martes, 8 de junio de 2010

Kick-Ass: ¿atrevido o descafeinado?

- ¿Cuál es la definición de demócrata?
- Un jodido idiota que reclama el derecho de matar bebés pero que se preocupa por el gasto de luz para matar a un asesino en serie.


El pasado 4 de julio se estrenó la adaptación de Kick-Ass en nuestro país. En los foros ya ha surgido la polémica, la deliciosa polémica: ¿Mejor o peor que el cómic? ¿Más complaciente? ¿Han hecho licencias para agradar al gran público? ¿O ha adoptado un punto de vista paródico que no subvierte el mensaje?

En todo caso, realmente no tiene sentido hablar de “adaptación”. No hablamos de una historia publicada y después adaptada, hablamos de dos proyectos paralelos promovidos por la misma persona, el “enfant terrible” Mark Millar (conocido por su cariño a la polémica facilona y los personajes que sólo saben dar réplicas ingeniosas o frases aplastantes). No hay una traición a la historia original, porque no hay historia original, es la misma historia.

Básicamente yo mencionaría 3 cambios: trajes, violencia y frikismo. Cada uno en su rollo tienen su importancia.



¿Una peluca morada?
El cómic es negro, gris y marrón, mientras que la peli es un carnaval de colores. El tebeo es deprimente, no hay hueco para la maravilla o la épica. En la peli Kick-Ass se acaba convirtiendo en un verdadero superhéroe y hasta consigue volar. El cómic trata sobre hundirse en el fango mientras que la peli es la típica historia de superación personal a las que ya estamos acostumbrados (creo).

La cosa es que que Millar destroza al lector sólo para fastidiarle (American Jesus o Wanted son otros tebeos del guionista, ejemplos perfectos de la provocación que sólo busca la provocación). Se ríe de sus lectores y después destroza a los superhéroes que les gusta leer. Vaughn en este sentido ofrece una historia más rica: es a la vez una parodia y un homenaje del heroísmo en mallas. Una historia más ligera donde nos reímos de lo estúpido que es un tipo disfrazado repartiendo justicia, mientras que nos sentimos fascinados por lo molón que es.

Poniéndome más tonto, la peli es una historia de evolución, mientras que el tebeo es sólo un “pasan cosas”. Millar todavía no le tiene pillado el tranquillo a las miniseries, no sabe escribir historias cerradas estructuradas. El final de la película es apoteósico, una violencia que estalla de manera gloriosa, mientras que el del cómic sonaba a muy visto. Mientras que Vaughn va aumentando la violencia y la espectacularidad progresivamente, Millar se quedaba en el mismo tono durante toda su historia, con lo que el final perdía fuerza. Por último, mientras que todos los personajes de la película tienen su breve momento de gloria, en el cómic sus personalidades son de caricatura bidimensional (Red Mist es el más evidente, los secuaces de Frank D'Amico, etc.)



Katanas que destapan cráneos
El segundo aspecto que cambia de cómic a peli es la forma de entender la violencia. En el cómic es burra y desagradable (cráneos aplastados, ojos que se salen de sus cuencas, huesos que se abren paso entre la carne, balas que atraviesan a una persona desde los genitales hasta la cabeza…), mientras que en la película es divertida y coreografiada.

Supongo que aparte de lo que dije antes (la peli es más ligera que el cómic) también es que en una película no se puede apreciar ese detallismo en la muerte de los personajes. En la película Nicholas Cage aplasta un coche con una persona dentro, ¿y qué vemos? Una mancha de sangre. En el cómic vemos los ojos del tipo hincharse, la mandíbula torcerse, etc. En su lugar tenemos música (la intro de Freaks and Geeks, Banana Splits, El bueno, el feo y el malo…) con salvajes saltos y balas que nunca se acaban. Y la escena de Nicholas Cage en el almacén, que es una delicia.

Aparte, a la peli le falta mucha incorrección política del cómic. La primera frase de este texto es un ejemplo de diálogo entre Hit Girl y Big Daddy (en otro momento Big Daddy gritará “¡Pégale! ¡Imagínate que es Michael Moore!”). Le faltan tacos y todo eso.


¿Te gusta Danny Elfman?
En el cómic se mencionan, por ejemplo, series de televisión como Scrubs, Heroes, Buffy Cazavampiros… Películas como las de Spiderman, Los Cuatro Fantásticos, Star Wars, Rambo... A gente como Danny Elfman (compositor de un montón de bandas de superhéroes, destacó con Spiderman y Batman), Dakota Fanning, Ryan Reynolds, Paris Hilton… Tebeos como los X-men de Whedom o el 1984 del propio Millar, los Cuatro Fantásticos, Punisher, Green Lantern… En la película en comparación no menciona apenas nada. Se quedan con el intencionado parecido de su versión de Big Daddy y Batman, y con ese chiste con fecha de caducidad de Perdidos.

Menciono brevemente que sin embargo el asunto de homenajes/referencias sí tiene su importancia en el score de la banda sonora. En un par de momentos se hacen disimulados homenajes a los temas clásicos de Superman y Batman de John Williams y Danny Elfman (la primera vez que Dave se prueba el disfraz y cuando Kick-Ass y Red Mist viajan en el Mist Movil).

Lo que realmente se echa de menos en la película, pero mucho, es la MALETA de Big Daddy. Por dos motivos: porque su contenido es ALUCINANTE (en viñetas es asombroso, verlo en acción real hubiese sido nerdgásmico), y porque implica una importante revelación sobre el origen de Big Daddy (diferente al de la película) que cambia bastante el significado de la historia.


¿Han cambiado el dibujo de la abeja?
En definitiva, ¿cómic o película? Es la misma historia, escrita por la misma persona para dos públicos y medios diferentes. Millar no cuenta una historia con mensaje, así que sin mensaje no hay tergiversación cuando se adapta. Ya le hemos leído en Wanted, American Jesus, Ultimates, The Authority o Spiderman: Marvel Knights. No es un guionista de historias con mensaje, sino uno del "pasan cosas". Por su parte, Vaughn se decanta por la típica historia del camino del héroe (fiel al libro The Writer's Journey que tanto gusta en iu-es-ei.), con una moraleja tontorrona.

Tenemos dos opciones alternativas para un público que es libre para disfrutar una, otra, o las dos y discutir innecesariamente sobre cuál es mejor.