto con los de otros 46 hombres para llevar a cabo una venganza contra el malvado Kira Kozukenosuke, que ultrajó a su fallecido amo. Una historia de sacrificio, de fidelidad y de justicia.


Por lo poco que sé, este cómic adapta fielmente los hechos históricos, o como poco su versión más conocida. Tal vez ésta sea una de sus debilidades. Mike Richardson, fundador de la editorial Dark Horse, no parece querer alejarse ni una coma de la leyenda. No añade nada de su parte ni tampoco omite ningún dato en un guión que por eso resulta bastante esquemático y lineal. Tampoco juega a su favor la necesidad de recordar al lector continuamente los nombres de los personajes mediante vocativos (un clásico en el cómic americano), ni la obligación de explicar ciertos aspectos culturales de Japón a lo largo de las páginas. Incluso tengo la sensación de que se podría haber alargado muchas más páginas para que la trama respirase mejor.

Dicho así seguro que suena terrible, pero realmente el resultado es bastante correcto. El relato está explicado de una manera sólida y sin incoherencias, y los personajes actúan con relativa naturalidad. El relato no pierde interés en ningún momento, ni tampoco se anda por las ramas.

El dibujo de Sakai seguramente sea el principal atractivo de este cómic. Elegirlo a él me parece una decisión inesperada, y por eso mismo personalmente me gusta. Mientras el guión muestra violencia y a personajes cuya dignidad toca fondo, el estilo de Sakai es más bien luminoso y limpio, apenas hay sangre ni sombras. Tiene un aspecto de cómic de humor para niños, y sin embargo su ambientación está muy cuidada, de una manera muy natural.


Si el relato funciona creo que es por su sentido de la justicia y la responsabilidad. Queremos creer que al final la inocencia del honesto se reivindicará y que el villano será castigado, y eso es lo que se nos da en este cómic. Empatizamos con el sentimiento del honor que lleva a los personajes a asumir sus errores, aunque sea mediante un suicidio que nos parece excesivo. Un gesto tan humilde como el de aceptar un error se vuelve épico cuando conlleva la muerte. Vengar al amo Asano es justo, pero hacerlo aunque eso signifique morir es un idealismo en el que sólo un grupo de héroes puede creer.

Dice la contraportada que "conocer esta historia es conocer Japón", pero tal vez esas expectativas no haya que ponerlas en este cómic en concreto. Me parece razonable que 47 Ronin pueda defraudar, pero dentro de su corrección sin grandes aspiraciones es una lectura interesante con un dibujo muy agradable.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Agentes de SHIELD, primera temporada

Resumiendo mucho, por fin Marvel después de intentarlo durante décadas ha conseguido su objetivo: que los personajes de la compañía sean rentables en el cine. Era el sueño de Stan Lee, que no debía de verle mucho futuro a los cómics como tal en los lejanos años 70. Con estos cimientos cinematográficos el inevitable salto al siguiente escenario no parecía muy complicado. Marvel's Agents of SHIELD ha sido la punta de lanza para inaugurar un Universo Marvel televisivo. La primera temporada ya ha terminado, ¿cómo ha funcionado la cosa?


Mi valoración general es positiva. La serie ha sabido remontar de un capítulo piloto bastante suave hasta una segunda mitad de temporada llena de tensión y revelaciones. En ese sentido me ha sonado a lo mismo que he visto en todo este tipo de series, tanto en Doctor Who como en Buffy, a unas primeras temporadas lentas con personajes insustanciales que construyen capítulo a capítulo un mundo y unas relaciones que consiguen engancharte para el resto de temporadas.

La primera mitad de la temporada ha sido un tostonazo, no es muy discutible. Después de un primer capítulo con la típica presentación de los personajes llegó otro con la clásica situación en la que Coulson está en peligro y un grupo heterogéneo de personas decide unirse para salvarle, uniendo sus lazos afectivos para siempre. El poco presupuesto de la serie (imagino que se lo guardaban para más adelante) sabía a poco, los personajes eran simples caricaturas y las misiones olían más al Equipo A que a una agencia de superespionaje internacional. Se echaba en falta más acción, aventura y fantasía.

La serie en estos momentos avanzaba mediante capítulos independientes con estas misiones no-tan-espectaculares, unidos tenuemente con subtramas que se iban alargando sin que despertasen mucho interés. Coulson no paraba de repetir que Tahití es un lugar mágico para evitar hablar de su resurrección y Skye importunaba a los demás preguntando por sus padres. Ninguna de las dos tramas parecía que fuese a dar mucho juego ni tampoco se les supo dar la importancia que se les quería dar.


