jueves, 6 de febrero de 2014

El Gato Perdido, de Jason

Rústica, color, 160 páginas, 16 €

Hay un gato perdido en medio de la calle. Un detective privado (con cara de sabueso, bien elegido) pasea bajo la lluvia, lo descubre y se da cuenta de que es el de un anuncio que ha visto en una pared. Se lo lleva a su dueña, con la que entabla una larga conversación. En ese momento conectan, surge una chispa entre ellos, por lo que quedan en volver a verse. Sin embargo, ella desaparece de su edificio al día siguiente sin dejar rastro...

Si algo había quedado claro con Jason hasta este momento es que su cinefilia casi no tiene rival. En la figura de Danny Delon de la portada es inevitable imaginar los rasgos de Humphrey Bogart, el actor que inmortalizó la figura del clásico detective implacable que no para hasta resolver un caso. Los guiños a El Sueño Eterno (una librería, imágenes de desnudos...) van sucediéndose al mismo tiempo que las sutiles referencias a las historias de ciencia ficción, empezando por el libro que Charlotte le regala a Delon (el segundo guiño al libro de Saint-Exupéry dentro de los cómics de Jason si no me equivoco).

Con esta mezcla de género negro y ciencia-ficción Jason habla del amor perdido. Por un lado, el detective quiere reencontrarse con la mujer que desea. Por el otro, un cliente busca el cuadro de un desnudo de una antigua amante. Los dos viven con esa necesidad recuperar lo perdido y de empezar lo que no tuvo comienzo. Los dos viven en el pasado, se obsesionan con sus recuerdos. Esto es lo que yo creo que distingue los cómics de Jason de los de otros autores. No se trata de su estilo frío y parco en palabras (que voy a sugerir que podría ser muy característico de los noruegos, como en la película Déjame Entrar), sino de su lúcida comprensión de que las historias de género han de tener alma además de suspense y aventura. Jason abraza las historias de géneros clásicos sin ruborizarse, no reniega de ellos ni intenta disimularlos, y lo hace así porque sabe tratar sus relatos con inteligencia. En sus cómics hay tanto una emotividad desatada como unos acertados desarrollos de personajes.


Me falla ligeramente el final. No dudo de que Jason intenta ser honesto, pero esta vez tengo la sensación de que el resultado ha quedado un poco forzado. La fusión de géneros está preparada con pequeños detalles, pero no los suficientes como para que lo que aparece en las últimas páginas resulte natural del todo. Parece un Jason obligándose a parecerse a sí mismo, a tener que mezclar géneros porque es lo que se espera de él.

Ahora bien, este cambio abrupto no perjudica al significado que tiene ese final tan conmovedor como desolador. Cuando la triste realidad le da un puñetazo en la cara a Danny Delon, él se refugia en sus recuerdos como el cobarde romántico en el que lo ha convertido su idealización de Charlotte. Se da cuenta de que nunca llegó a conocerla del todo, de que su amor no se sostenía en nada sólido. Poco le falta para pronunciar la frase que Bogart recitó en otra  de sus películas, el "Siempre nos quedará París".


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