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lunes, 8 de octubre de 2018

Lo que hay de Suecia en 'Esclavos del trabajo'


«Debería incluir esta escena en mi novela gráfica... O quizás no». Esta viñeta explica lo que me deja frío de este cómic. Daria Bogdanska no tiene ningún control a la hora de desarrollar su relato. Los textos a veces son redundantes y excesivos, y también bastantes de las situaciones que cuenta no son necesarias para la trama. Más que un intento de racionalizar su primer año de vida en Suecia, es un diario en el que mete todo, tanto su vida amorosa como su experiencia laboral, aunque ni uno ni otro tengan aquí relación entre sí. Todo lo que se cuenta aquí debe de ser a la fuerza la verdad, pero eso no quiere decir que todo sea necesario.

Daria ha huido de su familia para escapar de un padre abusivo. Deja su Polonia natal para instalarse en Malmö, una de las ciudades más grandes del sur de Suecia, donde compagina sus estudios en una escuela de cómic con un trabajo por las tardes como camarera en un restaurante de comida hindú. Allí se dará cuenta de la injusticia de su situación laboral (cobra poco y en negro) por lo que luchará por cambiarla. Al mismo tiempo, su vida amorosa se empieza a complicar desde su llegada a este país.

El otro problema que tengo con este cómic es que, aunque estoy de acuerdo en que sufría una situación injusta, creo que habría sido más adecuado haber desplazado el protagonismo hacia otro personaje. Daria conoce a lo largo de ese año a otras personas que han vivido otras experiencias más difíciles o extremas, personas que merecen a los ojos del lector mucha más atención. Yo mismo conozco a gente que ha tenido trabajos similares y ha tenido que tratar con situaciones laborales aún peores. Es uno de los problemas que a veces le veo a los cómics autobiográficos: parece más sencillo hablar de nuestros propios problemas, que preocuparse por conocer los de los demás.

Hay algo que sí me ha gustado mucho de este cómic: es Suecia en estado puro. Si leéis este cómic, vais a viajar a Suecia durante 200 páginas, del mismo modo que con Un noruego en el Camino de Santiago y la peregrinación del título. Vais a ver detalles de fondo que os van a extrañar, y otros que no os llamarán tanto la atención pero que sólo se entienden si has estado en Suecia. Lo que voy a explicar ahora viene de mi experiencia estando allí, así que es posible que en algún comentario meta la pata por falta de información.

La burocracia en Suecia es una locura, como se ve en el cómic. Efectivamente, para entrar en el país hay que hacer mucho papeleo, y lo mejor es hacerlo antes de cruzar la frontera. En esencia, se trata de justificar que si vas a Suecia vas a poder mantenerte por ti mismo (con un contrato, una cantidad mínima de dinero en la cuenta, etcétera...) Cuando lo demuestras, consigues tu número de identidad. Otro ejemplo de burocracia extraña está en las visitas al médico. Nunca llegas a ver al propio médico. La enfermera que te atiende es la que examina tus síntomas, va al despacho del médico, se los explica, vuelve y te da su diagnóstico y la receta.

El mercado inmobiliario es otro ejemplo de burocracia. El alquiler en Suecia está regulado para evitar una burbuja inmobiliaria, de modo que se da prioridad a unas personas sobre otras. Si eres estudiante, por ejemplo, tienes piso seguro. Si no, te toca estar en una lista de espera. Si te corre prisa, no te toca más remedio que comprar. Por eso no son tan extrañas las imágenes que se ven en este cómic. Es muy normal que la gente joven comparta piso, o que viva en sótanos de mala muerte como los que se ven aquí.

Por cierto, lo normal en Suecia al llegar a casa es quitarse los zapatos o las botas en el recibidor y andar descalzo. Por eso en la página 95 a Daria le cuesta entrar por culpa de todos esos zapatos.

Aunque no tengamos esa imagen, Suecia es un país bastante cerrado a la inmigración. Es muy raro ver a gente con la piel oscura en trabajos de cara al público, por ejemplo. Si eres inmigrante, es casi seguro que sólo vayas a tener trato con otros inmigrantes.