Con la segunda mitad de temporada cambian muchas cosas. La narración continúa ahora capítulo a capítulo, con los cliffhangers de rigor. A medida que se construyen relaciones entre los personajes el culebrón crece. Por fin los misterios de la primera mitad (Coulson y Skye) parecen relevantes y llenos de potencial, y al mismo tiempo se van destapando otros secretos que han sido fundamentales desde el primer capítulo. Otro aspecto positivo es que por fin la serie se encarrila hacia un único enemigo, "el malo final", que en parte se descubre gracias a las conexiones de esta serie con el universo cinematográfico.

El peor punto lo veo en ese aspecto, en esas conexiones, en la dificultad de la serie de moverse de manera independiente. Por coherencia, lo que ocurre en las películas debe tener un eco en la serie, pero muchas veces tengo la sensación de que se fuerzan una referencias y unos cameos que no son necesarios. Unos guiños al fan (al viejo y al nuevo) que por ese motivo ve la serie, porque es una gran campaña publicitaria de los productos Marvel.


Para mi gusto, el último capítulo de la temporada es el que marca el estilo de la serie que me gustaría seguir viendo. No voy a hablar de las revelaciones, las sorpresas, la acción, el drama, el tratamiento de personajes (genial por lo que toca a Ward), etc. Me quedo con el humor, con esa forma de invitar al público a reírse con las expectativas y el formato de la serie. Me gusta ese tono juvenil que mezcla el metalenguaje tontorrón con la acción y el sentimentalismo, una forma de hacer las cosas que difícilmente se podría ver en otras series de televisión.

Quedan en el aire varias tramas abiertas. Por no destripar nada, parece que Skye puede dar mucho más juego y que a partir de ahora SHIELD hace tabula rasa. Si continúan como en los últimos capítulos seguramente me sigan teniendo como espectador.

Tengo mucho interés por ver cómo conectan esta serie con Los Guardianes de la Galaxia.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Rorschach y Calígula

"¿Sabes qué me gustaría? Me gustaría que toda la escoria de la Tierra tuviese una sola garganta y yo tuviese mis manos en ella".
                                                                                                               (Rorschach)

 "¡Ojalá el pueblo romano tuviera un único cuello!"
                                                                                                               (Calígula)


viernes, 2 de mayo de 2014

Fabricar Historias, de Chris Ware

Caja con cómics de varios formatos, color, 59,90 €

He estado a punto de rendirme y dejar de intentar escribir esta reseña. Podría aceptarlo y pasar a otra cosa porque no voy a sacar nada positivo de dejar frente al teclado un par de horas explicando por qué el contenido de este cómic me ha dejado impactado. Tengo la sensación de que es algo demasiado grande, complejo e inteligente como para que yo pueda estar a la altura. Al final he decidido volver a intentarlo empezando desde aquí, explicando que soy incapaz de hacerle justicia a este cómic, que tengo la sensación de que sobrepasa a cualquier cosa que diga sobre él.

Por empezar desde algún lado, podemos decir que la ficción en general es una dramatización de la vida, es decir, una construcción teórica basada en la experiencia (propia o ajena) que apunta hacia alguna intención. Si un autor pretende ser inspirador, construirá un relato que transmita esperanza al espectador/lector basándose en hechos reales o ficticios. Ahora bien, como público puede llegar un momento en el que confundamos esa barrera de realidad y ficción. Podemos llegar a caer en errores graves, como el del presidente Reagan cuando creyó que la Sala de Guerra de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú existía realmente, o en errores más pequeños, en pequeñas ideas que aceptamos inconscientemente. Pequeñas ideas que en realidad son las grandes diferencias entre la ficción y nuestras propias vidas.

Creo que la ficción que construye Chris Ware tiene la intención de tranquilizar al lector y mostrarle la realidad tal cual es, sin grandes artificios. Quiero decir que no tenemos una historia con héroes ni villanos, no tenemos una evolución dramática de un personaje, ni un protagonista que nos demuestre que se puede conseguir algo sólo con tener fuerza de voluntad. Es un relato en el que si una pareja pierde la chispa no conseguirá recuperarla, en la que la familia no es una institución social maravillosa ni tampoco dramática, etc. El control de sus vidas, los hilos que las manejan, se nos escapa, no parece escrito con un significado oculto que debamos interpretar. Los personajes no son metáforas de algo más, son simplemente... personas. Personas frustradas, insatisfechas, y confusas.


