lunes, 25 de noviembre de 2013

Cenizas, de Álvaro Ortiz

 Cartoné, 192 páginas, color, 20 €

Tres amigos que llevan años sin mantener el contacto se reúnen siguiendo las misteriosas instrucciones de un cuarto amigo ausente. De este modo, el grupo emprende un viaje en coche durante el que se pondrán al día de sus vidas y descubrirán los secretos que guardan algunos de ellos.

El interés principal de esta historia está enfocado sobre todo a la intriga que producen las instrucciones secretas que Héctor les da a Polly, Piter y Moho, pero es un punto de partida para hablar realmente sobre la amistad. No vemos sólo cómo los personajes llegan a un sitio superando las dificultades que se encuentran en el camino, sino la reconstrucción de una amistad perdida. Los personajes se conocen y no, confían entre ellos y no, se siguen llevando bien... y no. A esta trama se le añaden elementos de género negro, crímenes y matones, y mucho humor en pequeñas cápsulas.

La tremenda ironía es que este tipo de temas parece que deberían ser tratados con un dibujo más detallista o más oscuro. Sin embargo Álvaro Ortiz sorprende a cualquier lector suspicaz con un estilo naif y caricaturesco con colores pastel. La combinación no molesta, de hecho parece de lo más natural, como si este cómic no pudiese haberse dibujado de otra manera.


Posiblemente el aspecto más interesante de este cómic sea su estructura, que alterna cinco tramas: la historia principal, las sucesivas biografías de cada personaje, el pasado de un peculiar personaje del grupo que no diremos aquí, los extractos de un libro y la vida de Melina. La historia juega con ellas, salta de una a otra para evitar el aburrimiento del lector, distinguiéndolas con el diseño de página y el tamaño de las viñetas. Como único fallo de este aspecto me queda la duda de si para la trama principal (la maduración de Polly, Piter y Moho) era realmente necesaria la subtrama de Melina.

Creo que el único punto que desmerece a un cómic tan bien realizado como éste es la falta de intensidad emocional. Por ejemplo, cada personaje parte de una mala situación que querría resolver (por decir uno, Polly quiere dejar su molesto trabajo en una cafetería), pero éstas no llegan a parecer tan dramáticas. Otro ejemplo son los momentos de peligro, que no suponen un verdadero riesgo (físico, económico, emocional...) y que tampoco parecen imposibles de superar. La historia tiene los mimbres perfectos para haber sido un drama espectacular, pero por el motivo que sea no se quiere entrar en ese registro y se queda en una historia de misterio y suspense con algunas pinceladas de drama y humor.

Es sólo un detalle, pero me falla también la aparición del propio autor dentro de la historia como ya me falló en El Héroe de David Rubín. Demasiado explicativa ("nunca des explicaciones" decía Neil Gaiman sobre los epílogos), y porque desvía la atención de los propios personajes hacia el creador de la historia.

No importan estos defectos porque realmente entre manos tenemos un cómic que se merece destacar entre toda la maraña de novedades mensuales que se van tapando unas a otras. Puede que le falte algo para llegar a la perfección, pero no se puede negar que es de lo mejor que se publicó en España el año pasado. Ameno, curioso y preciosamente dibujado.