El tema del alcohol es bastante importante. No sé cuál es el origen de la regulación que hay en Suecia para reducir el consumo entre la población. En este país sólo se puede comprar en lo que llaman Tiendas del Estado (en la traducción lo han puesto como Tienda de Vinos en la página 143 para que se entienda mejor). Allí tienen estantes y estantes llenos de alcohol de mil tipos, con los vinos clasificados por países. Incluso hay sus botellas de Don Simón y tetrabricks de Castillo de Gredos. Todo está a unos precios bastante prohibitivos, pero como parte positiva tienes vendedores tan elegantes como los del cómic a los que puedes consultar para llevarte la elección que más se ajuste a tus gustos y necesidades. Estas tiendas sólo están abiertas entre semana en horario comercial, y lógicamente sólo pueden comprar adultos.

Por estos motivos es muy normal que los estudiantes y la gente joven en general del sur de Suecia hagan excursiones en coche o furgoneta a otro país (Dinamarca y Alemania están a un tiro de piedra) y vuelvan cargados de alcohol. No es nada raro coger el tren para ir a Copenhague a visitar la ciudad y aprovechar para volver cargado de cervezas. Los que más hacen esto son, evidentemente, los estudiantes de Lund, una pequeña ciudad universitaria que hay al norte de Malmö. Se llevan el alcohol a los centros de estudiantes, donde que yo sepa sólo pueden beber la gente que pertenece a ese centro.

Comprar alcohol en otro país para beberlo en Suecia no es del todo perfecto. En Suecia, cada lata o botella de plástico fabricada en este país se puede llevar a reciclar en máquinas que hay en la puerta de los supermercados (como en la página 21). La máquina lee el código de barras y, si está entre las latas permitidas, se la traga y a cambio devuelve una pequeña cantidad de dinero. Por eso es importante no doblar las latas o las botellas después de haberlas vaciado. Cada uno en su casa guarda estas latas, pero cuando se celebra alguna fiesta en el exterior (por ejemplo, Valborg el 30 de abril) los inmigrantes y jóvenes sin trabajo buscan entre la basura las latas que estén intactas y sean de empresas suecas. Algunos consiguen un mínimo con el que poder mantenerse.

La plaza con una estatua central que aparece en muchas de las páginas es Möllevångstorget. La estatua está dedicada al trabajo. Es un barrio de naturaleza obrera, pero también turístico. También es fácil distinguir algún lugar más, como la estación Triangeln.

Como digo, hay mucha Suecia en este cómic. En otros aspectos no me parece un cómic redondo, pero aquí he encontrado momentos y detalles que me ha traído muchos recuerdos.

martes, 10 de octubre de 2017

Espacios en blanco (Miguel Francisco)


Los cómics biográficos relacionados con la Guerra Civil que se han publicado en los últimos años (tampoco son muchos en realidad) tienen en común que son una reconstrucción de la vida de los familiares de uno de los autores. Miguel Francisco adopta otro enfoque, no tiene otro remedio, porque la información que tiene de su padre y de su abuelo antes y después de la guerra es mínima. En lugar de entrar dentro de la mente de su familia, nos propone una reflexión diferente: ¿por qué su abuelo tuvo miedo de explicar su vida? ¿Por qué su padre sufría al intentar recordar su infancia? ¿Qué supuso la Dictadura para este país, para llegar al punto de que una parte de la sociedad, la de los perdedores, no se atreviese a hablar de su pasado?

Estos «espacios en blanco» son los que Miguel Francisco siente que tiene que tiene que llenar para explicar la historia de su familia a su hijo. Este vacío se convierte en una obsesión que le persigue en su traslado a Noruega para trabajar en la empresa de Angry Birds, que ocupa sus momentos de ocio (incluso los más íntimos) y, con este cómic, también su trabajo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Presentación de Espacios en Blanco en Omega Center (13 de septiembre)


Este miércoles tuvo lugar una presentación profesional del cómic Espacios en blanco en la librería Omega Center (C/Estrella, 20, Madrid) a cargo de Álex Serrano. La librería Delirio (C/Sevilla, 25, Móstoles) ha acogido otra presentación ayer viernes, y esta tarde será la última, de nuevo en Omega Center.