Los cómics que contiene la caja se centran especialmente en una protagonista sin nombre y a partir de ella surgen todos los demás. Podemos entrar en las mentes de sus vecinos y su casera, e incluso en la del edificio y una abeja que vuela cerca. Es una forma muy interesante de producir empatía en el lector, de hacer ver que todo el mundo tiene sus propios sueños que no se podrán cumplir, sus problemas a la hora de comunicarse y sus sentimientos de soledad.

A la protagonista sin nombre que he mencionado la acompañamos a lo largo de casi toda su vida, desde que es niña hasta que forma su propia familia. La vemos haciendo lo posible por ser una pintora o escritora (las dos habilidades que necesita un artista completo de cómic, ¿no?), pero su inseguridad, y no su falta de talento, sabotea sus esfuerzos. Vemos cómo descubre el sexo y experimenta con él, cómo se obsesiona con la muerte, cómo le preocupan las apariencias sociales, las limitaciones que sufre por tener una familia, su continua sensación de incompletitud, de insatisfacción, de que siempre falta algo, y la paranoia y la preocupación por un antiguo novio y la escasez del petróleo con las que intenta llenar su vida.

Creo que la idea de mostrar un personaje a lo largo de grandes periodos de tiempo es uno de los temas que más le gustan a Ware. Tanto aquí como en Jimmy Corrigan y el Catalogo de Novedades Acme lo que parecían unas pequeñas historias (del pequeño Jimmy, de los dos coleccionistas de juguetes) se van alargando y expandiendo, a lo largo de la vida de estos personajes y de la de los secundarios hacia delante y atrás en el tiempo.

En un sitio diferente habría que colocar los dos cómics de la abeja, que tal vez sirven para hacer evidente la metáfora de los edificios como colmenas humanas. Resumiendo, es una abeja obsesionada con el sexo que se siente culpable por esa compulsión incontrolable. Es un insecto moralista que produce ternura y compasión, es débil y patético. Sin embargo, aunque sea una abeja humanizada, es claramente un dibujo animado. Su vida es divertida y falsa, es un contraste absoluto con la cotidianeidad del resto de cómics de la caja.


Si ya los cómics de la abeja contrastan con el resto, la oposición entre el tipo de dibujo y el contenido de todas estas historias es absoluto. A Ware le gusta mucho este tipo de dibujo geométrico y colorido, de aspecto amable e infantil, para contar historias maduras. Parte de elementos asociados con los niños como los recortables, los juegos de mesa y, sí, los cómics para hablar de temas adultos utilizando unos recursos narrativos sofisticados e innovadores, con una especie de ritmo poético a la hora de distribuir las viñetas por la página.

Menciono los juegos de mesa porque ésa es la primera asociación de ideas que me viene cuando veo el conjunto. Es una especie de juego formado por cómics, y el pasatiempo consiste en descubrir el orden correcto. La tapa tontea con esa idea, con las fichas y los dados que caen de un edificio en la parte superior, o, visto de otra forma, el efecto de relieve que recuerda al contenido de una caja de este tipo, con los huecos para dejar las cartas y las piezas.

La caja contiene trece cómics en diferentes formatos y un tablero que podría verse como un índice. Más allá de esa pista, ¿cómo se lee este cómic realmente? ¿Qué cuadernillo es el primero y cuál el último? La paradoja a la que nos enfrentamos es que no se nos da la libertad para elegir el orden que queramos, sino que en realidad se nos obliga a elegir uno al azar.

No quiero caer yo también en el error de decir que es la primera vez que vemos este tipo de narración desordenada, dividida en varias entregas y formatos. A poco que pienso me viene a la cabeza la de veces que he leído la colección de cualquier personaje de cómic empezando por el final o la mitad y luego he tenido que llenar los huecos hasta ese punto. Tampoco es la primera vez que vemos historias independientes en un mismo escenario que tienen pequeñas conexiones entre sí (por poner de ejemplo un cómic recomendable se me ocurre Los Siete Soldados de la Victoria de Grant Morrison). Y tampoco es la primera vez que unas historias conectadas pero independientes las leo en diferentes formatos, especialmente con la de cambios de formato a mitad de colección que tenemos en España.

No es la primera vez que nos encontramos con estos tres recursos (que en el fondo son juegos con el lector, pasatiempos) dentro del mundo del cómic, de acuerdo, pero sí es la primera vez que se utilizan para una historia de este tipo.

El motivo para jugar con los formatos es el de darle una importancia al aspecto físico del cómic, a su valor como objeto tangible más allá de como sucesión de páginas. Es otra de las obsesiones de Ware, el de aprovechar la naturaleza de los formatos en todos sus detalles, tanto para llenar de viñetas incluso el canto de las tapas del Catálogo de Novedades Acme como para dibujar un desplegable como portada de Jimmy Corrigan. En Fabricar Historias incluso la propia caja tiene cómics impresos en ella.


