viernes, 27 de febrero de 2015

Reseñas de febrero


Pseudociencia (Darryl Cunningham)

El objetivo de este cómic es lo que lo salva de una crítica más negativa: explica de una manera clara diversos temas (homeopatía, evolución, fracking...) utilizando únicamente argumentos científicos. El problema es que a la inevitable aridez del contenido se le une un dibujo esquemático, nada elaborado, que resulta muy poco atractivo. Tal vez la mayor pega sea que fomenta de manera involuntaria esa imagen desapasionada y aguafiestas de la ciencia. El que crea en la homeopatía, por ejemplo, verá en Darryl Cunningham un antipático sabelotodo. Por su parte, el escéptico disfrutará leyendo argumentos estructurados (conocidos o no) en los que apoyar sus ideas.



Robocop versus The Terminator (Frank Miller, Walter Simonson)

En la industria del cómic es muy extraño que los autores más conocidos dentro de este medio (en teoría, los de más talento) se encarguen de este tipo de merchandising derivado. La diferencia se nota. Miller tiene un momento de gloria con ese eslabón perdido con el que decide unir las dos franquicias. Además, sabe darle la vuelta a la premisa básica de la saga de Terminator: si el T-800 original no consiguió matar a Sarah Connor en la primera película, ¿por qué no enviaron unos segundos después a otro para que terminase el trabajo? El resultado final de este cómic en realidad no va más allá de simple y entretenido, muy alejado de la carga política de la primera película de Robocop. Miller se divierte con las posibilidades de los viajes en el tiempo y le permite a Simonson que se lo pase bien dibujando peleas, explosiones, robots y grandes onomatopeyas.



Marx. Una biografía dibujada (Corinne Maier, Anne Simon)

Podría ser una lectura recomendada en los colegios. Agradable, ligero, didáctico. Tiene un puntito de cinismo muy simpático con el que retrata las luces y las sombras de Marx. De acuerdo, fue un tipo con talento y que estudió mucho, pero las inconsistencias de la revolución por la que luchaba son evidentes. Un ejemplo: su vida de intelectual burgués estaba muy alejada de la de aquellos proletarios a los que animaba a rebelarse. Es una pena que el cómic no quiera ir más allá de resumir la vida de Marx mediante viñetas y páginas bastante inconexas. Su filosofía queda dispersada en frases sueltas cuando podría haberse explicado en forma de discurso fluido y argumentado.



Fénix, tomo 1 (Osamu Tezuka)

Sé lo mucho que han gustado los últimos cómics de Tezuka en castellano (El libro de los insectos humanos, La canción de Apolo y Alabaster), pero a mí me han parecido los tres decepcionantes. Fénix me ha devuelto al Tezuka que me encantó en Adolf, Buda, Ayako, etc. Con esta historia ambientada en la prehistoria legendaria de Japón he recuperado a ese autor que saltaba del drama absoluto al humor bobo, de la violencia desagradable a la ñoñería y del espectáculo épico a la reflexión. El precio (25 €) asusta, pero podría justificarse con la inclusión de las páginas en color originales y las portadillas que aparecían en las revistas japonesas.


Dany el Ñoño (J. Dan)


Esta recopilación de unas 120 páginas seleccionadas de Ojodepez Fanzine están protagonizadas por Dany el Ñoño, un niño blando y reflexivo, o repipi y con problemas preocupantes para relacionarse según el gusto. Sus historias, de entre una y varias páginas, tiran por un humor amable y simpático y un dibujo (o varios estilos de dibujo, más bien) impecable. Ya se ve en la portada que uno de sus puntos fuertes son las referencias continuas a la ficción dirigida a un público infantil. Para mi gusto, lo mejor del tomo es el relato de El Emir Elegante y su Cebú Parlante, un cómic-dentro-del-cómic con el aspecto de tebeo de aventuras.