Miguel Francisco explicó que la idea de este cómic empezó a rondarle la cabeza desde que llegó a Finlandia en 2008. Estuvo gestando el proyecto durante mucho tiempo, con bocetos que tuvieron una buena aceptación entre sus contactos de Facebook. Ese fue en el fondo el motivo por el que un amigo presentó una sinopsis del cómic a unas editoriales francesas.

Le sorprendió que Delcourt (la que publica a Paco Roca, dijo) estuviese interesada en publicarlo, a pesar de que solo fuese una sinopsis, él un autor desconocido y tuviese un argumento tan español. De hecho, se puede decir que fueron los primeros en creer en el proyecto, antes que él mismo. Con la firma del contrato le llegó el miedo escénico.

Confesó que en un primer momento intentó hacer un cómic vendible, con un argumento estructurado, pero pensó que así se estaba traicionando a sí mismo. Lo descartó y volvió a empezar de cero dibujando páginas sobre la marcha, con las tripas. Tenía escenas y páginas en mente que quería meter aunque no sabía dónde (como por ejemplo, la página en la que espera al autobús mientras pasan los años), utilizando como nexo su propia vida. Por eso ahora le sorprende cuando le señalan segundas lecturas de este cómic, porque él mientras lo dibujaba no pensaba el cómic, lo sentía.

No había una estructura firme sobre la que trabajar, pero sí una visual que le ha permitido divertirse. Para Miguel Francisco este es un aspecto importante. En los 90 dejó de hacer cómics por aburrimiento, y hace poco dejó de trabajar en la empresa de Angry Birds por el mismo motivo. Diseñó varios de los personajes de este videojuego, pero no lo reivindica con mucho orgullo: «Son todos iguales». También señaló de paso que los países del norte no son el paraíso que se nos vende.


Miguel Francisco empezó muy joven a publicar cómics de muy diferentes tipos, con una formación autodidacta. Lo más conocido es su trabajo en la Editorial Bruguera. Se presentó a una de las convocatorias del Mortadelo de Oro, pero no la ganó. Sin embargo, el editor Armando Matías Guiu llamó a su casa. Cogió el teléfono su madre y, como les parecía una broma, el hermano de Miguel le acompañó el primer día a la editorial. Por esta misma época, con 17 años, empezó también a hacer cómics eróticos en revistas como El cuervo y La judía verde. También en la revista Garibolo: «los responsables de la revista eran el marqués de Urquijo y Vázquez, imagínate».

Al principio publicar era un sueño para él, pero tenía sus partes negativas. En Bruguera durante un tiempo no le pagaron (la editorial estuvo en suspensión de pagos durante una época), los guiones de Jesús de Cos solían llegar tarde, a veces incluso por teléfono, y el nivel de producción era brutal, de 40 o 60 páginas al mes. No se arrepiente, pero no lo recomienda para alguien que empieza, porque es imposible aprender. Es copiarse una y otra vez a uno mismo, y eso afecta al nivel de calidad.

Contó un par de anécdotas de su época en Bruguera. Confirmó que la editora Ana María Palé recortaba páginas originales delante de sus dibujantes, sin ningún criterio. Sacaba del archivo páginas antiguas al azar, y delante de los artistas los rompía incluso con sus propias manos. Miguel también tuvo un papel importante en las manifestaciones y el cierre de Bruguera. Los trabajadores querían pedir a los dibujantes que se uniesen a la huelga, pero la agenda en la que tenían sus teléfonos estaba dentro de la editorial, vigilada por policías en la puerta. Un jovencísimo Miguel Francisco fue el elegido para ir a buscarla.

Lo más positivo de aquellos años fue la gente que conoció. Destacó a Raf, que era muy respetuoso con el trabajo que hacía, y a Josep Maria Beà, que fue como un padre adoptivo para él.

Volver al mundo del cómic después de tantos años dentro de la industria de los videojuegos no ha sido tan difícil como parece, porque Miguel Francisco abandonó el cómic por aburrimiento, pero seguía contando historias. Sí se dio cuenta de algunas limitaciones a la hora de volver a dibujar cómics: había pasado muchos años haciendo diseños, pero no fondos. Por suerte contaba con la ayuda de su hijo que, en broma, «va para director artístico». Le iba señalando por encima del hombro detalles que no le gustaban.

