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jueves, 7 de diciembre de 2017

Dororo (Osamu Tezuka)


Osamu Tezuka hizo que yo empezase a ver el cómic japonés de una manera diferente. Hasta ese momento yo había ojeado mangas como Bola de Dragón, Doraemon o Evangelion, pero ninguno de ellos me había llamado la atención. Leer Adolf para mí fue una revelación. Nada más terminarlo salté a otros mangas de Tezuka: Buda, Ayako, Oda a Kiri-Hito, La princesa caballero, MW... Ninguno me decepcionó.

Mi chasco llegó con esta "segunda ola" de mangas de Tezuka que han empezado a editarse en estos años. Tanto El libro de los insectos humanos como Alabaster o La canción de Apolo me parecieron curiosos, con detalles destacables, pero muy lejos de aquellas primeras lecturas. Llegué a pensar que era lo normal. Después de editar todas las obras maestras de Tezuka, por fuerza lo que quedaba tenía que ser inferior.

Dororo me reconcilia con el buen recuerdo que tenía de Tezuka. En este caso se trata de una historia de terror y aventura y un relato de aprendizaje en el que los dos personajes centrales compiten por el protagonismo. Hyakkimaru es el equivalente a un caballero andante que anda tras la pista de 48 demonios que al nacer le robaron 48 partes de su cuerpo, y que al mismo tiempo ayuda a la gente necesitada con la que se encuentra. Dororo es por tanto algo parecido a su escudero, un niño ladrón huérfano que le esconde varios secretos.

No sólo me parece la lectura más sólida entre los últimos mangas de Tezuka publicados en España (a excepción de las últimas páginas del tomo, en las que se nota bastante desgana), sino que resume perfectamente su estilo. Tezuka combinaba el humor más tonto con la solemnidad, daba un trasfondo muy trágico a sus historias al mismo tiempo que las llenaba de anacronismos, autoparodia y referencias a la cultura pop. Sabía cómo divertirse haciendo cómics y en ningún momento dibujó de espaldas a los intereses de los lectores.

jueves, 30 de noviembre de 2017

España: una, grande y libre (Carlos Giménez, Ivá)


Desde hace unos meses estamos viendo un ascenso de la extrema derecha en España. Me he preguntado varias veces por la responsabilidad que han tenido nuestras instituciones respecto a esta tendencia, especialmente la de los medios de comunicación. Y entre estos, también le he dado vueltas al papel que el mundo del cómic (autores y editoriales) ha adoptado durante este tiempo. Tengo la sensación de que desde hace unos años ha habido más preocupación por una búsqueda autoral y estética, y que por lo general se ha esquivado el conflicto ideológico alejándose de la política u ofreciendo cómics con un contenido político tibio, que no les cerrarse las puertas en las secciones de cultura de los periódicos.

Deberían publicarse más cómics como España: una, grande y libre, especialmente en estos momentos que estamos viviendo. Por eso esta antología, esta recopilación de historias de dos páginas producidas en los inicios de la Transición, sigue teniendo un hueco en nuestra sociedad. Siguen tan de actualidad como la impunidad ante la ley de los alborotadores de extrema derecha, las desigualdades económicas y las reivindicaciones sociales.

Las narraciones políticas pueden ser la mejor manera de trasmitir ideas y valores con claridad y para un gran público. Por contra, sus aspectos formales suelen ser sosos porque el componente estético tiene que quedar en segundo plano. Es en ese aspecto donde Giménez e Ivá más me han sorprendido. El tomo recopila historias con un contenido pedagógico de izquierdas que trata muchos temas, desde el funcionamiento básico del capitalismo a la represión del Estado contra la disidencia, con el interés añadido de que usa estilos de dibujo, recursos y géneros diferentes de una historia a la siguiente. Historias mudas, narraciones que alternan pasado y presente, giros finales, monólogos que interpelan al lector, historias de ciencia ficción y fantasía, alegorías... España: una, grande y libre por tanto no es solo un cómic con un contenido necesario, sino también disfrutable.

lunes, 16 de octubre de 2017

Pies descalzos 4 (de 4) (Keiji Nakazawa)


En el último tomo de este cómic Gen entra definitivamente en la madurez: la separación de la familia, el abandono del hogar, la búsqueda de un trabajo y su primer amor. Al mismo tiempo que sus amigos Katsuko, Ryuta y Musubi están haciendo progresos en su negocio de fabricación y venta de vestidos, Gen encuentra su vocación en el dibujo, para recordarnos el componente autobiográfico de esta historia. Este aprendizaje le vuelve a enfrentar contra el que es el gran villano de su vida: el poder opresor, autoritario y militarista, que sólo piensa en su propio beneficio. Es un enemigo que hemos visto de muchas formas en los tomos anteriores, y que aquí vemos personificado en sacerdotes, profesores, la policía, la yakuza y hasta en su propio jefe.

Nakazawa prepara con antelación un gran final para la colección, con más drama y acción de lo que se había visto hasta ese momento: un enfrentamiento con la yakuza. Al mismo tiempo, también las reflexiones de Nakazawa sobre el bombardeo de Hiroshima llegan más lejos. Si antes Gen culpaba a Japón (y a su emperador impune) y EEUU por el sufrimiento que ha significado la bomba atómica para su país, ahora también es capaz de ver que gracias a este sufrimiento se han evitado más guerras nucleares en el mundo.

miércoles, 28 de junio de 2017

Pies descalzos 3 (de 4) (Keiji Nakazawa)


Tal vez tendría que releer los anteriores tomos, porque he notado en este que la historia está subrayando el aspecto propagandístico. No se puede culpar al autor. Tiene un material entre manos que obliga a reflexionar sobre la guerra. Con un tema tan central, tan político, dejar esas reflexiones a un lado sería insultante. Sin embargo, creo que no es necesario recordarle al lector continuamente lo que ya sabe, es decir, que el origen de todas las desgracias de los personajes es la guerra que enfrentó a EEUU y Japón.

