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lunes, 8 de octubre de 2018

Lo que hay de Suecia en 'Esclavos del trabajo'


«Debería incluir esta escena en mi novela gráfica... O quizás no». Esta viñeta explica lo que me deja frío de este cómic. Daria Bogdanska no tiene ningún control a la hora de desarrollar su relato. Los textos a veces son redundantes y excesivos, y también bastantes de las situaciones que cuenta no son necesarias para la trama. Más que un intento de racionalizar su primer año de vida en Suecia, es un diario en el que mete todo, tanto su vida amorosa como su experiencia laboral, aunque ni uno ni otro tengan aquí relación entre sí. Todo lo que se cuenta aquí debe de ser a la fuerza la verdad, pero eso no quiere decir que todo sea necesario.

Daria ha huido de su familia para escapar de un padre abusivo. Deja su Polonia natal para instalarse en Malmö, una de las ciudades más grandes del sur de Suecia, donde compagina sus estudios en una escuela de cómic con un trabajo por las tardes como camarera en un restaurante de comida hindú. Allí se dará cuenta de la injusticia de su situación laboral (cobra poco y en negro) por lo que luchará por cambiarla. Al mismo tiempo, su vida amorosa se empieza a complicar desde su llegada a este país.

El otro problema que tengo con este cómic es que, aunque estoy de acuerdo en que sufría una situación injusta, creo que habría sido más adecuado haber desplazado el protagonismo hacia otro personaje. Daria conoce a lo largo de ese año a otras personas que han vivido otras experiencias más difíciles o extremas, personas que merecen a los ojos del lector mucha más atención. Yo mismo conozco a gente que ha tenido trabajos similares y ha tenido que tratar con situaciones laborales aún peores. Es uno de los problemas que a veces le veo a los cómics autobiográficos: parece más sencillo hablar de nuestros propios problemas, que preocuparse por conocer los de los demás.

Hay algo que sí me ha gustado mucho de este cómic: es Suecia en estado puro. Si leéis este cómic, vais a viajar a Suecia durante 200 páginas, del mismo modo que con Un noruego en el Camino de Santiago y la peregrinación del título. Vais a ver detalles de fondo que os van a extrañar, y otros que no os llamarán tanto la atención pero que sólo se entienden si has estado en Suecia. Lo que voy a explicar ahora viene de mi experiencia estando allí, así que es posible que en algún comentario meta la pata por falta de información.

La burocracia en Suecia es una locura, como se ve en el cómic. Efectivamente, para entrar en el país hay que hacer mucho papeleo, y lo mejor es hacerlo antes de cruzar la frontera. En esencia, se trata de justificar que si vas a Suecia vas a poder mantenerte por ti mismo (con un contrato, una cantidad mínima de dinero en la cuenta, etcétera...) Cuando lo demuestras, consigues tu número de identidad. Otro ejemplo de burocracia extraña está en las visitas al médico. Nunca llegas a ver al propio médico. La enfermera que te atiende es la que examina tus síntomas, va al despacho del médico, se los explica, vuelve y te da su diagnóstico y la receta.

El mercado inmobiliario es otro ejemplo de burocracia. El alquiler en Suecia está regulado para evitar una burbuja inmobiliaria, de modo que se da prioridad a unas personas sobre otras. Si eres estudiante, por ejemplo, tienes piso seguro. Si no, te toca estar en una lista de espera. Si te corre prisa, no te toca más remedio que comprar. Por eso no son tan extrañas las imágenes que se ven en este cómic. Es muy normal que la gente joven comparta piso, o que viva en sótanos de mala muerte como los que se ven aquí.

Por cierto, lo normal en Suecia al llegar a casa es quitarse los zapatos o las botas en el recibidor y andar descalzo. Por eso en la página 95 a Daria le cuesta entrar por culpa de todos esos zapatos.

Aunque no tengamos esa imagen, Suecia es un país bastante cerrado a la inmigración. Es muy raro ver a gente con la piel oscura en trabajos de cara al público, por ejemplo. Si eres inmigrante, es casi seguro que sólo vayas a tener trato con otros inmigrantes.

El tema del alcohol es bastante importante. No sé cuál es el origen de la regulación que hay en Suecia para reducir el consumo entre la población. En este país sólo se puede comprar en lo que llaman Tiendas del Estado (en la traducción lo han puesto como Tienda de Vinos en la página 143 para que se entienda mejor). Allí tienen estantes y estantes llenos de alcohol de mil tipos, con los vinos clasificados por países. Incluso hay sus botellas de Don Simón y tetrabricks de Castillo de Gredos. Todo está a unos precios bastante prohibitivos, pero como parte positiva tienes vendedores tan elegantes como los del cómic a los que puedes consultar para llevarte la elección que más se ajuste a tus gustos y necesidades. Estas tiendas sólo están abiertas entre semana en horario comercial, y lógicamente sólo pueden comprar adultos.

Por estos motivos es muy normal que los estudiantes y la gente joven en general del sur de Suecia hagan excursiones en coche o furgoneta a otro país (Dinamarca y Alemania están a un tiro de piedra) y vuelvan cargados de alcohol. No es nada raro coger el tren para ir a Copenhague a visitar la ciudad y aprovechar para volver cargado de cervezas. Los que más hacen esto son, evidentemente, los estudiantes de Lund, una pequeña ciudad universitaria que hay al norte de Malmö. Se llevan el alcohol a los centros de estudiantes, donde que yo sepa sólo pueden beber la gente que pertenece a ese centro.

Comprar alcohol en otro país para beberlo en Suecia no es del todo perfecto. En Suecia, cada lata o botella de plástico fabricada en este país se puede llevar a reciclar en máquinas que hay en la puerta de los supermercados (como en la página 21). La máquina lee el código de barras y, si está entre las latas permitidas, se la traga y a cambio devuelve una pequeña cantidad de dinero. Por eso es importante no doblar las latas o las botellas después de haberlas vaciado. Cada uno en su casa guarda estas latas, pero cuando se celebra alguna fiesta en el exterior (por ejemplo, Valborg el 30 de abril) los inmigrantes y jóvenes sin trabajo buscan entre la basura las latas que estén intactas y sean de empresas suecas. Algunos consiguen un mínimo con el que poder mantenerse.

La plaza con una estatua central que aparece en muchas de las páginas es Möllevångstorget. La estatua está dedicada al trabajo. Es un barrio de naturaleza obrera, pero también turístico. También es fácil distinguir algún lugar más, como la estación Triangeln.

Como digo, hay mucha Suecia en este cómic. En otros aspectos no me parece un cómic redondo, pero aquí he encontrado momentos y detalles que me ha traído muchos recuerdos.

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