Espacios en blanco es un cómic para su hijo. Miguel explica que todo el sufrimiento de su familia sería una pérdida de tiempo si no se comunica. Aún así, hubo escenas demasiado duras de prefirió dejar fuera, porque habría sido enfangarse. Deja una incógnita en el aire: no sabe cómo se lo ha tomado su familia.

Sobre el argumento del cómic, poco después de terminarlo ha hecho algunos descubrimientos sobre el pasado de su abuelo en América del Sur. Encontró unas cartas, como postales breves, con textos indescifrables con las que se comunicaba con comunistas y otros represaliados de Primo de Rivera, pero no cree que su abuelo estuviese muy metido en política.

Este cómic supone su regreso al mundo del cómic, que opina que vive un buen momento. «Ahora se publican cosas buenísimas». Sin embargo, matiza que el dibujante debería cobrar para mantenerse, porque si no, se trata de una burbuja. Ahora mismo está preparando dos proyectos, uno más personal y otro más comercial, para que la editorial elija.

lunes, 26 de junio de 2017

Un noruego en el Camino de Santiago (Jason)


Mientras leía este cómic iba recordando cómo fue la vez que yo hice el Camino de Santiago, especialmente los pequeños detalles: los sellos en cada albergue, el sol siempre que daba de espaldas, las literas con pintadas de bolígrafo, la búsqueda de las flechas amarillas, el andar a primera hora de la mañana a oscuras... Todos estos aspectos que han (hemos) vivido los peregrinos me despertaban la nostalgia y me transportaban a las anécdotas que yo viví en cada jornada del Camino. En comparación, las anécdotas o reflexiones que va contando Jason en este tomo no son ni más interesantes ni menos interesantes, sino las mismas que las que otros miles de peregrinos. Las mismas, pero contadas con un sentido del humor especial y con simpáticas referencias cinematográficas dispersas por estas páginas. Supongo que, en ese sentido, el lector que no haya hecho el Camino se sentirá más fascinado por este ambiente, por la rutina que ocupa unas semanas en las que tu principal objetivo es andar.

martes, 30 de agosto de 2016

Todos los hijos de puta del mundo (Alberto González Vázquez)


Humor cristiano era un popurrí interesantísimo, mientras que Todos los hijos de puta del mundo está mucho más centrado en la imagen. Su contenido es una recopilación principalmente de viñetas de El Mundo Today y de cómics de Orgullo y Satisfacción. Del primero recoge chistes con momentos mundanos llevados al absurdo incómodo. Del segundo, situaciones protagonizadas especialmente por los cuatro candidatos al gobierno que en mayor o menor medida nos han estado amargando los últimos años.

Tengo la sensación de que Querido Antonio ha rebajado la experimentación en el cómo cuenta las historias. Me recuerda a Eugenio y sus chistes, en cómo los explicaba de una forma absolutamente sobria (apenas modulaba la voz, no gesticulaba, no ponía voces, no usaba efectos de luz y sonido...) y cómo esa sobriedad potenciaba el humor. Querido Antonio no abusa por error del plano fijo, los bustos parlantes o las viñetas repetidas. Es precisamente gracias a estos recursos como sus ideas extremas, descabelladas, desagradables, no quedan tapadas bajo una pirotecnia formal. ¿Tal vez es uno de los dibujantes de cómics a los que Puño se refería en Twitter hace unos días?

En este cómic hay más que política. Hay páginas centradas en Ferrán Adriá, Antonio Banderas y en personas anónimas, pero la verdad es que los mejores momentos quedan para los políticos, para Albert Rivera, para Esperanza Aguirre, Rajoy, Aznar o Pablo Iglesias. Y por encima de todos ellos, Pedro Sánchez, con el que se nota que Querido Antonio disfruta. Con ningún otro personaje tendría sentido esa búsqueda del voto de los pedófilos.

martes, 16 de febrero de 2016

La momia misteriosa (Jason)