Lo que me lleva a otra idea: la tremenda racionalización que hace Chris Ware en su trabajo. No analiza sólo las posibilidades narrativas que hay en ordenar las viñetas de una u otra forma, en darles un tamaño o el otro, en el color (hay diferencias de iluminación de una viñeta a otra muy sutiles sólo porque han pasado unas horas entre ellas), en el diseño de página, las tipografías... No analiza sólo cómo son las relaciones humanas con mucho cuidado, hasta el último aspecto de nuestras miserias inconfesables... Digo, no es sólo analítico y meticuloso en todos esos aspectos, sino que llega al extremo de querer justificar que el cómic está contado de esa manera (con los saltos temporales, las conexiones que hace de un aspecto a otro, etc.) explicando que este cómic es la lectura que hace la tecnología del futuro cuando lee las experiencias vitales de la gente del pasado.

Fabricar Historias me parece un cómic fascinante, lleno de ideas y reflexiones, en el que sus virtudes no se quedan sólo en el dibujo o en el guión. Leer cada uno de los cómics de los que está formado es toda una experiencia que merece la pena, y soy incapaz de poder decir nada más.

lunes, 14 de abril de 2014

Monty Python en Superman: True Brit

"Originalmente, [John Cleese] quería escribir una historia seria de Superman, y [el editor Mike] Carlin le comentó que hiciese algo un poco más Pythonesco. Y luego todo se convirtió en un problema de encontrar al artista correcto. Yo fui la cuarta opción."
"Mi querido ayudante Howard está escribiendo la historia, pero le estoy ayudando aquí y allá con algunos comentarios y sugerencias."

Hace 10 años que DC publicó Superman: True Brit, una curiosa historia alternativa de Superman en la que este superhéroe cae en Reino Unido en vez de en los EEUU (o la Unión Soviética de Mark Millar en Red Son). El guionista en este caso no es uno de los habituales, sino el grandísimo John Cleese, uno de los miembros de Monty Python y también conocido por la película Un Pez Llamado Wanda y la serie de televisión Fawlty Towers. En honor a la verdad, el guión es realmente del americano Kim "Howard" Johnson, un fan que acabó convirtiéndose en amigo de los Monty Python y que ha escrito bastantes libros sobre ellos, pero contó con la ayuda de Cleese para escribir el argumento.

A lo largo de las 100 páginas se van metiendo algunos guiños tanto a la carrera de Cleese como al resto de los Monty Python. Para empezar el personaje del editor sin escrúpulos Whyte-Badger está basado físicamente en él, y por debajo de ahí es donde hay que buscar las referencias más sutiles:


Tengo la sensación de que se podrían haber metido muchos más guiños que los que hay, pero aún así tampoco son pocos:


En el periódico se refieren al dueño del hotel Fawlty Towers, interpretado por John Cleese, que tenía una facilidad asombrosa para enfurecerse e insultar a los clientes.





En la casa de los Clark tienen un pingüino en la televisión, como en el clásico sketch de Monty Python.





El joven Colin Clark soñaba con llegar a ser un reparador de bicicletas. Era una referencia absolutamente obligada.





El libro que usa para autohipnotizarse está escrito por otro personaje de esta serie que se dedicaba a construir edificios usando sus poderes.





Los músicos Ron Nasty y Dirk McQuickly (interpretados por Neil Innes y Eric Idle) son parte de The Rutles, un grupo musical que parodiaba a los Beatles. Después de tener éxito en varios sketches se llegó a producir un falso documental que repasaba sus vidas.



Curiosamente su coche no cae desde cualquier parte, sino desde el aparcamiento Mr & Mrs Brian Norris, de otro sketch de Monty Python.





Más tarde sobre un mapa de Reino Unido se ve la fachada de Fawlty Towers, con las letras cambiadas de sitio igual que ocurría en las cabeceras de la serie.





Por último, una referencia al documental de viajes presentado por uno de los python, "Around the World in 80 Days with Michael Palin".




Me quedan en el aire dos posibles guiños más, uno a un cartel de "spam" y un intento de Mr. Gumby muy mal dibujado por John Byrne, además de los que no haya detectado. Lo he dicho arriba, no son pocos guiños, pero tengo la sensación de que si uno de los objetivos era llenar el cómic de huevos de pascua se podría haber jugado con muchísimas más referencias.