viernes, 25 de mayo de 2012

Lectura friki para este día: Ready Player One, de Ernest Cline

Si me dan a elegir prefiero que éste sea el Día de la Toalla antes que el del Orgullo Friki. Los libros de Douglas Adams me gustan una barbaridad, mucho más que la idea de jactarse de ser un fan de la cultura popular. Es más, a mí lo de “orgullo friki” me parece que crea una sensación de que ser un aficionado a la lectura y a las películas es un motivo para la exclusión social, algo que no termino de ver muy claro. De todos modos este día me parece una excusa mínima para meter en este blog una reseña de un libro que tiene como único mérito el ser una lectura profundamente geek.


Muchísimas reseñas o críticas suelen empezar con un “el argumento es simple”, tanto si se refieren a El Principito como si están hablando de Juego de Tronos. Ready Player One se ajusta a esa descripción más que cualquier otra historia. En el año 2044 existe un juego on-line, OASIS, en el que participa toda la sociedad de la época. Cuando Jim Halliday (el creador del sistema) muere, se anuncia que toda su ilimitada fortuna será heredarada por el primero que consiga encontrar el “huevo de pascua” que Halliday dejó oculto en OASIS. Aparte de eso no existe ninguna regla. Seis años después un joven huérfano e indigente, Wade Watts, será el primero en conseguir un avance significativo en esta búsqueda, lo que le llevará a un enfrentamiento con la malvada corporación de talante fascistoide IOI.

¿Qué hace de Ready Player One un libro especial? Sus continuas referencias a la cultura pop de los 80 y la actualidad: películas, videojuegos, literatura, música, cómic, anime… La obsesión de Jim Halliday por la década de su adolescencia lleva a todos los gunters (los buscadores del huevo de pascua) a estudiarla al detalle para encontrar posibles pistas. Los personajes se saben los diálogos completos de las películas de esta época, sólo escuchan las canciones favoritas de Halliday y continúan jugando a los juegos de arcade como si no hubiese habido nada mejor desde entonces. Durante la narración las menciones a libros, películas y animes es continua: Los Inmortales, los Monty Python, Gundam, Firefly, World of Warcraft, Star Trek, el Señor de los Anillos, etc. No es necesario conocer las referencias pero el lector que no entienda una gran parte se sentirá incómodo durante todo el libro.

Todos estos guiños vienen de la mano de un escritor novato, Ernest Cline, que empezó su carrera como poeta de temática geek. En 1998 escribió el guión de la película Fanboys, que fue llevada al cine en 2009 y trata sobre cómo un grupo de amigos asalta el rancho Skywalker para conseguir una copia del Episodio I de Star Wars. El motivo es que uno de ellos padece cáncer y no vivirá lo suficiente para asistir a su estreno oficial. El mismo Cline es un obseso de los videojuegos y de Regreso al Futuro, e incluso tiene en su casa un DeLorean modificado para parecerse al de la película.

Desgraciadamente, todo este conocimiento de la cultura pop no compensa un argumento lineal y formulario. El libro está escrito siguiendo la plantilla que funciona para este tipo de lectura adolescente y se divide en las conocidas fases del “viaje del héroe”. También se le echa en falta más suspense y épica en los momentos clave, especialmente en el final. En su favor, su lectura es muy amena, engancha y despierta inevitablemente la sonrisa cómplice de ciertos lectores. Plantea situaciones y escenarios muy imaginativos con bastante inteligencia, pero desgraciadamente el autor no tiene tiempo o interés en desarrollarlos del todo. Es una pena que le falte un algo para ser un libro que pueda recomendarse sin reservas.

La traducción del libro no es precisamente buena. Dejando a un lado las traducciones literales, que faltan algunas palabras y algún error de puntuación, hubiese sido conveniente contratar a un traductor que dominase el mundillo de la cultura pop. Los replicantes de Blade Runner aquí son llamados "réplicas", a la batcueva se la llama "baticueva", algunos títulos de películas y series a veces se traducen y a veces no, etc. Hay un "condensador de flujo" de un DeLorean que produce algo de risa también, por ejemplo. En este blog lo comentan más.

Una curiosidad para terminar. Los pocos guiños (unos cuatro) que se hacen en este libro a la Guía del Autoestopista Galáctico son de los pocos que no se explica a qué hacen referencia. Feliz Día de la Toalla.