Seguramente sea el cómic de Jason con más humor hasta el momento. Este tomo (de 2001, ha tardado en llegar a España) es un extenso recopilatorio de historias cortas, de entre 1 y 5 páginas, que termina con una más larga de 20 y finalmente una colección de tiras de tres viñetas. Las historias tienen en común que son mudas (o prácticamente) y están protagonizadas por una colección de iconos de la cultura pop. Jason utiliza a los zombis, a Drácula, a un marciano invasor, a Elvis, a un cavernícola... tanto para ridiculizarlos al colocarlos en entornos más mundanos, como para que sirvan para ironizar sobre aspectos triviales de la rutina diaria (la vida en pareja, el amor, la sexualidad reprimida, el trabajo, los vecinos, las vacaciones, la ropa, la lluvia...), o simplemente para crear humor sin más intención. El título de este tomo viene de la historia de 20 páginas que se incluye al final, una historietilla insustancial y rocambolesca, de giros argumentales, pistas y descubrimientos, que no pretende llegar a ninguna parte en especial.

miércoles, 15 de julio de 2015

Silvio José, Rescatado (Paco Alcázar)


Esta última entrega es una colección de descartes de los anteriores cuatro tomos. Por eso es razonable el miedo a que este monstruo de Frankenstein esté lleno de saltos temporales que vuelva incomprensibles estas historias o que, ejem, las páginas sean de verdad tan malas como para haberlas rechazado. No hay motivo para estas dudas. Excepto en algún caso puntual, es difícil saber a qué tomo anterior correspondería cada página, y yo diría que aquí hay de hecho algunos de los mejores chistes de la colección. Por ejemplo, esa página muda con arco iris en el cielo. El tomo no es el final de Silvio José, pero sí el final de una forma de ver al personaje.

martes, 14 de julio de 2015

El loro de Frida Kahlo (Jason)


Me gusta mucho Jason, pero hago una distinción muy clara entre sus historias largas y las cortas. Lo que echo en falta en sus recopilatorios de cómics cortos (y éste lo es) es el sentimentalismo que me atrapa en sus historias largas, una humanidad que parece surgir con naturalidad de unas caras de animales con una expresión fija, a medio camino entre la impavidez y la sorpresa. Sin este poso emotivo los cómics cortos de Jason suelen quedarse en el experimento o el chistecillo, que a mí personalmente no me dice mucho más. Sin embargo, la historia que cierra el tomo es una maravilla, una metáfora muy elegante e ingenioso del Alzheimer que merece la pena leer.

viernes, 12 de junio de 2015

El cuento de una rata mala (Bryan Talbot)


Una historia sobre la superación de traumas infantiles. Un homenaje a la escritora británica de cuentos infantiles Beatrix Potter. Ambientado en el Distrito de los Lagos de Inglaterra. Con estas tres ideas Bryan Talbot produce un cómic realmente recomendable de una joven indigente que ha huido de la casa de sus padres y necesita aclarar sus ideas para poder enfrentarse a la vida. La historia está escrita con mucho cuidado, pero el dibujo es casi mejor. Los decorados parten de una documentación fotográfica muy cuidada y sus personajes rebosan una expresividad poco habitual en los cómics.

jueves, 6 de febrero de 2014

El Gato Perdido, de Jason

Rústica, color, 160 páginas, 16 €

Hay un gato perdido en medio de la calle. Un detective privado (con cara de sabueso, bien elegido) pasea bajo la lluvia, lo descubre y se da cuenta de que es el de un anuncio que ha visto en una pared. Se lo lleva a su dueña, con la que entabla una larga conversación. En ese momento conectan, surge una chispa entre ellos, por lo que quedan en volver a verse. Sin embargo, ella desaparece de su edificio al día siguiente sin dejar rastro...

Si algo había quedado claro con Jason hasta este momento es que su cinefilia casi no tiene rival. En la figura de Danny Delon de la portada es inevitable imaginar los rasgos de Humphrey Bogart, el actor que inmortalizó la figura del clásico detective implacable que no para hasta resolver un caso. Los guiños a El Sueño Eterno (una librería, imágenes de desnudos...) van sucediéndose al mismo tiempo que las sutiles referencias a las historias de ciencia ficción, empezando por el libro que Charlotte le regala a Delon (el segundo guiño al libro de Saint-Exupéry dentro de los cómics de Jason si no me equivoco).

