viernes, 22 de mayo de 2015

El villano de Watchmen y el dilema del tranvía

Existe un experimento mental relativamente conocido que dice así (copio de Wikipedia):

"Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se hallan cinco personas atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, es posible accionar un botón que encaminará al tranvía por una vía diferente, por desgracia, hay otra persona atada a ésta. ¿Debería pulsarse el botón?"

Desde diferentes puntos de vista, no existe mucha discusión sobre este dilema. La mayoría de la gente suele estar de acuerdo en que hay que pulsar el botón. La propia situación obliga a la persona que está junto al botón como mínimo a tomar una decisión, y por simples matemáticas la resolución parece inmediata.

Existe una variante conocida como "el hombre gordo":

"Como antes, un tranvía descontrolado se dirige hacia cinco personas. El sujeto se sitúa en un puente sobre la vía y podría detener el paso del tren lanzando un gran peso delante del mismo. Mientras esto sucede, al lado del sujeto sólo se halla un hombre muy gordo; de este modo, la única manera de parar el tren es empujar al hombre gordo desde el puente hacia la vía, acabando con su vida para salvar otras cinco. ¿Qué debe hacer el sujeto?"

Estos dilemas son incompletos por la forma en la que están expresados. Las respuestas que daríamos en cada caso puede depender de muchos factores: la edad de las personas atadas, su profesión, su nivel económico, su estatus social, si alguna víctima es amigo o familiar de la persona que puede evitar su muerte, etc. Tampoco queda claro si realmente arrojar a un hombre gordo a la vía podría hacer que el tranvía parase, o si podría provocar daños a la gente que viaja en él.

Vistos de manera simple, teniendo en cuenta sólo la información que aparece en los enunciados, existe una gran diferencia entre ellos. En el primero, la muerte de una única persona es una consecuencia inevitable de salvar a cinco. En el segundo, la muerte de una persona es responsabilidad de quien le empuja. En el primer caso hay que elegir a quién se deja morir, porque tanto una muerte como las otras cinco están estipuladas desde el principio, mientras que en el segundo hay que realizar una acción directa para matar a alguien.

En realidad son problemas sin una solución propiamente dicha, cuyo objetivo es servir de punto de partida para discutir temas éticos. Por ejemplo, el dilema del hombre gordo sería equivalente a decidir quitarle la vida a una persona para donar sus órganos a otras cinco que los necesitan desesperadamente.

Es interesante que para Kevin Dutton, el autor de La sabiduría de los Psicópatas, estos dos dilemas puedan servir para estudiar la falta de empatía de los psicópatas:

"Como la mayoría de los miembros normales de la población, los psicópatas no tienen demasiado problema a la hora de resolver el dilema presentado en el caso 1. Dan al interruptor y el tren se desvía, matando a una sola persona en lugar de matar a cinco. Sin embargo (y aquí es donde la cosa se pone interesante), a diferencia de la gente normal tampoco tendrían demasiados problemas en el caso 2. Los psicópatas se quedarían muy tranquilos empujando al tipo gordo a las vías sin pestañear, si no queda más remedio."

Según estudios de Daniel Bartels y David Pizarro, un 90% de la población se opondría a arrojar al hombre gordo a las vías. El otro 10% está formado por gente pragmática, calculadora y con falta de empatía que ha aprovechado esta personalidad en profesiones como el liderazgo de empresas, la neurocirujía y el ejército. Vuelvo a citar a Kevin Dutton:

"Board y Fritzon tomaron tres grupos, gerentes de empresas, pacientes psiquiátricos y criminales hospitalizados (estos dos últimos eran todos psicópatas que sufrían además de otras enfermedades psiquiátricas) y compararon cómo se les daba en un test de perfil psicológico.

Sus análisis revelaron que un cierto número de los atributos psicopáticos eran más comunes en los líderes de los negocios que en los llamados criminales «perturbados», atributos como encanto superficial, egocentrismo, capacidad de persuasión, falta de empatía, independencia y concentración"

Una descripción que encaja perfectamente con Ozymandias, un personaje que no tendría ninguna dificultad en arrojar al hombre gordo delante de un tranvía.