domingo, 2 de noviembre de 2014

Neurocómic, de Matteo Farinella y Hana Roš

Cartoné, 136 páginas, blanco y negro, 22 €

De día, Matteo Farinella y Hana Roš son dos doctorados en neurociencia. Sin embargo, de noche se transforman en dibujantes que quieren usar el cómic para divulgar las investigaciones que tanto les apasionan. Neurocómic es una consecuencia de sus intereses comunes y del apoyo de Wellcome Trust, una fundación benéfica que se dedica a financiar la investigación biomédica en salud y educación.

Neurocómic presenta a un personaje anónimo que viaja a través de nuestro cerebro buscando una manera de salir. Durante su camino se encuentra con anfitriones peculiares, principalmente científicos, que le irán explicando cada zona del cerebro en la que se encuentra. Las comparaciones que me vienen a la cabeza son Alicia en el País de las Maravillas, la película Yellow Submarine... Mundos de ficción surrealistas, con una coherencia absurda. A lo largo de este paseo el personaje y el lector van aprendiendo conceptos básicos de morfología de las neuronas, los neurotransmisores, la sinapsis, el aprendizaje, la memoria, etc.


Su principal baza es que es un cómic muy didáctico. Los autores han sabido simplificar los pocos conceptos que tratan hasta hacerlos muy comprensibles y presentarlos mediante metáforas gráficas bastante ocurrentes. No tiene un gran dibujo, pero es muy funcional y en algunos momentos es bastante ingenioso. El desarrollo de los capítulos no sólo sigue una división temática, sino que casi es el desarrollo cronológico de las investigaciones científicas sobre el cerebro. No es un cómic que profundice demasiado en la materia. Los bocadillos tienen muy pocas palabras y con ellos se explican de forma simple unos pocos conceptos básicos con lo que se hace un cómic mucho más ameno, pero también simple.


Es un cómic curioso, entretenido, pero el final a mí me saca de la historia. Buscando la conexión entre "neuro" y "cómic", los autores acaban haciendo un homenaje a Scott McCloud en el último capítulo. Los personajes le desvelan el "truco" al lector, le dicen que ellos son personajes de ficción y que ha sido el lector el que ha creado toda la historia en su cerebro, cuando precisamente me parece lo contrario. Es un cómic demasiado expositivo que no busca la implicación del lector, no crea intriga ni con recursos dramáticos (aventuras, misterios, humor...) ni buscando que el lector quiera adelantarse a las explicaciones. Es como una clase magistral más, un profesor que explica mientras el alumno le escucha.

Es imposible encontrarle un defecto a la cuidada edición de Norma, que incluso se ha preocupado por respetar la rotulación original. La cubierta de tela con brillos plateados puede engañar al lector y hacerle creer que se trata de un cómic muy diferente, más elaborado y sofisticado. Entendiendo que es un cómic didáctico sin demasiadas profundidad ni pretensiones cualquier lector quedará satisfecho.