Con esta mezcla de género negro y ciencia-ficción Jason habla del amor perdido. Por un lado, el detective quiere reencontrarse con la mujer que desea. Por el otro, un cliente busca el cuadro de un desnudo de una antigua amante. Los dos viven con esa necesidad recuperar lo perdido y de empezar lo que no tuvo comienzo. Los dos viven en el pasado, se obsesionan con sus recuerdos. Esto es lo que yo creo que distingue los cómics de Jason de los de otros autores. No se trata de su estilo frío y parco en palabras (que voy a sugerir que podría ser muy característico de los noruegos, como en la película Déjame Entrar), sino de su lúcida comprensión de que las historias de género han de tener alma además de suspense y aventura. Jason abraza las historias de géneros clásicos sin ruborizarse, no reniega de ellos ni intenta disimularlos, y lo hace así porque sabe tratar sus relatos con inteligencia. En sus cómics hay tanto una emotividad desatada como unos acertados desarrollos de personajes.


Me falla ligeramente el final. No dudo de que Jason intenta ser honesto, pero esta vez tengo la sensación de que el resultado ha quedado un poco forzado. La fusión de géneros está preparada con pequeños detalles, pero no los suficientes como para que lo que aparece en las últimas páginas resulte natural del todo. Parece un Jason obligándose a parecerse a sí mismo, a tener que mezclar géneros porque es lo que se espera de él.

Ahora bien, este cambio abrupto no perjudica al significado que tiene ese final tan conmovedor como desolador. Cuando la triste realidad le da un puñetazo en la cara a Danny Delon, él se refugia en sus recuerdos como el cobarde romántico en el que lo ha convertido su idealización de Charlotte. Se da cuenta de que nunca llegó a conocerla del todo, de que su amor no se sostenía en nada sólido. Poco le falta para pronunciar la frase que Bogart recitó en otra  de sus películas, el "Siempre nos quedará París".


Cómics relacionados:

¿Por qué haces esto?, No me dejes nunca, Yo maté a Adolf Hitler y El último mosquetero (Jason)
Athos en América (Jason)
El loro de Frida Kahlo (Jason)
La momia misteriosa (Jason)

miércoles, 27 de noviembre de 2013

No os Indignéis Tanto, de Manel Fontdevila

Rústica, blanco y negro, 96 páginas, 9 €

Para ser un gran humorista se dice que es necesario que un artista se encuentre en un continuo estado de enfado y decepción. Leído No os Indignéis Tanto repaso la anterior frase y creo que Manel Fontdevila es uno de los mejores humoristas de este país.

Si me pongo imbécil, podría decir que aquí Fontdevila realmente no nos cuenta nada nuevo. En sus presentaciones de cómics y sus charlas (dentro de éste libro hay un par) ya dejaba caer algunas de estas reflexiones: la necesidad de manifestarse a pesar de la respuesta de la policía, la apertura de los límites de la corrección política, ele hecho de que los políticos no puedan ser tocados físicamente... Son ideas que Fontdevila nunca había ocultado, nunca se las había guardado para sí pensando "esto lo saco luego en un tebeo y me forro". En absoluto, porque este cómic supone realmente, creo yo, ampliar el público para estas ideas y la posibilidad de ordenarlas, de darles coherencia y un significado global.

Ése es uno de los aspectos más curiosos de este cómic. Fontdevila parece alucinado, uno no sabe al principio de qué va todo esto. El cómic cambia de registro, de narración, de personajes, de temas... continuamente. En un primer momento, alguien podría pensar que lo que hay aquí es el resultado de una indigestión, desparramado sin orden sobre el papel. Y es lo contrario, éste podría ser uno de los cómics mejor planteados y estructurados que se han publicado nunca. Pasito a pasito, página a página, Fontdevila va profundizando en sus opiniones hasta poder construir un manifiesto de la desobediencia civil.



Voy a caer en una comparación obvia: este cómic se va a colocar en las tiendas al lado de los libritos de Aleix Saló, es decir, Simiocracia y Europesadilla. Hay puntos en común, es innegable. Los dos tratan temas políticos de actualidad, los dos utilizan el ensayo en vez de la ficción y los dos se acogen a un formato económico para transmitir sus opiniones. Estos cómics no quieren ser álbumes de gran tamaño con papel de colores satinado, su objetivo no es ser un deleite estético para entretener a una clase acomodada. Aquí lo que pesa es el mensaje, no la forma. Sin embargo, lo aclaro, es evidente que Fontdevila no ha tomado como modelo a Saló, porque este tipo de cómic es el que lleva haciendo en El Jueves desde hace años, esa mezcla de cómic-ensayo con él mismo de protagonista-narrador.