La bomba atómica (que para el autor fue responsabilidad de Japón, de EEUU y de las empresas que se beneficiaron económicamente del conflicto) continúa haciendo imposible la vida de Gen Nakaoka. Las muertes de gente de su entorno cercano y la llegada de nuevos compañeros le obligan a madurar, a convertirse poco a poco en adulto, al mismo tiempo que su actitud pasa de la defensa al ataque. Hasta ahora se trataba de sobrevivir en un ambiente de pobreza y desigualdad que empujaba a los personajes a aceptar la delincuencia como opción válida, o a trabajos degradantes como la recogida de excrementos. Sin embargo, en las páginas de este tomo, Gen empieza a tomar la iniciativa del cambio político, ya sea involucrándose en manifestaciones pacifistas, difundiendo libros prohibidos por el gobierno de ocupación de EEUU en Japón (y por lo cual es torturado de maneras que nos recuerdan a lo que hemos oído hace poco de Guantánamo), o liderando actividades de insumisión contra las autoridades políticas y educativas.

Keiji Nakazawa continúa por tanto desarrollando su mensaje pacifista, cada vez con mensajes más evidentes. Si hasta ahora la guerra era una realidad contra la que era difícil luchar, en este tomo usa la figura de un profesor comunista para insistir en la importancia de la educación para evitar que se repitan los errores del pasado.

viernes, 8 de julio de 2016

Pies descalzos 2 (de 4) (Keiji Nakazawa)


Pies descalzos no es una lectura agradable porque no es «evasión». No es un pasatiempo estético, sino un mensaje social. Si el lector quiere evadirse de la realidad, este manga lo que hace es involucrarlo aún más en ella. Pies descalzos te pone en tensión, te sacude, te exige. No lo describo así para darle más importancia, ni tampoco quiero que alguien lo deje de lado por este motivo. Creo que es justo estar avisado antes de empezar a leerlo.

Desde el final del tomo anterior, la familia de Gen (el descalzo al que se refiere el título) sigue padeciendo la pobreza y el sufrimiento de los que antes de la guerra tenían poco y ahora tienen aún menos. La escasez y el horror que todo Japón comparte por culpa de la bomba atómica ha debilitado los pocos lazos de compañerismo que pudiese haber antes de la guerra. Es una lucha a muerte, mucho más cruenta cuanto más bajamos en la escala social. Para sobrevivir hay que recurrir al canibalismo, a la prostitución (con los mismos americanos que lanzaron la bomba), al robo, al mercado negro, a la profanación de cadáveres, al secuestro y al asesinato.

Es un Japón desnortado, en el que las figuras de autoridad han perdido esa potestad. ¿Cómo se puede honrar al mismo Emperador que mediante la guerra ha destruido a su país? ¿Cómo se puede respetar a los profesores que exigen respeto al Emperador? ¿Qué obediencia merecen unos policías corruptos que incumplen las leyes que imponen a los demás? Los españoles nos podemos identificar especialmente con ese momento del «demócrata de toda la vida»: el presidente de la asociación de vecinos que en el primer tomo atacaba a la familia de Gen por su pacifismo, ahora se propone a sí mismo como concejal y asegura que siempre se opuso a la guerra con EE. UU.

El prólogo de Keiji Nakazawa sirve de contexto para esta manga, que no es autobiográfico pero sí se basa en su propia vida. Con sus experiencias construyó este relato en el que las dificultades por las que pasa el protagonista no se resuelven «aceptándose a sí mismo» o «esforzándose más», sino que tienen su origen en la sociedad. Por mucho que Gen se esfuerce en ser como el trigo (que aunque lo pisoteen, crece), su vida no prosperará si la sociedad no lucha contra la injusticia.

jueves, 19 de mayo de 2016

Pies descalzos 1 (de 4) (Keiji Nakazawa)


No leo mangas con frecuencia, pero por lo general me gusta la sensación de extrañeza que se me queda con una cultura y una forma de ver el mundo muy diferentes a las occidentales. Por ejemplo, con Osamu Tezuka me sorprende siempre que ese dibujo tan amable, como de la factoría Disney, sirva para contar historias duras y difíciles como Adolf, Ayako o MW. En el caso de Pies descalzos la extrañeza se multiplica por mil. Estamos ante un drama antibelicista muy potente en el que abundan los chistes vulgares, la escatología, los recursos gráficos simplones y otras salidas de tono peculiares. Pero insisto, es un drama antibelicista muy potente, muy emocional, que enternece.

El joven protagonista Gen es, como su autor Keiji Nakazawa, un superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima. A través de sus ojos vemos un horror que con los libros de historia no somos capaces de imaginar con tanto detalle: una cantidad de muertes inasumible por cáncer y quemaduras, putrefacción, enfermedades, hambre... Si ya de por sí los económicamente débiles son siempre los más maltratados, Nakazawa nos insiste en que la guerra solo sirve para extremar las diferencias sociales y el sufrimiento. Después de leer este grito rabioso contra la guerra será difícil volver a ser la misma persona.