Es el estilo de sus páginas en El Jueves, pero con más variedad y buscando la unidad gráfica que pide un libro. Para las partes biográficas Fontdevila puede dibujarse a sí mismo en una distribución de viñetas normal o dentro de un bocadillo de pensamiento, en los análisis enumera una serie de factores y busca el divertido contraste entre ellos y el contenido de la viñeta, salta a anécdotas encerradas en grandes paréntesis, viñetas a página completa, dobles páginas, se desvía con un cómic de estilo retro forzado como los de Rosenda, etc. El dibujo es lo contrario de un trabajo impersonal, está muy elaborado y busca la innovación.

El título del cómic es una respuesta al ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. Mientras que el diplomático francés ordenaba a los lectores que sólo se irritasen, Fontdevila entiende que es insuficiente, que hay que quejarse. A partir de las manifestaciones, de la rebeldía, de la desobediencia civil es como se amplían los límites de la libertad.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Cenizas, de Álvaro Ortiz

 Cartoné, 192 páginas, color, 20 €

Tres amigos que llevan años sin mantener el contacto se reúnen siguiendo las misteriosas instrucciones de un cuarto amigo ausente. De este modo, el grupo emprende un viaje en coche durante el que se pondrán al día de sus vidas y descubrirán los secretos que guardan algunos de ellos.

El interés principal de esta historia está enfocado sobre todo a la intriga que producen las instrucciones secretas que Héctor les da a Polly, Piter y Moho, pero es un punto de partida para hablar realmente sobre la amistad. No vemos sólo cómo los personajes llegan a un sitio superando las dificultades que se encuentran en el camino, sino la reconstrucción de una amistad perdida. Los personajes se conocen y no, confían entre ellos y no, se siguen llevando bien... y no. A esta trama se le añaden elementos de género negro, crímenes y matones, y mucho humor en pequeñas cápsulas.

La tremenda ironía es que este tipo de temas parece que deberían ser tratados con un dibujo más detallista o más oscuro. Sin embargo Álvaro Ortiz sorprende a cualquier lector suspicaz con un estilo naif y caricaturesco con colores pastel. La combinación no molesta, de hecho parece de lo más natural, como si este cómic no pudiese haberse dibujado de otra manera.


Posiblemente el aspecto más interesante de este cómic sea su estructura, que alterna cinco tramas: la historia principal, las sucesivas biografías de cada personaje, el pasado de un peculiar personaje del grupo que no diremos aquí, los extractos de un libro y la vida de Melina. La historia juega con ellas, salta de una a otra para evitar el aburrimiento del lector, distinguiéndolas con el diseño de página y el tamaño de las viñetas. Como único fallo de este aspecto me queda la duda de si para la trama principal (la maduración de Polly, Piter y Moho) era realmente necesaria la subtrama de Melina.

Creo que el único punto que desmerece a un cómic tan bien realizado como éste es la falta de intensidad emocional. Por ejemplo, cada personaje parte de una mala situación que querría resolver (por decir uno, Polly quiere dejar su molesto trabajo en una cafetería), pero éstas no llegan a parecer tan dramáticas. Otro ejemplo son los momentos de peligro, que no suponen un verdadero riesgo (físico, económico, emocional...) y que tampoco parecen imposibles de superar. La historia tiene los mimbres perfectos para haber sido un drama espectacular, pero por el motivo que sea no se quiere entrar en ese registro y se queda en una historia de misterio y suspense con algunas pinceladas de drama y humor.

Es sólo un detalle, pero me falla también la aparición del propio autor dentro de la historia como ya me falló en El Héroe de David Rubín. Demasiado explicativa ("nunca des explicaciones" decía Neil Gaiman sobre los epílogos), y porque desvía la atención de los propios personajes hacia el creador de la historia.

No importan estos defectos porque realmente entre manos tenemos un cómic que se merece destacar entre toda la maraña de novedades mensuales que se van tapando unas a otras. Puede que le falte algo para llegar a la perfección, pero no se puede negar que es de lo mejor que se publicó en España el año pasado. Ameno, curioso y preciosamente dibujado.